FORTEGAVERSO

martes, septiembre 13, 2005

CORAZÓN INÉDITO

Esta es una entrevista que le hice a Luis Emilio Guzman, autor de "Corazón Disléxico" y guionista. Se suponía iba a aparecer en URBANIKA, pero la revista no avanzó más allá de un breve vuelo de pruebas. Suele pasar. La encontré entre unas carpetas. Y me dije, por qué no. Así que por qué no.


Luis Emilio Guzmán: Decontruyendo el corazón masculino

“Corazón Disléxico” es el debut como novelista del guionista de “Paraiso B”. Un libro honesto y rápido que vacuna y exorcisa algunos de los demonios más frecuentes en la mente de los treinteañeros.


Aunque Luis Emilio (29) no pretende que Corazón Disléxico sea una novela generacional, su deseo hace rato que se le escapó de las manos. Exactamente en el momento en que su libro salió a la venta y consiguió a su primer lector. Ahí dejó de pertenecerle, pasó a ser de dominio público y a convertirse en el reflejo de un tipo de hombre que parece hacer nata en este país. Porque aunque las revistas de moda llenen páginas con el advenimiento del llamado metrosexual como modelo masculino entre los Sub 30 de clase media alta profesionales, lo cierto es que falta mucho para que reinen los supermachos. Les guste o no a las lectoras de la revista Ya, es cosa de hacer un vuelo de pájaro para notar que los treinteañeros solteros están más llenos de temores que de seguridad. Como Luca Mujica, protagonista del libro de Guzman, prácticamente un anti metrosexual. Un tipo que se rinde ante trancas de todo tipo y que es incapaz de abrirse y mostrar sus sentimientos. De decir incluso, “hey, estoy ok, te quiero mucho”.
¿Vivimos con una sobrepoblación de Lucas Mujicas?
-Me mataste. No sé, pobre Andrés Velasco, le vamos a quitar a las calcetineras. Por el bien de las chicas que leen a Consuelo Aldunate, espero que no. Los Luca Mujica son demasiado looser para las autosuficientes féminas de hoy en día. Más auténticos, pero ¿a quién le interesa eso en estos días? A nadie creo, excepto a alguno que otro escritor.
¿Cómo defines la dislexia cardiaca?
-Es la incapacidad total o parcial para conectar el músculo vital con lo que algunos denominan “sentimientos”. Si, es cursi, pero no se me ocurre explicarlo de otra forma. En palabras simples, es el trauma que algunos vivimos cuando queremos decir “te quiero” pero en realidad decimos “igual siento algo”, o la transmutación que sufre la expresión “no quiero estar más solo” para convertirse en un categórico “mejor piola y sin rollos”.
Corazón Disléxico (Editorial Planeta, 2003. 258 Páginas) cuenta la historia de Lucas Mujica, un fotógrafo de 30 años y sus dos mejores amigos, Esteban y Jorge. Mientras Lucas intenta sobrevivir con el conformismo de andar cagado por la vida, Esteban disfraza en su cinismo toda clase de inseguridades y Jorge sólo trata de ser feliz aunque ello sea mediante la comodidad de vivir aferrado a los fantasmas del pasado. Fantasmas éstos que reaparecen como la excusa que usa Guzmán para largar su historia: una invitación a la reunión de ex compañeros, después de 10 años de salidos del colegio.
“Las fiestas de ex alumnos son una tradición chilena casi tan arraigada como odiar al entrenador de la selección cada vez que los ineptos jugadores pierden”, sostiene el autor. “A la vez, es una prueba de fuego para los que lo pasaron mal en el Colegio, que son muchos. Aunque seas un empresario exitoso, con una familia genial, si fuiste un nerd en el Colegio, lo serás por el resto de tus días para tus compañeros. Onda Carrie, del maestro King.
Y que pasa con el miedo al “como hemos cambiado”…
-Eso es lo más entretenido. Ver cuántos matrimonios se han roto, cómo las guatas han crecido y las tetas han caído. El Colegio es una selva, hay que ser duro para sortearla con éxito. Pero con el tiempo uno se da cuenta que también estabas en un oasis, protegido, estudiando tonteras, pero protegido. Si el Colegio es una selva, la vida es una guerra. Es por eso que cada vez que te juntas con los “ex”, estás en tu medio ambiente, seguro. Esa seguridad es lo que une a los protagonistas de Corazón Disléxico. Entre ellos se cuidan las espaldas, y eso con el tiempo se agradece. Lo que les sucede es que en un momento se dan cuenta que ha llegado la hora de dejar la jungla y correr riesgos. Y claro, algunos salen mal heridos, pero otros salen bastante reconfortados.
¿Crees que el gran tema de tu novela es la amistad?
-Es difícil hablar de temas, y más cuando estoy tan metido en la novela. La amistad es un motor de la historia, ya lo creo, pero también creo veo otras bisagras que aparecen, como la lealtad, la soledad y el amor. Al final, todas se unen. Lo que sí tengo claro es que mis personajes están más perdidos que la cresta. Y a partir de esta premisa, establezco mi relación con la escritura y el cine. Yo hago estas dos cosas para sentirme más acompañado, para buscar identificación y comunicación. Uno lee, va al cine a las 11 de la mañana y se sienta solo en una sala porque, en el fondo, lo que buscamos es saber que lo que sentimos, en cierto momento de nuestras vidas, también le puede suceder a otros, estén en Japón, Texas o Ciudad del Cabo. Ese es el motor de las historias, eso es lo que las hace fascinantes.
“Corazón Disléxico” es una historia muy urbana. ¿Cuál es tu relación con Santiago como autor?
-Para mí es esencial. Tengo claro que grandes autores han inventado sus propias ciudades, pero no es lo mío. No me imagino Conversación en la Catedral en otra ciudad que no sea Lima. Y algo parecido pasa con Corazón... Santiago no puede seguir siendo tratado por los artistas como una ciudad de mierda, fome, sucia y sin atractivo. Para ellos: mejor consíganse una beca con sus profesores de taller y váyanse a París, donde el río es cristalino. Yo me quedo feliz en el paseo Ahumada, en los malls, en los cines Hoyts, en San Diego y Huérfanos, en el barrio Lastarria, en el persa Bío-Bío, en Providencia y viendo a la U un día domingo mientras juega con Rangers.

Guiones y literatura, géneros y escritores

Hace un par de meses la Revista de Libros de El Mercurio definió como “Generación Pantalla” a un nuevo grupo de escritores jóvenes que irrumpían en el negocio editorial chileno. El calificativo fue dado porque la mayoría de estos autores reparte su trabajo entre la literatura y el cine. O lo que es lo mismo entre novelas y guiones. Luis Emilio fue incluido en el paquete, obvio, antes de Corazón Disléxico su firma apareció en el guión de Paraíso B, película de la cual también le pertenece la idea original. Es además responsable de la serie policial Justicia para Todos que debiera estrenar TVN el 2004 y revisó los diálogos de Subterra.
¿Qué te pasa con lo de “Generación Pantalla”?
-Las definiciones son una buena treta de nosotros los periodistas para ahorrarnos pegas y no leer a los autores. Lo único que tenemos en común los supuestos integrantes de la llamada “Generación Pantalla” es que trabajamos con guiones. De hecho, creo que tengo más onda con Manuel Rojas que con Alejandra Costamagna, y me siento más cercano a Skármeta o a Edwards Bello que de los que fueron mencionados en ese artículo de El Mercurio, los cuáles, creo que vienen de una vertiente más Diamela Eltit, mientras yo prefiero a Bridget Jones.
¿Cómo se lleva tu lado guionista con el escritor?
Bien. El uno y el otro han sabido convivir. Los dos trabajan con pasión las historias, y por suerte, no se menosprecian, lo que sería una pena. Para mí, un guión es igual de importante que una novela, aunque los tiempos son otros y el trabajo también. Me encantaría ser como William Goldman, un escritor que escribe guiones, ojalá de sus propios libros. Está claro que el guionista solventa económicamente al novelista, pero no hay problema. Algún día la tortilla se dará vuelta.
“Paraiso B” y “Justicia para Todos” abordan el tema policial. ¿Cómo es tu cuento con el género negro?
-Fuerte. Mucho de lo que soy se lo debo a los autores policiales, en especial a Elmore Leonard. Es tal vez el género con el que más he enganchado. Esto no lo digo yo, sino Ricardo Piglia, pero si lo piensas bien, el detective privado es el único personaje realmente outsider que nos va quedando en la sociedad. Vive fuera de los límites que impone la policía, el matrimonio, los hijos y los trabajos de ocho horas diarias. Esa figura, en especial la retratada por tipos como Hamett y Ed Mcbain, es una volada que me apasiona. Lástima que los detectives de la literatura chilena sean medios mamones, que conversen con los gatos o que se crean el rollo de las prostitutas cariñosas de Valparaíso o Cartagena. Eso me suena a cien años de retraso. Lo que hace Leonard es imponer el género con personajes de carne y hueso, actuales y extremadamente cool, que vienen a ocupar la tradición de tipos como Marlowe o Sam Spade, aunque ya sin ser detectives privados. Y para qué hablar de los diálogos y la estructura. Leonard es mi Biblia.
¿Por qué crees que en Chile hay tan poca literatura de género?
-No soy tan pesimista. Hay algunos intentos. La comunidad del cómic, por ejemplo, nos da sorpresas. Honestamente creo que estamos a punto de presenciar el despegue en cuanto a temáticas y géneros, tanto en la literatura como en el cine. Y los que van a estar a cargo de ese despegue son tipos que han visto demasiadas veces Starky y Hutch, Miami Vice, La Guerra de Las Galaxias y Buffy, además de leer a Bukowski a los 14 años. Lo que salga de esas cabezas va a ser demencial, fresco, medio mágico. Van a caer grandes estandartes, que seguirán sobreviviendo con sus becas, sus fondos del Gobierno y sus cátedras en universidades privadas, pero el cosquilleo del hijo –película, video, libro, cómic, teleserie u obra de teatro- no nos lo va a quitar nadie. Y esa sensación será el premio de consuelo que tendremos mientras nos morimos de hambre.
¿No habrá una mirada despectiva hacia los géneros de parte de los mismos autores?
-No sé. Pero un consejo: hay que preocuparse menos de los escritores y más de los lectores. Los géneros van a seguir existiendo por los siglos y los siglos. Son catedrales a las que siempre podremos asistir. Lo interesante, y que me parece se está viendo en la literatura mundial, es cómo mezclamos los géneros. Qué híbridos podemos sacar de ahí. Los Soldados de Salamina, por ejemplo. Huérfanos en Brooklyn, o lo que hace Chuck Palaniuk. ¿Qué es eso? No sé, pero me gusta. Los Detectives Salvajes, del santo Bolaño, al cuál lo único que le falta es su canonización por los mismos que lo odiaban. Por ahí va la mano, me parece.
¿Cuáles son los autores y los libros que te interesan?
-Me carga hacer esto, porque después me doy cuenta que se me fue uno vital. Pero acá vamos, en orden: Auster, Bukoswki, Carver, Cheever, Fitzgerald, Fuguet, Hamett, Elmore Leonard, Richard Price, Martín Rejtman y, por supuesto, todo Vargas Llosa. Con eso hay para entretenerse un rato. ¿Mi libro favorito? Conversación en la Catedral.
Y Nick Hornby. ¿Te compararon con él?
Hornby me interesa, aunque más en su estilo, temas y onda más me raya John Fante, aunque el pobre esté muerto. Y lo de las comparaciones, bueno, es una treta editorial que yo acepto. Además no me molesta, Hornby me gusta. Además comparto con él la pasión por el fútbol. Lo malo es que él sea del Arsenal y yo de la U. Lástima por él.
¿Qué estas leyendo ahora?
-Richard Ford. Volví a él después de años, como hijo perdido después de un carrete con gusto amargo. Siempre tengo algo de Poe para acordarme que se puede ser brillante, entretenido y visionario a la vez. El último de Auster, El Libro de las Ilusiones me gustó mucho, fue como reencontrarse con un viejo amigo que estaba perdido en la zona oscura. También estoy leyendo uno de entrevistas de Cameron Crowe al gran Billy Wilder.
A propósito de Crowe y Wilder, ¿cómo es tu cuento con el cine?
-En palabras simples, soy más amigo de Woody Allen que de Cervantes, más cercano a Scorsese que Borges, tengo más onda con Sofía Coppola que con Gunter Grass. Como dijo un amigo, hay demasiado ADN cinematográfico en mis venas, para bien o para mal. Lo que no quiere decir que no lea. Leo, pero desde que tengo memoria voy al cine. Además, no es casualidad que mis autores favoritos, Fitzgerald o Fante, por ejemplo, hayan coqueteado con el cine y su industria, aunque ésta los haya liquidado.
¿Y con la música? ¿Cómo sería el soundtrack de “Corazón Disléxico”?
-Muy disléxico. Mucho Frank Sinatra y demasiado Springsteen. Cuando me relajaba escuchaba a Calamaro, antes de que se volviera loco. Un poco de Zepellin, Lennon, Stones y Fito Páez, en especial cuando iba en el auto a dejar los manuscritos. Además, música de pelis, como la de Buenos Muchachos, Casino y Moonlight Mile, una joya.

2 Comentarios:

A la/s 12:13 p. m., Blogger metal guru dijo...

¿Y The Replacements no están en ese banda sonora? ¿A qué viene, entonces, la alusióna una canción de Paul Westerberg?

 
A la/s 10:04 p. m., Blogger Alvaro Bisama dijo...

pancho: buena entrevista. Me cayó bien guzmán, a pesar de que la novela no me gustó tanto por diversas razones que no voy a detallar acá. bien sobre todo esa cuña sobre los comics y la revolución inminente aunque agregaría algo: esa revolución es imposible con las casas editoras que tenemos que desprecian los géneros y con las políticas de circulación de los mismos. no sé. más porno y menos gonzalo contreras. más cyberpunk y menos donoso. esa clase de equilibrio. de ahí que la alternativa biográfica no me interese mucho: menos onda y más terror o cosas así. no sé. son días confusos. acabo de releer ghost world de dan clowes y me pregunto si un trabajo de esa concisión y dramatismo es posible acá. eso. saludos.

a.

pd: volviendo al maistream y hablando de marvel, house of m la lleva, igual que runaways.

 

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