FORTEGAVERSO: COLIN CAMPBELL (3 PARTE)

domingo, junio 01, 2008

COLIN CAMPBELL (3 PARTE)


Hace dos semanas le conté a Artie lo del regreso de Colin. O su reaparición, que es más exacro. No por una cuestión de confianza o de amistad, sino para pedirle que me ayudara a descubrir quien o quienes estaban detrás de los mensajes. Sabía que el muchacho era bueno con eso, él mismo me lo había dicho. Lo primero que me pidió fue que le reenviara algunos correos, edité dos o tres y se los mandé. Ni idea que habrá hecho con ellos, pero hasta ahora no ha logrado nada. Obviamente tuve que contarle mi historia con Colin, igual conocía algo, por Julieta y otra gente. Mal que mal desde hace nueve años que el nombre de mi difunto y famoso mejor amigo es una de las diez búsquedas más frecuentes en Internet. Me preguntó porque estaba tan interesado en descubrir quien estaba detrás de los correos, que porqué no bloqueaba la dirección o cerraba la casilla, abría otra y me olvidaba del cuento. Le respondí que no me gustaba que jugaran con los muertos y que sentía que el asunto había pasado de ser una broma para transformarse en un acoso personal. No dije nada respecto a que en verdad creía que podía tratarse de Colin, a pesar de que yo mismo reconocí su cadáver. Menos que muchos de los mensajes me advertían respecto de las inminentes muertes de gente que alguna vez conocí de bien cerca, el primero de todos: Edison Landeros.
-Es como si fueran varias personas-, continuó Artie.
-¿Tal vez lo sean?-, lo interrumpí. -Estamos llenos de fanáticos de Colin y el próximo año se cumplen diez años…
-También lo he pensado.
-Entonces no me tienes nada.
-No puedo tenerte nada, igual voy a seguir tratando. Mandando ordenes, frases escondidas en torpedos, volviendo a decodificar los mensajes que me reenviaste y todo lo que esté a mi alcance, pero puedo apostarte lo que quieras que no conseguiremos nada. El o los que están detrás de esos mensajes están usando algo que no conozco-. Hizo un alto, luego volteó hacia mi lado. -¿Pero puedo conseguirte a alguien que tal vez si lo conozca?
-No
-¿Por qué no?
-Porque no, no más. Además prefiero no involucrar a terceros ni meterme en enredos delictuales…
-No seas tan paranoico, no le vas a pagar a nadie para que robe o quiebre sistemas. En serio-, recalcó, -no hay nada ilegal en esto. Al menos no más que consumir de eso que acabo de pasarte. Además el servicio de rastreo es el más barato de todos.
-No estoy seguro.
-Piénsalo
No le respondí.
-Te lo digo porque se de gente buena.
-Ya te dije, prefiero que no.
-Vale, vale, no problema. ¿Te dejo en esa esquina?
Un semáforo en rojo nos detuvo tras el mismo Mitsubishi Eclipse de hace un rato.



Y OCURRIO EL FIN DEL MUNDO, pero no fue como todos pensaban, porque el fin del mundo solo vino al fin del mundo. Julieta ha estado como un mes pegada con esa canción, no es la única. El pasajero más joven del bus, que va ubicado inmediatamente tras el chofer, la estaba tarareando cuando abordé la máquina a la salida del rodoviario. Pienso en el sentido del fin del mundo. Cuando chico, en la escuela dominical me dijeron que como Dios ya había destruido el mundo con agua, la próxima lo iba a hacer con fuego. Por años imaginé la forma en que podía convertirme en el Noé de ese inminente diluvio de llamas, nunca encontré una solución al problema, menos las instrucciones para construir un arca a prueba de incendios. También es cierto que con la edad me fuí olvidando. Apreté mis ojos contra el parabrisas e intenté enfocar cada detalle de los incendios que quemaban el horizonte a ambos lados de la carretera.
Chispas rebeldes jugueteaban como luciérnagas rojas arremolinadas alrededor de los focos del bus. Me acordé de los fuegos de San Telmo. Hace tiempo leí que los marineros pensaban que eran el resplandor de las almas perdidas en el océano. Después supe que era una especie de fenómeno de electricidad estática que se daba en los barcos de vela, pero nunca me preocupé de averiguar exactamente de qué se trataba.
Las luces de los suburbios temuquenses intentaban cortar la roja cortina de humo y fuego. Desde el espacio debemos vernos como un inmenso círculo de humo negro, como si se nos hubiera tragado otra dimensión. Una especie de agujero negro enano como el que cayó en Tunguska en junio de 1908 . “Dakeltung kona peñi, hagamos sudar al huinca con el sonido del nuevo kultrung y el calor del fuego limpio”, era el mensaje que en estos días se podía encontrar pintado en autos, carros de ferrocarril, paredes altas y donde fuera. Olvidé preguntarle a Artie si Julieta en verdad andaba en esa clase de juntas raras.

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