FORTEGAVERSO

sábado, diciembre 17, 2005

UNA NOVELA INCONCLUSA (1º PARTE)

Entre marzo y julio del 2000, fuí parte de un proyecto de Terra.cl llamado Ciudad Virtual. Estaba ubicado en www.cv.cl y en ella participaron gente tan notable y grande como Ernesto Garrat, Marcelo Contreras, Paloma Soto, el Negro Martínez y otros próceres del periodismo pop de la última década. Yo estaba a cargo de las críticas de TV y cómics, pero además publicaba cada quince días una novela por entregas protagonizada por un fanático de los comics. Esta fijación del héroe sirvió para nombrar el arrebato como X-Names o Nombres-X, homenaje obvio a los X-Men. Al final, con la caída de ciudad virtual, cayó también esta novela. Encontré los borradores hace un par de días. Y nada. Este blog me pareció una buena instancia para re-publicarla. Claro, también por entregas.


Nombres-X
-1-

LA VIDA TIENE más vueltas que una oreja, eso hay que tenerlo claro desde un principio. Desde que se abre la página y comienzan a leerse los giros de esta diligencia larga y divertida que tiene que ver con respirar, saltar, correr, reir, llorar y millones de puntos suspensivos apiñados en curvas y líneas rectas como mosquitos cínicos. Ok, vamos por parte, no es necesario acelarse tanto ni bañar todo de una absurda retórica con sabor a cemento. Así que punto aparte.
Un comienzo es algo muy delicado, eso dijo alguna vez la Princesa Irulan. Buena tía esta Irulan. También dijo otras cosas, como el verbo de viajar a cualquier parte del universo sin moverse. Yo también he viajado por el espacio sin moverme, el problema es que en muchas de esas veces no he encontrado el camino de regreso a casa y eso ha sido un poco complicado.
Ya lo dijo Dorothy en "El mago de Oz", no hay nada mejor que casa. Desde hace un buen tiempo creo que Dorothy tenía toda la razón. La verdad es que desde hace ese mismo tiempo he preferido creer que la gente -por muy raro que se comporte- siempre tiene toda la razón. Una posición bastante cómoda, pero siempre he sido cómodo. Una mierda buena onda y concensual que nunca ha quedado mal con nadie. No por nada me escogieron mejor compañero en cuarto medio.
Podría iniciar esto hablando de mi vida, de mi nacimiento y de mi familia. Pero en primer lugar todavía faltan demasiados puntos apartes y también demasiados párrafos para detenerme a hablar de mi familia. Y en segundo lugar, así lo haría si yo fuera Carlitos Dickens y este narrador se llamara David Copperfield. O sea toda esa paja de nací en tal lugar, en medio de tal lugar, bajo tal lugar, con tal lugar. Como Louis en "Entrevista con el vampiro", en fin, ya nos estamos dispersando. Y en plural, con perdón.
Supongo que todo partió el día que me echaron de la universidad, que paradójicamente ocurrio el mismo día que me quitaron los poderes del Capitán Marvel.


CUARENTA Y SEIS MINUTOS después de haberme reunido con la secretaria académica, estaba afuera de todo. Para empezar afuera de la escuela, sentado en el patio, esperando la llegada del anciano hechicero. Si hay algo que siempre odié del viejo, fue su maldita inpuntualidad. Una vez tuve que esperarlo casi dos días afuera de las murallas de Xanadu, cagado de frío por las corrientes de aire que acarreaba el río Alph. En fin, supongo que eso puede perdonársele a alguien que lleva ochocientos años caminando entre los mortales. Arriba, en el cielo, Santiago comenzaba a ponerse gris. Abajo, en el suelo, Santiago hace harto rato que era gris. En un par de horas se iba a largar a llover.
La reuníón había sido más rápida de lo pensado. La secretaria académica me tuvo casi una hora adentro y en todo ese lapso se limitó a mirarme cuatro veces a los ojos. 1.cuando me dijo que entrara, 2.cuando empezó a leer mi carta de apelación, 3.cuando me dijo lo que me pensaba de mí y 4.cuando escuchó lo que yo pensaba mí. Por mi parte yo la miré mucho más de tres veces. Siempre me había parecido una mujer guapa, con un delicioso aire a chica cosmopolitan arrepentida, pasada por el colador del Opus Dei. Había algo en su forma de hablar, de mirar y de moverse, que sé yo... supongo que siempre me han gustado más las mujeres mayores que las pendejas. Desde chico era así, prefería a las amigas de mi mamá que a las de mi hermana. En otras palabras -y en código de modisto- prefiero el traje de secretaria, o de empleada pública, a un jumper hiperajustado en un cuerpo en crecimiento.
-¿Y que vas a hacer?-, me preguntó ella.
Levanté los hombros.
-Mira, yo igual voy a defenderte ante la comisión y apelar por ti. Pero la cosa está bien difícil.
Levanté los hombros.
-¿Estás seguro que esta carrera es para tí?
Levanté los hombros.
-Te lo pregunto porque en tu carta hay puras disculpas, pero ningún compromiso a cambiar en un futuro.
Levanté los hombros.
-Nada que me diga a mí o a la escuela, por qué tenemos que defenderte y dejarte seguir aquí. Sinceramente yo prefiero que te vayas. Creo que es saludable para todos y sobre todo para tí.
-Entonces mejor me voy.
Y me fui. Para siempre, aunque algún pedante diga por ahí que nada es para siempre.

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