FORTEGAVERSO: ¿POR QUE ESCRIBIR FANTASTICO EN CHILE?

miércoles, julio 08, 2009

¿POR QUE ESCRIBIR FANTASTICO EN CHILE?


Primera versión de la columna que inaugura la sección Chile Mythico en el sitio de Mythica Ediciones.

COPIA FELIZ DEL EDEN

“¿Por qué escribir ciencia ficción en un país sin ciencia y con tan poca ficción?”, preguntaron en una charla en el Chileno Norteamericano, hace exactamente un año. Estaban presentes el director de cine Jorge Olguín, el crítico Daniel Olave y quien escribe. El escritor Darío Osses, quien moderaba el evento, prosiguió: “¿Uno entiende que en Europa, Japón y Estados Unidos, con sus elevados índices de crecimiento industrial, se escriba acerca de futuros imposibles, pero en Chile es casi ridículo?”.
Y claro, el ánimo de la pregunta tenía harto de provocador, pero también (sin quererlo) daba las claves para entender el desarrollo de la literatura de género (y cine, cómic y todas las artes narrativas que se quieran) en nuestro país, sobre todo en los últimos años. Un paréntesis antes de continuar, prefiero hablar de género en lugar de ciencia-ficción a secas, ya que si hay algo que caracteriza el culto de esta temática en nuestro país es la melcocha, lo charquicán de su receta. Ygdrasil, por ejemplo, no es sólo una novela cyberpunk, sino una obra fantástica que roba, samplea y vampiriza de todos lados: chamánica, ancestral, mitológica, en las restas acaba más cerca de García Márquez que de Bruce Sterling, de ahí su originalidad y su impacto a nivel mundial. Jorge Baradit, su autor, lo definió desde un principio, es realismo mágico 2.0. Personalmente me gusta más lo de hiperrealismo mágico, sin números, con más palabras, más adjetivos tremendistas.
Pero volvamos al reactor principal de la pregunta. ¿Por qué escribir ciencia ficción en Chile? Simple. Primero que nada porque así lo dice nuestro himno nacional: somos la copia feliz del edén, del paraíso prometido (el Dorado, Xanadú, la Ciudad de los Cesares, etc) y eso es una tremenda responsabilidad. Chile es un punto mágico anclado al fin (o al inicio del mundo), donde siempre hemos cohabitado con la fantasía. Literalmente estamos “en el fin del mundo y en el fin del mundo”, geográfica y espacio-temporalmente marcados.
Y con lo de estar acostumbrados a la fantasía no me quedo en eso de que todos más de alguna vez hemos escuchado de fantasmas, de ovnis en el Cajón del Maipo, del niño llorón, las lloronas, el chupacabras, la rubia de Kennedy, del Caleuche o el gran Guarén de las alcantarilladas santiaguinas, nuestro equivalente a los cocodrilos de Manhattan, sino de lo que hay mucho más allá, en el corazón de nuestra identidad como país. La geografía del mito y la conspiración local da para escribir cientos de obras del género, cada vez mejores y más entretenidas (algo no menor). Tal vez en un futuro cercano la mejor ciencia ficción y fantasía de habla hispana en verdad se este pariendo en estas tierras. El boliviano Edmundo Paz Soldán lo enunció hace un par de años, si me preguntan tengo confianza en que vamos derecho hacia allá, por mucho que cierto sector de la crítica nos acuse (y aquí me incluyo) de ser un grupito menor, que cree que todo lo raro es bueno y que se ha formado con lecturas tan dudosas como Harry Potter, cientos de cómic y lecturas tardías de Miguel Serrano. Eso es mirar sin alturas y quedarse anclado no sólo en el pasado, sino en prejuicios menores. La generación de creadores chilenos que se empinan entre los 20 y 40 años, viene criada por historietas baratas, animé japonés, Spielberg y Lucas, hard metal, Transformers y G.I.Joe, todo estrujado en un cóctel de traucos, pincoyas y “cai cais”, lo que viene de esa receta lo quiero leer aquí y ahora.
Chile es un país fantástico, un planeta con sus reglas propias, una nueva Atlántida o si se prefiere Chilena. Un país donde sus fundadores vinieron a buscar ciudades perdidas llenas de oro y se encontraron con gigantes en la Patagonia, donde los terremotos dependen de la escultura de un Cristo crucificado repudiado por una bruja, donde la Independencia fue planeada por una sociedad secreta que no tiene nada que envidiar a los Iluminati. Donde la libertad se ganó tras la ceremonia iniciática de cruzar los Andes, que no fue una maniobra militar y estratégica, sino un rito en honor a las diosa del fin del mundo, ¿la virgen del Carmen?
Chile en un país donde aparecen monstruos voladores, buques embrujados y donde la gente acepta como la más trivial de las realidades bolas de fuego, maldiciones y entierros. Un país donde en la más “steampunk” de las realidades, la religión más popular del siglo XIX fue el espiritismo del cual Arturo Prat, otro de nuestros héroes, era prácticamente un sumo sacerdote. Donde en 1946 el diario más importante publicó en primera página que un almirante norteamericano había descendido a la Tierra Hueca a combatir contra las astronaves de Hitler y nadie lo puso en dudad. Donde todos nuestros presidentes han terminados convertidos en fantasmas vagando en eterna pena por los pasillos de un Palacio de la Moneda, construido en el centro de un valle, cuyos antiguos habitantes advirtieron a los conquistadores, estaba habitado por las luces de la Tierra.
Tampoco hay que viajar tan lejos para abrir los ojos ante esta realidad extraordinaria, sólo pensemos en la figura más gatillante de nuestra historia: Augusto Pinochet, un dictador vinculado a la masonería, que dedicó plata y recursos estatales a rastrear todos los “objetos de poder” de la Logia Lautarina, que se asesoraba de dos brujas y que personalmente se encargó de todo lo que tuviera que ver con el caso del Cabo Valdés, el abducido más famoso del mundo.
Al final hay más respuestas que preguntas ante el debate de por qué escribir fantasía en Chile. Lo anterior es curiosamente lo más obvio, bajo la superficie, en lo que se refiere a lo concreto, la respuesta estoy seguro, generará todavía más discusión. Porque además la identidad narrativa y poética de Chile la ha dado lo fantástico, mientras la prosa realista, esa sólo se queda en nuestras fronteras, mirándose al ombligo, cómoda en un pasado lleno de callosidades. Pensemos: ¿cuáles son nuestros autores más reconocidos? Mistral, Neruda, Donoso, Isabel Allende, Bolaño, ¿qué tenían en común? Todos, absolutamente todos, aventuraron un Chile poderoso, mito poético, telúrico. En serio, sólo revisemos la mejor poesía de la Mistral, anclada bajo los cielos de Elqui, despertando a los muertos, a los miedos y a esas estrellas que como ella dijo (en una frase muy Lovecraftiana) nos parpadeaban desde el límite de los tiempos.
Ya lo dijo el argentino Rodrigo Fresán, un país sin ciencia ficción es un país sin futuro. Me queda la esperanza que hoy no somos pocos los que estamos construyendo el porvenir de estas tierras, soñando con futuros, manipulando el pasado, destruyendo para construir.
Desde ya los dejo invitados para este espacio, semanal o quincenal, donde hablaremos de ese Chile extraño, bizarro y creativo. Ese Chile “mythico” que tanto nos acomoda habitar. Para la próxima una adelanto: 1899, cuál es su historia, su origen y su propuesta.

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10 Comentarios:

A la/s 12:58 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

"Augusto Pinochet, un dictador vinculado a la masonería, que dedicó plata y recursos estatales a rastrear todos los ´objetos de poder´ de la Logia Lautarina, que se asesoraba de dos brujas y que personalmente se encargó de todo lo que tuviera que ver con el caso del Cabo Valdés, el abducido más famoso del mundo".

A partir de mi investigación del caso Valdés, que me ha tomado más de un lustro y cuyo monográfico ya obra en tu poder, pude determinar que el involucramiento de Pinochet en el caso fue sólo un mito más.

Aunque es cierto que los altos mandos fueron los encargados de autorizar o denegar el acceso a las primeras entrevistas a Valdés, éste fue examinado en el Hospital Militar no por órdenes de Pinochet, sino por la curiosidad de un capitán, jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Militar en 1977, al que le llamó la atención que nadie en el Ejército pescara lo de Valdés, pese a haber aparecido en la portada de ¨El Mercurio¨.

Sólo quería aclarar eso.

Espero con gran interés ¨1899¨, que me parece que será otra extraordinaria creación de tu cerebro metahullano.

Un abrazo!

- Pato Abusleme

 
A la/s 1:01 p.m., Blogger Mat. dijo...

yo tengo una anécdota cercana en la cual el Ministerio de Educación llamó a concurso literario el 2001, donde la premisa era un "Chile 3001".
escribir sobre un Chile mil años después, recrear un escenario en un "futuro distante".
y me fue bien.
salí segundo con un cuento de ciencia ficción.
pero después nunca más se llevó a cabo el concurso, siendo así, una rareza donde cientos de cuentos futuristas imaginaban un Chile y sus ciudades en tiempos de tecnologías avanzadas y nuevos modelos sociales según el devenir de nuestra historia en un mundo que comenzaba a entrar fuerte, por ejemplo, en Internet.
¿dónde estarán todos esos cuentos?
¿se logrará una antología?
¿si la idea fue rescatar la mirada de los jóvenes (pesimista/optimista)sobre Chile ese año mediante el género ciencia ficción, a través de un concurso literario (muy) novedoso, por qué luego dejarlos guardados?

y no sé.
¿por freaks???

salu2

M

 
A la/s 10:13 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

El enfoque místico es válido, pero no tiene por qué ser el único. Después de todo, también podemos hacer miradas al futuro a partir de la sátira, dada la tan chilena tendencia a encontrarnos como las reberendas...

You`ll see...

 
A la/s 10:14 p.m., Anonymous Enzo Nicolini Oyarce dijo...

Por si acaso, el post anterior es mío.

 
A la/s 10:21 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Que bonito articulo, me gustó mucho. Me parece muy lindo revisar las cosas mágicas de Chile y que lo hacen tan especial. Vale la pena escribir fantasía en Chile, no sólo sobre aquellos tesoros conocidos por todos (trauko, pincoya, etc) sino porque también hay muchas historias anónimas que gente común cuenta a sus cercanos. Por ejemplo, mi abuelita se sabía algunas dignas de novelarse y cuando era chica, uno de mis primos me aseguraba que del otro lado del cerro Renca, había una cueva donde vivía un hombre con cabeza de chancho que perseguía a los que se acercaban, recuerdo que me daba mucho miedo jijijiji. Hasta dan ganas de escribir alguna historia, porque tomando las palabras de Mike Wilson, en aquella charla que Ustedes dieron el año pasado en la Biblioteca Nacional, “¿Por qué no?”.

Saludos ;D

 
A la/s 10:24 p.m., Anonymous Vero Manríquez dijo...

Oops.. me equivoque.. el comentario de arriba es mio jijiji :D

 
A la/s 12:26 p.m., Anonymous Guasso Pillo dijo...

Oye si la gracia esta en usar el cerebro, agarrar un poco de historias y poder armar una novela de ciencia ficción y darle mis patadas al Harry Potter que me tiene "asi" las Potter...
Si Mampato con su cinto espacio temporal podia mandarse a cambaiar donde le diera la gana junto al Ogú y la Rena..por que no seriamos capaces de que el escritor que llevamos dentro no salga de una vez por todas..Yo tengo un monton de ideas....es cosa de pulirlas.
Muy buen Articulo Ortega,ya llevas ganado tu segundo poroto.
Asi como sugerencia..podrias hacer un espacio donde los seguidores del Blog enviemos nuestras historias..en una de esas...

 
A la/s 12:33 p.m., Blogger F. Ortega dijo...

Guasso, muy buena idea. Mira te cuento. Este blog va a cambiar a fines de mes. Cumple 5 años y hay varias cosas que quiero hacer, la seccion colaboraciones externas me parece notable, gran idea

 
A la/s 9:39 p.m., Blogger R. Rubio dijo...

clap, clap, clap
esa charla en el norteamericano el año pasado estuvo buenísima. eso si, faltó hacer mención a Hugo Correa en esta "declaración de principios"

 
A la/s 12:14 p.m., Blogger Angol dijo...

Buenos los argumentos, todos ellos muy válidos sin duda, pero creo la sola pregunta refleja un poco de prejuicio, ya que para escribir sobre cualquier tema no se necesita un motivo sólo las ganas (ni siquiera el talento), pero claro, eso cuesta hacerlo entender al medio literario chileno. Me gustó la idea de la sección de colaboraciones. Me gustó escucharte en "Dulce Patria", ¿todos los miércoles, verdad?, el primero no pude escucharlo completo, estaré atento a los otros. Saludos

 

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