FORTEGAVERSO

lunes, enero 18, 2010

TENEMOS NUEVO PRESIDENTE...


Freakmente parecidos.

-Lex fue presidente de USA con estrecha mayoría, Piñera lo logró de la misma manera.
-Lex triunfo contra una fuerte crítica por su estatus de millonario, Piñera también.
-Lex es del área liberal del partido democrata, Piñera de la idem de RN.
-Lex tuvo el edificio más alto de Metropolis (Lex Tower), Piñera idem (Torre de las Américas).
-Lex es un reconocido filántropo, Piñera también.
-Lex asumió su mandato en marzo de inicio de década (2000), Piñera también (2010).
-Lex estudió en Harvard (entre otras universidades), Piñera también.
-Lex es dueño de la Future Foundation, Piñera de la Fundación Futuro.
-Lex es uno de los hombres más ricos de USA, Piñera de Chile.
-Lex es dueño de LexAir, Piñera de Lan.
-Lex es dueño de tres canales de TV, Piñera de Chilevisión.
-Lex intentó por años controlar el Daily Planet y lo logró, Piñera ha tratado de tener un diario y al fin lo logró: La Nación.
-Lex es famoso por reconstruir el sistema bancario norteamericano, Piñera por las tarjetas de crédito.
-Lex ha estado involucrado en procesos criminales, se dice que Piñera tambien (Banco de Talca). En ambos casos nadie ha logrado probar la veracidad de los hechos y datos.
-Lex es dueño de los Metropolis Metros y los Gotham Knights, los equipos de football más populares del universo DC, Piñera del Colo Colo, el más popular de Chile.
-Lex tiene un retiro privado en una mansión cerca de un lago, Piñera idem en el Caburgua
-Lex se ha operado el rostro varias veces, Piñera las ojeras y arrugas.
-Lex es piloto de todo tipo de nave aérea, Piñera de helicópteros.
-A Lex se lo cagó Brianiac, a Piñera Ricardo Claro, a ambos les reventaron la imagen pública.
-El mayor rival de Luthor han sido las empresas Wayne, el de Piñera el grupo Claro.
-Lex es el hombre más inteligente del mundo, Piñera... en fin.
-Lex odia a Superman, Piñera no lo sabemos...
-Lex fue destituido por pactar con extraterrestres para conquistar la Tierra, esperemos más sensatez en Piñera.

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viernes, enero 08, 2010

CHILEAN DRACULA


Versión publicada en la última Capital

Version inédita, un poco más larga

CHILEAN NOSFERATU: DRACULA.CL

Una imagen: Pinochet en su ataúd el día después de su muerte. La fotografía dió la vuelta al mundo. Vestido de uniforme, de guerrero, con el rostro hinchado y las venas marcadas, idéntico (o muy parecido) a Jack Palance en la versión televisiva de Drácula que dirigió Dan Curtis y fue estrenada en la CBS en septiembre de 1973, las sincronías a veces asustan. No parece muerto, dijeron partidarios y detractores de aquella imagen del General. No Muerto/Nosferatu, no confundir con Muerto en Vida/Zombie, hacerlo es faltar al respeto al vampiro. No Muerto es traspasar la barrera, convertirse en algo más, en una idea, en una fuerza tan viva como muerta, las dos cosas al mismo tiempo, ¿se entiende? ¿No? Es la magia del vampiro, vivir en el borde, en la indecisión, en el si y el no... Drácula y Pinochet se parecen. Militares ambos, míticos en vida, aun más poderosos tras fallecer, dictadores, genocidas, hombres que creyeron (¿en verdad lo creyeron?) hacer lo correcto aunque en su idea de corrección arrastraran a miles de compatriotas. Finalmente tan admirados como temidos, porque Drácula es la encarnación de la esquizofrenia, produce horror pero también fascinación. John Badham lo resumió muy bien en el tagline de la versión del vampiro que rodó en 1979 con Frank Langella como el encapotado de los colmillos: “El regreso de la criatura de la noche que por siglo ha causado espanto en el corazón de los hombres y deseo carnal en el de las mujeres”.
Más que cualquier otro monstruo, Drácula es sexo reprimido, casto de día, desatado de noche y sobre cualquier otra criatura siniestra representa la amenaza al extranjero, el bárbaro atractivo que invade la moral y la paz de la civilización desatando sus sueños más prohibidos. La doble identidad, el invunchismo, Latinoamérica entera y encima de la lista nuestro Chile querido, más que un territorio de vampiros, un vampiro territorio. La gran diferencia es que mientras el nacido Vlad Tepes no se refleja en el espejo, nosotros lo hacemos demasiado, y nos gusta, y nos pegamos en defensa propia, nos masturbamos contemplándonos a nosotros mismos. Drácula es autocomplaciente, egocéntrico e idealista, algo que queda gráficamente descrito cuando Bram Stoker, el autor de la novela en que se origina el mito, nos dice de que el viejo Conde tenía las palmas de la mano cubiertas de pelos, tal cual reza el dicho popular respecto de quienes practican la autosatisfacción y vaya que no hay nadie que lo haga mejor al arte de Onán que el legendario habitante de Transilvania, preocupado de si mismo, egoísta, ambiguo, amante de raptar niños y de entrar a habitaciones donde duermen doncellas de generosos escotes a las posee sin penetración, sino a mordidas. Un gran coitus interruptus, como la historia de Chile entera, pensemos en el fútbol no más… siempre estamos a punto, pero nos quedamos en el cuello, nos gustan los cuellos.
Drácula en Chile. Bram Stoker, el escritor, un irlandés tan obsesionado como ambiguo en su sexualidad, miembro de la orden del Amanecer Dorado, el Golden Dawn, grupo esotérico de organización paramasónica, amantes dela magia y de la búsqueda de sabidurías antiguas. Stoker tenia compañeros y maestros en esta orden, uno de ellos Lord Salisbury, primer ministro de la Reina Victoria, al que algunos apuntan responsable de Jack el Destripador y otros (peruanos sobre todo) albacea de Chile durante la Guerra del Pacifico. Salisbury, acaso una inspiración para el rey de los vampiros, buscó garantizar los intereses británicos en Tarapacá y personalmente se encargó de que a Chile no le faltaran armas, buques y preparación militar. ¿Socio, gobierno entre las sombras?, un Drácula invisible guiando a nuestros ejércitos de 1879, cuyos vampiros invadieron Lima, la ciudad de los reyes, con más terror y violencia que los chupasangres de verdad, esos que Drácula desencadenaría en Londres, otra ciudad de reyes, en 1897. Pero mientras los vampiros transilvanos violaron a las mujeres con elegancia, los del fin del mundo lo hicieron con barbarie.
Drácula es el gótico por excelencia, Chile es un país gótico. Almagro y Valdivia lo eran con sus brujos y chamanes, Caupolicán fue empalado según las artes de Vlad Drácula Tepes. Santiago colonial con sus fantasmas de la Chimba, las figuras del Corregidor Zañartu y la Quintrala, nombre con un sonido extraño, intrínsecamente maligno, fascinante, extranjero, producto de la conjunción de consonante fuerte con “erre”, el TRA de la Quintrala con el DRA de Drácula, entonación identida, vinculacion con el diablo, el dragón, las fuerzas de la oscuridad. Hasta 1897 Drácula era un rumor, una leyenda de Europa del Este, Bram Stoker lo hizo famoso. Hasta 1877 la Quintrala era un mito, cuento de espanto para los niños, se dudaba incluso de su existencia, hasta que Benjamin Vicuña Mackena “probo” su existencia, o como Stoker la reinventó desde el rumor.
Drácula.cl. No me cabe duda si el Demeter (la goleta rusa que lleva al vampiro de Rumania a Inglaterra) volviera a perderse en la mar, esta vez encallaría en Chile. Este es un buen país para vampiros, un buen lugar para el rey de todos. Acá los No Muertos andan a la orden del día, y como el buen Drácula no le temen a la luz del sol ni necesitan ataúdes para esconderse, sólo cuellos para morder.

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viernes, septiembre 11, 2009

“ONCES” EN SEPTIEMBRE


El 11 de Septiembre de 1973 yo no había nacido. Mi papá era un pendejo de 23 años, recién salido de Técnico Agrícola de la U de Chile, sede Temuco, hoy UFRO. Tenía su primera pega en el SAG y llevaba poco más de un año casado con mi madre. Mi vieja estaba embarazada de un hermano mayor que nunca nació. El 11 de Septiembre de 1973, mi viejo trabajaba para el SAG de Collipulli, bajo el mando de un sujeto flojo como el hueso de la frente, puesto por el gobierno de la UP, para mandar y trapear el piso con los jovencitos universitarios a su servicio. Apenas supo de la noticia acaecía en Santiago, el mutante apretó cachete, era que no. Mi papá agarró la camioneta del SAG y volvió a Victoria, llevando en la pick up uniformes de trabajo que eran verdes. Dos días después, el 13 de Septiembre, cuando regresó a Collipulli fue detenido por milicos en la carretera. Los conscriptos, eso eran, vieron que trabajaba para el SAG (empresa del gobierno de Allende) y concluyeron que los uniformes agrícolas eran “trajes de combate”, así que para dentro, derecho al regimiento de Lautaro. Estuvo medio día horas encerrado, hasta que un amigo militar lo reconoció (habían hecho el servicio juntos, tenían gente en común, de hecho mi viejo al haber estado en el ejército como un universitario tenía rango de suboficial de reserva) y lo sacó minutos antes de que fuera ordenado ser subido a un camión con rumbo a Concepción. Conocer a la gente correcta en el momento correcto, sólo eso, también que Dios a veces existe, que en el sur todo el mundo conoce (o conocía) a todo el mundo y que mi abuelo era funcionario de Carabineros. Mi viejo se salvó, nunca ha contado si le pegaron o no, la camioneta del SAG y los uniformes quedaron requisados, del resto de la gente del SAG 70-73 nunca más se supo. Y en virtud de esto, de todo lo que vio, siempre me he preguntado como es que mi padre siempre ha sido de derecha, pero es un buen hombre y es mi viejo y eso al final es más importante, al menos a mi es lo único que me importa.
Para el otro 11 de Septiembre, el del 2001, yo estaba trabajando en Virtualia, cuando de pronto alguien cuenta que una avioneta se estrelló contra una de las torres de WTC. Como lector del Readers Digest me acordé de inmediato de “Pesadilla en el piso 72” y recordé ñoñamente que no era primera vez que eso ocurría, que en los 30 o 40, un bombardero B-25 Mitchell se había estrellado contra el Empire States Building pero el Empire States era una mole bien armada, bien diseñada, no como los cubos de cristal de las torres gemelas, versión hipertrofiada de nuestra funesta Torre Santa María. Al final no fue un avioneta, sino un 757, pero cuando lo supimos ya era tarde, una segunda nave se incrustaba en la otra torre. Y de ahí a correr por un televisor a la casa de un compañero de pega que vivía cerca. Y la gente sin ganas de trabajar, pendiente del minuto a minuto, un día perdido, o ganado, como se le quiera ver. Las torres se vinieron abajo y luego otro avión en el Pentágono, la teoría loca de que ahora iban con bombas atómicas, que EE UU estaba lleno de aviones suicidas. Ese día Boeing dejó de construir aviones comerciales y manufacturó misiles crucero tripulados. Todo el planeta estaba cagado de miedo, también de imbéciles que decían que Bush debía de disparar ya sus misiles contra Corea y el Medio Oriente, en mi oficina había uno (y era uno de los jefes de sección). Cada minuto, cada hora, era como estar dentro de un capítulo de 24 privado. La historia del planea había cambiado, también nos habían quitado nuestro 11 de Septiembre, la fecha ahora no era de Chile, era del mundo, las futuras generaciones sólo iban a recordar las torres cayendo, no a Allende y su caída.



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sábado, marzo 07, 2009

CHILE EN EL SIGLO XX (3 PARTE)


Entregas anteriores a un clic de distancia

La edad de oro
1941 – 1950

AUNQUE LO MAS probable es que haya habido uno o varios antes, el primer superhéroe chileno del cual existen reportes oficiales, fue El Sereno. Como muchos han de recordar, este curioso individuo debutó en junio de 1941, en el barrio de Estación Mapocho de la ciudad de Santiago. Y a lo largo de casi una década se dedicó a limpiar el sector de maleantes y criminales, la mayoría de muy baja monta. Como resulta bastante obvio, El Sereno se inspiraba en un personaje típico de la colonia chilena, guardianes nocturnos del siglo XVIII, que recorrían las calles gritando: “las nueve han dado y sereno” y que son considerados como los primeros policías uniformados de la historia nacional, al menos de acuerdo a los anales de Carabineros de Chile. Pero claro, la versión del primer año de la década del 40 era muy distinta de aquella. El Sereno usaba una máscara y una capa negra, sobre un traje rojo oscuro y llevaba una enorme linterna de gas de ferrocarriles colgada de un báculo. Y aunque éste objeto no tenía ninguna facultad increíble, o poderes mágicos, sirvió para darle al campeón su identidad y personalidad; como el mismo Sereno lo declaraba en sus recados a la policía: la de ser el portador de la luz santiaguina. Del resto, se encargaban sus puños, un juego de bastones de pelea y Lucero, un fiel y bravo pastor alemán que lo acompañó en sus primeras correrías. Y que paradójicamente fue el primero de estos peculiares personajes en caer bajo las balas del crimen. El Sereno y Lucero iniciaron esta historia. Pero antes de continuar y para entender mejor estos procesos, se hace vital revisar como eran las cosas en aquellos particulares años.
De acuerdo a Historia del siglo XX Chileno , los radicales gobernaron Chile entre 1939 y 1952, al frente de diversas combinaciones políticas en las cuales, según la circunstancia, concurrieron representantes de todo el espectro gobernante. A esta coalición se le llamó Frente Popular. A fines de diciembre de 1938, Pedro Aguirre Cerda se instaló en La Moneda. Los comunistas, aunque parte del Frente Popular, declinaron aceptar cargos ministeriales en la nueva administración. En estricto rigor, el Frente tuvo corta vida, disolviéndose en 1941 por efecto de las disputas entre socialistas y comunistas, enemistados por asuntos que involucraban cuestiones internas y consideraciones de política internacional. A fines de ese año, el Presidente Aguirre Cerda falleció víctima de la tuberculosis en un evento que sacudió los delicados cimientos de la estructura política chilena. Hubo que llamar a elecciones anticipadas. En éstas triunfó Juan Antonio Ríos, apoyado por sus socios de antaño, socialistas y comunistas, además de la fracción alessandrista del Partido Liberal, que se negó a votar por Carlos Ibáñez del Campo, ahora transformado en candidato de las derechas. El aporte liberal al triunfo de Ríos fue decisivo. El Presidente, consciente de ello, nombró ministros de esas filas en carteras claves, por ejemplo, a Arturo Matte, yerno de Alessandri, en Hacienda. De este modo, a partir de 1942 se aprecia que la combinación de gobierno se va inclinando paulatinamente hacia la derecha, incorporando a los liberales. Las dificultades de Ríos con los dirigentes políticos, especialmente de su propio partido, implicaron una intensa rotativa ministerial –no era raro que algunos gabinetes duraran sólo 3 o 4 meses–, y lo llevaron a nombrar oficiales de las Fuerzas Armadas en el gabinete, como fue el caso del vicealmirante Julio Allard, designado ministro del Interior, y de un general del Ejército, asignado a Defensa, a mediados de 1943.
A inicios de la década de los 40, los uniformados estaban en La Moneda, aunque con el rol de subordinados del poder presidencial. En medio de este estado de confusión política y social, no fue raro que aparecieran los superhéroes. Daniel Lobos, historiador y autor de 30/50, Veinte años de soledad , uno de los primeros ensayos que trató el tema de la vinculación entre los gobiernos radicales y la aparición de los superhéroes, es taxativo al indicar que un proceso, en el que escasearon las autoridades fuertes, resultó propició para la manifestación de instancias en que los individuos buscaron hacer justicia por sus propias manos. Y aunque esta teoría parece fácil de probar, tiene a varios contrarios, como lo que opina el sociólogo Hans Hanner, de la Universidad de Chile, quien al ser consultado por los autores de este texto, negó cualquier vinculación entre el surgimiento de vigilantes enmascarados y crisis socio políticas. “si se acepta la hipótesis, a mi juicio errada de Lobos, ésta resultaría contraria a lo ocurrido en el gobierno de Pinochet, en la cual los disfrazados, como prefiero llamarlos, no sólo fueron numerosos, sino que tuvieron la más activa participación en los procesos nacionales que recuerde nuestra historia. Creo que el origen de estos personajes es más sencillo de lo que aparenta. Es cosa de revisar el año en que debutó El Sereno, 1941, exactamente cuatro años después de que Superman, el primer superhéroe dibujado apareció en las revistas de historietas. Y creo que todos estamos familiarizados con la forma en que influyó este personaje en el surgimiento de “enmascarados urbanos” en el mundo real. En 1941, en la ciudad de Nueva York, ya operaba de forma activa un grupo de sujetos similares a los nuestros, bajo el nombre de Minuteman. El fenómeno no tardó en replicarse en otras capitales del planeta y de rebote llegó a Chile. Nuestros superhéroes no tienen ninguna relación política con su origen, se trató simplemente de la repetición de un modelo importado”.

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lunes, febrero 09, 2009

CHILE EN EL SIGLO XX (2 PARTE)

Entregas anteriores

PRESENTACION


A luchar por la justicia…
Máximo Metrópolis

EL EX SUPERHÉROE Hollis Manson lo sostiene en el primer capítulo de su excelente autobiografía, Detrás de la Máscara : la fecha más importante en la historia del siglo XX fue el 1 de Junio de 1938, cuando en el Nº 1 de la revista Action Comics se presentó al público un personaje llamado Superman. Aquel fue el día en que el mundo conoció la palabra y el concepto de superhéroe. Y desde entonces las cosas nunca más fueron las mismas. Un año después, tontos –un poco locos, un poco enfermos, un poco ambos– comenzaron a vestir disfraces de colores y a defender con sus propias manos los valores de la verdad y la justicia en las grandes capitales del mundo. La mayoría no duró mucho. Cayeron por sus propios errores y balas perdidas (también directas) de los villanos que intentaron atrapar. Así, mientras DC Comics y otras editoriales le hacían creer al mundo que los vigilantes disfrazados, con poderes extraordinarios, eran cosa de tintas, imaginación e historias de escritores y dibujantes, las actas policiales de Nueva York, Londres, París, Ciudad de México y Buenos Aires escribieron una historia secreta muy distinta, la de los verdaderos superhéroes. Anónimos multicolores que desde las sombras de sus ciudades redactaron una peculiar y particular lucha entre el bien y el mal.
Y Santiago de Chile no fue la excepción.
No quiero extenderme en los detalles de la historia superheroica nacional, hacerlo sería quitar parte del encanto del libro que usted, estimado lector, tiene en sus manos. Tampoco es mi propósito, ya que cuando los autores de este texto, cuya lectura recomiendo con mucho placer, me pidieron que los presentara, pensé en hacer un breve resumen de mi propia experiencia como vigilante urbano, término que siempre me ha parecido más acertado que el de superhéroe, que tanta burla acarrea. Ser vigilante en Chile entre 1941 y 1988 no sólo fue una labor más que digna, sino, como este mismo ensayo lo sostiene, constituyó el modo en que un grupo de anónimos y soñadores escribieron su propio capítulo en la historia de nuestro país.
Alessandri, Ibáñez del Campo, Frei, Allende, Pinochet y Aylwin son apellidos relacionados con nuestra continuidad política. Ninguno de ellos, estoy seguro, será para los historiadores del futuro más importante que identidades como la de El Sereno, Caupolicán, Miss Chile, y todos los que usaron las máscaras de Ordenipatria y General Chile. Nuestros disfrazados fueron nuestros dioses. Nuestra mitología y nuestros titanes.
En 1981, cuando los eventos políticos del régimen militar habían reducido a nuestros vigilantes a instrumentos del gobierno de turno, tuve la idea de invertir parte de mi fortuna personal en la creación de un nuevo equipo de disfrazados. Uno que abrazara la vieja tradición superheroica nacional y que fuera capaz de devolverle a Chile esos sueños de capas y máscaras que tanta grandeza le dieron en las décadas de los 40 y 60. Fue un trabajo duro, nos enfrentamos a muchos y nuevos enemigos, pero conseguimos brillar. Cabe agregar lo injusto que resultó. a pesar de nuestra independencia, que se nos tachara de aliados del pinochetismo. Si, es verdad, en nuestras filas había simpatizantes de los militares, como quien escribe estas líneas, pero ello nunca manchó nuestro propósito principal, el de luchar por la justicia en las calles violentas de nuestras ciudades. Nos quisieron y nos odiaron, ¿pero acaso con Cristo no sucedió lo mismo?
En 1981 Máximo Mendoza se convirtió en Máximo Metrópolis. En 1989, Máximo Metrópolis se convirtió en mi verdadero nombre y en sello de mis empresas y de mi carrera política, cuyo éxito, como siempre lo he declarado, está dedicado a la docena de hombres y mujeres que junto a mi, no tuvieron miedo a la hora de ponerse un antifaz y una capa para defender sus ideales. Jamás he sentido vergüenza de aceptar lo que fui y lo que soy. De más está recalcar que he pagado precios altísimos por esta actividad, como la vida de mi buen amigo Jaime Guzmán, quien recibiera una bala disparada en mi contra, en abril del 91. Pero ha pesar de lo anterior (y de otras tantas cosas), de volver a nacer lo haría de nuevo, con todo el amor que le profeso a mi gente y a mi patria.
Santiago de Chile ya no está disfrazada, pero desde las sombras de sus calles, no me cabe duda, ángeles anónimos esperan su momento para alzar sus máscaras y colores. Tal vez este libro los aliente a no perder más tiempo. Si necesitan apoyo, saben donde encontrarlo. Ya conocen lo que siempre he dicho, lo que siempre he gritado…
¡Disfrázate Santiago!

M.M.
Santiago. Septiembre, 2013

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domingo, febrero 01, 2009

CHILE EN EL SIGLO XX (1 PARTE)



¿Watchmen o la Edad de Oro, en Chile? ¿Por qué no? Hace tres años (mayo 2005) en el libro Años Luz publiqué un relato, en formato reportaje, titulado Máscara Urbanas. Una ucronía periodística que revisaba la historia de un Chile en un siglo XX plagado de superhéroes. El cuento fue originalmente un boceto de novela llamado Disfrazados, publicado en 1999 por Ediciones DIBAM y que basicamente era... un homenaje a la obra maestra de Alan Moore pero en nuestro país. Disfrazados/Máscaras Urbanas tomó definitivamente la forma de Chile en el Siglo XX, una "nouvelle" escrita en formato ensayo histórico que forma parte de Historia Chilena Contemporánea, una recopilación de relatos -mayoritariamente ucrónicos- que tengo armada desde hace un tiempo. En Fortegaverso voy a publicar por entregas la primeras 25 páginas de Chile en el siglo XX, titulada La Edad de Oro.

CHILE EN EL SIGLO XX

Prólogo

LA HISTORIA CHILENA DEL SIGLO XX está llena de contradicciones, más que la de cualquier otra nación de América Latina. En este sentido, no es casual, que tanto el inicio como el final de la centuria pasada se nos aparezcan enmarcados por procesos dramáticos muy similares. La continuidad política de Chile comenzó el año 1900 recuperándose de una guerra civil y terminó el 2000 en similares circunstancias, con gobiernos de transición democrática y una fuerte presencia de quienes tiraron las riendas del país tras los sucesos de 1973, por todos ampliamente conocidos. Así, como un paréntesis de cien años, nuestro siglo XX emerge y se extiende poblado y plagado de personajes y eventos paradigmáticos que ayudaron a dar forma a una nación joven, ensartada en el mismísimo fin del mundo, rodeada de vecinos inestables y de pie en una posición ingrata –y también estratégica– en un mundo repartido en dos polos.
Chile no participó ni de las dos guerras mundiales, ni mucho menos fue un peón activo en la fría dualidad que a partir de 1945 separó al mundo entre aliados de Estados Unidos y amigos de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. De hecho, por más que muchos quieran ver al gobierno de Salvador Allende como un hito comparable a la revolución cubana, los autores de este ensayo creemos que no deben confundirse las cosas. Nuestra nación, por su naturaleza y formación moral; religiosa e histórica, jamás estuvo cerca de convertirse en una nueva Cuba.
Todo lo contrario.
A más de cuarenta años del golpe militar de 1973, cada vez es más claro que la Unidad Popular no fue el proceso revolucionario que muchos historiadores han apuntado, sino un mero ensayo de una nueva forma de democracia: una que intentó llevar a la práctica las ideas sociales y gubernamentales de los partidos de izquierda de la época, mismos que debieron soportar dieciséis años de persecución política, para posteriormente evolucionar hasta convertirse en alternativas prácticas de gobierno, tal cual ha venido sucediendo desde la victoria del NO, aquel 5 de octubre de 1988.
Con lo anterior claro, creemos es el momento de alumbrar que el propósito de los autores de Chile en el siglo XX –primer volumen de la serie Historia Chilena de los Siglos XX y XXI– está muy lejos de querer revisar nuestros últimos 110 años desde una perspectiva política y social, visiones que creemos han sido manoseadas hasta el abuso por nuestros colegas, sino (por extraño que parezca) limitarnos a contar una buena historia con la historia. Con la anterior moral, y buscando un ítem bajo el cual realizar este viaje, nos encontramos con la peculiar historia de los superhéroes chilenos, esos extraños personajes que surgieron en los barrios santiaguinos a principios de la década de los 40 y que tuvieron una más que clave participación en los procesos políticos nacionales a partir de 1962. Nos resultó, por decir lo menos, extraño, que ningún libro similar a éste, aparecido a partir de 1988 a la fecha, no hubiese hecho hincapié en este episodio y estos protagonistas de nuestra historia. Ridículos, psicópatas, insignificantes, instrumentales, como quiera definírseles, lo concreto es que nuestro siglo XX estuvo decorado por una serie de individuos, vestidos con disfraces de colores, que se creyeron el cuento de servir al prójimo y ayudar a construir un mundo mejor.
A un par de décadas de la desaparición de la última de nuestras capas urbanas, la única certeza que al respecto podemos tener, es que ellas nunca cumplieron con su propósito. Sí, es verdad, concretaron sus sueños y pintaron un capítulo grandioso en la continuidad de nuestra patria, pero ello es muy distinto a decir que marcaron un antes y un después en el desarrollo de Chile como país. Nuestros superhéroes, al contrario que los del primer mundo (recordemos lo del 2001) fueron una anécdota más, pero indudablemente una de las más entretenidas y útiles a la hora de redactar un marco de cómo ocurrieron las cosas en nuestra nación durante la pasada centuria. En este sentido, y recalcando la idea previa, el ensayo que tiene usted en sus manos no pretende justificarlos ni adjudicarles un papel heroico que no tienen, en absoluto, sino, como ya hemos repetido, usarlos a modo de protagonistas y testigos de nuestra historia.
Los autores de este texto agradecemos a nuestras familias y profesores por el apoyo dado en la concreción del mismo. También a la editorial Dobleverso, quienes creyeron que nuestra relectura de la historia era suficientemente valiosa (atractiva y por qué no decirlo, comercial) como para incluir este volumen en la colección. Al Archivo de la Biblioteca Nacional y a los departamentos de documentación de los diarios La Tercera y El Mercurio; revistas Paréntesis y Rolling Stone–Chile y canales 7, Televisión Nacional de Chile y 13, Corporación de Televisión de la Universidad Católica de Chile. Tampoco podemos dejar fuera a los Institutos de Historia de las Universidades de Chile y Pontificia Universidad Católica de Chile, mismo paréntesis que extendemos a las Escuelas de Periodismo de la UC y la Universidad Alberto Hurtado.
Finalmente, seríamos injustos en dejar fuera de estos agradecimientos a Máximo Metrópolis, el último superhéroe chileno, quien no sólo tuvo la gentileza de presentar este libro, sino en facilitarnos toda su ayuda en la recopilación de cada pedazo de la historia patria, desde que en junio de 1941, un sujeto, que se hacía llamar El Sereno, comenzó a patrullar nuestras calles. Gracias totales.

Los Autores
Santiago. Septiembre, 2013

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