FORTEGAVERSO

jueves, abril 13, 2006

LA FIESTA INTERMINABLE
Una película para conseguir este largo y frío fin de semana: 24 Hour Party People. ¿Razones? Puede servir esto que escribi para su preestreno en el Sobras Film Festival del 2003.

Publicado en el programa del Sobras Film Festival, 2003.

Todas las fiestas del mañana

Primero el dato: el título no es mío; primero fue de Lou Reed, el músico, luego de William Gibson, el novelista. Segundo la historia: el año debe haber sido el 88 o el 89, en algún lugar del sur de Chile. La más tarada melomanía del universo, cuatro freaks tirados en una alfombra, cambiando casetes en un minicomponentes IRT de doble bandeja y 40 watts de potencia por parlante. Otro tiempo, otro lugar. Ni tan distinto a éste, las apariencias a veces engañan. Un casete tras otro, una canción tras otra. ¿Qué era mejor: New Order o Depeche Mode? Confieso que nos lo preguntamos más de una vez. Obvio que la comparación era inútil; de pendejos, de ociosos, de pegados, de todas las anteriores y ninguna a la vez. Pero a la distancia no suena tan tonta. Sucedía así y punto, no había ni hay que darle más vueltas. Al final siempre ganaba Depeche Mode. Concluíamos que New Order tenía mejores singles (era que no), pero Depeche Mode más actitud como grupo. Es verdad, entonces no sabíamos mucho de New Order, menos de Joy Division su encarnación previa, salvo que cantaban “Blue Monday” y habían firmado “Technique”, el casete de la carátula rosada que acabábamos de conseguir. De Depeche en cambio conocíamos hasta el día en que David Gahan había perdido la virginidad. Datos de fans, conocimientos honestos. Con todo era fácil pecar de ingenuos, nadie podía ni puede declarar que New Order fuera una banda con problemas de actitud. Es como decir que el Challenger tuvo un pequeño problema al despegar.
¿Y qué tiene que ver lo anterior con “24 Hour Party People” –a partir de ahora “24HPP”-? Nada. Bueno nada y mucho, partiendo y terminando en el nombre de New Order. Sucede que me pidieron tirar líneas sobre esta película y andaba con bloqueo mental, así que me acordé de algo que había leído en “Mientras Escribo”, esa suerte de manual de redacción que Stephen King escribió para aprendices de escritor. Dice King que cuando uno está en problemas para entrar a un relato la mejor forma de abrir es reconstruyendo algún recuerdo personal, ligeramente relacionado con lo que vas a escribir. Como a todo el mundo le a pasado algo así se logra complicidad con el lector y de postre se ganan caracteres y líneas en el combate contra la hoja en blanco.
“24HPP” es una película, pero también un rockumental, o para ser exactos con los puristas un “popumental”, que reconstruye de una manera sentida y honesta una de las etapas más exquisitas en la historia de la música popular británica. El relato del nacimiento, auge y bajada de Factory Records, sello que hizo de Manchester, decadente ex capital industrial del Imperio Britanico, cuna de la mayor explosión musical vista en la isla desde que los Beatles salieron de Liverpool, curiosamente su ciudad hermana. Pero ojo, la gracia es que no se trata de un filme frío, contando como una especie de “Behind the Music” con más presupuesto y acento inglés, sino de una narración con estructura dramática, personajes bien delineados y sobre toda una confesionalidad que la hace fácil de enlazar con el personaje de John Cusack en “Alta Fidelidad”, cinta hermana no sólo en el amor a la música que ambas destilan, sino en la forma como sus personajes nos meten en “su” cuento.
La historia parte en 1976, el día en que Tony Wilson (Steve Coogan) vio a los Sex Pistols en vivo en un pequeño teatro de Manchester. No habían más de quince personas en el local, pero estaban los que tenían que estar. Algunos que entendieron lo que estaban viendo y escuchando, como el propio Wilson e Ian Curtis, futuro líder de Joy Division, y otros que no captaron nada como Mick Hucknall (Simply Red). Es como Cameron Crowe, relatándonos a través de los ojos de Patrick Fugit como se convirtió en reportero de Rolling Stone, diciéndonos en cada rollo de película porque nos gusta la música, porque somos freak y porque cada vez que escuchamos "Love Will Tear Us Apart" seguimos con los dedos la línea de bajo de Peter Hook
La película lleva por titulo una frase de una canción de The Happy Mondays que nos invita a ser participes de una fiesta. ¿Pero qué clase de fiesta? Celine decía –o escribía- que entre las fiestas y la guerra no había mucha diferencia. Ambas son campos de batalla, en ambas se disparan salvas de artillería para sobrevivir. Y es cierto, la fiesta de “24HPP” no es precisamente una celebración feliz, es una celebración que gira en torno de las vidas de un buen tipo que como dije más arriba, un día tuvo una idea y decidió darle forma. Claro, tuvo la gracia de que su idea trasformara la música inglesa para siempre. El precio fue caro, no fue una fiesta brillante, fue oscura, laberíntica, con sexo y drogas por un lado, con lágrimas, traiciones y muerte por otra. En los precios y pesos de la vida, como en la brillante “La Hora 25” de Spike Lee, se sudan toneladas de dolor y Wilson lo tuvo más que claro. El organizó e invitó a la fiesta, se la sufrió, la sangró, la levantó y la dejo flotar, nosotros apenas nos dedicamos a bailar. Cada canción, claro, como tenía que ser. Es la ventaja de estar lejos, disfruten el disco.

1 Comentarios:

A la/s 3:52 p. m., Blogger Oscar Z. Oliva dijo...

Buena película. Después de verla por segunda vez, anoté varias frases. La que más me quedó en la mente es cuando Tony va en el auto, después de que fuera dejado por su novia.
Tony: "Fitzgerald used to say that americans life have just one act..well this is Manchester"

Algo así, creo.

 

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