FORTEGAVERSO: TERREMOTO CHILE 2010: EL DIA DESPUES, POR MANUEL BAUER

martes, marzo 02, 2010

TERREMOTO CHILE 2010: EL DIA DESPUES, POR MANUEL BAUER


Columna de mi buen amigo Manuel Bauer, publicada en SomosBlogs.

EL DIA DESPUES

¿Cómo están amigos? A estas alturas es lo único que cabe preguntar, esperando que se encuentren bien, que nada grave les haya pasado, que los daños sean sólo materiales, porque esos se recuperan. Duelen, pero se recuperan. Yo acá, sin un hueso roto, aún asustado, preocupado por lo que ocurre en el sur, indignado por como actúan algunos compatriotas, furioso con buena parte de mis colegas constructores y arquitectos.
El viernes fuimos al cine con Vicky y Natalia a ver Nine, musical que salvo Marion Cotillard me dejó con gusto a poco. A eso de las doce comimos en un McDonald de Providencia y luego las “chicas” pasaron a dejarme a casa. Nos despedimos con un hasta mañana, recordando que teníamos en los planes hacer un recorrido fotográfico por las iglesias de Santiago. A mi y a mi la “hija de mi amigovia” nos gusta la arquitectura religiosa y ella quería sacarle botos a los Sacramentinos y a la Basílica del Perpetuo Socorro en Blanco Encalada junto al Club Hípico, la Notre Dame de Santiago y a mi juicio la más bonita de las iglesias capitalinas.
Eran las 3:30 de la noche y yo estaba tirado en mi cama mirando algo en el cable, a medio dormir, mientras en el living y bajo el LCD, Cristóbal seguía matando marcianos (o lo que fuera) en su X-Box. Entonces sentí el primer movimiento. ¡Temblor! Dije, ya acostumbrado a como se mueve este país. Fue sólo el inicio. Un resplandor azul desde la calle y un ruido estruendoso que parecía venir desde el centro de la Tierra. Y el movimiento. TRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR, si acaso es posible meterlo en una sola onomatopeya. Gritos, ruido, oscuridad, sensación de pánico de no ser nada ante la energía de nuestro mundo desatada. Vidrios sonando, la cocina quebrándose entera, lluvia de libros, DVDs, muebles, discos cayendo, el LCD al suelo, aplastando la X-Box, chispas en los enchufes, más libros, revistas, papeles…. Los dos minutos más eternos de mi vida. Nada importaba, sólo yo y mi hijo abrazados en el marco de la puerta del departamento, acordándonos de la familia y de Dios, porque hasta el más ateo, estoy seguro, recurrió a Dios en esos instantes en que todo parecía irse al carajo. Luego, buscar una linterna y salir a la calle, para darse cuenta que todos éramos uno. Que el miedo y el desconsuelo nos unía como una sola comunidad, una sola cuadra, una sola comuna, una sola ciudad, una sola región y finalmente un solo país. Todos los lugares comunes de filme de desastre hollywoodense, hechos realidad.
Y abajo, en medio del caos y el desconcierto mi hijo volvió a tener 5 años, a abrazarme y a romper en llantos liberando, como había hecho la misma Tierra, tensión acumulada durante el cataclismo. Terremotos, las estadísticas dicen que cada generacion de chilenos deben pasar al menos tres durante su vida. Del de 1971 no tengo memoria, era un niño y parece que no se movió tanto, para 1985 no estaba en Chile, este fue mi primer terremoto, el bautizo de fuego para tantos de chilenos. Y estadísticas fuera, no quiero dos más.
Esperamos el amanecer para subir a arreglar el caos e intentar comunicarnos con nuestra gente. Teléfonos muertos. A eso de las 8 supimos que Mariana estaba ok, con los niños asustados y todos los muebles en el suelo, ni una herida, sólo Felipe (su marido) con un tajo en la frente tras venírsele encima una repisa sobre la cama. Vicky y Natalia tampoco tenían problemas y sólo se les habían quebrado unas copas, pero de papá nada. Llamar y ruido blanco. Le dije a Cristobal que no se moviera del departamento hasta que yo lo llamara, agarré mi bicicleta y subí por Manuel Montt hasta Simón Bolívar y de ahí hasta Ñuñoa, Estrella Solitaria con Bremen, mirando en el trayecto gente en la calle, tejas corridas, muros ladeados, el día después del mañana. La cantidad de edificios con problemas estructurales que ví me dejó pasmado. Soy arquitecto, sé de estas cosas, como era posible tanta irresponsabilidad en los colegas. Alguien no estaba enseñando bien o alguien se había metido 6 años de universidad en el bolsillo.
Red, mi padre, estaba ok. Sin luz, ni teléfono y con el celular descargado: se le había perdido el cargador. La casa ni siquiera se había movido, bendita sea la construcción antigua. Llamé a mi hijo y le dije que cerrara todo bien en el departamento, que tomara la linterna y se viniera donde su abuelo, que esa iba a ser nuestra nueva base de operaciones. La luz llegó en la tarde y con ella malas noticias.
Epicentro cerca de Concepción, mi hermana estaba allá. Red lloraba por no poder comunicarse con su hija, nunca lo había visto así, desesperado, horrorizado. Igual que al día siguiente de la muerte de mamá. En TV vimos que Concepción estaba casi en el suelo, papá quería que fuéramos, que agarráramos el auto, pero no sacábamos nada, la carretera estaba cortada. Las peores partes de las películas de desastres estaban entre nosotros. Finalmente a eso de las 8 de la tarde, logramos comunicarnos usando mensajes de texto. Estaban bien, la casa resistió, los muebles y electrodomésticos no, pero ni mi hermana ni mis sobrinos mostraban mayor herida que un par de moretones. Papá durmió tranquilo esa noche, a pesar de las réplicas que nos mantenían alerta y casi durmiendo de a turnos.
Ayer en la mañana nos despertamos con un sismo fuerte, se quebraron platos en la cocina, pero al final sólo fue susto lo que sufrimos. Susto que se hizo indignación al prender la TV y ver lo que ocurría en Concepción. Sin City, por definirla de alguna forma. Flaites y lumpen saqueaban un supermercado, porque eso era, no gente con hambre y desesperado. Un desesperado no entra a un centro comercial y sale con un plasma, una chaqueta de marca o una lavadora. Perdonen pero hay demasiado hijo de puta dando vueltas por ahí. Que hay que entenderlos, perdieron todo, me decía un amigo. Pamplinas, Robin Hood no existe, esos infelices no estaban robándole al rico para darle al pobre, estaban robando para luego revenderlo de la misma forma como venden botellas de agua a 3 mil pesos. Eso es reírse de la gente, meterse por la raja el desastre y el sufrimiento, no tener una pizca de humanidad. Soy bastante liberal y de ideas democráticas y de igualdad de clases, vote por el No el 88 y creo en que todos tenemos derechos por igual, pero al ver lo que ocurría en Concepción y al hablar con mi hermana, que me describía con terror que la calle estaba llena de vándalos buscando entrar a las cosas, tuve ganas de tener superpoderes o tener un arma policial inteligente como Robocop o el helicóptero Blue Thunder para despachar a esas bestias humanas al otro lado. Que Dios me perdone pero hay personas en este mundo que no merecen ser consideradas personas. Como esos flaites o mis “colegas” encargados de edificios en Ñuñoa, Macul, Independencia, Concepción, Talca y Maipú por reírse del sueño de la casa propia, ser una vergüenza para la profesión y mirar la plata por encima del bien común o el sentido de ser persona. Y ahora los frescos de raja se declaran en quiebra. Vale, uno entiende que no tengan las lucas para responder, pero por último den la cara. Entre esos “profesionales” y los asesores del gobierno que bajaron las alertas de tsunami alguien definitivamente no está haciendo bien su pega.
Y si a eso sumamos los impresentables que... (columna completa aquí)

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2 Comentarios:

A la/s 8:26 p.m., Blogger Frexor dijo...

estos ultimos dias he escuchado cada historia de como fue el terremoto.... un vecino estaba en dichato y arrancó en camioneta antes que desapareciera por las olas.... y otra estaba en un campamento hippie cerca de angol donde festejaron el movimiento de la madre tierra...
incisto que lo peor de todo.... es la horda de flaytes zombyes... los tiroteos y todo los portmenores postapocalipticos, como por ejemplo buscar agua.
saludos desde la tierra sin ley exconcepcion

 
A la/s 7:27 a.m., Blogger juan Francisco dijo...

Desde que apareció Bauer, supe que era el alter ego de Ortega, tus historias, son muy buenas, han puesto siempre una sonrisa en mi cara, un abrazo ortega, que estes bien...
Conce se parece a "Jericho",
Rengo esta casi normal, bueno por mi lado, hay casas viejas en el suelo...
Saludos Distinguido FO
Juan Fco.
Desde Rengo

 

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