FORTEGAVERSO: YGRIEGA (Cap.11)

domingo, marzo 16, 2008

YGRIEGA (Cap.11)



DURANTE LA NOCHE borraron el mensaje peñi del techo del edificio de Motorola y lo único que quedaba de éste eran un par de manchones de pintura blanca sobre del zinc. Bajé del taxi en la plaza de nuestro Silicon Valley y mientras miraba como el auto se iba y un furgón de pacos controlaba el tráfico camino a Nueva Imperial, me abroché las zapatillas, el par de Adidas azules cque uso desde hace trece meses. Un sujeto que alguna vez me hizo clases (y me reprobó) entró corriendo al edificio de la escuela de ingeniería electrónica de la Universidad de la Frontera.
Llegué a Entrered un par de minutos antes de las diez y quince de la mañana. Gente que no conozco de nombre, pero a la cual veo todos los días, me saluda como si fuéramos íntimos. Una sumatoria de preguntas y comentarios compitiendo por ser lo más amable de la mañana. Que cómo estuvo el fin de semana, que qué lata el calor, que qué horrible que sea lunes y un largo etcétera.
Saludé a la gorda del dos, la que movió su cara redonda hacia mí, soltó un “hola” mudo y me ofreció su frasco siempre lleno de bolitas de chocolate.
-También hay con relleno de trufa-, describió.
El gringo de la terminal cinco me golpeó en la espalda y en veinte palabras me contó lo increíble que había estado su sábado y lo mejor que corrió su domingo. Añadió que sólo le faltó droga para que hubiera sido mejor, supe lo que iba a venir.
-Me podrías mover unos pitos-, murmuró a mi espalda, como si nadie lo escuchara, fue pésima idea haberle regalado ese par de agujas para la fiesta de fin de año. Ahora me trata como su dealer particular y con lo hocicón que es no me extrañaría que luego los del segundo piso comenzaran a encargarme marihuana. Igual podría conseguirles, si quisiera.
-No creo-, le dije-, está difícil la cosa.
-Pero trate, hermano.
-No sé, el miércoles te respondo. Además ya no estoy fumando- y con eso puse fin a la conversación.
Hace dieciocho meses que administro sistemas para esta empresa, una de las pocas punto com que sobrevivió al primer colapso de la nueva economía y estaba ahí para agarrar el gran oso color rosa del e-second chance. Mi jefe confió y salió ganando. Apenas la internet satelital y por el cableado eléctrico se hizo masiva, movió sus piezas y jaque mate. Temuco se convirtió en laboratorio de nuevas tecnologías y Enrednet cogió el pedazo con más crema de la torta. Aun no hay números azules, pero ese no es mi problema.
Llegué por casualidad, buscando un trabajo después que me echaron de la universidad. Alguien me recomendó y supongo que mis raros antecedentes ayudaron bastante. Entre tenerme afuera y controlado, era preferible la opción “b”. No me hicieron muchas preguntas ni me pidieron antecedentes académicos, solo me pidieron que les redactara un paper en primera persona de porque era vital tenerme en Entrered. Y les gustó lo que entregué, felicidad en la era de los profesionales incompletos.
Tenía un mail de mi padre, hacía tiempo que no me escribía. Me preguntaba que cuando iba a ir por Santiago y me invitó a pasar un par de días a su departamento. Era fácil deducir que lo dejaron y que se sentía solo. Añadió una ensalada de preguntas dóciles, de esas que le hace un papá a un hijo cuando lo ve poco, por no decir nunca. Quiso saber si tenía novia. Añadió que si existía esta novia la llevara conmigo, que le encantaría conocerla. El resto eran puntos suspensivos.
Reply. Le conté que todo iba bien, que estaba saturado de trabajo y que no tenía idea cuando podría tomarme un par de días para viajar a Santiago, pero que no era mala idea y que yo le avisaba. Sumé que no tenía novia y preferí no responder el resto de sus dóciles preguntas. Send.
Me puse los audífonos y abrí la carpeta “mi música”. Clíc, play, Yes, Relayer, “Stand and fight we do consider, reminded of an inner pact between us that´s seen as we go. And ride there in motion to fields in debts of honor defending...”
El gerente de mi área me recordó por mail lo que había dejado pendiente el viernes. Le respondí que todo OK pero que era casi imposible tenerle una adelanto para la tarde porque (mentí) había tenido un problema con los códigos HTML del servidor. Que antes de poder mostrarle algo quería optimizar funciones de diseño y de generación de caracteres, que mañana tal vez podría tenerle una primera versión. Pensé en mi socia, en que ojalá hubiera hecho bien el trabajo. Send.
El último mensaje era de mi jefe, el subject decía “esta mañana”. Igriega is back. Minimicé la ventana del Outlook y fui a favoritos, busqué la palabra “british” e hice clic, abrí la webcam instalada en el parlamento inglés. El servidor me preguntó si quería descargar el video online ahora y cual era el programa que iba a usar. Abrí options en el browser y desbloqueé el firework de la empresa, anoté los números del proxy que usa la terminal del gerente de mi área, me podrían echar por eso, y marqué ok. Regresé a la ventana de la cámara y comencé a descargar la aplicación en Realplayer. Minimicé la pantalla y volví al inbox. Yes seguía corriendo desde el disco duro del PC, “We go sailing down the calming streams, drifting endlessly by the bridge. To be over, we will see, to be over. Do not suffer through the game of chance that plays; always doors to lock away your dreams...” Abrí el único mensaje que estaba marcado en negro en la bandeja de entrada.

To: one@enrednet.cl
From: desarrollo4@enrednet.cl
Subject: Esta mañana
-----------ORIGINAL MESSAGE-----------
To: Y
From: List
Subject: No hablaré del final
¿Seremos capaces de ordenar, designar y abarcar el destino? Me gusta pensar en eso, ojalá a ustedes, mis cercanos invisibles puedn comprender mis palabras. Me gustaría comenzar a contarles historias. Historias lejanas, historias amarillas de polen, historias rojas y dudosas. Historias en que soy una virgen vestida de pétalos a la que le besan los pies. De la que no escapan los unicornios del bosque oscuro. Quiero que conozcan los besos oscuros de vientos calurosos y húmedos que me han dado forma. Me gustaría estar aferrada a ustedes, entralazada con sus brazos protegiéndolos de un mal que no existe y que es tan lleno y tan grande y tan delicioso, más que el bien, siempre ha sido así, pero ustedes eso ya lo saben. Estoy esperando que caiga la noche. Sé que eso nos salvará a todos. Cuando todo está oscuro nos aleja de la cruda realidad. Puede ser, quien lo sabrá, por hoy, por esta mañana que ya se hace día, es todo. Los quiero mucho. Descansen hermosos, donde quiera que estén. Good omens. Y.

Good omens, buenos presagios, hasta ahora lo único en común que parecían tener los mails de Igriega era su forma de despedirse. ¿Qué querría decir? ¿Por qué presagios? ¿Qué presagios? Buscaba algo o sólo era una palabra bonita, una frase musical para una serie de frases inconexas, locas y decididamente freakeadas. Leí por segunda vez el mensaje y seguí sin entender. En una prueba de comprensión de lectura, ese texto habría reprobado a todos. ¿La visión caótica de un mundo, el infierno acaso? Y si la puta estaba de verdad muerta y estaba usando el café virtual del otro mundo para comunicarse con este lado de la realidad. Desde el infierno, claro, porque en el cielo no estaba, eso era obvio. ¿Y si en realidad era un mail de ultratumba y me estaba haciendo trizas la cabeza buscando explicación a algo que no la tenía, que nunca la tuvo y jamás la tendrá?
Lo mande a imprimir y luego borré el original.
-¿A donde vas?-, me preguntó Cinco.
-Al baño-, le contesté, -estoy que me cago.



ME SENTÉ FRENTE AL COLEGIO BAUTISTA diez minutos antes de lo citado. A un costado de una estación de servicio donde no había más de cuatro vehículos y un ciclista echándole aire a su máquina. Me acomodé sobre el pasto y esperé a que salieran los colegiales. La puerta del establecimiento estaba copada de minivans Toyotas, pintados de amarillo con balizas verdes y roja en el techo. La mayoría de los conductores fumaban con caras de aburridos.
Revisé los titulares del diario, nada nuevo bajo el sol. Las guerras continuaban donde habían quedado ayer, los políticos seguían hablando por gente que no conocían, más y nuevos secuestros redbank en Santiago y la cacha de la espada. Pasé páginas y busqué lo que realmente me interesaba, ocupaba las dos cuartillas de la sección de ciencia y tecnología de La Tercera. El SETI y la NASA trabajaban coordinados apuntando sus radiotelescopios hacia el punto de donde Arecibo recibió las señales. Nadie quiere adelantar nada, el gobierno norteamericano no ha hecho declaraciones oficiales, tampoco la Agencia Espacial Europea. Fanáticos musulmanes aprovecharon de arrojar sus dardos contra occidente acusándolos de incitar más al Jihad y de quebrar el status quo de las relaciones internacionales. Un líder religioso iraní aseguró que se trataba de otro ataque del demonio norteamericano contra la fe del Islam y la creencia de un Dios único. Algunos analistas temen represalias terroristas contra instalaciones astronómicas alrededor del mundo. Pensé en que tal vez las señales no eran amigables y presagiaban una futura invasión alienígena. Recordé Contacto, una de las películas favoritas de mamá. Imaginé que un día bajaban los extraterrestres y lo hacían en mala. Que mañana nos despertábamos y descubríamos que kilométricas naves de guerra se habían posado sobre las ciudades más grandes del planeta. Comenzaba la cuenta regresiva, luego venía el ataque y las metrópolis más importantes del globo eran completamente destruidas, igual que en El Día de la Independencia, pero en serio. Moría mucha gente, obvio. Y de las ruinas de la humanidad se levantaba la resistencia que tras una larga lucha conseguía derrotar a los invasores. Naturalmente yo era parte de esa resistencia, una parte bastante activa por lo demás. Como en toda película, el cuento tenía su cuota de romance, con una chica que no se parecía a mi novia. De hecho no era tan linda como ella, pero era distinta. Bien distinta.
Un ufólogo guatemalteco sostenía que todo era parte de un inmenso complot norteamericano, que las señales tenían años de recibidas y que ahora las habían hecho públicas para preparar a la gente para un próximo evento de naturaleza cósmica imposible de ocultar. Aseguraba que había que estar preparado para todo, incluso para el primer encuentro cercano real con habitantes de otro mundo. Anoté en el borde de la hoja del diario no olvidar preguntar si ya habían instalado alguna webcam en un radiobservatorio. Aunque haga mierda mi línea de crédito a esa cámara me suscribo sí o sí.
Desde mi asiento de pasto escuché el timbre de salida del colegio. La puerta del edificio se llenó de chicos y chicas vestidas de uniforme. Mi novia no tardó en aparecer, se veía preciosa. Me gustó mirar sus piernas, sin nada, salvo unas calcetas blancas y caladas que le bajaban desde la rodilla y desaparecían bajo unos bototos de charol muy negro. Un jumper azul muy corto y una blusa blanca, abierta hasta el tercer botón del cuello. Ni una pizca de pintura en la cara. El orden y la forma de los colegios. Bajó acompañada de un tipo flaco y calvo, desaliñado a propósito, que obviamente le estaba coqueteando. Los hombres cuando nos queremos hacer los lindos somos muy imbéciles. Buscamos un tema sorprendente para hablar y miramos de costado, echando hacia un lado la cabeza con cara de barata sensibilidad.
Doblé el diario y lo metí dentro de mi mochila. Miré hacia ambos lados de la calle y tras esperar que cruzara un VW escarabajo color azul y un camión publicitario con una animación de Fallabela, corrí hacia el colegio. Mi novia estiró un agudo hola al verme aparecer y me saltó encima, olvidándose en tres tiempos del interesante tema que hablaba con el badulaque. La besé como si mañana fuera el fin del mundo, cuidando de que el idiota notara muy bien que la chica era mía y que tenía cero posibilidad de meter su nariz dentro de los calzones de mi novia. Bajé despacio mis manos sobre su precioso culito y la apunté encima de mis pantalones. Miré de reojo como el idiota se daba vuelta y desaparecía de la zona de guerra.
-Eres el más rico del mundo-, me dijo.
Le sonreí y le di un beso corto, rápido, en el que aproveché de morderle los labios. Luego soplé a su oído que nos fuéramos de ahí, que tenía dos horas y media antes de volver al trabajo. Ella sonrió, casi siempre lo hace cuando le digo que tengo tiempo.
-¿Cómo estuvo el colegio?
-¿Cómo estuvo el trabajo?
Nos metimos a un motel por ahí cerca. Un edificio color naranja, que alguna vez fue parte de las ampliaciones del viejo Hospital Regional y que ahora, sujeto por un esqueleto externo de vigas metálicas, sirve de anónimo y barato refugio parejero. A esa hora las piezas estaban llenas de compañeros de mi novia y oficinistas calientes revolcándose con putas telefónicas o secretarias calientes. Mi chica saltó sobre la cama de dos plazas y media y empezó a rodar sobre el cubrecamas, jugando a abrir sus piernas.
-Soy una gata en celo-, me dijo.
Empezó a moderse los labios y a meter su mano bajo el jumper, como si estuviera masturbándose. Movía la cabeza de un lado para otro, fingiendo mininos jadeos.
-Estoy cachonda-, me dijo con su voz más nasal. Entre que me puso caliente y me dio risa. Me senté a un lado de la cama y me quité las zapatillas, tomé el control remoto y apunté al televisor que colgaba de una esquina de la pieza. Mi novia reptó hasta mi lado y tomo mi brazo derecho, me arremangó la camisa y comenzó a morder y a chuparme con su lengua. Me encanta que me rasguñen los dedos con los dientes. En la pantalla apareció una rubia de grandes tetas, metida en una piscina gigante. Llevaba un bikini minúsculo que apenas aguantaba sus formas.
-Mira-, le dije a mi novia, cuando apareció un tipo moreno con el pelo largo y barba de candado, muy musculoso y bronceado-, él es toda tu onda.
Mi novia se echó sobre mi hombro y cambió su atención a la película. El tipo moreno se metió a la piscina y se acercó a la rubia. Bastó un beso para que los sostenes de la tipa flotaran sobre el agua. Manos y dientes cayeron sobre las tetas, mientras ella apresaba con sus largas uñas el sexo del amigo. Mi novia comenzó a acariciar mis piernas, tratando de no tocar ni rozar mi ingle, me gustó que lo hiciera.
-Te gusta esto-, dijo sin detener el recorrido de sus dedos. Si quería provocar le estaba funcionando.
-Mucho...
-¿Y esto?
Saltó sobre mi cuello y comenzó a morderme detrás de la oreja, sabe que si quiere matarme es la forma precisa. En el televisor la pareja había salido del agua. El tipo estaba de espaldas en el borde de la piscina, mientras ella le trabajaba con la boca el pico y las bolas. Antes me gustaba más que me lo chuparan.
-¿Trajiste lo de tu hermana?-, le pregunté.
-Si, lo tengo en el bolso, sácalo tu mismo.
Los toqueteos de mi novia no pensaban parar, mejor así. Abrí su bolso y busqué entre sus porquería la caja del disco. Cuando la encontré, la saqué y la puse sobre el velador de mi lado de la cama.
-Ya está-, le dije
-Anda a comer a la casa a la noche-, me invitó mientras me enterraba las uñas despacio en los hombros.
-Mmhhh...-, acepté... ¿Llevo un vino o un postre?
Me respondió “postre” bajando a besos de mi pecho hasta un poco más debajo de mi ombligo. Ahora era la rubia la que estaba de espaldas sobre el borde de la piscina, mientras el tipo le comía el conejo. Me calentaba como se quejaba, las caras que ponía y la forma como apretaba sus gigantescas tetas. La mano de mi novia me tocó por encima del pantalón, apretándome con fuerza. Mi grito fue en serio.
-Se llama Ashia Carrera…-, pronunció mi novia.
-¿…?
-Esa mina, la de la película, la he visto en otras… Tiene una teta más grande que la otra, esa es su gracia… Esto es rico
-…
Estiré mi brazo derecho hacia las piernas de mi chica y metí mis dedos ansiosos bajo su jumper. Ella abrió sus piernas, primero tímida y luego dispuesta. En la pantalla, el tipo dejó de chupar a la tal Ashia y luego, apretando su enorme y negro pico se lo encajó hasta bien adentro. Mi novia quitó su mano de mi entrepierna, sabiendo que ahora le tocaba a ella pasarla bien. Cerré los ojos y dejé que mis dedos viajaran por sus deliciosas comarcas. Toqué por encima del calzón abriendo mi mano sobre su sexo levantado y generoso. Lo froté en forma amplia, sin hacer contacto con la piel. Sentí su respiración entrecortada y larga, mientras su carne se mojaba cada vez más. Me mata cuando se pone así. Por un lado del calzón metí un dedo rabioso y lo dejé enredarse y perderse entre los delicados vellos. Rocé sin tocar la amplitud de su geografía y luego cargué contra el sexo, grande y generoso, abierto y mojado, blando y suave. Entré despacio, hasta dar con una de las bolas tántricas que tenía injertadas y empecé a bailar con cuidado. Tuve ganas de bajar mi boca hasta allá y comérmelo todo. La forma del hambre, la forma de un hambre.
Moviendo las rodillas bajé mis pantalones. Senté a mi chica encima, de espaldas a mí y la ayudé a desvestirse. Levantó los brazos para que pudiera quitarle más fácil el jumper, luego desabrochó su camisa y quedó sólo en sostenes. Con mis pies le bajé el calzón, aprovechando de rozar sus piernas delgadas y adolescentes. Ashia Carrera estaba en cuatro patas mientras el tipo intentaba metérselo por el culo. Me acordé de la única vez en que intenté sexo anal con mi novia, bastó una primera penetración para que ella me apartara llorando. Le dolió demasiado, a mí también. Nunca hemos hablado de eso.
Mi chica comenzó a moverse sobre mi sexo. Levantándolo y quemándolo hasta el límite. Yo estaba caliente, mucho, le besé el cuello, le mordí cada lóbulo de la oreja y lleve mis palmas abiertas sobre la copa de los sostenes, Sin quitarlos apresé sus pequeños pechos pellizcando los pezones sobre la tela y entonces se lo metí. Podía sentir como las bolas tántricas apretaban mi pene y lo hinchaban aun más. Dolor del rico.
-Estás dentro, estás dentro…-, jadeaba repitiendo.
Apreté sus tetas y me forcé a ir más lejos, más al interior de su pequeño cuerpo aéreo. Sus pezones estaban tan hinchados y gordos que parecían estar a punto de estallar. La rubia pechugona estaba nuevamente encima del tipo con barba de candado y saltaba sobre él como si tratara de domarlo. Imaginé que así como yo miraba a Ashia, alguien nos podría estar mirando a nosotros, que éramos víctimas de una manada de voyeristas invisibles. Podía sentir los ojos cayendo encima nuestro y me gustó la sensación esa de que nos miraran.
-Deberíamos... filmarnos...-, exhalé.
-Sólo no te vayas tan rápido esta vez...-, respiró ella, echando su cabeza hacia atrás.

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1 Comentarios:

A la/s 9:29 a. m., Anonymous Anónimo dijo...

que caliente esta huevada loco, la pendeja es muy rica

 

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