FORTEGAVERSO: SER EXTRAORDINARIO: LA ULTIMA MIRA

jueves, mayo 15, 2008

SER EXTRAORDINARIO: LA ULTIMA MIRA


Todo comienzo tiene un final. Se acabó MIRA, la revista de Movistar que editaba el gran Chato Díaz. Y con este final, se cierran también mi serie de columnas tapa dura. Esta es la última. O a estas alturas, fue la última. QEPD, para otro medio. Good omens.

SE EXTRAORDINARIO

Que Dan Brown, Stephen King o Harry Potter, si hicieramos el ejercicio de enlistar cuales han sido los libros más buscados, comprados y leídos por los chilenos en el último año, la respuesta sacaría ronchas entre los defensores de la buena literatura y la palabra escrita como arte.

Las cosas como son, la autoayuda hace rato que dejó de ser el hermano pobre de la industria editorial y se convirtió en el juguete preferido de quienes hacen libros. Es cosa de revisar el ranking de no ficción de alguna revista cultural de domingo: El Secreto, Viva la Diferencia, Inteligencia Asertiva, La Rueda de la Vida, La Llave Maestra, etc. La nueva narrativa chilena versión 2000 la comandan Pilar Sordo y Javiera de la Plaza.

Es que la aritmética es simple: manufactura barata, venden como condenados y sus autores no piden millonarios adelantos, que la mayoría de las veces no cubren ni con la primera edición, ni son niños mimados que exigen su foto en la solapa. Los libros de autoayuda son básicamente sentido común impreso, pero más allá de esa simplona lectura tienen hoy (ahora) el nada despreciable mérito de mantener arriba una industria en crisis, permitiendo con sus ingresos financiar los arrebatos y antojos de firmas más “serias”. Les guste o no a los autores artistas, hoy sus carreras dependen de que haya un El Secreto metido en la lista de colecciones de su casa editorial. Tampoco es menor el dato que si alguien le da con el palo al gato a este “que bello es vivir redactado con metáforas simples”, puede cumplir con el anhelado sueño de vivir de la escritura y eventualmente ser famoso, como invitado eterno en cuanto matinal y estelar de conversación engendre la televisión chilena.

Lo de la autoayuda no es un fenómeno nuevo. Libros para encontrarse con uno mismo, olvidarse del psicólogo y descubrir el valor a las pequeñas cosas, hace rato que vienen escribiéndose y vendiéndose en los mercados europeos y norteamericanos. Bienestar y “bienvender”, es la alquimia que ha dado best seller como La Inteligencia Emocional y todos sus derivados. Y su éxito no es casual. El hombre desde que es hombre necesita convencerse de que lo malo es pasajero y que mientras se esté vivo y se tenga alguien al lado las cosas van a ir por buen camino. Sin ánimo de ofender o sonar sacrílego, los libros de Los Salmos y Proverbios del Antiguo Testamento son los primeros manuales de autoayuda de la historia occidental. Antes que Rhoda Byrne (autora de El Secreto, cabeza en su pirámide alimenticia) estuvo el Rey David.
Sin embargo algo ha cambiado en el género durante el último tiempo. Si antes un buen libro de autoayuda era aquel texto capaz de dejarte relajado, sintiendo que las cosas malas iban a mejorar y sumido en el convencimiento de que si caminabas con una sonrisa eternamente dibujada en el rostro, nada malo te iba a pasar, la idea ahora, a dos años del fin de la primera década del siglo XXI es ser extraordinario.

El nuevo “bienestar bienvendido” ha basado su éxito en antologar las recetas para saltar más allá de los límites del ser humano ordinario. La nueva autoayuda es más bien un compendio de clases para convertirse en Superman. A medio camino entre la psicología, el sentido común y las doctrinas más esotéricas del ya agotado –pero siempre reseteable- New Age, el actual punto hacia el que apunta esta clase de volúmenes es a convencer a sus lectores de la capacidad que tienen para transformarse en mejor ser, que no es lo mismo que mejor persona. El ya mencionado El Secreto, el libro más vendido en el mundo desde fines del 2006 a la fecha, más que un manual de datos, ejemplos de vida y frases para recordar cuando tenemos pena, está escrito como si fueran las instrucciones de vuelo para un alumno de la Academia del Profesor Xavier de los X-Men. Y no estoy exagerando, El Secreto –y ahí la parte más compleja de su atracción- parte y termina en una premisa curiosamente nietzcheniana: si uno se encuentra y descubre su mejor lado, puede convertirse en un ser superior, un niño estelar, como el del último plano de la película 2001.

Si antes la autoayuda se presentaba como un complemento a la falta de fe de las personas. Páginas de frases simples en la que el lector pudiera encontrar lo que no hallaba ni el psicólogo ni en la iglesia, la nueva generación de autores abren las puertas hacia una especie de salto evolutivo donde ya no vale la búsqueda de un ser o estado superior, sino derechamente la transformación de quien lee en ese ser supremo. Y si, en esas palabras, hasta suena aterrador, anticristiano y peligroso incluso. Pero millones de lectores opinan lo contrario, eso sin mencionar a los editores. Porque hoy por hoy, mayo del 2008, la autoayuda no sólo existe para “salvar” a las personas, también al libro como formato impreso.

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