FORTEGAVERSO: CITA OBLIGADA

jueves, diciembre 21, 2006

CITA OBLIGADA

Pequeña Miss Sunshine es de esas películas que hacen sentir bien. Se estreno hoy y de seguro no dejará indiferente a nadie. Amarla u odiarla es fácil, querer a la niñita también. Esto publiqué al respecto en la Rolling de enero próximo, no puedo postear la crítica completa porque los jefes de chile y argentina me castrarían. Pero algo es algo.
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Y TODAS IBAMOS A SER REINAS
Hay películas machos y películas hembras. Esto no tiene nada que ver con gustos, sino con formas de ver el mundo; del discurso presente en el interior del relato. Películas machos son –entre muchas otros- El Gran Pez, Alta Fidelidad, Casi Famosos y la filmografía completa de Michael Mann (Miami Vice), filmes donde el punto de vista es absolutamente masculino: la paternidad, la indecisión y el enciclopedismo “nerd” son virtudes hechas a base de testosterona y escuchando esa melodía, por mucho que a una chica le haya gustado –e incluso emocionado- cualquiera de los referentes mencionados, es imposible que haya entendido a cabalidad lo que el cineasta (Burton, Frears, Crowe, etc) estaban realmente contándonos. En esa lectura, Pequeña Miss Sunshine está en las antípodas. Es una película hembra. No femenina ni feminista, sino derechamente hembra, con pelo largo, pechos y caderas anchas. Puede que uno de sus directores (Jonathan Dayton) sea hombre, pero en el modo en que se construyó el relato, es evidentemente que lo que priorizó fue el ojo de su compañera de labores: Valerie Faris. Pequeña… es una película con útero, incluso con periodo menstrual. Histérica, amorosa, gritona, preciosa. Y como ya escribí hace tiempo, en otro medio y sobre otra película, este comentario hubiese quedado mucho mejor si quien lo firmara se llamara Francisca. O Ana, o Carolina. Porque por mucho que me haya gustado esta nueva maravilla del cine independiente gringo, doy por seguro que no entendí ni un 70% de la sensibilidad implícita en la historia secreta de esta obligatoria road movie a través del corazón más espantoso de la clase media norteamericana; todo armado a través de la mirada de una niña de 8 años, mezcla precisa y perversa entre picardía, inocencia y dulzura...
Completo en RS, Enero 2006

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