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lunes, noviembre 28, 2005

SIN CITY ANTES DE SIN CITY

¿Han visto Ciudad de Dios? Honestamente no compro mucho la parada del nuevo cine latinoamericano, pero esta peli carioca me gusto antes. Puede cazarse con suerte de vez en cuando en Cinemax.

Publicado originalmente el miercoles 30 de Abril del 2003


Ciudad de Dios

Bruta, dura, fuerte, honesta, jugada. "Ciudad de Dios" es uno de los estrenos más potentes del año. El filme se mueve entre la ficción y el documental. Los personajes y las situaciones son productos narrativos, pero el verosímil es de noticiario: aterra, asusta. Desde esta perspectiva la película de Fernando Meirelles y Katia Lund, basada en la novela de Paolo Lins, puede perfectamente funcionar como un documento anti-turístico de Río de Janeiro, pero también es un retrato devastador de las barriadas de la ciudad del Corcovado y el carnaval.
"Ciudad de Dios" es una canción, una crónica, una visión, el retrato de una ciudad hostil cuyos rincones funcionan como un pequeño universo. Ya no se trata de una ciudad que narra en tercera persona lo que le pasa a su gente, sino de una metrópolis que en primera persona sangra a cada balazo.
Cidade de Deus es el suburbio más peligroso de Río de Janeiro, una barriada sin Dios ni ley: no hay lugar para iglesias y la policía es corrupta. La historia parte en la década de los sesenta con dos niños de once años, Buscapé (Luis Otavio) y Dadinho (Douglas Silva), que se conocen en un partido de fútbol callejero. Si Buscapé es tímido, Dadinho es puro fuego. Mientras el primero opta por la fotografía, el otro lo hace por la delincuencia. La historia sigue a ambos personajes a través de los años '70, época en que mientras Buscapé (Alexandre Rodríguez) busca el amor y su identidad como adulto, bordeando la delgada línea que separa la honestidad del crimen, Dadinho se convierte en Ze Pequenho (Leandro Firmino Da Hora), el narcotraficante más temido y respetado de Río. Las vidas de ambos se cruzan, de forma directa y a través de secundarios, y la relación se estrechará en los '80, cuando Buscapé se encuentre en la fotografía profesional y Ze Pequenho ante el destino y el peso que significa ser el capo de la urbe carioca.
"Ciudad de Dios" es una narración de aprendizaje e inocencia. Aprendizaje, porque a lo largo de todo el filme los personajes van educándose en su mundo, aprendiendo al mismo ritmo cómo sacar una foto, los unos, y en qué forma enterrar el cuchillo y controlar la ciudad, los otros. Inocencia, porque a pesar de lo crudo de su universo, ninguno de los personajes la pierde. Esto los hace seguir siendo niños a pesar del paso (y peso) de los años. Simbólico es que tras la ceremonia en que Dadinho se convierte en Ze Pequenho, éste en lugar de crecer descienda a un nivel aún más infantil, a la barbarie del pequeño salvaje; "Ciudad de Dios" se mueve en forma homóloga a "El señor de las moscas" de William Golding: muestra un estado de violencia pura e inocente, retratada en forma notable a través de la presencia secundaria de una pandilla de niños delincuentes que quieren ser parte del régimen de Ze Pequenho para, eventualmente, reemplazarlo.
Con una narración estructurada en episodios, "Ciudad de Dios" es una apuesta valiente que rebosa en virtudes fílmicas. Es cierto que la película transpira una artesanía que a ratos se hace ruda, poco acabada, con ripios, pero estas falencias son honestas con la historia. Funcionan en y con ella. Es un cuento terriblemente humano, en que la ciudad, el calor y la violencia hacen equipo con personajes brillantemente recreados. Más allá de su calidad artística, la película de Meirelles y Lund es una de esas obras a las que uno les cree y como tal tiene ganada casi toda su carrera. Sobre el restante casi, eso depende de la subjetividad y la emoción de cada uno como espectador. Para mí, éste es un filme indispensable.

2 Comentarios:

A la/s 9:03 p. m., Blogger Pablo Acuña dijo...

a mi, sencillamente, me encanto cudiad de dios.

 
A la/s 9:43 a. m., Anonymous Hammett dijo...

Ciudad de Dios es una historia muy buena y detras de todo esto tambien esta Walter Salles, el director de Estación Central y Diarios de Motocicleta. Muy buena pelicula con una narración entretenida y muy cruda. Recomendable para todos los que buscan un buen cine.

 

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