FORTEGAVERSO: COLIN CAMPBELL (16 PARTE)

lunes, septiembre 01, 2008

COLIN CAMPBELL (16 PARTE)



PUSE DOS COPIAS impresas de un par de artículos que escogí al azar, sobre el escritorio de Eloisa, mi secretaria y productora y le pedí que corroborara los datos y verificara los créditos de las fotos.
-Cualquier cosa, ando con teléfono.
Le dije, mientras me daba cuenta como su atención se fijaba en la imagen de un modelo de ropa interior que desfilaba en una de las imágenes impresas en el papel inteligente.
-Necesito más datos de ese tipo-, le indiqué a propósito-, el articulo lo hizo la Angela, llámala, te puede dar datos y números de contacto.
Eloisa me respondió con un ok mudo. Hace cuatro años que trabaja para mi, antes fue la secretaria de política, después de una rotación interna quedo a mi cargo. Me ha dicho que prefiere mil veces trabajar en espectáculos que en la noticia dura. Tiene treinta años, un culo precioso y es madre soltera de un niño de nueve años. Cuando recién empezamos a trabajar juntos quise intentar algo con ella, se que se dio cuenta y se que hasta el día de hoy se pregunta por qué no seguí insistiendo.
-Es como rica tu secretaria-, comentó Artie cuando cruzamos las puertas de la sala de redacción de suplementos, cultura y espectáculos del diario Austral. –No como tu ayudante en la Universidad, pero rica.
-Ya no es mi ayudante. Se va a trabajar a Santiago
-No puede ser-, exagera.
-Lo es.
-Y la dejaste ir
Son las once de la mañana, hace un calor húmedo y ceniciento y los incendios han seguido ardiendo igual que ayer, que antes de ayer, que todos los días hace poco más de un año. A través de los ventanales rodean las escaleras del Diario Austral se podía apreciar el gran cerco de humo que rodea la ciudad. También los edificios viejos del centro y las torres incompletas de tantos proyectos que quedaron estancado cuando el sur empezó a quemarse. Anoche las llamas alcanzaron las faldas del cerro Ñielol. -Dicen que va a haber intervención del ejercito-, me comenta Artie mientras bajamos.
-Dicen muchas cosas, antes tienen que cortar Chile. Esa es la ley, sólo así intervienen las fuerzas armadas. El día en que los incendios crucen de mar a cordillera, ese día vamos a tener acción. Pero los peñis no son tontos, no van a arriesgarse a cortar el territorio.
Hace dos noches llamé a Artie, justo después de hablar con Igriega sobre la muerte de Gastón Descalzo y lo que se supo tras sus cartas y confesiones suicidas. Le pregunte por su idea de contratar servicios especiales para rastrear el origen de los mensajes de Colin. Me dijo que conocía a alguien, que cobraba caro si, pero que era buena. La mejor de este lado del planeta, agregó. Confieso que desconfié bastante cuando supe que era mujer, pero preferí no decirle nada, antes queería que probar. Hoy temprano supe que todo estaba listo, que la señorita quería juntarse conmigo. Le dije a Artie que nos juntáramos cerca del diario tipo diez u once de la mañana. Llegaron diez para las once.
-¿Cómo esta Julieta? Supe que le fue mal con lo del modelaje.
-Deprimida, pero se le va a pasar.
-Mándale saludos.
-Odia que me llames.
-Lo sé. Cuando acabamos me dijo que no la llamara más y que a ti tampoco, que le complicara que fuéramos amigos.
-No somos amigos.
-Pero nos caemos bien.
-Es cierto. Ultima vez que te lo pregunto, ¿me juras que es de confianza?
No me contesta, no tiene para qué. Salimos del edificio de El Austral hasta la esquina con Bulnes. Me indica que crucemos, que la chica nos está esperando en el salón de té del Hotel de la Frontera.
-¿Qué tipo de música escuchaba Colin?-, me preguntó.
-Por qué.
-Por nada, por saber no más. Se puede averiguar mucho de una persona según lo que escucha, ve o lee. Tu mismo me lo dijiste.
-Sicología pop. Hartas cosas, pero básicamente rock progresivo, Yes, Pink Floyd y Rush eran sus grupos favoritos…
-Personalidad megalómana.
No le contesté, no era necesario.
-Igual me gusta Pink Floyd.
-Pink Floyd le gusta a todo el mundo.
Entramos al Hotelo de la Frontera y pasamos directo al salón de té. Habia poca gente, la mayoría gente del mismo Austral. Un par de fotógrafos de deportes que cortaban la mañana bebiendo algo con mucha espuma a quienes saludé moviendo la cabeza. Cerca de una esquina estaba quien buscábamos. Fue fácil reconocerla no tanto por su aspecto, se veía bastante normal, de hecho más que Artie, sino por su completa atención en algo que sucedía dentro de la pantalla de su celular. Usaba anteojos grandes, con marcos antiguos de plástico por lo que resultaba obvio que no sufría de un problema óptico sino que todo no era más que una cuestión de modas.
-¿Qué miras?-, le preguntó Artie cuando llegamos a su lado.
La chica levanto la mirada, nos hizo callar anteponiendo un dedo contra sus labios y me devolvió una agradable sonrisa. Enseguida deslizó sobre la mesa una hoja blanca de papel donde decía “Siéntense y no digan nada hasta que yo les diga”. Le hicimos caso. Ella levanto la cara y me miró a la cara, sus ojos eran preciosos, de un azul intensísimo, casi violento. “Toma tu teléfono y marca el 1 015 5678”, Lo hice. Me fije que en su celular se escuchó un versión acelerada de la sonata claro de luna. Pensé que era un terrible lugar común. “Estas pinchado”, escribió en un nuevo papel, bajo el cual también decía, “pon tu teléfono sobre la mesa”
Le hice caso en todo, en blanco, sin decir nada, pensando en que en este preciso instante la policía de investigaciones tenía un completo informe de mi persona, sabían que alguien que se hace pasar por Colin me escribe regularmente y lo que es peor, que con antelación supe de las muertes de Edison y Gastón y no hice nada. La hacker puso su teléfono, uno grande, que reconocí armado sobre la carcasa de un Panasonic, junto al mío y tecleo algo sobre ambas pantallas. Luego agarro su lápiz y escribió una nueva nota: “Presione Control Alt 14, luego escriba 78043, el login es Anton y la clave Condenacion1994”. Lo hice.
-Es una orden de desbloqueo. Funciona por poco menos de una hora. Convierte tu teléfono en un eco inactivo para quien te rastrea. Pero ojo, no lo uses siempre, es bueno que estés abierto para los que te pincharon, así no sospechan. Cúbrete sólo cuando sea necesario.
Agarre el papel con la orden anotada y lo doble dentro en un bolsillo.
-Memorízalo y tira el papel. Te aconsejo que uses una fórmula mnemotécnica para guardarlo en tu memoria, asócialo con ideas y fechas importantes para ti.
-Lo haré.
-No, no lo vas a hacer, pero cuida el papel, si se te pierde estás cagado.
-Soy Francisco Buchman-, me presenté.
-Lo se, Arturo me dio los datos.
Primera vez que escuchaba que alguien llamaba a Artie por su verdadero nombre. La chica tenía unos 27 años, pensé que tal vez se estaban acostando o algo parecido. Pensé que me hubiera gustado tener 17 años, como el ex novio de mi hija y acostarme con una señorita como ella.
-Soy Bugatti-, me saludo estirando su brazo derecho para saludarme de forma muy formal, casi masculina.
-Buen nickname-, le dije.
-No es un alias, es mi nombre-, acotó. –Hace mil años que nadie usa nicknames, para qué, si igual pueden saber tu nombre. Mi padre me puso así, es fanático de los autos. El segundo nombre de mi hermano es Cadillac.
Pensé en Jack “Cadillac” Tenrec, el protagonista de una historieta demasiado rara y aun más vieja que alguna vez coleccioné. Tenrec era un mecánico que vivía en una tierra futura donde habían regresado los dinosaurios y se dedicaba a restaurar Cadillacs viejos, de ahí su nombre. El tipo tenía una tensa relación con una morena llamada Hannah Dundee, embajadora de otra tribu, a quien la naturaleza había dotado de las curvas más generosas vistas en un cómic, incluso más que las de Druuna, ese monumento al onanismo gráfico del italiano Serpieri. Supongo que no fui el único lector que imagino que tarde o temprano el dibujante nos iba a regalar una splash page de Jack chupando las deliciosas tetas de Hannah. Bugatti tenía buenas tetas, no eran grandes, pero eran ricas.
-Desde cuanto que estoy pinchado-, le pregunté.
-Cuatro días, usaron un torpedo típico de instituciones gubernamentales. Sólo se necesita un llamado o un contacto infrarrojo para inyectarlo. Has recibido llamados de la policía en los últimos cuatro días.
-No, pero un par de detectives me visitaron hace poco y uno de ellos usaba mucho un Dell grande.
-Ahí fue. Pero no tiene de que preocuparse, según lo que me contó Arturo, su fantasma le escribe usando alias y por lo que me mostró, nadie en la policía tiene los medios o el conocimiento para rastrear el programa de correo que está usando. Además el sistema que usan no les permite leer los mensajes de correo que recibe, sólo oír las conversaciones que tiene, ver en que sitios navega y saber con quien está y de qué habla, funciona como si tuviera un micrófono.
-Ayer te llame-, miré a Artie.
-Lo sé, pero yo nunca te contesto, siempre te devuelvo las llamadas.
-¿Sabías?
-No, pero prefiero prevenir.
-Tampoco te urjas si has usado booster en estos días-, siguió Bugatti. -A los pacos no les interesa detener a un profesional respetado por uso personal de sustancias ilícitas, a lo más te pondrán al final de una lista muy larga en la que te perderás en menos de diez minutos.
-No he usado…
-Mejor. En todo caso si pretendes usar uno luego, usa el desbloqueador. ¿Puedo llamarte Buchman. Me gusta como suena?
-Si….-, dudé, acordándome de mi época de colegio.
-Supongo que Arturo ya te dio mis tarifas-, lo miró.
-Se las envió-, cortó el ex novio de mi hija.
-En la mañana-, completé yo. -Alguien quiere algo.
-Una Coca Light-, me pidió Artie.
-Un café cortado y una torta de queso con salsa de frutilla, si se puede.
-Sí, se puede-, le respondí y levante la mano para llamar a uno de los dos meseros.
-Vas a engordar-, le dijo Artie.
-No importa, a quien me quiere no le importa.
Me gustó su respuesta.
-Seinfeld-, pronunció Bugatti.
-¿…?-, la miré.
-Eso estaba viendo-, se explicó la señorita. –Arturo me lo preguntó cuando llegaron. Tengo guardados casi todos los capítulos…
-Las nueve temporadas-, solté, Artie nos miraba.
-Las nueve. La mejor serie de todos los tiempos-, justificó.
-Absolutamente-, corroboré.
Me preguntó cual era mi capítulo favorito. Le dije que tenía dos, The Opposite, cuando George Constanza hace todo lo contrario para triunfar en la vida, “mi nombre es George Constanza, tengo 30 años, estoy desempleado y vivo con mis padres”, completó Buggatti. Le conté que mi otro capítulo era el del mundo bizarro, cuando Eleine encontraba los opuestos complementarios de todo el grupo de Seinfeld y hacían un juego con el mundo bizarro de Superman. También era el episodio predilecto de Colin. Bueno, cualquier cosa con aroma a cómic, como las películas viejas de Kevin Smith, lo era.

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