FORTEGAVERSO: ESTE MES EN MUY INTERESANTE: ¡MEGALODON EN CHILE!

jueves, marzo 01, 2007

ESTE MES EN MUY INTERESANTE: ¡MEGALODON EN CHILE!


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Adelanto...

A cuatro kilómetros más al norte, el Megalodón sintió el miedo en sus presas pero continuó esperando, sabía que un viejo macho de cachalote no era adversario para él. Y sabía también que en ese grupo de doce jóvenes ballenas, habría sustento suficiente para él y los otros tres peces, que, más atrás, esperaban la orden de atacar. El formidable tiburón movió su colosal cuerpo de 20 metros y casi 15 toneladas de peso y decidió que ya era hora de dar el primer movimiento. Sus quijadas de tres metros de diámetro, “decoradas” con una centena de dientes de casi 20 centímetros de largo eran un arma que no tenía rival ni en mar, aire o tierra.

Zoltán vio venir al Megalodón antes de lo que esperaba. No era primera vez que observaba de cerca a uno de sus enemigos naturales. Su memoria cetácea aún recordaba el día en que tres de esos peces atacaron la manada de su padre. El era un joven cachalote y fue de los pocos que sobrevivieron al embiste del escualo. Sabía que nunca actuaban solos y que aunque un macho liderara el ataque, tras las primeras víctimas no tardarían en llegar sus compañeros. Esa vez, Zoltán vio como un Meg, como también los conocían, había asesinado a su familia. Y tenía miedo, pero también se sentía preparado para defender a los suyos. El tiburón era más grande, veloz y estaba mejor armado que él, pero su cuerpo poseía la fragilidad de los peces, detalle en la que el duro espolón delantero de un cachalote podría resultar una ventaja mortal. Pero el Megalodón también era astuto y a pesar de lo fuerte que podría resultar su adversario, sabía que las ballenas tenían una gran debilidad, necesitaban respirar aire.

Desafiante, el Megalodón nadó alrededor de Zoltán y su familia, posando sus ojos sobre las hembras y los apetitosos ballenatos, asustados sobre los lomos de sus madres. Tiernos y dulces, el bocado más exquisito que puede encontrarse en el mar. Cada movimiento suyo era seguido por el cachalote macho que apuntaba con seguridad su cabeza hacia el vientre del pez. El tiburón continuó su acecho por otro par de minutos, calculando que las reservas de aire en el cachalote se hacían cada vez menores y que el viejo macho ya se sentía aturdido y cansado. Tenía razón, entre el miedo y el oxígeno que se agotaba, Zoltán se sentía apresurado, con deseos de que toda la situación terminara rápido.

Entonces el Meg atacó. Se alejó del grupo, luego volteó sobre su cuerpo y abriendo sus mandíbulas se avalanzó contra la manada de cachalotes. Zoltán reaccionó rápido enfrentando al tiburón y nadando en su contra. Pero el escualo era más ágil y estaba mucho menos cansado. Adivinando el momento exacto del embiste, cortó su trayecto pasando bajo el cetáceo para luego rodearlo a la altura de la cola, cogiendo de un mordisco un buen trozo de su aleta caudal izquierda.

El dolor enloqueció a Zoltán, quien trató de inmediato de regresar contra el Megalodón, para golpearlo con su frente. Pero el tiburón ya se había alejado, dejando un rastro de sangre bajo las aguas. Aterrados al ver al macho alfa malherido, el grupo de ballenas intentó subir a la superficie para respirar y tranquilizarse.

Parcialmente inválido, Zoltán nadó de regreso hacia las otras ballenas. Buscó señales del Megalodón, pero el pez había desaparecido, alejándose del radio de alcance del sonar de su cerebro. La pérdida de sangre y el esfuerzo de enfrentar al escualo agotaron al viejo macho más de lo esperado, por lo que optó por aprovechar la calma para ascender a tomar aire y recuperar energía. Pero más que eso, sentía su orgullo roto. Por años había nadado delante de su manada, protegiéndola y demostrando que con él por delante, nada ni nadie podrían amenazarlos. Con sabiduría había evitado entrometerse en los terrenos de caza de los Megalodones, pero los cambios en las temperaturas del océano habían variado muchas cosas. Las zonas de alimentación y apareo no eran las mismas y los grandes tiburones se estaban moviendo cada vez más hacia al sur.

Entonces el eco regresó, ahora desde el fondo. Y subía rápido, sabiendo que el vientre del cachalote era su parte más vulnerable. Nervioso, Zoltán apuró su ascenso, pero el dolor de su cola dañada, la falta de aire y los nervios tras la primera batalla lo traicionaban tanto como la superficie del mar que cada vez se le hacía más lejana y pesada. Zoltán sabía que su enemigo se le venía encima como una marejada armada con dientes y músculos, supo también en ese instante que su suerte ya estaba echada, no había vuelta atrás. El aire, el maldito aire.
Y allí sintió la mordida

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1 Comentarios:

A la/s 8:42 p. m., Blogger jose francisco dijo...

Pobre ballenita. creo que tu siguiente novela debe ser infantil y tratarse de cetaceos criptidos psionicos que se convierten en biotransbordadores intergalacticos jurasicos. o la era que corresponda.
pueden tener relacion con los alienigenas reptilianos hiperboreos y vincular con el numero kaifman,
en ters noches lo ilustramso entero a todo color
saludillos
pepe

 

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