FORTEGAVERSO: COLIN CAMPBELL (21 PARTE)

sábado, octubre 04, 2008

COLIN CAMPBELL (21 PARTE)


-Un hombre de derecha que votaba por la concertación, suena bastante oportunista.
-Por supuesto, Colín Campbell era un gran oportunista.
El periodista me comentó que le había gustado la ultima frase, que con eso bastaba, que era poderosa y directa, ideal para cerrar la nota. Por supuesto que lo era, lo dije a propósito. Llevo casi veinte años en el negocio, conozco trucos, se de memoria los lugares comunes que jamás fallaran y faltaran en nuestra prensa escrita. Me dijo que si necesitaba corroborar algún dato o agregar algo nuevo iba a volver a llamarme, le contesté que no había problema, que sabía donde ubicarme. Le aconsejé que llamara a otro de los Extraordinarios Santiaguinos, que Igriega era una buena fuente. Me informó que mañana la iba a entrevistar, que iban a juntarse a tomar un café y a conversar de Colin. Le pedí que le diera mis saludos, me respondió que claro, que no había ningún problema. Volvió a darme las gracias, se despidió y cortó. Tres días después, cuando vi el artículo publicado en el cuerpo de Reportajes supe que se llamaba Juan Antonio y descubrí que no había rematado con mi frase, que de hecho me había citado poco y que había optado por preferir las suposiciones a los testimonios de primera fuente. De hecho, en la misma bajada del artículo aseguraban que el papá de Colin militaba en Patria y Libertad. Ese día, la mamá de mi amigo me llamó desde su retiro para pedirme explicaciones. No supe que contestarle. Tampoco le respondí a su hijo, que poco antes de medianoche volvió a escribirme desde ultratumba.

De: johnlongsilver9139
Para: fbuchman
Hora: 23:41
Asunto: Cueros
¿Oíste alguna vez hablar de los cueros? Supongo que si. Eres del sur, de cerca de Temuco, de la zona donde los ríos comienzan a poblarse de cueros. Mi mamá me contaba esas historias cuando era chico. Ella también nació en Temuco, te acuerdas, sabía bien de lo que hablaba. Tu deberías haber estado más informado, eres periodista, te encantaba contar historias, pero nunca me hablaste del cuero. O de los cueros. Ellos son como nuestra versión del Monstruo del Lago Ness, nuestras locales criaturas lacustres. Pero sabes, Pancho, yo siempre supe lo que eran los cueros. Lo descubrí como a los quince años, claro, nunca le dije nada a mamá, no era mi intención romper con una explicación lógica el encanto de sus leyendas infantiles. Por favor no vayas a contarle nada, guarda el secreto, eres bueno haciéndolo. El mejor diría yo. Supongo que a esta altura lo único que quieres saber es que demonios eran los cueros. Rayas, mi buen amigo, peces Rayas, de la familia de los Tiburones, más chicas que las Mantas pero mucho más peligrosas. Todas las Rayas son voraces, pero no sólo eso, algunas tiene agujas venenosas y otras cargas eléctricas, como las Anguilas. Y la gente veía a estos peces de mar, que por accidente subían al continente siguiendo la línea de los grandes ríos y se asustaba con su forma e inventaba leyendas al respecto. Pero también había otros cueros, las grandes pieles de las ballenas. ¿Sabías que las ballenas muertas flotan? Flotan y se descomponen y se abren. Y las vísceras se van a fondo y lo único que queda arriba son enormes cueros arrastrados por la corriente. Algunos varan en las playas, otros trepan por los ríos. Cueros hay muchos mi amigo, monstruos muy pocos. Deberían haber más, el mundo es aburrido sin monstruos. Otra cosa, supongo que mañana te avisaran que Alsino no murió de un paro cardiaco natural. En fin, son cosas que pasan, como cuando desenmascaramos monstruos.



El Inspector Oportot me llamó para informarme que Edison Landeros no había fallecido de un ataque, sino que se había provocado el paro ingiriendo un tipo de veneno de rata de nombre complicado, pero de origen alemán. Me pidió que no saliera de Temuco en los próximos días por si necesitaban interrogarme. Agregó que no me preocupara, que sólo era rutina, pero que igual el caso era extraño, que era claro que debía de haber un patrón entre ambos suicidios. Le contesté que no se me ocurría de que tipo.
-De eso usted no se preocupé, señor Buchman. Es nuestro trabajo. El inspector Bahamondes le manda saludos.


BUGGATI DEMORO quince días en tenerme novedades. Me llamó al diario antes de mediodía y me preguntó que iba a hacer a las diez de la noche. Le respondí que a esa hora generalmente tomaba el bus de regreso a Victoria. Contestó que era perfecto, que nos juntáramos a las nueve y media en la cafetería del terminal norte y que tratara de ser puntual. No pude serlo. Un largo llamado de Miranda sobre el asunto del permiso para que Julieta me acompañara a Santiago (“de nuevo en menos de dos meses”) y otras tortas me retuvieron en la oficina –y al teléfono- por casi cuarenta minutos. “No va a acompañarme a mí”, le dije a mi ex, “mis papás, los abuelos de Miranda, se van a España por seis meses. Quiero que vaya conmigo a despedirlos al aeropuerto”. Se quedó callada, luego me preguntó si me iba a mudar a la casa de mis padres a cuidarla durante su ausencia.
-Por los gatos-, le dije. Y la hice reir. Aun no decide si deja que Miranda vaya conmigo a la capital.
Tuve que tomar un taxi para llegar a tiempo al terminal. Entre a la cafetería y encontré a Bugatti sentada en un mesón con la mirada clavada en su teléfono celular, exactamente en la misma posición a cuando la había visto por primera vez.
-Media hora-, me dijo apenas me sintió llegar, sin despegar su mirada de la pantalla de su aparato.
-Lo siento, venía saliendo y….
-No importa-, me interrumpió y giro hacia a mi una servilleta donde había garabateado: “¿estamos invisibles?”
Tomé mi teléfono y abrí el block de notas donde había dejado la clave que la misma chica que tenía enfrente mío me había dado cuando contraté sus servicios. Digité rápido y cerré el aparato.
-Mala memoria-, comentó ella sin levantar la vista.
Miré de reojo el lugar. No había mucha gente. Un tipo solo leyendo el diario junto a una botella de agua mineral, una pareja de colegiales compartiendo un hot dog, una mujer gorda cogiendo efectivo de un cajero automático, vigilada de cerca por el guardia del local y los tres encargados de éste: dos mirando a los clientes y uno sentado en la caja con la mirada clavada en un televisor colgante en el que repetían un episodio muy viejo de Los Soprano. El logo de HBO aparecía en la parte baja de la pantalla. Me acordé cuando pasaron por primera vez la serie, todo el mundo la veía o decía que la veía que es muy distimto. Colin nunca enganchó mucho, pero tenia una buena teoría sobre ella. Decía que nadie comía mejor filmado que James Gandolfini. Y tenía razón, cuando poco tiempo después lo ví El Hombre que Nunca Estuvo me quedó más que claro. James Gandolfini debería haber dado clases de masticar con estilo.

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