FORTEGAVERSO: LOST Y WATCHMEN: HERMANOS MORALES

miércoles, enero 31, 2007

LOST Y WATCHMEN: HERMANOS MORALES



La tremenda revista Comiqueando, mítica publicación -antes impresa ahora online- dedicada al estudio serio del noveno arte, se mandó este interesante aertículo sobre las vinculaciones entre Lost y Watchmen y otros comics, acá un extracto y el enlace para continuar leyendo.
LOS MISTERIOS COMIENZAN

por Roberto Pulitano

No existe nada mejor que un buen misterio. A Borges le gustaba la idea de que Edipo había sido el primer detective y, en parte, tenía sus buenos motivos: el griego debía resolver una muerte de consecuencias nefastas, necesitó de elaborar hipótesis, interrogar posibles sospechosos, en definitiva: descubrir, iluminar, sacar a la luz (o como más prefieran) un hecho siniestro. Pensemos un poco en los elementos de un buen misterio. Primero, para el tiempo en que la investigación da inicio, el evento ya ha ocurrido. Segundo, el investigador (que puede o no ser un detective formal) nos sirve como vínculo para introducirnos en un contexto muchas veces sórdido. Claro que muchas veces el escritor nos oculta información vital para el descubrimiento del asunto o, el muy taimado, nos hace seguir capítulos y capítulos de pistas falsas sin sentido. Lo que nos lleva al tercer elemento: nunca adelantarse, la gracia de estas historias no está en saber más sino en dejarse llevar. Por supuesto, todo buen lector es recompensado, eventualmente sabremos lo que nos ha estado devorando el cerebro desde el principio ¿quién, ¿por qué? y ¿cómo?
Lost on Copacabana

Rorcharch quiere saber, y nosotros con él. Más allá de la maravillosa manera con que fue contada, Watchmen no sería Watchmen sin su historia y esta gira en torno a un asesinato, un misterio y una historia oculta. Elemento fundamental, básico, perfecto, y que omití por haraganería, del buen misterio. Una muerte no es sólo una muerte, hay algo inmediatamente detrás, hay algo muy lejos en el pasado y hay un algo “dinámico” que va y que viene pero en la oscuridad, sabemos de su presencia pero se trata de una figura desenfocada que sólo se descubrirá sobre el final. En una entrevista de la época Alan Moore dijo, en perfecto castellano, “cada pequeño detalle conecta con otro. Lo que quería lograr y mostrar era que cada individuo tiene una forma de pensar y de actuar y que el mundo está formado por le interacción de acciones y reacciones y como esto también sucede al interior de una obra de ficción”. Moore mantendría esta idea la que pudo ser su obra maestra Big Numbers. A través de Mad Love, su propia editorial, el inglés editó dos números de esta historia acerca de cuarenta personajes amenazados por un centro comercial. Bueno, dicho así no parece mucho. Hagamos de cuenta que no dije nada. La historia cuenta como la instalación de un enorme y aséptico centro comercial impacta en al vida de una pequeña comunidad inglesa, todo esto representado por la visión de cuarenta personajes distintos que se van cruzando, intercalando, confundiendo y modificándose ante nuestros ojos. Ahora está mejor. Claro que, en dos números, fue muy poco lo que de eso se vió. En teoría, Moore iba a utilizar personajes reales, tetradimensionales, complejos, confusos que el lector no podría describir en menos de dos mil palabras (mínimo). En teoría, la historia iba a correr libre a través de una bien delimitada estructura, ¿suena contradictorio? Bueno, es que estamos jugando con la idea del Caos. Brevemente: el Caos ocurre cuando un elemento, por mínimo que sea, interfiere con las condiciones iniciales de cualquier sistema dinámico. Sí, como ejemplo es una mierda. Entonces, digamos que si una mariposa aleta sus alas en La Rioja, desencadena una tormenta en China (o sea, no jodan a las mariposas).
A medianoche todos los agentes

Aunque no lo parezca estas dos ideas del inglés barbudo se aplican, y bastante, al esquema de Lost. Pero antes de iniciar un análisis más o menos drogado de esta serie bien conviene saber por dónde atacan los indios. Lost nace gracias al famoso efecto yo también, en marketing cuando una franquicia vende bien (para el que no lo sepa una franquicia es una unión de productos vendidos bajo una misma bandera) otras aparecen presentando características similares buscando su pedazo de la torta. Resulta que Lloyd Braun, por entonces ejecutivo de la cadena ABC, estaba muy tranquilo en el Hawai del 2003 y, entre chapuzón y capuchón, buscaba la manera de trasladar el éxito de la película Náufrago (¡Wilson!) de Tom Hawks a la pequeña caja boba. Como el tipo estúpido no era, se dio cuenta de que necesitaba buenas manos para elaborar algo interesante. Así fue como decidió unir a J.J Abrams (creador de Felicity, las primeras tres temporadas de Alias) y Damon Lindelof (que venía cosechando cierta chapa gracias a Crossing Jordan) y les dijo algo muy parecido a “Isla. Sobrevivientes. No más de 12 protagonistas. Dinero. Cuenta bancaria grande a fin de año”. Tanta fe tenía en el trabajo de estos dos flacos que les autorizó once millones de dólares para realizar el episodio piloto. No sólo se trataba del presupuesto más caro de la historia de la televisión, sobre todo para un piloto, sino que sus niños genio apenas si tenían 25 páginas de guión listas y algunos conceptos vagos de cómo seguir. El casting se realizó a las apuradas (A Braun lo rajaban y si no aprobaba él la serie todo se iba a la mierda); con decirles que el personaje de Jack (él nuevo prototipo de americano que el norte está vendiendo por estos días: atormentado, falible pero bien intencionado y buen tipo) iba a ser interpretado por Michael Keaton (¡Batman!) y estaba destinado a morir en manos de la misteriosa bestia que acecha a los misteriosos sobrevivientes en la no menos misteriosa isla. Esto es Twin Peaks a la enésima potencia. Si el principal gancho de la serie de David Lynch era descubrir la identidad del asesino de Laura Palmer, a tal punto que cuando se supo la audiencia abandonó masivamente el barco, Lost acumula enigma, tras enigma tras enema (¿escribí eso o sólo lo pensé?)
Acá todos son detectives, todos son interrogados, abundan las hipótesis y nadie es quién parece ser. No sólo intentamos descubrir dónde están en realidad (se aceptan apuestas) sino saber quiénes son estos tipos. Como mínimo, los catorce protagonistas de la serie tienen uno o dos secretitos en el closet, bastante grosos y perturbadores. Cada episodio está estructurado en dos tiempos narrativos diferentes. Uno en el presente, la acción en la isla, la interacción entre los personajes, algún eventual descubrimiento, y otro en donde vemos a los personajes previo accidente. Creo que me estoy olvidando de algo…
Lost cuenta como los pasajeros del vuelo 815 que va de Sydney, Australia a Los Ángeles, California, se estrella contra una isla en el medio de ningún lado. El avión se parte en dos mitades, dejando cuarenta y dos supervivientes en una costa y cuarenta dos en la otra. El resto, obviamente, muere. En la primera temporada, atestiguamos los esfuerzos del grupo más numeroso por conseguir ser rescatados, desconociendo la existencia del segundo grupo. Mientras, una especie de bestia los acecha (pero no se morfa a ninguno). De a poco vamos conociendo algunos detalles de la isla, como escotillas con carteles de “cuarentena”, la transmisión de una mujer francesa pidiendo ayuda, que tiene más de dieciséis años en el aire, unos números malditos (4, 8, 15, 16, 23, 42) que figuran también el la escotilla, una avioneta nigeriana llena de droga y un nene de diez años capaz de…
En la segunda temporada, conocemos al segundo grupo de supervivientes, que han sido reducidos a once por… Los Otros. Aparentemente, Los Otros vendrían siendo… otra gente que estaba antes en la isla (pequeño spoiler de la tercer temporada, en realidad son de una isla vecina, tienen hogares e instalaciones perfectamente condicionadas) descubrimos que los números malditos deben ser introducidos en una computadora cada 108 minutos o sino… ni idea pero puede que no sea lindo (sumen los números malditos y descubrirán algo escalofriante!) de la bestia solo podemos adivinar que es un montón de humo con sonido mecánico que sabe cosas de los protagonistas, pasan cosas raras, advertimos que siempre llueve en los momentos dramáticos, las barbas no parecen crecer, ni la gente adelgazar y no sabemos de dónde carajo sacan tantas mudas de ropa; para peor uno de los mejores ganchos de la serie es que cada misterio revelado apunta a otro, por lo que cada respuesta en realidad formula una nueva pregunta. Por ejemplo, la Roca Negra que algunos personajes ven en sus sueños, dos capítulos antes del final de la temporada nos enteramos que es un galeón español de hace 150 años, encajado en el medio de la jungla! Si, de eso me olvidaba… bueno, presenten atención a los flashback porque conforme avanza la historia en la isla estos momentos retrospectivos van retrocediendo más y más en los personajes. Porque en realidad, y eso lo dejan ver los flashback, estos personajes estaban “perdidos” de antes y en la isla van encontrándose, definiéndose. El caso más emblemático sería el de John Locke, que estaba en una silla de ruedas al momento del accidente y cuando despierta en al isla puede utilizar sus piernas con total normalidad. O Jack quién antes no podía ser responsable ni de la camisa que usaba ése día y, en al isla, se carga el destino de cada superviviente.
“La realidad en Watchmen está llevada hasta lo más mínimo. Rorschach y los terrones de azúcar son un buen ejemplo. En el primer número se ve a Rorschach ir a casa de Dan Dreiberg, abrir el azucarero y vaciarlo en su bolsillo. Unas pocas escenas después está con el Dr. Manhanttan, se pone un terrón en la boca y tira el papel al suelo. Viñetas después, Rally se fija en el papel y lo tira al basurero. En el siguiente número, alguien va a casa de Dreiberg y quiere una taza de café con dos terrones de azúcar, pero sólo queda uno, obligando al dueño de casa a disculparse. Casi cuatro números más adelante, un par de detectives lo interrogan y este les ofrece café, pero recuerda que no ha comprado azúcar”. Moore había planificado cada pequeño detalle de su serie, hasta en las cosas más insignificantes. A pesar del desordenado comienzo, Lost está pensada de igual manera. El mejor ejemplo es el avión nigeriano: en la primera temporada, circa episodio 19, Locke y Boone lo encuentran de casualidad (¿o por acción del destino?). Boone se sube a revisar y encuentra una estatuilla de la virgen María, también un radio de transmisión. Intenta comunicarse con el mundo exterior y alguien recibe una respuesta pero la interferencia la vuelve imposible de... seguir leyendo en este link.

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