FORTEGAVERSO

miércoles, octubre 06, 2010

EL ETERNAUTA OESTERHELD


EL DESAPARECIDO HGO
por Manuel Rivas


Un caso estremecedor de aniquilamiento de una familia de gente progresista, de artistas. Entre 1976 y 1978, los militares de la tétrica dictadura argentina persiguierion, secuestraron, torturaron y asesinaron a Héctor Germán Oesterheld –el fantástico guionista de ‘El eternauta’, un personaje que creó escuela y ya es todo un clásico del cómic– y sus cuatro hijas. ‘El eternauta’ fue su gran creación premonitoria del horror.

En el lenguaje de El Eternauta, Héctor Germán Oesterheld (HGO) cumple ahora 87 años. Hijo de padre alemán judío y de madre vasco-española, HGO nació en Buenos Aires el 23 de julio de 1919. No hay fecha para su muerte. En la historia dramática de la humanidad, tal vez el eufemismo más terrible es el de "desaparecido". El dictador argentino Videla es autor del siguiente aforismo: "No están vivos ni muertos; están desaparecidos". HGO es un desaparecido. El número 7.546 (en la lista Conade, Comisión Nacional de Desaparecidos). Se sabe que en la Nochebuena de 1977, sus captores le dejaron cinco minutos de visión, sin capucha, que saludó uno por uno a sus compañeros de cautiverio y que cantó con un joven detenido-desaparecido la canción Fiesta de Joan Manuel Serrat. De forma premeditada, sus hijas también fueron hechas desaparecer, por este orden: Beatriz (19 años), Diana (23), Estela (24) y Marina (18). HGO es uno de los más extraordinarios creadores de aventuras del siglo XX. Cambió el perfil del héroe. El Eternauta, su principal creación, una estremecedora ficción premonitoria, atraviesa las fronteras políticas y de los géneros literarios y se erige en un clásico para mayor número de lectores cada día. Una obra homérica del cómic que interpela al género humano.

Lo dijo El Negro

"Después de leer a Oesterheld ya no admitiríamos leer cualquier cosa". No lo dijo cualquier crítico boludo en un rapto magnánimo. Lo dijo El Negro. Lo dijo Roberto Fontanarrosa. Respetado por cualquier barra, canallas o bostas, y en cualquier cancha de fútbol o literatura. Incluso al fondo y a la izquierda, en cualquier redacción, donde se suelen sentar los censores. Y los cínicos. Eso lo dijo Enrique Medina, lo del lugar donde se sientan los censores. Tuvo el valor de ir allí, a la oficina de censura, justo antes del golpe, a preguntar por su libro Las hienas, qué puntería. Y después recibió una llamada de teléfono: "¡Sos boleta!". Qué manía con los eufemismos. El miedo que meten los eufemismos. Mejor que te digan: "Se te ha acabado el permiso del enterrador". Bueno, a lo que íbamos. Hay dos factorías maravillosas en la historia de Argentina: el fútbol y la historieta. El Negro Fontanarrosa era un experto en ambas. Creo que el mejor cuento de fútbol que leí fue la historia de Cardaña, el número 5 del Peñarol, primero apodado El Hombre y más tarde, con mayor precisión, El Hombre de Neanderthal. Cardaña, bruto y sentimental, va a visitar por caridad al hospital a un niño en estado grave y aquel hincha botija, con los días contados, recibe al ídolo como se merece: "¡Hijos de puta! ¿Cómo pueden perder con esos chotos del Nacional?". Así era El Negro escribiendo. No cedía ni un centímetro. Ni una lágrima gratis. Fue él quien vino a decir: "Y después de Oesterheld, ¿qué?".

Escribir como un loco

Cuando estudiaba geología en la universidad, ya trabajaba de corrector y escribía historias como un loco. Cuando trabajaba como especialista en "oro y platino" para el Banco de Crédito Industrial de la República Argentina, hacía notas de divulgación y escribía historias como un loco. Cuando andaba por los montes y las llanuras como un Robinsón Crusoe escribía historias como un loco. Le ofrecieron trabajar en Pato Donald y aceptó, porque no era un apocalíptico de la cultura y lo que le gustaba era escribir historias como un loco. Y escribió literatura infantil, mucha con el seudónimo de Sánchez Puyol. Fue un tiempo de esplendor para el género en la Argentina de los años cuarenta y cincuenta, con Gatitos y Bolsillitos. Le gustaba escribir para la infancia. "Siempre al bebito se le trata como tonto". Sería también una edad de oro para la historieta argentina, cuando fundó con su hermano Jorge la editorial Frontera y con dos publicaciones periódicas que harían historia. Hora Certo y Frontera rondaban los 100.000 ejemplares. ¿Y qué hacía HGO metido en la industria cultural? Escribir como un loco. En treinta años, los guiones para al menos 150 series de historietas en los que colaboró con medio centenar de dibujantes. Siempre prolífico y exigente. ¿Por qué eligió la historieta? ¿Podía haber sido un gran escritor? Es muy enriquecedor hablar con Martín Mórtola y Fernando Oesterheld, sus nietos. "Quería romper ese dilema tramposo de alta y baja cultura. No tenía prejuicios elitistas. Quería llegar a la gente y no lo consideraba incompatible con la calidad. Ésa es otra de las lecciones de El Eternauta, una obra de vanguardia que llegó a la gente, una gran aventura, y una literatura extraordinaria". Guillermo Saccomanno, en Escritura y memoria, plantea un sugerente paralelismo: "Si el Martín Fierro, un poema criollo y popular, pudo plantarse como la gran novela fundadora de nuestra literatura, ¿por qué no tirar de la cuerda y afirmar lo mismo de esta historieta que se llamó El Eternauta?". Borges estaba cautivado por el universo Oesterheld. Además, HGO era un extraordinario suministrador de ciencia-ficción… Y no tan de ficción. "Leía las revistas científicas más avanzadas de todo el mundo", recuerda Elsa Sánchez, su mujer. Llenó Argentina, y otros países, de gente interesante. Ray Kilt, Sargento Kira, Indio Suárez, Bull Rocket, Ernie Pike, Ticonderoga, Randall the Killer, Sherlok Time… Y el grupo, el héroe colectivo, de El Eternauta. Cuando pasó a la clandestinidad, y se sabía perseguido por Los Ellos, ¿qué hacía Oesterheld? "Escribir como un loco". Lo cazaron, lo hicieron desaparecer, lo chuparon. ¿Qué hacía Oesterheld? Ana María Caruso, desde el cautiverio del centro clandestino de detención llamado Sheraton, consigue escribir una carta que figura en el informe Nunca Más de la Comisión Nacional de Desaparecidos: "Ahora está con nosotros El Viejo, que es el autor de El Eternauta y El Sargento Kirk. ¿Se acuerdan? El pobre viejo se pasa el día escribiendo historietas que hasta ahora nadie tiene intenciones de publicarle". Escribía como un loco.

Barro en los borceguíes

Nadie que haya leído El Eternauta admitiría leer después cualquier cosa. Le habrá cambiado la mirada. Es una de esas obras que responden a la demanda de Kafka, la de "morder en la estupidez". O a la de Cioran: "Un libro ha de ser un peligro".

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martes, marzo 02, 2010

LA REVANCHA DE LAS HISTORIETAS


Las editoriales renacen de la mano del manga, viejos éxitos y el talento local. Radiografía de un sector que supo ser de consumo masivo.

Por Francisco de Zárate
En 1957 un manto blanco se posó sobre una Buenos Aires invadida por extraterrestres y marcó el que para muchos fue uno de los momentos cúlmines del cómic local. Juan Salvo, El Eternauta, daba su primer paseo frente a los cientos de miles de argentinos que, antes de la popularización de la TV, consumían sus aventuras en el kiosco y con forma de revista de historietas.

Después de varias metamorfosis, que incluyeron su casi completa extinción durante la convertibilidad, la industria local del cómic vive años de recuperación: 240 publicaciones en 2009 o, lo que es lo mismo, 24 veces los 10 títulos que vieron la luz durante 1999, según el portal Librosar de la Cámara del Libro.

A la ya clásica razón del fin del uno a uno, que favorecía la importación y dificultaba la edición local, hay que sumarle, en el caso del cómic, otros factores. El primero de ellos, el imprescindible, es la reserva de talento. Como recuerda Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor (publica Mafalda y Gaturro, entre otros hits), la escuela de historietistas que en la Argentina aprendieron de maestros como Alberto Breccia y Hugo Pratt en aquella edad dorada de mediados del siglo XX, no dejó de evolucionar, aunque “en los años 90, para sobrevivir, muchos tuvieran que trabajar para el exterior”.

El espaldarazo de los medios de comunicación, con las colecciones de cómics que en los últimos años distribuyeron los diarios Clarín y La Nación, y la reaparición en 2006 de la revista especializada Fierro, también contribuyeron al resurgir, según Luciano Brom, del festival Viñetas Sueltas. El festival, uno de los referentes del sector junto con Animate y El salón del Cómic, es otra prueba del auge: “En 2009, tuvimos 10 exposiciones de autores; un año antes, sólo habían sido 4”.

Aunque a los de la vieja escuela les duela, el otro gran responsable es el cómic japonés. Lo que se conoce como manga, que con una estética común agrupa géneros narrativos muy diversos, es el gran motor del crecimiento. En las cuentas de La Revistería, una de las principales distribuidoras, representa el 70% de las ventas, seguido por el cómic estadounidense de superhéroes y por la historieta nacional, que se dividen a partes iguales el resto. Para lo que llega de Europa sólo quedan migajas, algo que Ricardo Villareal, de La Revistería, se explica porque “casi todo se imprime en España y es demasiado caro”.

Si este problema no afecta al manga es porque los japoneses no tienen inconveniente en ceder los derechos y permitir que editoriales argentinas traduzcan, adapten e impriman sus historias. Nicolás González, de la editorial Larp, explica por qué: “Todos los licenciatarios del mundo, incluyendo EE. UU., no llegamos al 2% de sus ventas en Japón”.

González es el responsable de introducir en el país a Naruto, el personaje que heredó de Dragonball (Ed. Ivrea) el primer lugar en el corazón de los aficionados. En su opinión, el género triunfa porque, a diferencia de los superhéroes estadounidenses, construye a sus personajes en torno al concepto “gente común con una habilidad especial”, lo que facilita la identificación: “Nosotros comenzamos en 2008 con 1.000 libros al mes y un año después ya estábamos en 7.000”.

Claro que otra diferencia entre el éxito del superhéroe y el del hombre común es, de nuevo, el sistema de licencias: la gigantesca DC (Batman y Superman) vendió los derechos en español para todo el mundo a Planeta DeAgostini, en España, lo que encareció su precio acá. A pesar de ello, la historieta de EE.UU. aún roza el 15% del negocio para distribuidoras como La Revistería, algo que se explica por el apoyo de Hollywood, que en los últimos años adaptó títulos como Spiderman, Iron Man o X-Men, y por algo tan simple como cierto: a la gente le gusta.

El último signo para el optimismo es la profesionalización. Con la experiencia del que supo ver el talento de un Quino o un Fontanarrosa, Divinsky valora “los tirajes chicos” que hacen hoy las pequeñas editoriales: “Ahora el costo básico es el papel, la puesta en máquina se abarató, por eso pueden dosificar las ediciones a medida que la demanda lo aconseja”.

El mayor interés por la calidad de la materia prima y por el diseño son para Martín Ramón, de la editorial Moebius, reflejo de esa profesionalización. También, la agrupación entre editoriales independientes para “pensar entre varios en la posibilidad de imprimir en China” (el papel importado con el que trabajan hoy cotiza en dólares y adolece de falta de variedad).

El próximo desafío es abandonar la dependencia de la comiquería y terminar de conquistar las librerías. Si bien en los últimos años, cadenas como Yenny, Cúspide y Musimundo lo incorporaron, editoriales como la de Ramón aún encuentran resistencias de los libreros por el precio del producto: “$15 no alcanza para que el 35% que les queda los deje satisfechos. Nuestro catálogo está entre $25 y $40, pero lo ideal son libros de $60”.

Ya son unas 35 editoriales las que publican historietas en la Argentina, pero queda pendiente una cámara sectorial. Por el momento, festivales como Viñetas Sueltas asumieron la responsabilidad de organizar un sector que estuvo al borde de la extinción y da otra vez sus primeros pasos. Como dice Brom, “lo que falta es apoyo del Estado, como hacen Uruguay, Brasil o España. La historieta, como el cine y el libro, es industria y vehículo de cultura y no debería ser librada en exclusiva a las fuerzas del mercado”.

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