FORTEGAVERSO

viernes, enero 08, 2010

CHILEAN DRACULA


Versión publicada en la última Capital

Version inédita, un poco más larga

CHILEAN NOSFERATU: DRACULA.CL

Una imagen: Pinochet en su ataúd el día después de su muerte. La fotografía dió la vuelta al mundo. Vestido de uniforme, de guerrero, con el rostro hinchado y las venas marcadas, idéntico (o muy parecido) a Jack Palance en la versión televisiva de Drácula que dirigió Dan Curtis y fue estrenada en la CBS en septiembre de 1973, las sincronías a veces asustan. No parece muerto, dijeron partidarios y detractores de aquella imagen del General. No Muerto/Nosferatu, no confundir con Muerto en Vida/Zombie, hacerlo es faltar al respeto al vampiro. No Muerto es traspasar la barrera, convertirse en algo más, en una idea, en una fuerza tan viva como muerta, las dos cosas al mismo tiempo, ¿se entiende? ¿No? Es la magia del vampiro, vivir en el borde, en la indecisión, en el si y el no... Drácula y Pinochet se parecen. Militares ambos, míticos en vida, aun más poderosos tras fallecer, dictadores, genocidas, hombres que creyeron (¿en verdad lo creyeron?) hacer lo correcto aunque en su idea de corrección arrastraran a miles de compatriotas. Finalmente tan admirados como temidos, porque Drácula es la encarnación de la esquizofrenia, produce horror pero también fascinación. John Badham lo resumió muy bien en el tagline de la versión del vampiro que rodó en 1979 con Frank Langella como el encapotado de los colmillos: “El regreso de la criatura de la noche que por siglo ha causado espanto en el corazón de los hombres y deseo carnal en el de las mujeres”.
Más que cualquier otro monstruo, Drácula es sexo reprimido, casto de día, desatado de noche y sobre cualquier otra criatura siniestra representa la amenaza al extranjero, el bárbaro atractivo que invade la moral y la paz de la civilización desatando sus sueños más prohibidos. La doble identidad, el invunchismo, Latinoamérica entera y encima de la lista nuestro Chile querido, más que un territorio de vampiros, un vampiro territorio. La gran diferencia es que mientras el nacido Vlad Tepes no se refleja en el espejo, nosotros lo hacemos demasiado, y nos gusta, y nos pegamos en defensa propia, nos masturbamos contemplándonos a nosotros mismos. Drácula es autocomplaciente, egocéntrico e idealista, algo que queda gráficamente descrito cuando Bram Stoker, el autor de la novela en que se origina el mito, nos dice de que el viejo Conde tenía las palmas de la mano cubiertas de pelos, tal cual reza el dicho popular respecto de quienes practican la autosatisfacción y vaya que no hay nadie que lo haga mejor al arte de Onán que el legendario habitante de Transilvania, preocupado de si mismo, egoísta, ambiguo, amante de raptar niños y de entrar a habitaciones donde duermen doncellas de generosos escotes a las posee sin penetración, sino a mordidas. Un gran coitus interruptus, como la historia de Chile entera, pensemos en el fútbol no más… siempre estamos a punto, pero nos quedamos en el cuello, nos gustan los cuellos.
Drácula en Chile. Bram Stoker, el escritor, un irlandés tan obsesionado como ambiguo en su sexualidad, miembro de la orden del Amanecer Dorado, el Golden Dawn, grupo esotérico de organización paramasónica, amantes dela magia y de la búsqueda de sabidurías antiguas. Stoker tenia compañeros y maestros en esta orden, uno de ellos Lord Salisbury, primer ministro de la Reina Victoria, al que algunos apuntan responsable de Jack el Destripador y otros (peruanos sobre todo) albacea de Chile durante la Guerra del Pacifico. Salisbury, acaso una inspiración para el rey de los vampiros, buscó garantizar los intereses británicos en Tarapacá y personalmente se encargó de que a Chile no le faltaran armas, buques y preparación militar. ¿Socio, gobierno entre las sombras?, un Drácula invisible guiando a nuestros ejércitos de 1879, cuyos vampiros invadieron Lima, la ciudad de los reyes, con más terror y violencia que los chupasangres de verdad, esos que Drácula desencadenaría en Londres, otra ciudad de reyes, en 1897. Pero mientras los vampiros transilvanos violaron a las mujeres con elegancia, los del fin del mundo lo hicieron con barbarie.
Drácula es el gótico por excelencia, Chile es un país gótico. Almagro y Valdivia lo eran con sus brujos y chamanes, Caupolicán fue empalado según las artes de Vlad Drácula Tepes. Santiago colonial con sus fantasmas de la Chimba, las figuras del Corregidor Zañartu y la Quintrala, nombre con un sonido extraño, intrínsecamente maligno, fascinante, extranjero, producto de la conjunción de consonante fuerte con “erre”, el TRA de la Quintrala con el DRA de Drácula, entonación identida, vinculacion con el diablo, el dragón, las fuerzas de la oscuridad. Hasta 1897 Drácula era un rumor, una leyenda de Europa del Este, Bram Stoker lo hizo famoso. Hasta 1877 la Quintrala era un mito, cuento de espanto para los niños, se dudaba incluso de su existencia, hasta que Benjamin Vicuña Mackena “probo” su existencia, o como Stoker la reinventó desde el rumor.
Drácula.cl. No me cabe duda si el Demeter (la goleta rusa que lleva al vampiro de Rumania a Inglaterra) volviera a perderse en la mar, esta vez encallaría en Chile. Este es un buen país para vampiros, un buen lugar para el rey de todos. Acá los No Muertos andan a la orden del día, y como el buen Drácula no le temen a la luz del sol ni necesitan ataúdes para esconderse, sólo cuellos para morder.

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lunes, septiembre 07, 2009

MARVEL DISNEY EN REVISTA QUE PASA, POR SU SERVIDOR


Columna publicada el viernes pasado en revista Que Pasa, mi primera colaboración con la revista del gran Kike Mujica. Que de algo sirva saber tantas tonteras.

El ratón y la araña

Cuando la revista Variety editorializó que la ComicCon de San Diego (el mayor evento “historietístico” del mundo) se había convertido en la cita más importante para la industria del cine y la TV, por encima de las semanas del Oscar o el Emmy, no fueron pocos los que se arrugaron. Ok, el cómic está de moda, las películas más taquilleras son adaptaciones de viñetas e incluso han alcanzado un respeto académico que jamás aventuraron Siegel y Shuster al crear Superman en 1938, pero de ahí a subrayar que para un estudio tener cabida en una convención de freaks era más relevante que una nominación o una estatuilla había bastante distancia. Pero Variety no se equivocó, al menos no desde la mirada industrial, sólo así se explica como fue que Disney pagara 4 mil millones de dólares por Marvel. Y lo que es aún más relevante, que la noticia se convirtiera en la más repetida en blogs, web sociales, diarios, revistas, canales de noticias y cuanto medio de comunicación importante existe: Marvel-Disney fue el tag más buscado en google esta semana y no sólo en sitios de incondicionales de las mallas de colores.
¿Tanto nos importan los comics? Es probable que para quien se crió con Spider-man y los 4 fantásticos de niñeros si y mucho. Pero escapando de la esfera del fan lo clave del asusto es que Disney no adquirió una publicadora de cómic (en un mundo con crisis editorial hubiese sido un suicidio comercial) sino una familia de franquicias con las cuales desarrollar desde vasos plásticos hasta filmes de animación digital. Lo que la unión PIXAR-Marvel puede lograr con estos héroes es desde toda mirada puro impacto y no sólo en la pantalla grande, sino en contenido para celulares y netbook, el gran negocio de los años venideros. El nicho, los mil incondicionales en lugar de un millón de espectadores pasivos es el nuevo foco de la industria, y esa es la ecuación hacia la cual enfoca el pacto entre el ratón y la araña.
Es verdad, el trato no es nuevo. Hace una década Warner, la principal competidora de Disney, adquirió DC Comics, el eterno rival de Marvel, por una cifra similar, la diferencia es que mientras DC ha sido tratado como el familiar pobre de la casa de Bugs Bunny, el castillo de Mickey promete darle sus mejores suites a los recién invitados. Es que los científicos siempre tuvieron razón, los ratones son genéticamente no sólo más pillos, sino también más inteligentes que los conejos, incluso los de la suerte.

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miércoles, agosto 05, 2009

VIÑETAS DEL FIN DEL MUNDO: MI EXPO


Para los que no estuvieron el lunes en la charla que dimos con los maestros Christiano y Gonzalo Martínez, esta es la transcripción de los apuntes que usé
  1. Quiero dedicar esta conversación a Sergio Meier (1966-2009) quien nos dejó hace un par de días. la comunidad ci fi/fantastica de Chile esta de duelo, el gran navegante steampunk nos dejó, de seguro ha de estar surcando el espacio a través de agujeros de gusanos a bordo del más barroco crucero estelar, propulsado por vapor y capitaneado por Isaac Newton. Lo conocí poco, pero vaya que se siente esta partida. A Sergio va toda nuestra energía, nuestro carbón, nuestro vapor. A su familia y a Puerto de Escape la editorial que supo acogerlo.
  2. Triste que Sergio haya muerto para lograr páginas en los medios. Triste es además que quienes estamos en los medios no saquemos nada con presentar estos talentos para ser destacados. Las decisiones las toman quienes… bueno, quienes no tienen idea que hoy el chileno mejor posicionado en la industria del entretenimiento no es ni Santiago Cabrera ni Leonor Varela, sino Gabriel Rodríguez. A veces., como decía Borges –con quien nos volveremos a encontrarnos un poco más adelante- a la gente no hay que abrirle los ojos, sino sacarle los párpados:
  3. Sincronía. Se supone que hoy vamos a hablar de comic y literatura, conflicto que personalmente no veo, más aún cuando vivimos en una época donde el valor artístico del cómic ya no esta en discusión. Un botón de muestra. Hoy Architectural Digest elige las 10 ciudades más influyentes del cómic. Mega Ciy, Gotham City, Metropolis y Chicago de Chris Ware entre otras.
  4. ¿Cómic y literatura? Que fue antes, que después. El huevo o la gallina. Los defensores más dogmáticos del cómic insisten en que lo primero fue la narrativa gráfica, con los dibujos de las cuevas de Altamira, los jeroglíficos de los Egipcios, las líneas de Nazca y los grafittis cómicos de Roma. Creo que el dilema acá no es que fue primero y que después (lugar que en todo caso le corresponde al relato oral) sino como ambas artes se han ido relacionado y retroalimentando a través de la historia. Hace miles de años un anciano buscó explicación mitológica para los truenos y relámpagos, esas explicaciones tomaron la forma de dioses y semidioses, armas mágicas, poderes sobrenaturales. De Hércules a Superman la distancia es mínima, tampoco entre Edipo y Sandman o incluso entre Perseo y Mampato, ambos viajeros imparables.
  5. Saltemos algunos miles de años al futuro. Chile, 2008, se entrega el primer maletín literario, incluye Mampato y otras historietas. Reclamos van, reclamos vienen. Marta Blanco, la escritora, sostiene que se ha reducido la literatura a monos de colores, que incluir cómic en un Maletín Literario, insiste la escritura es degradar el arte narrativo a una anécdota infantil.
  6. Pregunta. Degradar un arte narrativo no será escribir una mala novela/cuento.
  7. Cincuenta años antes de la discusión que vimos en el punto 5. Borges tal vez el se autodefinió fanático de El Principe Valiente de Hal Foster y declaró abiertamente que la historieta era LITERATURA CON DIBUJOS.
  8. Más. Watchmen incluida por el Times entre las mejores novelas del siglo XX, alabada por el NYT como una de las mejores obras narrativas norteamericanas (a pesar de estar escrita por ingleses). Sandman obligando a cambiar las reglas en un concurso de literatura fantástica (que luego se aseguró de que nunca más fuera premiado un cómic, cláusula bruja). Enki Bilal y nuestro Jodorowski recibiendo contratos millonarios en Francia. ¿Sabían que en Francia fue un cómic lo que desbancó al Código da Vinci del top 1? Más carbón a la caldera: Maus ganando el Pulitzer… Y no tan lejos, El Eternauta incluido en el plan de lectura complementaria del Ministerio de Educación argentino.
  9. De vuelta con Marta Blanco. Su opinión es válida, tanto como la calidad de su prosa (es buena), pero la literatura no es sólo forma y belleza, es historia, es traspaso de la oralidad. Es que le pasó a alguien, es entretener, es construir un mundo, inventar universos de los posibles e imposibles. Con su perdón, pero cuando la señora Blanco o sus cercanos me construyan algo más alucinante que Mampato (nuestro Harry Potter), con más lecturas que el Incal o más aterrador que algunas historias del Dr. Mortis, hablamos.
  10. El cómic degrada a la literatura al reducirla a monos de colores e historias de aventuras. Perdón, pero acaso las novelas más importantes de la historia de la humanidad no son: un viaje a través de un mar poblado de monstruos y sirenas, los delirios de un obsesionado por los relatos de caballería que imagina combatir gigantes hechos de molinos de viento, una historia de amor trágica de chico conoce a chica, el relato de la cacería de un monstruo marino blanco, un viaje interno a través de un joven irlandés que convive con fantasmas. La formalidad en la narrativa es válida, pero también contradictoria con el arte de contar una historia. No hay que olvidar que la búsqueda de la perfección en la forma de lo escrito terminó en ideas tan detestables como la crítica literaria matemática. ¿Qué pasó? Vino garcía Márquez con su realismo mágico y nos recordó a todos que el encanto de la literatura es el arte de contar.
  11. Sigamos en Chile: La literatura chilena es realista, esa es nuestra tradición, el cómic o novela gráfica no encaja en esta línea.
  12. Falso 1. El cómic hace rato que no es sólo fantástico. Hay una exquisita tradición de narrativa dibujada realista en España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Jeffrey Brown, uno de mis autores fetiches, lleva por lo menos 7 cómic escribiendo acerca de sus problemas con las mujeres y sus líos de treinteañero mejor que cualquier novelista o cualquier guionista o cualquier músico de su generación. ¿Es Maus fantástico? Quitémosle los ratones y veámos que tan fantástica es su historia.
  13. Falso 2: La literatura/narrativa chilena es realista, esa es nuestra arena, ahí competimos bien. Puede ser, pero sólo dentro de nuestras fronteras. Pregunta: ¿Cuáles son los autores chilenos más renombrados fuera? Isabel Allende, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Roberto Bolaño, Raul Ruiz, Alejandro Jodoroswki, José Donoso. Es decir casas encantadas, fantasmas morales y sobrenaturales, niños deformes, batallas intergalácticas, nazis intelectuales, crímenes imposibles, brujos del fin del mundo, niños deformes encerrados en casa. La poesía de la Mistral esta llena de espectros, muertos vivos y espacios vacíos bajo el cielo embriagador de Elqui. Cabe acá incluir a Gabriel Rodríguez, que con sus dos nominaciones al Eisner es lo más cercano que hemos estado a tener un candidato al Oscar.
  14. Caso Rodríguez: Y lo del Oscar no es gratuito. Cito a Variety de la semana recién pasada. Hoy la Comicon es el evento de cultura pop más importante e influyente de la industria. Se ha convertido para los estudios de cine en un evento más importante que la semana del Oscar. La metáfora de Rodríguez no es casual. Además es el único chileno que ha sido nombrado en la portada de esa Biblia cultural pop que es Enterteinment Weekly, ni siquiera Leo Varela (digamos que Maxim por muy bien que se haya visto no entra en esta categoría)
  15. Es realista nuestra literatura. Si, pero nuestra narrativa, nuestra narración moral y física no. Vivimos en un país mágico, sobrenatural, poblado de extraterrestres y brujos. El material está ahí, debajo, por encima, elucubrando las novelas, películas y cómic que vienen.
  16. Cómic y literatura / Novela gráfica. Convengamos dos cuestiones fundamentales sobre este termino. La primera es que se la debemos a Will Eisner, buen profeta del medio y un maestro a la hora de crear definiciones para vender una expresión artística tradicionalmente menospreciada. Arte secuencial y novela gráfica, Contrato con Dios la primera de todas “vendida” con ese adjetivo. Convengamos también que para dogmáticos del cómic el término novela gráfica es inexacto (lo es) e incluso despreciable y que obras vendidas con este adjetivo, como Watchmen, en realidad no lo son (W es una miniserie comicbook recopilada en formato libro y de hecho la mejor forma de leerlo es número tras número). Todo lo anterior es correcto, pero también lo es que gracias a Novela Gráfica el cómic ha tenido una valorización artística y crítica en los últimos años, que la ha llevado a los escaparates de las librerías no especializadas a las listas de más vendidos y a las columnas de críticos de revistas de difusión y análisis cultural. Resumen: novela gráfica no existe, es una buena forma de vender un producto y vaya que ha resultado. Que hoy editoriales como Random House, Planeta o Alfaguara se estén acercando al cómic es porque alguien lo llamó novela gráfica.
  17. Conclusión: Nos guste o no Novela Gráfica más que un neologismo o un adjetivo grandilocuente es un espaldarazo. Y uno que hay que usar en Ferias del Libro, postulación a fondos concursables. artículos periodísticos, etc.
  18. Cómic y Literatura, los autores. Neil Gaiman, Grant Morrison, Alan Moore por nombrar a tres masivamente conocidos. Hay que reconocerles que su transformación en superestrellas ha conseguido que al menos donde hay industria el nombre de quien firma la historias de un cómic esté hoy equiparado a la definición de escritor. Escribir Batman es hoy tan válido como publicar una novela generacional.
  19. Cómic y literatura, el guionista de cómic ha muerto, quien escribe, quien narrar es eso, un escritor. Ojalá escrito con mayúsculas.
  20. Michael Chabon, Jonathan Lethem, dos de los autores contemporáneos más premiados son abiertamente lectores y fanáticos del cómic. Y ahí un punto fundamental que veremos en siguientes apartados. Lathem tituló a su mejor novela La Fortaleza de la Soledad por razones obvias, Chabon llamó Wonder Boys a la novela que le dio fama, por Robin y Bucky (acá se tradujo como Fin de Semana de Locos). La tortilla se ha vuelto.
  21. ¿Tortilla? Hasta entrados los 90, era el cómic quien se rendía a la literatura, adaptando obras clásicas al formato de las viñetas, citando a personajes decimonónicos etc. una tradición exquisita donde piezas como Moby Dick, Macbeth, los cuentos de Poe eran llevados a la gráfica. ¿Cómo es que nunca nadie se ha aventurado a llevar a viñetas a Martín Rivas, Alsino, El Obseno Pájaro de la Noche, etc? Ahí, estimados contertulios hay un tremendo proyecto bicentenario. Literatura chilena en cómic.
  22. Retrocedamos. Si hasta los 90 la relación era cómic citando a la historieta, ahora la alquimia invirtió la fórmula. Chabon y Lathem ya mencionados. En hispanoamérica Rodrigo Fresan, Edmundo Paz Soldán, en Chile Alvaro Bisama, Jorge Baradit. ¿Qué nos pasó? Generaciones. Hoy la gente que esta escribiendo, que está detrás de los guiones, que esta detrás de los proyectos audiovisuales más importantes es gente que se crió leyendo cómic, que no renegó de Batman ni de Spider-Man. Que hoy Hollywood alimente el 90% de sus éxitos taquilleros de viñetas no tiene que ver con que hay más fanáticos que antes, sino que la gente que está detrás de estos proyectos es gente que le tiene amor y cariño al género. Libros como los de los autores citados, series como Lost o 24, son básicamente novelas gráficas.
  23. Dave Eggers, ojo con este nombre. Considerado como uno de los 10 mejores escritores norteamericanos de la época. Un novelista brillante un tipo que ha llevado a la academia, a las cátedras de literatura del Ivy League el cómic en todos sus géneros (indie, superhéroes, tiras etc) y que año tras año publica a través de su sello MacSweeney (la mejor editorial independiente) libros objeto que antologan lo mejor de la historieta norteamericana. Es como si en Chile un autor como Fuguet o Alejandro Zambra pusiera su firma para publicar una vez cada 12 meses una selección de la mejor narrativa gráfica. Tarea para la casa, tal vez no es mala idea invitar a estos autores a instancias como esta.
  24. Cómic y literatura. La división no existe. El cómic es un arte aparte de la literatura, con sus propias reglas y géneros. Si, es verdad, comparte ideas con la narrativa en prosa, pero también con la televisión, la poesía e incluso la música.
  25. ¿Es el cómic una forma de literatura? No. El comic es un arte narrativo, el cómic es cómic. Y a partir de esta claridad lo importante no es seguir debatiendo acerca de los méritos artísticos de este arte, eso ya esta zanjado, ya esta aceptado, ya es parte de nuestro entorno. Ahora el desafío, sobre todo para los autores locales es hacer buenos comic. En Chile tenemos historia gráfica, herencia de sobra, ahora la invitación es a construir nuestras Alturas de Macchu Picchu, nuestro Canto General dibujado. Los motores ya están en línea, la nave ya esta rugiendo.
  26. Comic y Literatura, análisis de una relación. Ojalá haya quedado claro, pero mi opinión es que hoy este vínculo está mejor que nunca, por mucho que algunos aleguen. Literatura es narrativa y cómic tambien, el río es el mismo, el motor que impulsa el bote también, lo que cambia es la pintura del casco, nada más.
  27. Y para cerrar dos reflexiones. Hace un par de años el departamento de arte dramático de la BBC fue invitado por un estudio de Hollywood ha analizar la calidad de las historias que se estaban desarrollando en Estados Unidos, concluyeron que la mejor prosa narrativa era la de los cómic. Y no sólo Marvel y DC, hablaron de McSweeney, de Chris Ware, de todos los titanes del indie.
  28. Otra reflexión. En marzo estuvo en Chile Robert McKee, publicitado como el mejor profesor de guiones del mundo. Llega un momento en que McKee pregunta a los asistentes: ¿por qué la mejor televisión –aun el más rentable de las artes narrativas- es la norteamericana y la inglesa? Porque no está al mando de ejecutivos, sino de escritores. Y lo mismo se aplica a editoriales, estudios y lo que venga. Queremos buenas historias, pensemos en buenos contadores, ya sea en prosa, en audiovisual o en viñetas.

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miércoles, julio 08, 2009

¿POR QUE ESCRIBIR FANTASTICO EN CHILE?


Primera versión de la columna que inaugura la sección Chile Mythico en el sitio de Mythica Ediciones.

COPIA FELIZ DEL EDEN

“¿Por qué escribir ciencia ficción en un país sin ciencia y con tan poca ficción?”, preguntaron en una charla en el Chileno Norteamericano, hace exactamente un año. Estaban presentes el director de cine Jorge Olguín, el crítico Daniel Olave y quien escribe. El escritor Darío Osses, quien moderaba el evento, prosiguió: “¿Uno entiende que en Europa, Japón y Estados Unidos, con sus elevados índices de crecimiento industrial, se escriba acerca de futuros imposibles, pero en Chile es casi ridículo?”.
Y claro, el ánimo de la pregunta tenía harto de provocador, pero también (sin quererlo) daba las claves para entender el desarrollo de la literatura de género (y cine, cómic y todas las artes narrativas que se quieran) en nuestro país, sobre todo en los últimos años. Un paréntesis antes de continuar, prefiero hablar de género en lugar de ciencia-ficción a secas, ya que si hay algo que caracteriza el culto de esta temática en nuestro país es la melcocha, lo charquicán de su receta. Ygdrasil, por ejemplo, no es sólo una novela cyberpunk, sino una obra fantástica que roba, samplea y vampiriza de todos lados: chamánica, ancestral, mitológica, en las restas acaba más cerca de García Márquez que de Bruce Sterling, de ahí su originalidad y su impacto a nivel mundial. Jorge Baradit, su autor, lo definió desde un principio, es realismo mágico 2.0. Personalmente me gusta más lo de hiperrealismo mágico, sin números, con más palabras, más adjetivos tremendistas.
Pero volvamos al reactor principal de la pregunta. ¿Por qué escribir ciencia ficción en Chile? Simple. Primero que nada porque así lo dice nuestro himno nacional: somos la copia feliz del edén, del paraíso prometido (el Dorado, Xanadú, la Ciudad de los Cesares, etc) y eso es una tremenda responsabilidad. Chile es un punto mágico anclado al fin (o al inicio del mundo), donde siempre hemos cohabitado con la fantasía. Literalmente estamos “en el fin del mundo y en el fin del mundo”, geográfica y espacio-temporalmente marcados.
Y con lo de estar acostumbrados a la fantasía no me quedo en eso de que todos más de alguna vez hemos escuchado de fantasmas, de ovnis en el Cajón del Maipo, del niño llorón, las lloronas, el chupacabras, la rubia de Kennedy, del Caleuche o el gran Guarén de las alcantarilladas santiaguinas, nuestro equivalente a los cocodrilos de Manhattan, sino de lo que hay mucho más allá, en el corazón de nuestra identidad como país. La geografía del mito y la conspiración local da para escribir cientos de obras del género, cada vez mejores y más entretenidas (algo no menor). Tal vez en un futuro cercano la mejor ciencia ficción y fantasía de habla hispana en verdad se este pariendo en estas tierras. El boliviano Edmundo Paz Soldán lo enunció hace un par de años, si me preguntan tengo confianza en que vamos derecho hacia allá, por mucho que cierto sector de la crítica nos acuse (y aquí me incluyo) de ser un grupito menor, que cree que todo lo raro es bueno y que se ha formado con lecturas tan dudosas como Harry Potter, cientos de cómic y lecturas tardías de Miguel Serrano. Eso es mirar sin alturas y quedarse anclado no sólo en el pasado, sino en prejuicios menores. La generación de creadores chilenos que se empinan entre los 20 y 40 años, viene criada por historietas baratas, animé japonés, Spielberg y Lucas, hard metal, Transformers y G.I.Joe, todo estrujado en un cóctel de traucos, pincoyas y “cai cais”, lo que viene de esa receta lo quiero leer aquí y ahora.
Chile es un país fantástico, un planeta con sus reglas propias, una nueva Atlántida o si se prefiere Chilena. Un país donde sus fundadores vinieron a buscar ciudades perdidas llenas de oro y se encontraron con gigantes en la Patagonia, donde los terremotos dependen de la escultura de un Cristo crucificado repudiado por una bruja, donde la Independencia fue planeada por una sociedad secreta que no tiene nada que envidiar a los Iluminati. Donde la libertad se ganó tras la ceremonia iniciática de cruzar los Andes, que no fue una maniobra militar y estratégica, sino un rito en honor a las diosa del fin del mundo, ¿la virgen del Carmen?
Chile en un país donde aparecen monstruos voladores, buques embrujados y donde la gente acepta como la más trivial de las realidades bolas de fuego, maldiciones y entierros. Un país donde en la más “steampunk” de las realidades, la religión más popular del siglo XIX fue el espiritismo del cual Arturo Prat, otro de nuestros héroes, era prácticamente un sumo sacerdote. Donde en 1946 el diario más importante publicó en primera página que un almirante norteamericano había descendido a la Tierra Hueca a combatir contra las astronaves de Hitler y nadie lo puso en dudad. Donde todos nuestros presidentes han terminados convertidos en fantasmas vagando en eterna pena por los pasillos de un Palacio de la Moneda, construido en el centro de un valle, cuyos antiguos habitantes advirtieron a los conquistadores, estaba habitado por las luces de la Tierra.
Tampoco hay que viajar tan lejos para abrir los ojos ante esta realidad extraordinaria, sólo pensemos en la figura más gatillante de nuestra historia: Augusto Pinochet, un dictador vinculado a la masonería, que dedicó plata y recursos estatales a rastrear todos los “objetos de poder” de la Logia Lautarina, que se asesoraba de dos brujas y que personalmente se encargó de todo lo que tuviera que ver con el caso del Cabo Valdés, el abducido más famoso del mundo.
Al final hay más respuestas que preguntas ante el debate de por qué escribir fantasía en Chile. Lo anterior es curiosamente lo más obvio, bajo la superficie, en lo que se refiere a lo concreto, la respuesta estoy seguro, generará todavía más discusión. Porque además la identidad narrativa y poética de Chile la ha dado lo fantástico, mientras la prosa realista, esa sólo se queda en nuestras fronteras, mirándose al ombligo, cómoda en un pasado lleno de callosidades. Pensemos: ¿cuáles son nuestros autores más reconocidos? Mistral, Neruda, Donoso, Isabel Allende, Bolaño, ¿qué tenían en común? Todos, absolutamente todos, aventuraron un Chile poderoso, mito poético, telúrico. En serio, sólo revisemos la mejor poesía de la Mistral, anclada bajo los cielos de Elqui, despertando a los muertos, a los miedos y a esas estrellas que como ella dijo (en una frase muy Lovecraftiana) nos parpadeaban desde el límite de los tiempos.
Ya lo dijo el argentino Rodrigo Fresán, un país sin ciencia ficción es un país sin futuro. Me queda la esperanza que hoy no somos pocos los que estamos construyendo el porvenir de estas tierras, soñando con futuros, manipulando el pasado, destruyendo para construir.
Desde ya los dejo invitados para este espacio, semanal o quincenal, donde hablaremos de ese Chile extraño, bizarro y creativo. Ese Chile “mythico” que tanto nos acomoda habitar. Para la próxima una adelanto: 1899, cuál es su historia, su origen y su propuesta.

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domingo, febrero 22, 2009

SEMANA WATCHMEN: El "MOBY DICK" DEL COMIC HOY EN ARTES & LETRAS... Y CON CAMEOS ILUSTRES



Hoy el gran Antonio Díaz Oliva se mandó un completo informe sobre Watchmen en Artes y Letras de El Mercurio. Al fin se hizo justicia en un medio importante a esta obra maestra. De más está decir que fue un gusto responder su extenso mail. Un buen artículo, de una muy buena pluma joven, con un par de amigos (y quien escribe) como artistas invitados.

Watchmen: los vigilantes se pasan al celuloide

Tras varios intentos fallidos, la novela gráfica más importante en la historia del cómic se estrena en cines. Desde su publicación -a mediados de los años 80-, se le ha señalado como la responsable de elevar a otro nivel la forma de leer viñetas. El 5 de marzo, los chilenos podrán ver el resultado de su adaptación al cine.
Estamos en 1977. Un grupo de vigilantes urbanos lleva desde los años 60 protegiendo las calles de Nueva York. Se hacen llamar los Crimebusters y son una actualización de otro grupo de encapuchados que hubo en los años 40 (los Minutemen). Exceptuando a Dr. Manhattan -el único con superpoderes en el grupo-, todos son personas disfrazadas que se valen de artefactos y fuerza física para defenderse.
Años atrás, gracias a los poderes del mismo Dr. Manhattan, Estados Unidos consiguió ganar en Vietnam. A su vez el Comediante, otro de los Crimebusters, fue quien mató a John F. Kennedy y evitó el escándalo Watergate. Con todos estos hechos, Richard Nixon se ha mantenido como uno de los presidentes más célebres en Estados Unidos.
Pero los enmascarados que alguna vez surgieron para ayudar, ahora representan un modelo de represión que tiene descontenta a la gente. Si los superhéroes son los que supuestamente nos protegen, ¿quién se encarga de supervisar a los encapuchados? Por eso, en Nueva York la frase "Who watches the watchmen?" (¿Quién vigila a los vigilantes?) adorna varios callejones. Y en base a aquella inquietud se redacta el acta Keene. Con ésta, quedan prohibidos los vigilantes urbanos. La mayoría de los Crimebusters cuelgan sus trajes.
La historia salta a 1985. Todo apunta a que Estados Unidos y la Unión Soviética tarde o temprano terminarán enfrentándose en una guerra nuclear. Nixon ha estado tres períodos en la presidencia. Y ahora se enfrenta a una cuarta re-elección. ¿Su rival? Un actor con intenciones políticas: Robert Redford. En medio de este apocalíptico escenario, uno de los ex Crimebusters (el Comediante) es asesinado. El caso trae al debate público la figura de los desaparecidos vigilantes urbanos. Y también es el impulso para que varios de los enmascarados regresen...
Si hay una obra bisagra dentro de la historia del cómic, esa es "Watchmen". Aparecida originalmente en 12 números entre 1986-87 bajo la editorial DC Comics, la novela gráfica creada por los británicos Alan Moore (guión) y Dave Gibbons (dibujo) no significó en el momento de su publicación un gran impacto. Porque no sería hasta años más tarde, al reunirse todo en un mismo tomo, cuando "Watchmen" fue adquiriendo una mayor relevancia en el género. Desde ese momento, el descubrimiento de esta obra -que tiene referencias de la Biblia, Einstein, Nietzsche y Bob Dylan- sería masivo y también académico. Asimismo, se convertiría en uno de los proyectos más codiciados y fallidos en la historia del cine hasta este 2009.

Un antes y un después de los cómics

Difícil de resumir por su innovadora estructura y múltiple trama, podría decirse que "Watchmen" es una ucronía. O sea: una historia alternativa en la que se narra un rumbo posible para la humanidad de haberse concretado ciertos hechos (en este caso: la victoria en Vietnam por parte de EE.UU. y la ausencia de Watergate).
Dentro de ese escenario y a partir del papel de los Crimebusters y sus antecesores, los Minutemen, en "Watchmen" se debaten y cuestionan temas como el racismo, el fascismo y, claro, el papel de los superhéroes dentro de la sociedad moderna.
Hoy es un imprescindible como texto de estudio en ciertas universidades estadounidenses y europeas. Y fue seleccionada por Time como una de las mejores 100 novelas de habla inglesa desde 1923. "'Watchmen' es una lectura desgarradora. Un antes y un después en la evolución de este joven formato", fue el juicio de la revista norteamericana que la puso junto a clásicos literarios como "Lolita" o "1984".
Nada de raro ya que la intención de Alan Moore, el cerebro tras la historia, era crear algo que impactara al cómic de la misma manera que "Moby Dick" en la literatura. "La han comparado con 'Ulysses' de Joyce, por su riesgo formal, con 'Cien años de soledad' incluso, y hace poco en un blog literario español alguien sugería una lectura de 'Los detectives salvajes' y '2666' de Bolaño en espejo con 'Watchmen'", dice Francisco Ortega, editor de Alfaguara y experto en cómics.
El escritor y fanático de viñetas Álvaro Bisama recuerda el impacto de leer "Watchmen" en los 90, cuando algunos ejemplares de la traducción española llegaron a Chile: "Era denso, sarcástico. No te sacaba una sonrisa. Me parecía una obra cerebral, un juego de estructuras, una colección de trampas brillantes".
En el último tiempo, en nuestro país, los lectores de cómics han aumentado. Este año, por ejemplo, dos universidades tendrán cursos sobre novelas gráficas. Y dentro de sus programas, "Watchmen" es un pilar fundamental en este género.
Para Mike Wilson -escritor y profesor del curso "Novela gráfica" en la Universidad Católica- "'Watchmen' capta muy bien la entropía del sueño americano y la institucionalización de la crueldad. Además, para muchos adquirió una relevancia renovada durante el mandato de George W. Bush".

Adaptando a los Vigilantes

"¿Cómo harías una película de 'Watchmen'?". Fue a fines de los ochenta cuando el director de cine Terry Gilliam se acercó a su amigo Alan Moore para hacerle aquella pregunta. La respuesta del barbudo guionista fue precisa: "No la haría. Nunca estuvo pensado para ser una cinta". De hecho cada vez que se ha adaptado uno de sus trabajos al cine ("V de Vendetta", "From Hell"), Moore arquea la ceja y escupe alegatos en contra de Hollywood: "Un defecto de nuestra cultura es transformar cosas que funcionan perfectamente en un medio a otro donde no funcionan tan bien", ha declarado.
Lo cierto es que "Watchmen" fue por mucho tiempo uno de los proyectos fílmicos más riesgosos pero atractivos de los últimos años. La lista de directores que probaron suerte es larga y llamativa: David Lynch, Darren Aranovsky, David Fincher y los hermanos Wachowski. El único triunfante -hasta el momento- es Zack Snyder, conocido por "300", la adaptación de una obra de Frank Miller (otro de los grandes en el ámbito).
Y pese a que los avances de la película han dejado a los fanáticos contentos, algunos temen que la complejidad de este cómic sea un impedimento para que "Watchmen" lo capte un público masivo. "El desafío es grande, ya que no es una marca tan conocida como 'Batman' o 'El Señor de los Anillos'", comenta Ortega. Y luego agrega: "Lo mejor que podría haberse hecho con esta historia es una miniserie de lujo, con 12 capítulos, tipo HBO".
En todo caso, el 5 de marzo (un día antes del estreno en Estados Unidos) se podrá ver en salas chilenas el resultado. Mientras tanto, Alan Moore -encerrado en su hogar, donde trabaja en "Jerusalem", una larga y ambiciosa novela creada a partir de un verso de William Blake- de seguro sentirá escalofríos cuando los fanáticos acudan en masa al cine. Todo para repetir la pregunta que inmortalizó a "Watchmen" como el eslabón más importante dentro del género cómic: ¿Quién vigila a los vigilantes?

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martes, diciembre 09, 2008

20 AÑOS DE AKIRA (5 DE 5)


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KATSUHIRO OTOMO, EL PADRE DEL MONSTRUO
“Siempre he dicho que si Osamu Tezuka es el Manga No Kamisama (Dios del
manga), Katsuhiro Otomo es su profeta y Akira, su sagrada escritura”, sostiene Fyto Manga, uno de los más destacados cultores de este tipo de historietas en Chile. Aparte de dibujante y guionista, Fyto es profesor de animación en el UNIACC y gestor cultural del Instituto Chileno Japonés. Sobre Akira y su creador dice “es el cómic japonés que abrió el camino a la actual prosperidad del manga y del anime en occidente. Es una obra monstruosa y de características megalomaniacas. Todo en Akira funciona de acuerdo a las intenciones colosales de Otomo. La narrativa cinemática, funcional y explosiva, el layout, los fondos, el vértigo, etc. Es sin duda, mi obra predilecta a la hora de buscar favoritos. Y una de mis mayores influencias”, asegura el dibujante.
Katsuhiro Otomo nació en Miyago, una provincia agrícola a 400 kilómetros de Tokio, en 1954 y ya de pequeño mostró un gran interés por todo lo relacionado con el manga y el cine. Sus estudios los cursó en el instituto Sanuma y a pesar de su mencionado interés por fílmico, optó por el camino del manga, tanto es así que a los 20 años ya estaba en Tokio presentando ideas en el mundo editorial.
Tras graduarse en 1973, debutó en la revista Action con Prosper Mérimée a la que continuaron Memories y Fireball, de 1979, una historia centrada en el enfrentamiento entre un ser humano y una supercomputadora, y que a pesar de que fue publicada en una revista de corta difusión y que Otomo ni siquiera llegó a concluirla, marcó el inicio de su esplendorosa carrera en el mundo de la ciencia ficción.
En 1980 cosechó su primer éxito, obtuvo el premio Gran Prix a la mejor obra de ciencia ficción con Domu (Pesadillas), el combate entre dos psíquicos, un anciano psicópata y una niña que recién descubre sus facultades. Tras publicar dos recopilatorios más de historias cortas se embarcó en un nuevo y ambicioso proyecto: Akira, que acabaría por convertirse en su gran éxito. En este periodo de su vida es de vital importancia la animación, pues debutó en este mundo con Jiyo wo wareranai, a la que siguió Genma Daisen. Pese a estas aventuras, era Akira lo que absorbía todo su tiempo y toda su atención, así que cuando se le presentó la ocasión de hacer la versión animada de la serie no la desaprovechó. El resultado: la obra que le dio a conocer en Occidente y que se convirtió en un sinónimo de su identidad como artista, convirtiéndolo en el artista vivo más importante del manga y la animación japonesa, incluso por encima de su coleha Hayao Miyazaki (Princesa Mononoke).
En 1996, Otomo debutó en el cómic americano en la miniserie Batman: Black and White para la editorial DC. Su historieta se titulaba The Third Mask y apareció en el cuarto (y último) número de la serie. Desde entonces ha concentrado su labor en nuevos y ambiciosos largometrajes como Spriggan, una particular relectura al mito del Arca de Noe, la versión animada del clásico Metropolis y Steamboy, su propia relectura al género del steampunk. Defensores de Nipón, una historia de aventuras infantiles es su más reciente trabajo.


Y PRIMERO FUE EL MANGA
Antes de la película (animé) estuvo el cómic impreso (manga). Akira se empezó a publicar en Japón en 1984 y pronto se convirtió en un best seller en su país, pero fue a raíz de su publicación en Estados Unidos a través de Marvel Comics en 1985, que el impacto alcanzó al planeta entero, significando el primer acercamiento importante del público occidental con el cómic japonés y sus peculiaridades narrativas. Por razones obvias, esta historia, construida en 10 tomos de casi 200 páginas cada uno, es mucho más compleja que la película, que es básicamente una versión comprimida del manga con un final distinto. Y esto no es un detalle menor, ya que cuando Otomo filmó la película (entre 1985 y 1988) aún no había terminado de escribir y dibujar la historieta.

PROBLEMAS DE PRESUPUESTO
La película costó casi 20 millones de dólares norteamericanos, presupuesto tres veces superior a lo que se tenía habituado en Japón. En términos actuales son casi 40, eso sin contar los aportes estatales que se cree fueron de otros 10 millones, todos a través del Comité Akira, Con todo a veinte años continua siendo el filme de animación más costoso y complejo de la historia.

LA MOTO DE KANEDA
Con el motor delante, dirección en ambas ruedas y una posición sentada para el conductor, la moto del héroe de la historia es uno de los sellos de la película. Un modelo tan revolucionario que ha servido de inspiración para prototipos de Honda y Suzuki. Técnicamente se le considera el más perfecto diseño para una motocicleta urbana del futuro. El 2003, la fábrica de motos SUMO construyó una réplica exacta que funciona con electricidad y acelera a 120 kilómetros por hora, bastante menos que los 330 de la de Kaneda, pero algo es algo.


2019
Tanto Akira como Blade Runner transcurren en el mismo año, compartiendo además una serie de elementos comunes. Casualidad o fecha simbólica, la verdad nadie tiene la respuesta.

¿NEO MANHATTAN?
Para el segundo semestre del 2009 esta fechado el estreno de la versión norteamericana y en imagen real de Akira. Leonardo DiCaprio tendría el rol de Kaneda, un muchacho medio gringo medio norteamericano, habitantes de unos EE UU futuros donde tras la III Guerra mundial la cultura japonesa se ha mezclado con la norteamericana. La acción fue trasladada a Nueva York, en una reconstruida hran manzana llamada ahora Neo Manhattan.

JODOROWSKI
Nuestro chileno universal,. Alejandro Jodorowski asegura que el final de Akira es idea suya, que el se lo dio a Otomo tras una larga conversación. Puede ser, pero Jodo tambien asegura que las ideas de Alien y La Guerra de las Galaxias son suyos

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jueves, diciembre 04, 2008

Y ASI FUE QUEEN+PAUL RODGERS...


Sorry por compromiso con la Rolling Stone, no pude publicarlo antes, pero más vale tarde que nunca. Esta es la versión completa de mi comentario al show de May, Taylor y Rodgers de mediados de noviembre. Y repito lo de "versión completa", porque en la revista tuvieron que sacar algunos párrafos por una cuestión de espacio.

SALVANDO A LA REINA
3 estrellas

El sonido fue atronador, la puesta en escena casi perfecta, pero Queen era otra cosa. Y no escribo acentuando la ausencia de Freddie Mercury, lo que realmente faltó arriba del escenario fue la cordura de John Deacon.


Se escuchó bastante a la salida del estadio, “estuvo bien, pero fue como un premio de consuelo, como ver a Roger Waters en lugar de Pink Floyd”. Y claro, la comparación era obvia, pero también errada. Waters podrá ser un energúmeno, pero tanto él como Gilmour respetan la herencia y la moral de la banda que los hizo famoso, no se traicionan y lo que no es menor, eluden pasearse por el mundo bajo el nombre de una leyenda que hace rato está muerta, por fea que suene la palabra. Porque si fuéramos justos, la banda que tocó el 20 de noviembre debió haberse llamado May, Taylor & Rogers (Yes lo hizo el 89, cuando la ausencia del bajista Chris Squire -entre otros líos- les impidió usar su identidad grupal reemplazada por la de Anderson, Bruford, Wakeman, Howe), porque una cosa es tener derecho a interpretar los temas de la banda que les dio gloria mundial y otra muy distinta es usar la rúbrica para llenar un estadio. Alguien dijo por ahí que el show fue para fanáticos, no para críticos, puede ser, pero quien escribe es fan de Queen, lo ha sido desde cabro chico y con la autoridad que da la pasión insisto en mi tesis: lo que vimos no fue más que la más costosa banda tributo del planeta.
Queen siempre funcionó como una suma de partes. May y Taylor en la energía, Mercury dirigiendo la orquesta y Deacon la mesura, el tino y el buen gusto. Porque si la prematura muerte de Freddie dejó al grupo parado ante un incierto futuro, el autoexilio de John Deacon lo hizo perderse en sus excesos. Taylor y May se descontrolaron, vendieron su alma al pop adolescente (Five, Robbie Williams), al teatro musical (We will rock you) y finalmente a un extraño proyecto que suma dos morales rockeras muy distintas. Correcto, se extrañó a Mercury, pero mucho más a Deacon, el silencioso y preciso del combo, un bajista que nunca brilló (injustamente mirado a menos, aunque a nivel de charts fue el más exitoso compositor del cuarteto después de Mercury) pero que le dio a la banda una de las líneas rítmicas más precisas de la historia del rock, sin necesidad de la parafernalia de quien hoy cubre las cuatro cuerdas, Danny Miranda, innecesariamente acrobático, de escuela progresiva pero virtuosamente vacío, llenando espacios con solos innecesarios que aletargaron el concierto e hicieron del tercio medio del show un territorio para bostezos y más de una pifia. Con el arsenal de grandes éxitos, de pop hecho rock, de himnos más grandes que la vida, gastarse 15 minutos en un eterno solo de guitarra (por muy bueno que sea Brian May) es de otra época. Mercury lo aclaró en el documental incluido en Queen in Montreal, “les prohibí a Brian y a Roger (Taylor) sus solos y los reemplazamos por covers de la edad de oro del rock´n roll”, ahora uno entiende la razón.
Tras una intro instrumental formada por sonidos de dos temas nuevos, el show largó con un extracto de “Hammer to fall” de 1984, pegada a la incendiaria “Tie your mother down”, donde la pericia instrumental acopló como avión con la potencia vocal de Paul Rodgers que funcionó perfecto en los dos temas que siguieron: “Fat bottoned girls” y “Another one bites de dust”, el inicio no podía ser mas prometedor. Había que estar allí. La aparición ochentera de “I want it all” y “I want to break free” mantuvo al público arriba pero evidenció lo obvio, Rodgers es un tremendo frontman pero NO ES Freddie Mercury y dos guitarras metaleras solo suman “ruido” a temas que en el fondo son muy buenas piezas de power pop. Tres canciones seguidas del nuevo disco The cosmos rocks gatillaron el primer momento bajo del espectáculo, y muchas caras de pregunta en el público. May arregló las cosas con una emotiva versión de “Love of my life” y una divertida “39” (su mejor tema como voz líder dentro de Queen). Un extenso solo de bajo y batería empezó a complicar las cosas, aunque el teaser de “Under pressure” entusiasmó a muchos, mismos que estiraron la cara cuando el adelanto no pasó de la intro en bajo. El show privado de Roger Taylor continuó con “I´m love with my car” y “A Kind of Magic”, ambas con el baterista en voz líder, seguidas por “Las palabras de amor”, curioso divertimento con coro en castellano, incluido en Hot Space (1981), balada cuyo estribillo es castellano: “las palabras de amor/despacito mi amor” es un chiste hasta para los fans más acérrimos de los autores de A night in the Opera.
Una seguidilla de canciones de The cosmos rock, algunas cosas de la carrera de Paul Rodgers en Bad Company acarrearon sonoras pifias desde la galería, acalladas en parte en el eterno solo de guitarra de Brian May, compuesto de extractos de “Keep yourself alive/Brighton rock/Bijou” (donde se escuchó a Mercury) y ese opus a la astronomía que es “Last horizon”. “Radio Gaga”, colgada del último acorde de May trajo de vueltas los gritos de la masa, extendidos en “Crazy little thing called love” y sobrecogidos a continuación ante la belleza solemne de “The show must go on”, la catedrálica despedida de Freddie Mercury y una de las mejores canciones de la banda, perfecta en las armonías vocales de Rodgers, May y Taylor, prólogo preciso para el gran momento de la noche. Las luces se apagan y en pantalla aparece la imagen de Freddie cantando “Bohemian Raphsody”, el clásico de clásicos, un monumento, el instante en que todo lo que uno podía criticar del show se esfumó (y que subió la calificación de 2 a 3 estrellas). Con esto nos dimos por pagados, dijeron muchos. Y era cierto. 6 minutos, un templo del mejor rock del mundo, la balsa de salvamento a un show que apenas superaba el límite de lo aceptable.
“All right now” el tema más conocido de Paul Rodgers dio el vamos a los bises, estirados por el clásico epílogo con el que Queen ha cerrado desde 1978, “We will rock you/We are de Champion” y la pista instrumental “God save the Queen”, punto final a una noche compleja, con puntos muy bajos, demasiados medios y un par tan altos como la vida. Correcto, eran May y Taylor, se merecen todo el respeto del mundo, pero también la certeza de que están estirando un chicle que ya fue, que es mejor recordar en los DVDs porque para disfrutar en escena, mejor –y más Queen- es un concierto de los argentinos de Dios salve a la Reina, tocan incluso lo que May y Taylor no se atreven.

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sábado, noviembre 22, 2008

20 AÑOS DE AKIRA (4 DE 5)



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“Aunque su ambientación es claramente cyberpunk, no recuerda a nada visto antes (al menos en occidente). Por ejemplo otros animés, como Ghost In the Shell, sí tienen mucho de este género, inventado por el canadiense William Gibson en 1982, pero Akira maneja un toque original, y es que ese mundo futuro donde las nuevas tecnologías están al servicio de los militares, donde la superpoblación es un problema sólo para los pobres que la sufren, y donde la gente necesita de sectas para dar sentido a esa realidad, recuerda demasiado al mundo futuro hacia el que nosotros parecemos abocados”.
Mike Wilson, autor de El Púgil, la más reciente novela de ciencia ficción chilena, también apunta la importancia del guión en la construcción final de Akira, pero centrando su idea en el significado cultural del mismo, “clave es el punto de partida. comienza con esa escena sublime, con la destrucción de la metrópolis. Es la quintaesencia de la psique post-apocalíptica japonesa. Esto le recalcó al occidente que ellos (los japoneses) ya estaban en el después (gracias a Hiroshima y Nagasaki) y que nosotros seguimos en el antes. Algo así como el discurso mesiánico de las tradiciones judeocristianas, para unos ya llegó, otros aún lo aguardan. En el caso del fin del mundo, Akira no solo es el después, es un después que nos supera, aun cuando es distópico. Akira fue un fenómeno de mayor impacto entre los gringos y los europeos en el sentido de que no estaban muy familiarizados con el discurso pop hecatombe japonés. en Latinoamérica, nos habíamos criado con Ultraman, San-ku-kai, Fuerza G, Robotech. cuando Akira llego por estos lados, alucinamos, pero a la vez nos era familiar. Todos ya teníamos un niño japonés adentro”.
Aparte del relato, rescata Rodríguez (Akira. pantalla de sueños), la película tiene tres cosas que hacen que el apartado técnico se aleje mucho de las otras obras similares. Lo primero es la sincronización de los labios con el doblaje. La Disney lo había utilizado antes, pero en Japón era la primera vez que se usaba. Primero se dobló y luego se añadieron las bocas, para sincronizarlas perfectamente. Hoy en día ya no es novedad, pero en 1988 era asombroso el efecto realista que proporcionaba (incluso se puede apreciar viendo la película doblada). Después está la utilización del color: el “comité Akira” de Otomo usó 734 colores para el universo de Akira, todos pintados a mano plano tras plano. Además ocuparon el naranja en vez del azul para las escenas nocturnas (una gran parte de la película transcurre de noche) una opción entonces impensable. Sin embargo los resultados son evidentes, un fotograma de Akira es inconfundible gracias al naranja: simplemente una firma del futuro, solo pensemos en los actuales skyline nocturnos de Shanghai, Dubai, Hong Kong, Tokio o nuestro propio Santiago, ¿qué color domina el horizonte? ¿la noche urbana es azul o anaranjada?
Y por último está la música. El compositor, Shoji Yamashiro tuvo entera libertad para hacer lo que el quisiera, abordar las imágenes desde lo sinfónico, lo electrónico o lo tribal. El resultado es una maravilla auditiva con una compleja partitura que mezcla temas hechos enteros con un xilófono de bambú (el mítico leit motiv que se escucha durante persecución de motos del principio), hasta otros que más parecen sonidos de discoteca con guitarras eléctricas, todo ello aderezado de unas potentes voces corales que son el centro de toda el sonido ambiental del filme. La música de Akira es una de las bandas sonoras más extrañas y complejas que se pueden ver el cine.


UN MISTERIO, ¿QUÉ ES AKIRA?

La pregunta es más complicada de lo que parece y ha molestado a todos quienes han buscado una respuesta al ¿qué me están contando Otomo? Se supone que Akira fue alguna vez un niño japonés que vivía como cualquier otro niño japonés, hasta que agentes del gobierno, participantes de un complejo proyecto secreto, descubrieron que poseía un aura especial mediante la cuál se podría, eventualmente, acceder a un poder desconocido. Entonces el muchacho fue apresado y convertido en “conejillo de indias”. Se le traslado a instalaciones especiales, en las cuales se encontraban otros niños que previamente habían sido tomados por el gobierno. Al igual que a ellos, se le grabó un número en su mano (con el cuál se le pasaría a denominar), Akira fue conocido como el NUMERO 28.
El objetivo del experimento, que llevaba décadas de desarrollo, era descubrir la clave para poder obtener el control absoluto sobre el ser humano hasta lograr un nivel muy evolucionado, en el que el ser humano no tuviera limitaciones (algo muy parecido a la idea del superhombre de Nietzche). El NUMERO 28 demostró desde un principio que era el sujeto con las cualidades necesarias para poder llevar adelante el proyecto, incluso se estuvo cerca del éxito, sin embargo la operación se salió de control. El ser humano no estaba preparado para manejar tal poder, no podía controlar lo que estaba haciendo y los graves accidentes (uno de los cuales fue camuflado como una bomba atómica, para así ocultarlo a la opinión publica) fueron sumándose uno tras otro. Entonces se decidió criogenizar a Akira para revivirlo cuando se contara con la preparación necesaria para controlar su poder. El niño fue congelado en una gran máquina enterrada bajo el Estadio Olímpico de Neo Tokio. Cuando Akira es despertado –hacia el tercio final de la película- se le ve como un ente de cuerpo traslúcido, con una imagen entre material e inmaterial, que sólo aparece en medio de un confuso momento, cuando Tetsuo estaba totalmente fuera de control.
Así, es difícil establecer qué o quien es exactamente este ser llamado Akira. Tal vez simplemente nadie este capacitado aún para entender el misterio.

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viernes, noviembre 14, 2008

Y MIKE MILLS TUVO LA CULPA


Versión uncut de la columna aparecida hoy en Wiken. Como siempre se agradecen sus comentarios en los blogs de El Mercurio.

PRIMEROS SECUNDARIOS

La culpa de esta columna es de Mike Mills, bajista, segunda voz, pianista y tecladista de REM. Estaba allí, con su cara de intelectual (parece más guionista de cómic que rockero), arriba del escenario, bajo el domo del Arena Santiago (o Movistar Arena, como se llame ahora), a un costado de Stipe, haciendo lo suyo y ganándose al público con aún más fuerza que su calvo -e infinitamente más famoso- colega. El concierto fue de REM, pero el show fue de Mike Mills, con un secundario como él, es obvio el impacto de la banda de Athens, Georgia. Como en el buen cine y la mejor televisión, el peso de la música también recae en el carisma de los que acompañan al actor principal.
Dicen que uno va al cine básicamente a enamorarse y a sentirse identificado, que de todas las emociones que gatilla la gran (y pequeña) pantalla esas dos son las más importantes. Vale, puede que los críticos nos demos la lata de concentrarnos en cuestiones que a la larga no le van a importar a nadie, pero el resto, la gran masa va por esas dos razones. Todos alguna vez nos hemos enganchado de una estrella a la cual hemos seguido con la más amorosa de las devociones, todos alguna vez hemos querido ser como… como Peter Sarsgaard, un tipo que me cae tan bien como mi mejor amigo y que se ha especializado en hacer de su carrera una perfecta sucesión de personajes secundarios, esos que están al borde, esperando, pero que a la largo soportan las penas y alegrías de los protagonistas de las historias, despachando de rebote las mejores frases, protagonizando momentos epifánicos que nos arrugan las tripas. ¿Qué sería de Garden State sin Sarsgaard, sacudiendo a Zach Braff y a Natalie Portman? ¿O de Casi Famosos sin la envidia bien intencionada de Jason Lee (es mucho mejor como apoyo que como protagonista en su comedia My Name is Earl)? ¿Qué sería del cine en general sin Ed Harris, el gran primer secundario?
Chloe y Almeida en 24, Chuck Bass en Gossip Girl (mi cada vez menos culpable placer), John Deacon en Queen, Alan Wilder en Depeche Mode, Jimmy Olsen en los cómic de Superman el comisionado Gordon en Batman, el “amigo inteligente que se quedó en el pueblo” de las novelas de Stephen King, la lista es tan larga como corto es el espacio de Fuera de Foco. Me gustan los secundarios, porque son más parecidos a la gente que conozco y que quiero, porque en el fondo todos somos actores de reparto en una película masiva en que el rol protagónico le tocó a otros: deportistas, políticos, curas incluso, por eso nos caen tan bien, nos identificamos con ellos, porque son el nexo entre nosotros y el héroe de la historia. Quizás nunca nos enamoremos de un secundario, pero felices nos tomamos una cerveza con ellos.
Y la culpa fue de Mike Mills y la teja que cayó también, con suficiente fuerza para decidir no ir a Madonna, ni aunque me regalen la entrada, ni siquiera por respeto a su ícono pop. Porque en Madonna no habrá secundarios, será una adoración al ego con efectos especiales, sin gente buena tela rodeándola, porque en definitiva Madonna no tiene a su Mike Mills y con esa razón vasta para saber desde ya que su show tiene cero posibilidades de ser el concierto del año: una cosa es llenar dos veces el nacional, otra muy distinta es llegar de verdad al público. Por algo en las fantasías adolescentes, uno nunca quiere ser el frontman, sino el guitarrista piola o el bajista místico.

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sábado, noviembre 08, 2008

20 AÑOS DE AKIRA (3 DE 5)


Entregas anteriores

Si por un lado Akira marcó el inició de una ciencia ficción dura, que tomaría riesgos conceptuales tras los cuales surgirían piezas como Dark City, Matrix e incluso AI y Minority Reports, por otra parte catapultó a la animación (occidental y oriental) a un nuevo estado. Y en esta lectura no es apresurado decir que sin Akira no tendríamos ni Ghost in the Shell, ni Steamboy, pero tampoco Futurama, Los Simpson o Padre de Familia.
El crítico cinematográfico del diario La Tercera y editor de contenidos de Bazuca.com, Daniel Villalobos, recuerda, “la primera vez que vi Akira fue en 1993, en Temuco. En esa época el animé era gusto de pocos y más todavía en el sur, donde la idea de violencia animada partía con Capitán Centella y terminaba con Robotech: la muerte de Roy Fokker era lo más dramático que habíamos visto en el género y punto.
Y ahí estaba la primera secuencia de Akira, esos tambores tribales de la banda sonora y esa ciudad plagada de luces. Pero sobre todo se me aparece esa protesta, donde un policía enmascarado le apunta a un civil y, sin dudar, le dispara una lacrimógena en el pecho. Nunca había visto algo así en un filme animado. Tampoco había visto algo como ese teniente de policía abofeteando a toda una fila de niños que le llegan al hombro sólo para hacerlos callar. O la golpiza que unos pandilleros le dan a una chica indefensa hasta que cae al suelo escupiendo sangre. Desde luego el tema de los niños telépatas era atractivo, pero lo que más me impresionó fue la conducta de los humanos normales en la historia. Recuerdo el shock que me produjeron esas escenas y la sensación de estar viendo algo igual de cuestionable que el porno e infinitamente más subversivo. Al final
de la función quedábamos cinco o seis personas en la sala, ninguno tenía más de veinte años de edad y ninguno de nosotros sabía dónde ir después de ver una película así”.

EL FACTOR AKIRA

El crítico español Joaquín José Rodríguez, autor de Akira. pantalla de sueños, parte su ensayo preguntándose que es lo que destaca a la película de Katsuhiro Otomo de sus similares, algunas posteriores como Ghost in the Shell. Primero que nada, dice, está el guión, “basado en un mundo futuro como pocas veces antes habíamos visto. En el universo de Akira corre el año 2019 y la III Guerra Mundial ya queda lejos. En un estado policial, políticos corruptos, sectas religiosas, revolucionarios y un proyecto científico secreto se combinan para causar una atmósfera explosiva en el metroplex de Neo Tokio. Todos los grupos rivales quieren controlar a Akira, un chico con extraños poderes psíquicos que ha sido mantenido bajo custodia criogénica durante más de treinta años. Si a esta ambientación le sumamos que no hacían falta decorados ni extras, ya que el dibujo permitía crear todos los detalles de este mundo, obtenemos una película de ciencia ficción sublime”.

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viernes, noviembre 07, 2008

ADAMA REDUX


Versión extendida y completa de la entrevista publicada hoy en Wiken

Edward James Olmos
“GALACTICA ES EL PROGRAMA MÁS INTELIGENTE DE LA TELEVISION”

El comandante de la astronave más poderosa del cable conversó con Wiken. Habló del rol de los latinos en Hollywood, de cine, televisión, Miami Vice, Blade Runner y Battlestar Galactica.

Por Francisco Ortega

Edward James Olmos (61) es puntual. A las siete en punto llamó para excusarse, estaba comiendo con su familia, así que me pidió retrasar la entrevista una hora. Cumplió. A las ocho con un minuto el visor del teléfono indicó una llamada entrante desde Los Angeles. Y fue él quien comenzó, saludándome como si fuéramos los mejores amigos del mundo.
Lo felicité, su película más reciente, Beverly Hills Chihuahua había debutado en el número 1 del box office gringo el fin de semana del 5 de octubre. En ella, el actor de origen mexicano dio su voz a Diablo, un rudo perro también mexicano.
“Fue un trabajo divertido”, me responde medio en inglés, medio en español, “aunque prefiero interactuar con compañeros actores en lugar de estar frente a una grabadora de voz. Pero es una película familiar y uno como actor debe de hacerlas. Y tanto mejor si al público le gustan”.
Olmos viene a Chile, llega a mediados de noviembre como invitado internacional del Festival de Cine de Viña del Mar. En el certamen presentará The Golden Age, documental donde su voz relata la vida de un equipo de fútbol, “fútbol soccer”, se apresura a aclarar, de Queens, Nueva York. Pero no un equipo cualquiera, sino uno formado por ex futbolistas latinoamericanos, hoy de 50 y 60 años, “hay portorriqueños, colombianos, mexicanos”. Se involucró en el proyecto porque le gusta el llamado deporte rey, “el más bello de todos”, pero sobre todo porque le interesan las historias humanas, “y en esta película hay personas de verdad, viviendo sus sueños”
Pero a la hora de la verdad, Olmos, con más de 30 años de carrera es recordado por tres papeles que, al menos en Chile, lo han levantado al estatus de actor de culto. Gaff, el enigmático policia de Blade Runner, el teniente Castillo de Miami Vice –la serie– y el capitán y almirante William Adama en la nueva versión de Battlestar Galactica.
“Castillo es un personaje muy importante en mi carrera, porque a un nivel masivo fue de los primeros en hacer crossover entre los mundos latinos y “gringo”. Castillo era de origen hispano y estaba del lado de los buenos. De hecho si uno revisa la serie (Miami Vice) era el único de todos los protagonistas que siempre hacía lo correcto. Hablamos de mediados de los 80, creo que el teniente Castillo sirvió de mucho a la hora de cambiar los estereotipos hollywoodenses”.
Usted habla de estereotipos y ha sido un reconocido activista en el asunto de los derechos latinos en Estados Unidos…
“Creo que mas que activista, he usado mi estatus de persona pública o conocida para hablar de estos temas”.
Recién se refirió al cambio de los estereotipos. Desde el interior de la industria, cómo analiza usted este proceso.
“Con mirada política. Los estereotipos han cambiado porque los latinos somos cada vez más en Estados Unidos. Dejamos de ser una minoría y nos transformamos en un tremendo grupo votante, consumidor y contribuyente. Le interesamos a quienes toman decisiones y obviamente somos importantes para el negocio del espectáculo. Este cambio de mirada no es producto de una nueva mentalidad, sino de que los hispanos nos convertimos en un público muy rentable”.
A propósito de la serie Miami Vice, en esta trabajó con Michael Mann. En Blade Runner estuvo con Ridley Scott, dos directores famosos por lo detallistas y por su mal genio. ¿Complicado trabajar con ellos?
“Más que complicado un gusto, pero en ningún caso lo más complejo de mi carrera”
¿Y que sería lo más complejo?
“Capitanear un “carrier” (portaaviones) especial de más de una milla de largo”, se ríe, pero la respuesta no tiene tanto de broma como la que aparenta. A lo largo de la conversación me repite que si tuviera que elegir dos obras de su carrera, no lo pensaría demasiado: Blade Runner y Battlestar Galactica.
Galactica es una serie de televisión.
“Si, pero su madurez argumental y su complejidad supera por mucho al promedio de lo que está filmando hollywood hoy en día”
Adhiere entonces a la teoría de algunos críticos de que hoy la televisión está más interesante que el cine.
“No sólo más interesante, más profunda y objetivamente mejor. Battlestar Galactica es un lujo para cualquier actor. Sus escritores son brillantes, los giros dramáticos impensables, la moral de cada episodio extrema. Han dicho muchas cosas de esta producción, pero siempre me he quedado con aquello del “show más políticamente inconrrecto”, es my rock´n roll. Detrás de la serie hay un grupo de genios que en verdad están cambiando la historia de la televisión”
Sin embargo Galactica no tiene el impacto masivo de otras producciones contemporáneas como Lost, 24 o Mad Men…
“Pero es la serie más descargada de internet. En Asia y Europa sus cifras de download duplican a cualquier otra. Tal vez en la pantalla de la televisión no hayamos estado entre los diez más fuertes, pero en el mundo online nuestro impacto es tres, cuatro, cinco veces superior a Lost, por ejemplo”.

ASTRONAVE DE COMBATE

Battlestar Galactica fue un accidente. La serie, catalogada por The NewYorker como “la gran joya oculta de la televisión norteamericana” debería haber nacido condenada al fracaso, como sucede con prácticamente el 80% de la producción del Sci-Fi Channell gringo. La aritmética era negativa por donde se le enfocara: un drama fantástico de modesto presupuesto, efectos especiales baratos y de remate, basado en la serie del mismo nombre de fines de los 70, una de las obras más kitsh de la ciencia ficción contemporánea, mezcla amorfa entre Star Wars y los discursos exobiológicos de Erich Von Daniken (Recuerdos del Futuro). De hecho, por muy buenos recuerdos que esta serie tenga entre los nostálgicos de siempre, lo cierto es que en audiencia y crítica fue un sonado fracaso.
La idea de una nueva versión no sólo era arriesgada, sino derechamente pésima. Pero hay algo con lo que los críticos no contaban. Primero, que efectos baratos no significaban efectos malos (de hecho las secuencias de batallas espaciales resultaron mejores que cualquiera vista en la última trilogía de George Lucas) y segundo –y más importante– la inteligencia de Ronald D. Moore, un escritor treinteañero que desarrolló la serie no como una “space opera”, sino como una historia política, metáfora del gobierno norteamericano de Bush ante una posible invasión masiva. Y no encontró forma más astuta que hacerlo bajo el disfraz de una olvidada serie fantástica. Porque a la hora de los análisis, la nueva Galactica solo tiene el nombre de la original, el resto es una partida desde cero. Además, una serie, que empieza con una bella rubia asesinando a sangre fría un bebé de 6 meses, al cual le rompe el cuello en una de las escenas más crueles jamás vista en la pantalla chica, de ligera no tiene nada.
Newsweek definió Battlestar Galactica como el programa de ficción más político de los últimos años. Una andanada de blogs y sitios web alabaron sus virtudes desde el primer capítulo. Revistas que nada tenían que ver con ciencia ficción, cine o televisión le dedicaron concienzudos ensayos. Y aunque las cifras de audiencia nunca han sido de las mejores, el prestigio intelectual de la producción ya se lo quisiera Dexter o Dr. House.
“Es que es una maravilla. Un Dark Knight de la televisión”, se apresura en responder Olmos. O si se prefiere Williams Adama, primero capitán y ahora almirante de la flota colonial de 50 mil supervivientes del ataque Cylon contra Caprica y sus mundos hermanos. Algo así como un Moisés intergaláctico, encargado de llevar a lo que queda de 12 tribus hasta la tierra prometida, un planeta llamado Tierra.
Adama es un personaje complejo, con elementos de héroes clásicos, como Ulises o los mismos jueces del Antiguo Testamento. ¿En quien se inspiró para construirlo?
“Más que complejo, es un hombre aterrado ante la responsabilidad que se le vino encima. Cuando me lo explicaron me dijeron que imaginara la siguiente situación: un día cualquiera fundamentalistas religiosos destruyen Estados Unidos completo mientras yo estaba al mando de un portaaviones museo de la 2ª Guerra Mundial, con aviones y equipos antiguos. Y en ese buque debía de subir a un grupo civiles para intentar llegar a costas amigas, con enemigos muy superiores intentando hundirnos”.
Habló de fundamentalismo religioso, En Galactica es un tema clave…
“Es que el conflicto de la serie es básicamente religioso. Una máquinas seguidoras del Dios único quieren arrasar con los adoradores de los dioses falsos. Los humanos en Galáctica son politeístas, adoran a los Dioses de Kobol. Y de alguna forma en occidente también lo somos, siguiendo a un montón de pequeños dioses, mientras el fundamentalismo islámico cimenta su ideología en acabar con nosotros, los infieles. En la serie, para los Cylon, robots fanáticos del Dios único, no queda más que exterminar a quienes no siguen su palabra. Galactica no es una serie de ciencia ficción, sino un drama político, muy actual, que nos está hablando con inteligencia de temas muy importantes. Me he sorprendido con reportajes y entrevistas extremadamente intelectuales acerca de la serie, bastante inusuales si se toma en cuenta que sólo es un programa de televisión”.
Y de estos comentarios, ¿se queda con alguno?
“Que Galactica es el programa más inteligente de la televisión. Creo que lo leí en Rolling Stone o Entertainment Weekly”.
Y en esto de la metáfora política ¿Se imagina un encuentro entre Adama y Bush?
“(Se rié) Sería complicado. Ambos son hombres muertos de miedo y eso es muy peligroso”.
Hace dos años, la revista Wired celebró los cien años desde que el escritor Hugo Gerbsback inventara el término ciencia ficción convocando a fanáticos, escritores, guionistas y directores a elegir las 100 mejores obras audiovisuales del género. El primer lugar fue para Blade Runner y el segundo para Battlestar Galactica (por encima de hits de taquilla como Star Wars, Matrix, Star Trek o Lost) Edward Jame Olmos estuvo en ambas.
¿Cómo se lleva con el mundo de la ciencia ficción?
“Es un sitio curioso diverso, con mucha pasión y fanatismo. Es interesante pero sobre todo un lugar con gente muy inteligente”.
¿Nerds?
“Yo no he dicho eso”
Gracias a Adama usted entró al pateón de grandes mitos, como Kirk de Star Trek o Luke Skywalker, de Star Wars
“(Se ríe). Puede ser, en todo caso para mi es un honor”
Hoy es Adama, hace un cuarto de siglo Gaff, ¿qué recuerda de su personaje en Blade Runner?
“Los origami, que nunca aprendí a hacer. Y la forma en que hablaba, esa lengua de la calle, mezcla entre chino, español e inglés, creo que fue un gran acierto y que ejemplifica muy bien lo visionaria que resultó la película de Ridley (Scott). Y porque hoy no ha perdido su vigencia y sigue siendo un referente. El futuro en el filme no está ni en los autos voladores ni en los grandes rascacielos, sino en la polución, la sobrepoblación y todo lo multirracial. Gaff era un poco de todo eso, un sujeto producido por un futuro que es pura mezcla, como lo es hoy, como es hacia donde vamos”.
Blade Runner y Galactica comparten muchos elementos en común. Es una ciencia ficción sucia, húmeda, pero además ambas tratan el dilema de la inteligencia artificial, de máquinas, de robots, buscando convertirse en humanos, replicarlos…
“Eso es muy cierto, el personaje de Tricia Helfer (Numero 6) en Galactica es básicamente un replicante, una máquina deseosa de tener alma, de ser una persona completa. Su odio hacia la humanidad nace de la envidia al no poder ser totalmente como nosotros, que era el conflicto de los replicantes en Blade Runner. Yo siempre digo que Blade Runner es la “mami” moral y espiritual de Battlestar Galactica”.
Cuando filmó Blade Runner, ¿sabía que Deckard (Harrison Ford) era un replicante?
“No, eso me tomó muy de sorpresa. Ridley (Scott) lo dijo el año pasado para el lanzamiento de la edición definitiva en DVD. Pero el 82, para todo el reparto era claro que el personaje de Harrison Ford era tan humano como...
Como Gaff
“Ahora ni siquiera estoy seguro que Gaff lo sea (risas)”
Galactica es una metáfora de los Estados Unidos de hoy, Blade Runner una visión del país en diez años más (está ambientada el 2019). ¿Como ve usted a los EE UU del futuro…?
“Todo depende de lo que ocurra el 4 de noviembre próximo y si me permite, prefiero ser optimista con el porvenir. Ver y participar de Galactica me deja claro que ese futuro es el que todos tenemos que evitar, que la ciencia ficción no se convierta en realidad”.

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sábado, noviembre 01, 2008

LOS 80... SER ODIADO, ¿ME VAN A ECHAR?


Nunca imaginé que Emociones Clandestinas, mi última columna en el Wiken, provocaría semejantes reacciones, sobre todo porque no era una columna política, sino de cultura pop, de reflexion sociológica si se prefiere. Menos que a más de uno le molesten los supuestos comentarios "izquierdistas" de mis columnas (¿cuales?). Cuando se habla de pasarla mal, era para ambos lados de la moneda, no solo en la arena de las ideologías, tambien en la económica y enn la de los desastres naturales. Soy nieto de carabinero, vengo de una familia tradicionalmente de derecha y además de provincia, creo estar al tanto de como fueron las cosas para muchos en los 80. En fin, nunca falta la gente a la cual nombrar la CNI como sinónimo de horror es como sacarle la madre. Tampoco los que no entienden nada. En otra época, en El Mercurio me habrían pegado un chute en el cula, confiemos en que los tiempos han cambiado. Dos perlitas.


Soy una lectora asidua, de este diario y por tanto, siempre leo a este columnista (Francisco Ortega) y generalmente me han molestado sus comentarios de tinte politico, pero esta vez realmente me harto; yo sr. Ortega, también fuí parte de la juventud de los 80 y dejeme decirle que fueron los mejores años de mi vida, la pase chancho y fuí muy feliz, igualmente la gente que me rodeaba y nada de esa época fue "lugubre" ni deprimente para nosotros, claro, que nos dedicabamos a hacer cosas de jovenes, sin rollos politicos, ni otras basuras por el estilo. Obviamente, la serie en cuestión tiene una sola desvirtuada visión, así que no merece la pena comentarla. Ya esta bueno de tanta porquería politica,le recomiendo que se dedique a otra cosa más constructiva, digo yo, por el bien de su alma.

Vi un rikitingo el comienzo de la serie y no dudé nuevamente TVN, con la misma cueca de siempre que la CNI y que los pasamos mal, al ver a Daniel Muñoz, no dudé un segundo que sería concientización de los upelientos, para usar la TV , como hacen el teatro para concientizar, es más de lo mismo chico, igual que la TV Venezola y Cubana, si es que tienen luz, me gustaría que estos "creativos" recordarán los mil nefastos días del Chicho, sus errores, sus amantes, su adición al Wisky CHIVAS REGAL, la internación de armas de los bultos cubanos, pero eso no es historia chico, lo que es ya no la ví nunca más.

Más en este link.

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viernes, octubre 31, 2008

LLORAR LOS 80

Version completa del artículo publicado hoy en Wiken, como siempre sus comentarios en los blogs del decano serán más que agradecidos. Comentar aquí.

EMOCIONES CLANDESTINAS

El mejor instante del cine y la televisión chilena del 2008. Segundo capítulo de “Los 80”. Temporal en Santiago y Daniel Muñoz acaba de regresar a su casa tras perder el trabajo y ser “raptado” por la CNI. Tamara Acosta, su esposa, lo atiende en la cocina y le sirve un plato de sopa, él pide ají y un pedazo de pan. Comenta que es la sopa más rica del mundo, luego se larga a llorar y le cuenta a su mujer que lo han despedido. Hacía años que no lloraba viendo una película (o una serie o lo que fuera), pero esa imagen me mandó a la cresta, gatilló alguna clase de emoción guardada, desenrolló la cebolla que todos llevamos dentro. Y ahí me vino la teja. Los 80, no la serie, sino los años, tienen esa mística, esa fuerza cultural, no por sus pantalones amasados, peinados raros, fiestas clandestinas, rock latino o europop azucarado, sino porque vaya que fueron tristes, vaya que la pasamos mal en esa época. El nublado del temporal en ese capítulo, resultó una metáfora perfecta del ánimo en aquellos días. El neón sólo era un disfraz, el amarillo una inmensa mentira, el color, el gran color era el grís.
Alan Moore, el autor de “Watchmen”, escribió (precisamente en “Watchmen”) que el recurso que mejor funciona a la hora de conseguir la empatía con un lector (o un espectador) era comenzar con una anécdota triste, un recuerdo bajo, penoso, oscuro. Que ahí está la verdadera complicidad, porque todos la hemos pasado mal, todos hemos llorado más veces de las que hemos reímos. Todos tenemos esa herida, que en el fondo es una gran historia. Y los años 80 son precisamente eso, el gran tajo en nuestro rostro. Si hoy la pasamos bien en fiestas temáticas de esos años, o las radios ochenteras la rompen, es simplemente porque es una forma de exorcisar un montón de fantasmas.
En esta lectura es donde “Los 80” no sólo hace dupla, sino que supera a Machuca, historia con la cual el link es obvio. La serie del 13 aprovecha precisamente el lado donde la película de Wood cojea. Ambas son notables frescos históricos, complementarias, pero Machuca flaquea en lo de emocionar sólo a través de lo grande, de los sucesos que reconstruye. Es verdad, uno se encariñaba con los niños, pero el resto de los personajes no sólo eran detestables, sino caricaturescos y lo que es peor olvidables. En “Los 80” por lo contrario, está el ambiente, el fondo sociopolítico, pero por encima de todos brillan los personajes, es una historia de familia: de un papá, una mamá y tres hijos. De cariño, de relaciones entre personas, de cosas de verdad, asuntos que importan en serio. Todos tenemos a alguien a quien querer y esa es la gracia de “Los 80”, el resto importa, pero no más que el tomar una sopa con ají y decir que esa sopa es la mejor del mundo.
“Los 80” es con ventaja el mejor programa del año y también el más triste. Pura y genuina emoción, nada de teleserie, sino de verdad, de esa que tanto escasea en la ficción local. Un Santiago de época, de almacenes de esquina y también de la más sombría de las inocencias. La CNI por un lado, el flipper Ali de Stern por otro. El cuadro perfecto de una época que en nuestra memoria es un chicle amargo, pero que bajo ese sabor agrio está el sentimiento que fue en esos años donde en verdad nos hicimos grande. Por eso los 90 jamás van a ser “los 90”, por eso, en el charquicán de nuestros recuerdos, Los Prisioneros siempre van a ser mejor banda que Los Bunkers o Los Tres, porque cantaron canciones tristes cuando en verdad estábamos tristes.

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jueves, octubre 30, 2008

70 AÑOS DE LA GUERRA DE LOS MUNDOS


Alberto Rojas subió en EMOL, un especial dedicado a los 70 años de la versión radial de La Guerra de los Mundos por Orson Welles. Le pidió a varios buenos y capos amigos que escribieramos brevemente al respecto. Acá el especial interactivo, bajo esta línea un copypaste de mi colaboración.

WELLES O WELLS ES LA CUESTION

Welles o Wells, con todo el respeto que me merece, yo prefiero a Wells. Porque La Guerra de los Mundos según Welles no es lo mismo que La Guerra de los Mundos según Wells. Esta última inauguró la cultura de la "conspiranoia" y eso es un valor tanto de pop como de legado más grande que la vida misma. A fines del siglo XIX Wells escribió una buena muy novela de ci-fi, que al misamo tiempo funcionaba como una metáfora a los miedos foráneos que sentía la rígida sociedad victoriana. En este sentido nos es complicado realizar un paralelo entre esta obra y ese otro “tratado del miedo” que es Drácula de Bram Stoker. Pero a fines de la primera mitad del siglo XX, Wells robó la idea a Welles y la hizo universal, global, inyectando en la masa el horror de que alguien o algo nos vigilaba desde algún punto del universo. Y que antes que nos diéramos cuenta esa amenaza se dejaría caer sobre nosotros. Es verdad, autores como Lovecraft ya habían incursionado en el género del horror cósmico, pero HP y sus discípulos eran de nicho, de lectores fieles, no masivos. Wells tomó la idea y la llevó al barrio, a la ciudad, al obrero que no tenía idea que era la ci-fi y sin querer –o con querer- creó el miedo en su esencia contemporánea. Fue Wells el verdadero padre de los platillos voladores y del terror-siglo veinte que en occidente producía todo lo que viniera del cielo: bombarderos, misiles, bombas-A, Ovnis… Wells y su Guerra de los Mundos cambiaron el chip, a partir de esa raditrasmición los “paraísos celestiales” dejaron de estar poblados por ángeles y querubines, quienes cedieron su lugar a trípodes asesinos y bestiales seres hambrientos de sangre humana. Wells mató el sentido de esperanza que el cristianismo le dio al cielo, reseteándolo por miedo. Curioso, si uno piensa, La Guerra de los Mundos tiene mucho de ensayo de la futura guerra fría, con rusos y chinos en lugares de marcianos. La transmición de Welles es la madre de Roswell, de la ufología, de los X-Files, de Lost, de Fringe, de absolutamente todo lo que nos vuela la cabeza. Y del poder de los medios masivos para crear una mitología contemporánea, como los extraterrestres, acaso nuestro gran mito viviente. La Guerra de los Mundos de Welles es el nacimiento del horror contemporáneo, de la amenaza tecnológica, de esa idea obsesiva de que no estamos solos.

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