FORTEGAVERSO: COLIN CAMPBELL (22 PARTE)

domingo, octubre 12, 2008

COLIN CAMPBELL (22 PARTE)


-¿No vas a comer?- me preguntó Buggati
-Sólo un café, ¿tu?
-Nada, ya comí-, me respondió sin dejar de mirar su celular.
Levante la mano y le indiqué a una de las encargadas del local que me trajera un expreso.
-¿Estas seguro que no quieres nada más?-, insistió Buggati
No le respondí.
Volví a levantar la mano y le pedí a la señorita que me trajera un par de tostadas con mantequilla.
-¿En pan de molde?-, me preguntó la mujer, que debía tener unos treinta años.
-Si, por favor.
-Señor Buchman, es usted un hombre muy predecible-, comentó Buggati a mi lado. Preferí no agregar nada al respecto. Los colegiales del hot dog pidieron un par de Cocas Colas. La chica quería normal, el tipo dietética. La mujer del cajero automático se sentó en la mesa del hombre del diario.
-Por favor no fume-, le indicó el guardia cuando la mujer puso una cajetilla azul sobre la mesa.
-En este mundo no se puede hacer nada-, murmuró Buggati. Me fije que tras las paredes traslúcidas del café se veía el horizonte rojo de Temuco. Ha llovido diez mañanas en los últimos quince días y no pasa nada con los incendios. Las llamas están cada vez más altas.
-¿Has visto las noticias de esas señales que se están recibiendo del espacio?
-Si.
-Mira-, volteó su teléfono hacia mi. La pantalla entera del celular mostraba la imagen de unas instalaciones llenas de pantallas en la que hombres vestidos de blanco revisaban datos. Era raro, se veía muy moderno, pero también muy anacrónico. Cada tantos segundos las tomas iban cambiando, se acercaban, apuntaban detalles, cambiaban de ángulo.
-¿Qué és?
-Una sala de control del VLA, el Very Large Array. Un sistema de 27 radiotelescopios en el desierto de Nuevo México. Tienen todas las antenas apuntando hacia la estrella Epsilon Eridani. La cosa es en serio, pero también muy rara. Lo que nadie ha dicho es que no se trata de mensajes con un patrón fijo, que se puedan rastrear, sino que llegan a intervalos, saltándose días, en un orden que no tiene nada de lógico. O sea nada de lógico si se supone que se trata de una civilización inteligente tratando de comunicarse con otra. Con nosotros. El modo como se están dando las cosas tiene cero lógica, me recuerda lo tuyo con tu fantasma…
-…
-Los aliens se comunican de una forma muy parecida a los mails que te manda Colin. ¿Tal vez tu amigo era extraterrestre, el cabecilla de la invasión y no es que haya muerto, sino sencillamente es parte de un inmenso plan para dominarnos?
-Habla en serio, por favor.
-Estoy hablando en serio. Me llama mucho la atención la similitud entre el modo como tu alma en pena electrónica te busca a la forma como aparecen los comunicados de las estrellas.
-Tal vez también es una gran broma.
-Nada es casualidad, Francisco Buchman…
-Explícate
-Para allá voy…
-Su café y sus tostadas-, nos interrumpió la señorita del local.
-Gracias-, le dije.
-¿No crees en extraterrestres?
-No se trata de creer o no creer.
-Es verdad. Yo prefiero creer
-Una tostada-, le ofrecí.
Tomé una y la dobló por el miedo, cortándola.
-La mitad
Se la metió a la boca y empezó a masticar nerviosa.
-Estoy suscrita a diez cámaras ocultas en diversos lugares del planeta-, me contó con la boca llena, mientras cerraba la ventana del video y cliqueaba otra. –Esta, por ejemplo, está en el parlamento británico, nunca he visto nada relevante, salvo a un milico tirándose a una secretaria tetona en esa mesa-, me la mostró. -Tengo incluso una en un submarino ruso, el Minsk, creo que opera en el Mar Báltico, pero es bien aburrida. En realidad la única que tiene algo más de movimiento es la del radiotelescopio.
-Conozco el servicio-, le dije.
-Verena Mazzuchelli-, acotó sonriendo sin mirarme. No tenía caso responderle. –Los hombres son muy calientes. Van a extinguirse siéndolo.
Verena Mazuchelli era una modelo argentina, una de las mejores. Hace como tres años desapareció y empezó a correr por la internet que tal día a tal hora iban a violarla y torturarla en vivo. Una especie de rumor snaf que nadie tomó muy en serio pero que terminó con la red saturada de mirones tratando de ver si era verdad. Y fue verdad. La mejor porno que he visto en mi vida, lástima que Verena no viviera para contárselo a sus nietos.
-Te estás acordando de ella…
-Perdón
-Te sonrojaste
No le contesté.
-¿Faltan sesenta millones de años?
-¿Perdón?
-Para que se extinga la especie y con ella la calentura masculina.
-¿Qué descubriste?
-Que Artie tenía razón. Los correos que estas recibiendo no son normales, estan encriptados, no en su mensaje sino en su código de seguridad, que es tambien el patrón común que tienen entre ellos.
-Los cuatro números que acompañan al nickname…
-Los cuatro números impares que acompañan al nickname. Son un código de activación y seguridad, es el cerebro del robot de cada mail.
-¿Robot?
-Yes, inteligencia artificial. Lo que estás recibiendo son línea de diálogo escrito por un sistema operativo a base de un agente autónomo que no quiere ser descubierto.
-Esto es como chino, disulpa pero no soy experto en computación…
-Esto no es computación jefe, tampoco es chino, es pura teoría de la comunicación y eso es materia de Periodistas…
-Como sea, lo que estás diciéndome es que Colin esta usando un sistema de inteligencia artificial para comunicarse conmigo.
-Eso o derechamente Colin Campbell es el sistema
-…
-Todo puede ser
-Voy a ser lo más clara posible. El emisor de estos correos no quiere ser descubierto, quiere que el flujo corra de sólo un lado a otro. De él a ti. Es un modo de defenderse, de protegerse, de evitar ser molestado, o descubierto. Mal que mal si uno se hace pasar por un muerto es por algo, prefiere seguir al otro lado de la tumba.
El ruido de un helicóptero volando muy bajo hizo temblar toda la cafetería. Se escucho como si estuviera aterrizando sobre nuestras cabezas, como si fuera a acabarse el mundo.
-Ese es muy grande-, comentó Buggati.
-Militar-, le dije, era obvio. El tipo del diario y su mujer miraron de reojo hacia fuera del local, tal vez asustados, tal sólo por curiosidad. El trueno de la máquina había sido como una declaración de guerra. Hacia el horizonte nocturno todo seguía siendo rojo y brillante. Ningún helicóptero por muy grande y ruidoso iba a cambiar ese estado de las cosas.
-Funciona así-, prosiguió la rastreadora. –Es imposible responderle, porque cuando haces reply y luego send tu mensaje se divide en equis parte y va a parar a alguna casilla gratuita anónima en alguna parte del planeta.
Debe haber notado mi cara de exigir una explicación porque tras tomar un poco de aire me preguntó si alguna vez le había respondido a Colin. Le conteste que si, una vez. En realidad habían sido tres.
-¿Cuantas líneas tenía tu mensaje, aproximadas, es para que entiendas?
-No se, unas cinco-, dije al azar.
-Perfecto. Esto es lo que sucedió y lo que sucede cuando le respondes a Colin Campbell. Al hacer send, tu mail se dividió en cinco frases, las cinco líneas del cuerpo del mensaje y fueron a parar aleatoriamente a alguna bandeja de correo gratuito de algun anónimo contribuyente que seguramente la eliminó como correo basura. O sea, quizas juanito@hotmail.com de Guatemala recibió hace poco un misterioso mensaje de un tal Francisco Buchman de Chile. ¿Se entiende?
-Si, algo.
Sonó mi teléfono. Miré la pantalla, decía “mamá”. Le hice un gesto a Bugatti de que esperara un momento, que era importante.
-Perfect, aprovecho de ir al baño-, me dijo y salió de mi campo de visión.
Mamá quería saber si habpia hablado con Miranda sobre el permiso para que Miranda fuera a dejarlos al aeropuerto.
-Falta como un mes…
-Dieciocho días, amor-, me contestó.
Le contesté que en eso estaba, pero que Miranda no quería que Miranda perdiera más clases. Que tenía que pensarlo. Me contó que recién había hablado con su nieta y que ella estaba encantada con la idea, que incluso le había sugerido que tal vez pudiera ir a España para las vacaciones a pasar una semana con ellos y con sus primos y tíos, mi hermana y su familia. Le respondí que me parecpia una pésima idea, que las relaciones entre mi ex y mi hija no eran del todo buenas y que iba a desencadenar una pelea en la que iba a estar al medio. Y que ya no quería seguir estando en el medio.
-Tu y Miranda deberían volver y dejar de quejarse
-Estamos bien como estamos, Mamá.
-Pensé que ibas a venir a comer.
-Aun estoy en Temuco.
-En la oficina.
-No, en la oficina, comiendo con unos amigos.
-Del diario.
-De la universidad
Me envió un beso celular y cortó. Le dije que durmiera bien y cerré el teléfono.
-Madres-, pronunció Bugatti tras mío. –Volvamos a la invisibilidad-, añadió apuntando el celular. Lo abrí y volví a activar el código.
-Cada vez que lo usas se desactiva…
-No creo que me estén oyendo.
-Muere gente conectada a Colin Campbell, tu eres su mejor amigo vivo, si yo fuera policía tendría un helicóptero sobrevolándote día y noche.
Ambos recordamos el gran aparato que había pasado sobrevolado el terminal de buses hace unos minutos.
-Desarme un mensaje-, soltó Buggati, ubicándose a mi lado, donde había estado antes del llamado de mi madre y su paso por el baño.
-Desarme una secuencia de su programación, una fácil en el nickname e inserte un virus, un torpedo, de esos que acaban con todo. Y acabe con el mensaje. No con su código de seguridad, pero si con todo el resto. No sé quien te lo envió, pero tengo una pista de quien o quienes podrían estar detrás de tu fantasma.
-Sigue.
-Inserto en la última línea de texto, de un modo invisible, entre los algoritmos de escritura alguien puso una firma…
-¿Firma?
-Si. Es una costumbre común entre los programadores y los hackers. Es un logo, un timbre de agua digital para asegurar su autoría. No tiene nada del otro mundo, es un ejercicio de ego.
-Y que es lo raro, lo decidor del cuento…
-Que he visto esa firma en otro lado.
-¿Dónde?
Giró la pantalla de su celular hacia mi, estaba abierta la ventana de webcam en las instalaciones del VLT de Nuevo México.
-Aquí-, me indicó tocando la pantalla.
-En la webcam.
-Frío-, hizo un alto. –En lo que se ve en la webcam.
-En las señales extraterrestres…
-Casi…
Levante las manos.
-En la señal extraterrestre procesada por los computadores de recepción del SETI.
Moví la cabeza, no entendía nada.
-No me mires, Francisco Buchman. No pienso nada, aun no me atrevo siquiera a pensar.
Tuve ganas de un nuevo café. La rareza de las cosas ahora parecía patológica.
-Necesito un mensaje completo-, me dijo.
-Perdón
-Lo que oíste, un mensaje completo. Los que me enviaste están editados. Su secuencia cortada. Es obvio, resulta obvio que editaste lo mas comprometedor de los correos que te ha enviado tu fantasma. Yo en tu lugar lo hubiera hecho. Pero si quiero saber, si queremos saber, perdón, quién está detrás de todo, necesito uno o dos mensajes completos. Tal cual los recibiste de Colin Campbell.
La mire, levantando una ceja, hacía tiempo que no hacía es gesto.
-No es lo único que necesito. Mira, no quiero adelantar nada, pero tengo una corazonada. Y para saber si tengo razón necesito saber que pasó con el dinero de Colin Campbell antes de su muerte-, me miró a los ojos con una atención inhumana. -Pero no me interesa saber que lo tiene su mamá y todo ese tango. Supongo que sabes de qué banco era cliente tu mejor amigo. Sólo eso, yo me preocupo de rastrear su número secreto.
Arrastró sobre la mesa una servilleta de papel en blanco con un lápiz de pasta azul de émbolo transparente.
-El nombre del banco por favor.
Tomé el lápiz y escribí el nombre de la institución y la oficina de la cual era cliente Colin. Me acordaba. Era exactamente la misma de mi primera cuenta corriente. El me recomendó con su ejecutiva. También añadí su nombre.
-Una última cosa-, siguió Bugatti mientras doblaba la servilleta, sin mirarla siquiera, en uno de los bolsillos de su pantalón. –Eres el único del grupo de fieles a Colin Campbell que ha recibido los mensajes del muerto.
Tenía razón con lo de grupo de fieles.
-Pero hubo otros que si lo recibieron…
-Edison y Gastón.
-Los muertos. Cada uno recibió dos correos siMirandares a los tuyos un poco antes de sus decesos.
A lo lejos se vio la luz de un helicóptero, como un espectro blanco y cónico sobrevolar los incendios.
-Eso no es todo-, siguió mi hacker favorita. –Los pacos lo saben. Lo han sabido siempre.
Pensé en los gatos de mi madre. En cuantas veces había que alimentarlos al día, ahora que se supone voy a cuidarlos. Quizás sería mejor idea que mi hija se los llevara con ella, siempre le gustaron los animales.
-También saben que tu has recibido correos siMirandares al de los muertos.
-Dijiste que no pueden leerlos.
-Es verdad, pero eso no significa nada. Leerlos o no es una cuestión secundaria, lo que a ellos les interesa es el detalle de que tu y un par de muertos con pasado en común han estado recibiendo misteriosos mensajes de alguien extraño…
Un tipo gordo y calvo saco un sándwich de atún de un congelador cercano y lo llevo hasta el microondas ubicado en la pared mas lejana del local.
-Yo que tu-, continuó la chica. –Les diría la verdad, que el fantasma de Colin Campbell lleva un par de meses escribiéndote desde ultratumba.

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