FORTEGAVERSO

viernes, diciembre 09, 2005

VIAJE A LAS ESTRELLAS

Yes, ok, fui a la entrega de los premios EMMY. Me codeé con famosos, busque a las chias de LOST, algunos me pescaron, pa`otros fui apenas un mal chiste. Cosas que pasan en la ciudad de las estrellas. Pero conocí Hollywood asi que puedo morir en paz.

Este texto fue publicado en revista VIVE de VTR, edición Noviembre del 2005.


Ganaron un EMMY un día

Sabado 17 de septiembre, 2005. 07:00. LAX.
El aeropuerto de Los Ángeles –LAX– se parece al antiguo Pudahuel, pero multiplicado por mil. No es un lugar amable, donde uno se sienta bienvenido. Todo lo contrario, parece un hangar militar, como sacado de una mala película de ciencia ficción, donde supuestamente los militares esconden platillos voladores y viajeros de otros mundos. Área 51, le dicen.
No conozco Los Ángeles –LA–, así que no me atrevo a salir. Supuestamente iban a venir a buscarme de Sony, ellos invitaron, pero no hay nadie afuera. Ni un solo cartel con mi nombre. LA está nublado y caluroso. Taxis verdes y amarillos ofrecen descuentos al downtown, centro de la ciudad. Rebobinemos: estoy en LA, junto a una periodista de La Tercera y a otra de El Mercurio para cubrir la 57ª entrega de los premios EMMY. Se supone que mañana estaré rodeado de glamour y luminarias, por ahora sólo hay cemento y calor. La colega de La Tercera me cuenta que nadie va a venir a buscarnos, pero que ella sabe cuál es el hotel. El taxi entre tres sale barato. Será. Repito, no conozco la ciudad.
Sábado 17 de septiembre, 08:00. Century City
Dicen que Los Ángeles se parece a Santiago. Mentira, se parece a Chile. Es una ciudad larga y estirada, unida por carreteras, enmarcada entre el océano Pacífico y cordilleras nevadas. Con bosques verdes y eternos al sur y desiertos por el norte. Una ciudad inhumana, sin peatones, ni gente normal. Todo es bajo y largo, con algún helicóptero en el cielo y limusinas aparcadas en esquinas abandonadas. LA es la locación perfecta para Tarantino o las novelas de Elmore Leonard, no para vivir en ella. LA no es una ciudad, sino una suma de ciudades. Como Century City, donde queda el hotel, una calle larga enmarcada por dos torres gemelas, el rascacielos del canal Fox, un centro comercial y una seguidilla de hoteles que tratan de imitar la arquitectura colonial española. Me dicen que estamos a pocas cuadras de rodeo Drive y Beverly Hills, pero que si queremos ir tomemos un taxi. En LA todo se hace en taxi.
Lobby del hotel, me registro y pregunto si estará listo mi smoking. “¿Qué smoking”, me pregunta una señorita. Le explico que días antes había llamado desde Chile pidiendo que me tuvieran un smoking. Paréntesis. Horas previas a la salida desde Santiago, me llamaron para decirme que a los EMMY era requisito asistir con smoking. Reglas son reglas. Arrendar un tuxedo en Chile por cuatro días salía un ojo de la cara. LA por un día, también, pero es más conveniente. Me dicen que lo van a solucionar. Le digo que eso espero y compro una limonada en una pequeña tienda junto al hotel. Un país que toma tanta limonada, no puede ser un país malo. Regreso al lobby, me tienen la solución. Mañana a las 11 de la mañana, tengo que estar en equis dirección en Westwood Boulevard donde me tendrán lo que necesito. Será. Preguntando se llega a Roma. Yo no quiero llegar a Roma.
Agarro una guía turística, paro un taxi y le digo que me lleve al Muelle de Santa Mónica. El taxista es ruso, no entiende mi inglés chileno, yo no entiendo el inglés ruso suyo. Gasto lo que queda del sábado comiendo hamburguesas, comida mexicana y caminando por Santa Mónica. Tiendas por la derecha, playa y mar por la izquierda. Mañana serán los EMMY. Sesenta y tantas estatuillas bañadas en otro se irán con su dueño. A las 10 de la noche estoy de vuelta en Century City. Afuera de mi hotel hay un Ferrari F50 estacionado. Primera vez que veo uno de tan cerca.


Domingo 18 de septiembre, 10:30. Westwood Boulevard
La calle es como de una serie setentera, mezcla entre Starsky & Hutch y el clip Sabotaje de Beastie Boys. Seis pistas, parquímetros abandonados, sedanes Chevrolet de 1969 y Lamborghini Countach 1985 en las esquinas. Poca gente en las veredas. Nada de gente en las veredas. Me contaron que en LA no había peatones. Es cierto.
Se supone que a las 11 tenía que estar en Tuxedo Stars, una tienda que arrienda smoking para eventos especiales. Decidí llegar con media hora de adelanto para salir rápido del trámite. Error. Si un gringo te dice a las once es a las once. Aproveché los treinta minutos de espera para dar una vuelta por los alrededores. La sequedad de Westwood Boulevard cambia totalmente a la vuelta de la manzana. Mucho verde, palmeras y casas. Otro mundo, la ciudad de las estrellas. Busco el cartel de Hollywood, no aparece por ningún lado. A las once arriendo un smoking simple, zapatos negros, humita y vuelo al hotel en otro taxi de cuarenta dólares. A las tres de la tarde tengo que estar al otro lado de la ciudad, con look pingüino, acechando a famosos en la alfombra roja. Bueno, eso creía.
Domingo 18 de septiembre, 15:00. Shrine Auditorium, LAUn dirigible amarillo flota sobre el cielo azul y caluroso del sur del downtown de LA. A lo lejos se ve la mole alta y cilíndrica de la Torre del US Bank. La reconozco porque no sólo es el rascacielos más alto de la ciudad, también el primero que hacen pebre los marcianos en El Día de la Independencia y esa película la he visto por lo menos treinta veces. Pasa. Seis policías me detienen cuando quiero ingresar a la alfombra roja.
–Soy prensa– me defiendo, mostrándole la credencial.
–Pero prensa básica, usted debe dar la vuelta y entrar por la parte de atrás del teatro–, me contesta indicándome el general press de mi credencial.
Dato: Para entrar por la parte de atrás del teatro hay que seguir las instrucciones de seguridad. O sea, caminar tres cuadras hacia el este, dar vuelta tras un estadio de soccer y luego volver al teatro pero por el otro lado. Cuarenta minutos de caminata a 30 grados vestido con smoking. Y las sorpresas no paran.
Cero alfombra roja. Prensa básica se va atrás del teatro, bajo una carpa de lona, con grandes mesones ordenados por cada medio acreditado. Revista VIVE está junto a la de La Tercera, en el lado izquierdo de la tarima de presentaciones.
–Usted no está autorizado para llevar una cámara– me dice un guardia.
–Es turística, no voy a usarla– le digo. Me cree. Es lo bueno de los gringos, valoran mucho la palabra de uno.
Faltan dos horas para el lanzamiento y ningún famoso. No hay mayor diferencia entre los EMMY y reportear una elección política, pienso mientras leo por tercera vez el libro oficial de la ceremonia, que nos regalaron al llegar.


Domingo 18 de septiembre, 16:50. Shrine Auditorium, LA
Tom O´Neil, gurú de la televisión gringa, entra a la sala de prensa. Da la bienvenida a todo el mundo y anuncia que en cinco minutos empezará la ceremonia. Tras eso, comienza a hablar de lo que vendrá y entrega sus vaticinios. El sujeto sabe muy bien de lo que está hablando. Es como una enciclopedia viviente del mundo de las series. Según su opinión, el drama vencedor será Lost, no sólo le ha ido bien, sino que la academia ama a J.J.Abrams. Y en comedia, la lógica indicaría a Desperate Housewives, pero los críticos adoran Everybody Loves Raymond, que tiene el plus de haber cerrado su último año de producción.
Una jauría de reporteros asaltan a O`Neil cuando baja del estrado. Me cuelo entre ellos.
–¿Cómo se ve la temporada 2006 que acaba de comenzar?–, le preguntan.
–Recién inicia, no hay mucho que decir. Pero lo sobrenatural, lo extraño está mandando entre las nuevas series.
–Alguna favorita.
–Invasión. Es indudable que estamos ante el nuevo Lost.
Domingo 18 de septiembre, 17:01. Shrine Auditorium, LA
Nos avisan que la ceremonia se atrasará diez minutos. Busco algo que comer y salgo a caminar fuera de la carpa. Junto a ésta hay un estacionamiento lleno de limusinas y autos de lujo. Helicópteros de LAPD (Policía de Los Ángeles) sobrevuelan vigilando que a nadie se le ocurra reventar una bomba y matar a doscientas celebridades. Los autos tienen nombre. Uno de los helicópteros roza las torres más altas del teatro. Me acuerdo de Relámpago Azul, filme ochentero protagonizado por un súper helicóptero de la policía angelina. Leo: Michael J. Fox, William Petersen, Marg Helberger. Esto va a estar bueno.
Me fijo que al lado de la carpa de prensa hay otra, custodiada por guardias gigantes. Pido permiso para mirar. Me lo dan. Es un pasillo largo, lleno de mesitas con copas y botellas de champaña. A cada lado de esta vía hay pequeños estudios de las principales cadenas de televisión americana. El primero de todos es el de E!. Me acercó y veo. Dentro están maquillando a Giuliana DePandi, la flaca mujer ancla de E! News Daily. Otro guardia me pide que salga. Lo hago.
Domingo 18 de septiembre, 17:10. Shrine Auditorium, LA
Estoy de vuelta junto a mis colegas. En una pantalla gigante aparece Ellen Degeneres, anfitriona del evento. Ella es divertida, pero la ceremonia es como todas las ceremonias gringas, grande como un portaaviones nuclear. Excesivamente luminosa, con un humor que a veces está de más. Como sea, hubiese preferido mil veces estar en el teatro, pero no se puede. Esto es como el living de mi casa, pero rodeado de extraños y vestido de etiqueta. Y faltan tres horas. No es por nada, yo quería un poco de glamour y sólo tengo… A William Shatner delante de mí. El capitán Kirk, el hombre que viajó en la nave USS Enterprise, donde ninguno antes había llegado, acaba de ganar el EMMY a mejor actor secundario de drama por su rol en Boston Legal. Es el primer famoso realmente famoso que veo en mi vida. Chico, gordo y colorado. No es ninguna gran cosa, pero el tipo fue quien viajó a las estrellas. Y eso es lo que vale. Se presenta ante la prensa, dice un par de palabras, contesta tres preguntas y desaparece. Me paro a sacar una foto. Un guardia me detiene.
–Tómela desde donde usted está– me indica.
La tomo desde donde estoy.
Domingo 18 de septiembre, 19:20. Shrine Auditorium, LA
La cuenta sigue. Como puedo fotografío a Patricia Arquette que acaba de ganarse el EMMY a la mejor actriz secundaria por Medium. Delante aparece Ted Casablanca de E!, que le pregunta su opinión respecto de que Jennifer Love Hewitt haya estrenado una serie (Ghost Whispered) que es copia de la suya. Patricia no responde. No es tan flaca como la imaginé, de hecho es bastante normal. Y fome. Sonríe. Evade preguntas y desaparece. Ted Casablancas es como un Jordi Castell gringo, trato de acercarme para sacarle una cuña pero me trata como insecto tercermundista. Vuelve a su lugar en primera fila. A mi me ordenan regresar a mi puesto y no sacar fotos.
Tony Shalhoub se lleva el galardón a mejor actor de comedia por Monk. Es un tipo bajo, con cara de buena persona. Mi compañera de La Tercera le hace una pregunta, que no responde porque no entiende. Luego de la ronda de cuestionarios, se acerca al mesón de Chile y nos pide disculpas por no entender. Con más sujetos como él, este planeta sería un mucho mejor lugar.
Hugh Jackman gana el EMMY a mejor anfitrión de programa de variedades por los Tony Awards del 2004. El tipo es canchero y se sabe una estrella. Aparece con patillas y el pelo desordenado, con su look de Wolverine, el personaje que lo hizo famoso. Alguien le pregunta si anda así por su rol en X-Men 3, pero Jackman responde con evasivas. No puede decir más por contrato. Le tomo una foto. Posa. Es posero. La totalidad de las mujeres presentes suspira. Dan ganas de ser Hugh Jackman. Hay un alto de cinco minutos. Me levanto a estirar las piernas y salgo de la carpa. Casi choco con William Shatner.
–¿Puedo sacarme una foto con usted?
–Esto es para profesionales, no para fanáticos.
–Gracias capitán– sería todo.


Domingo 18 de septiembre, 21:20. Shrine Auditorium, LA
La cuenta regresiva ha llegado al final. Anuncian el EMMY a la mejor serie dramática. Tom O´Neil da en el clavo. Gana Lost. Prensa se viene abajo, todo el mundo es fan de la serie de los náufragos. Después de los aplausos, J.J.Abrams, el creador de la serie aparece junto al elenco masculino. Matthew Fox, Naveen Andrews, Dominic Monagham, Terry O’Quinn, Josh Halloway, Daniel Dae Kim y Jorge García, el chileno gordo del elenco. Monagham dice que la química del elenco le recuerda al que tuvo con sus socios de El Señor de los Anillos. Debe ser verdad, andan juntos para todas partes, de hecho comparten la misma limusina Hummer de casi treinta metros de largo. Se abrazan e invitan a todo el mundo a la fiesta. Luego llegan las musas. Maggie Grace (Shannon), Emilie de Ravin (Claire) y Evangeline Lilly (Kate). Los flashes caen sobre ellas. Trato de fotografiarlas, me paran. Quiero una foto con Evangeline. O una de Evangeline.
–Jorge–, le grito al gordo chileno. Se detiene. Habla en español. Conversamos dos palabras. Está apurado. Quiere celebrar con sus amigos.
–Invítenme a Chile–, dice antes de desaparecer, junto al resto del elenco de su serie. Lo sigo, tratando de hablar un poco más con él. Antes de darme cuenta he cruzado la puerta de la sala de prensa y estoy bajo las luminarias de la fiesta preparada por los canales. Nadie me dijo nada. Pasé con al gente de Lost, detrás del gordo. Estoy en un crisol de luces de colores, luminarias locas, famosos por todos lados, cámaras y rostros de la televisión gringa. Miro sin creer lo que pasa. Me quedo en una esquina, tratando de sacar fotos sin que nadie me vea. Rachel Bilson de The OC se para a mi lado, saluda a alguien y se va. Es una niña. Busco a Evangeline para la foto de fan, pero todos quieren un pedazo de ella.
–Tiene fuego–, me pregunta James Spader y no es chiste. Boston Legal le dio su segundo EMMY por actor dramático. Le digo que no y quiero preguntarle por qué le acomodan tanto los roles de sujetos cínicos y algo perversos. Sólo le doy felicitaciones por el EMMY y continúo tras Evangeline.
Terry O`Quinn, Locke en Lost se fija que lo estoy mirando. Me hace un gesto amable. Esto es muy raro. Es como sentirse parte de un mundo al que definitivamente nunca perteneceré. Otro planeta. Nunca en mi vida me había sentido tan extraterrestre como bajo esas luces. Si doy un paso me pongo rojo. Necesito salir de ahí. A tomar aire.


Domingo 18 de septiembre, 22:10. Shrine Auditorium, LA
Salgo de la fiesta a tomar aire con una copa de champaña en la mano. De smoking y con un trago largo parezco lugar común de película de James Bond. Afuera, encerrado en una limusina, Adrian Grenier, protagonista de Entourage, se toquetea con una chica. Trato de ver quién es ella, pero el ángulo no me deja. Sólo veo sus manos. Es como una escena de Entourage. Jason Lee, ídolo de las películas de Kevin Smith, promociona su serie My Name is Earl. Le sonríe a unas señoritas, sube a un deportivo y abandona el evento.
Eva Longoria, la más chica de las Desperate Housewives aparece con un cigarrillo en la mano. Está un poco borracha y se ríe con un grupo de amigas que no tengo idea quienes serán. Es chiquitita, casi un metro y medio y muy flaca. Yo tengio más curvas que ella, me parece exagerado que la revista Maxim la haya elegido la mujer más sexy del año. Si ella es sexy yo soy… bueno. Dos periodistas gringos la cercan y yo me acerco. Le preguntan si es cierto que todas odian a Teri Hatcher.
–No, la amamos– responde entre risas.
–¿Qué opinas que todas tus colegas hayan sido nominadas al EMMY excepto tu?
–No respondo a esa pregunta.
–Es verdad que las Desperates se odian.
–Nooooooo–, estira.
Una de mis colegas chilenas se acerca y le pregunta sobre su rol como belleza latina en la televisión prime time gringa. No entiende la pregunta y agrega que le gustan las telenovelas mexicanas.
–¿Ubica a Don Francisco?
–¿El animador gordo de Sábado Gigante en Miami?
–El mismo.
–Me cae mal.
–¿Otra pregunta?
–No por favor, tengo que irme.
Y con una sonrisa desaparece hacia una esquina, donde la espera Gary Dourden, el muchacho de color de CSI.
Otra limusina. Otra vida.

Domingo 18 de Septiembre, 23:50. Shrine Auditorium, LA
Sigo afuera. Una chica rubia y linda está sentada a mi lado. Soy tímido, tengo novia y prefiero no hablarle. Sonríe, de pronto se va y desaparece. Todas las mujeres en esta ceremonia sonríen y se van.
–¿Por qué no la entrevistaste?– me dice mi compañera de La Tercera.
–¿A quién?
–Ortega, estuviste cinco minutos junto a una estrella y ni siquiera le dijiste hola, soy de Chile.
–¿Quién era?
–Cómo que quien quién era. Que no editas una revista de TV Cable. Estabas sentado con Kristen Bell, la heroína de Veronica Mars y no te diste cuenta.
Ni siquiera contesto, a estas alturas ya estoy hiperventilado.
Faltan cinco minutos para la medianoche. LA sigue tan calurosa como a las tres de la tarde y aún quedan helicópteros en el cielo. Ha sido un largo día. Los ganadores se fueron felices, los periodistas también.
–Yo vuelvo al hotel–, le digo a mis compañeras. Me quito la chaqueta del smoking y busco la salida del teatro. Por una puerta aparece Glen Close con su marido. Todos corren donde ella, ya sólo necesito otro taxi de 40 dólares y la cama de mi hotel en Century City, que cool suena eso.

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