FORTEGAVERSO

martes, marzo 10, 2009

SE ACABO FUERA DE FOCO: TOP 10 EGOCENTRICO Y DE DESPEDIDA


...o al menos mi parte de Fuera de Foco, porque no sé si Fuguet continuará con la ya tradicional columna de cultura pop y cualquier cosa del Wiken. La cuestión es simple y bastante evidente, la crisis llegó a los prados mercuriales y cortaron por lo más fino y prescindible: algunas columnas sin mucha trascendencia en la amplia área de suplementos. Y no hay mala onda, todo lo contrario, fue la raja la oportunidad que se me dio para escribir de cualquier tontera, darle un poco de sentido (y también sin sentido) a eso que definen como cultura pop. De hecho, de todas las columnas que he escrito a lo largo de mi carrera (como odio esa palabra), FdF es lejos la que le tengo más cariño. O sea, es como si me hubieran pagado por ser blogger. Gracias a Estela, Ernesto, Isabel, Bárbara y todos los que me soportaron en estos meses, también a los lectores y a todos en realidad, sobre todos a quienes robé ideas como un maldito vampiro conceptual. Al menos la despedida fue buena, la última de las columnas desató precisamente lo que quería: un debate nerd. Se apaga una TV y de paso tiro el aviso, si alguien necesita algo similar a FdF me arriendo al mejor postor (estamos en crisis, todo se agradece) y como un acto de absoluto egocentrismo, aqui hago copy paste de lo que yo creo fueron mis mejores párrafos en este año de columnista pop. Y descansa América, donde quiera que estés. Hoy me siento literalmente desenfocado.

TOP 10 MUY PERSONAL

  1. Así como todos alguna vez hemos querido ser estrella de rock o futbolista de elite, todos también hemos deseado formar parte del universo Bond. Es cosa de sumar: la pinta, los autos, la ropa, el estilo, las chicas; con perdón, pero yo prefiero mil veces un smoking y una Walter P-38 con silenciador a poderes mentales y sables láser. O a un incómodo disfraz de murciélago. En Bond es cosa de hombres

  2. Si ya ganamos la independencia, ahora hay que correr tras la dependencia. Que, ojo, no es una forma bonita de decir "comercial", sino una manera inteligente de hacer cine masivo y al mismo tiempo de calidad. Y aquí los roles clave no están ni en una nueva generación de directores, ni menos de guionistas, sino en el surgimiento de una nueva camada de productores, tipos que asuman el concepto de "produautor" y que junto con generar las "lucas", rastreen historias y busquen escritores y directores para encargar las tareas. Que vean el cine no como arte, ni como un paso para la tele, sino como mitología de pop corn. En Dependencia nacional.

  3. "SATC", "Gossip Girl", "El diablo viste a la moda", "The Hills" son objetos de pasión nerd femenina. Si nosotros tenemos a los superhéroes y a las máquinas asombrosas, ellas tienen a neoyorquinas sofisticadas y bien vestidas. Son las reglas del cine y de la televisión comercial. Míralo de este punto, en el plano sexual, no hay mucha diferencia (salvo que uno es hombre y la otra mujer) entre James Bond y Samantha Jones. Todos queremos la ropa, los autos y las chicas de 007. Todas quieren la ropa, el departamento y los chicos del personaje de Kim Cattrall. En Nerd and the City.

  4. La vi hace dos semanas, y no fue ninguno de los estrenos nacionales que se vienen. La mejor película chilena que he visto en los últimos diez años fue un capítulo de "El día menos pensado", una perlita de 50 minutos en la que Carlos Pinto "sampleó" "El exorcista" con "El chacal de Nahueltoro". Y claro, puede que las intervenciones de Pinto arruinen la fiesta o que la fotografía no haya pasado del telefilme, pero vaya que había carne en esa historia. En La mejor película chilena.

  5. Más que una película, un ritual, porque los devotos de King lo tenemos claro, cada año tenemos algo suyo, el 2008 empezó con "1408", siguió con "La niebla" y se estirará hacia fines de año con la traducción de su última novela, "Duma Key" y la llegada del tomo recopilatorio del cómic "La torre oscura", misma saga que J.J. Abrams anunció convertir en serie para el 2010. Es el toque del rey, una cancha donde nadie lo supera. Literatura hamburguesa, es verdad, pero ojo, a veces las hamburguesas son harto más ricas que un buen filete. En Dios salve al King.

  6. Newman en "Infierno en la torre", película que vi en 1980 (bastantes años después de su estreno) con mi abuelo, en una función especial para un Cuerpo de Bomberos de provincia, porque mi abuelo era bombero y uno a los 6 años lo único que quiere es ser bombero. Y fue raro el impacto infantil de esa película, uno de mis primeros "filmes adultos", porque aunque el héroe, quien salvaba el día, era Steve McQueen, yo preferí al arquitecto, al otro héroe, al que debía pelear contra su propia creación. McQueen salvaba vidas, es verdad, pero el verdadero incendio/infierno era el de Newman. Y llegaba la escena final, Paul y Steve —qué par de titanes, herederos de Dean y Frank, padres morales de Brad y George— estrechándose las manos, dos caras de una misma moneda. En 1980 yo quería ser bombero, después de "Infierno en la torre", cambié mi opción por la arquitectura. En Dos palabras: Paul Newman.

  7. "Los 80" es el mejor programa del año. Con almacenes de esquina y también con la más sombría de las inocencias. La CNI por un lado, el flipper Ali de Stern por otro. El cuadro perfecto de un tiempo que en nuestra memoria es un chicle amargo y bajo ese sabor está la certeza que fue en esos años donde en verdad nos hicimos grandes. Por eso los 90 jamás van a ser "los 90", por eso Los Prisioneros siempre van a ser mejor banda que Los Tres, porque cantaron canciones tristes cuando en verdad estábamos tristes. En Emociones clandestinas.

  8. Y la culpa fue de Mike Mills y la teja que cayó también, con suficiente fuerza para decidir no ir a Madonna, ni aunque me regalen la entrada, ni siquiera por respeto a su ícono pop. Porque en Madonna no habrá secundarios, será una adoración al ego con efectos especiales, sin gente buena tela rodeándola, porque en definitiva Madonna no tiene a su Mike Mills y con esa razón basta para saber desde ya que su show tiene cero posibilidades de ser el concierto del año: una cosa es llenar dos veces el Nacional, otra muy distinta es llegar de verdad al público. Por algo, en las fantasías adolescentes, uno nunca quiere ser el frontman, sino el guitarrista piola o el bajista místico. En Primeros secundarios.

  9. El cine–cómic es el nuevo western: culturalmente norteamericano, pegado con un simplista ideal de justicia, de moral fascista (asumida por sus propios cultores y personajes), extremadamente macho y catalizador del lado más infantil del hombre adulto. Y tal como sucedió cuando el "oeste" se independizó del cine de aventuras, de la mano de autores como John Ford, es probable que directores como Zack Snyder o el multifacético Frank Miller sean estudiados a futuro como las cabezas pensantes del género, los Howard Hawks de los superhéroes. Y que piezas como las dos "Batman" de Christopher Nolan sean equivalentes a "El tesoro de la sierra madre" o a "Río bravo". En la época de oro del far west estos filmes también eran juzgados (y prejuzgados) como escapismo barato. Así como hoy la taquilla se dicta adaptando un formato tan desechable como una historieta, en los 40 y 50, los "vaqueros" eran tomados del pulp, lo más rasca de la "literatura barata y popular", en una escala inferior a las tiras cómicas. En el nuevo Western.

  10. No todo es malo. De alguna forma el poder del nerd set ha influido en que la crítica haya bajado esa cuota de arrogancia y de gravedad extrema para recuperar el sentido de la emoción, que al final es el gravitante básico que debe importar al momento de acceder a una obra de arte. Porque claro, el fanatismo es bueno, si no hay pasión nada vale, el problema es cuando esto se confunde con ceguera y el juicio de que algo es bueno sólo porque a mí me gusta termina ganando el partido, lo que al final es tan pedante como esas largas críticas tipo ensayo que buscan segundas, terceras o cuartas lecturas a una película que, en el fondo, no era más que una entretenida tontera acerca de un tipo vestido de ratón volador. En Nerd Set.

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lunes, marzo 09, 2009

CONCLUSIONES DEL NERDSET


La última columna que publiqué en Fuera de Foco desató una curiosa mini polémica, de partida nunca antes había tenido tantos comentarios. Pero más allá de los odios y amores declarados hacia mi persona, tras leer las reacciones me quedan más que claras algunas cuestiones:

  1. Nadie lee más allá del primer párrafo. Es increible que de los 47 comentarios recopilados a la fecha, sólo 3 se percataron del juego presentado explícitamente en la primera línea del segundo párrafo.
  2. Hay nula comprensión de lectura, impresionante como nadie se percato de que la columna no era contra los nerds, sino todo lo contrario. Bueno, tal vez yo la escribí mal, tal vez la culpa fue mía, todo puede ser.
  3. Tocar determinados fanatismo es peor que sacar la madre. Puedes decir que todos los que usan camisas verdes son conchas-de-tu-madre, pero te tiras contra Star Wars y te crucifijan.
  4. Hay serios problemas de redacción entre quienes comentan en los blogs. Y es cosa de revisar cualquier otro blog de cultura popular para darse cuenta: no sé si es por apuro o porque en verdad estamos escribiendo con las patas, pero vaya que nos estamos convirtiendo, ya no sólo en expertos en escribir largo de nada, sino (lo que es peor) en no hacernos entender por escrito.
  5. Star Wars es y será una vaca sagrada para el nerdset chileno. Su sóla mensión, para bien o para mal, funciona para elevar las visitas en un blog.

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viernes, marzo 06, 2009

FUERA DE FOCO: LAS GUERRAS NERDICAS


Versión extendida de la columna aparecida hoy en Wiken. Por cosas de espacio salió como con 1000 caracteres menos, y aunque quedó lo básico, igual se perdieron algunas buenas ideas. Como siempre se agradecen comentarios en los blog mercuriales.

NERD SET

Con tres capítulos vistos (más la espantosa película/piloto) de Star Wars: Las guerras clónicas, me declaro fuera del universo de George Lucas. Me demoré en hacerlo, pero ya no más. Siento que todo el cuentito de la fuerza, la horrenda metáfora del ángel caído en Anakin/Vader, las enseñanzas de autoayuda de Yoda no hicieron más que meterle el dedo en la boca (y estrujar las billeteras) a millones de fanáticos alrededor del mundo: mística de cajero automático, no más. Star Wars nunca fue la gran epopeya fílmica que por años pensamos, sino el germen de una mercadotecnia que va desde action figures hasta seudofilosofía en la línea de El Secreto.
Y sé que el párrafo anterior fue exagerado, pero lo hice a propósito, para hacer picar a los que aún tienen fe en George Lucas y sus muñecos digitales. Porque herir fanatismos extremos es hoy casi tan riesgoso como hablar de política o religión: son temas vedados, peligrosos incluso. Si hace años Salman Rushdie fue amenazado de muerte por el Islam cuando se burló de Mahoma, hoy escribir que Heath Ledger no se mereció el Oscar puede enfrentarte al nerdismo más extremo. Y lo sé por experiencia. El nombre mal escrito de un personaje de 24 me valió una veintena de cartas de odio a la redacción de otra revista, cuando escribí que Iron Maiden era en Chile un legitimo fenómeno de cultura pop (que lo es y no tiene nada que ver con el estilo musical) algunos metaleros me ofrecieron combos y a Fuguet prácticamente lo reventaron en los blogs de esta misma revista cuando declaró que no le interesaba ver Batman.
La velocidad de las cosas, el enemigo del nerd ya no es el atleta ni el chico popular, sino el nerd, que logró tener tribuna pública, el que se alejó del ghetto e hizo oficial años y años de conocimientos inútiles. Porque si ya es complicado conseguir tribuna, y que te paguen por ello, legitimarse entre los pares lo es aún más. Confieso que cuando era chico y leía a mis actuales colegas, anotaba en cuadernos (que perno) sus errores, porque claro, no tenía ni blog, ni facebook y ninguno de mi clan era peligroso. Ahora, en la era del 2.0, el fanático tiene voz pública, seguidores y sobre todo la egocéntrica confianza de que si algo le gusta es bueno y su un crítico le pone dos estrellas hay que crucificarlo.
¿Quién vigila a los nerds? fue la pregunta que se hizo un amigo, columnista de la competencia, a partir del debate originado entre el guionista de Los Simpson, Matt Selman y el crítico Richard Corliss de Hollywood Elsewhere por Watchmen. Mientras Selman escribió en su blog que la película de Snyder era buena por que si, una experiencia que le había cambiado la vida, Corliss pidió cordura, que estaba bien el fanatismo, pero que la película estaba lejos de ser lo que Selman estaba evangelizado. Resultado: Corliss fue prácticamente crucificado por haberse atrevido a insinuar que el filme no era bueno, porque Watchmen es una vaca sagrada y con eso basta, no hay discusión. Otro postre, hace un par de años años, la periodista Marisol Garcia escribió en una columna que el recital de Roger Waters no había pasado de ser una show tributo a Pink Floyd -otra vaca sagrada, al menos en Chile- y la comunidad progresiva nacional se le vino entera encima. Pasiones pop desatadas, siempre las ha habido, el drama es que ahora, gracias a la web estos placeres que antes eran secretos son públicos. Y legitimarlos raya en la violencia escrita. ¿Quién eres tu para estar escribiendo de lo que yo se mucho más? Es la consigna.
Y claro, no todo es malo, de alguna forma el poder del nerd set ha influido en que la crítica haya bajado esa cuota de arrogancia y de gravedad extrema para recuperar el sentido de la emoción, que al final es el gravitante básico que debe importar al momento de acceder a una obra de arte. Porque claro el fanatismo es bueno, sino no hay pasión nada vale, el problema es cuando esto se confunde con ceguera y el juicio de que algo es bueno sólo porque a mi me gusta termina ganando el partido, lo que al final es tan pedante como esas largas críticas tipo ensayo que buscan segundas, terceras o cuartas lecturas a una película que en el fondo no era más que una entretenida tontera acerca de un tipo vestido de ratón volador.

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viernes, febrero 20, 2009

IZQUIERDA POP


Version completa, en realidad con un par de frases más, de la aparecida hoy en WIKEN, como es habitual se agradecen comentarios de todo tipo en los blogs mercuriales.

POPLITIK

1992, estoy sentado en el casino de una universidad leyendo un cómic de superhéroes cuando se me acerca un compañero. Me dice que como puedo leer esa clase de tonteras, que son puro marketing de derecha disfrazado. Que es ideología de chocolate, que acaso soy tan ingenuo (no fue esa la palabra) que no me doy cuenta que los colores de Superman son los mismos de la bandera norteamericana. Improvisa un discurso acerca de cómo el capitalismo nos ha poblado de evangelizadores de plástico. Insiste en que la nueva lucha de la izquierda latinoamericana ya no es sólo contra los remanentes de las dictaduras locales, sino versus McDonald, Hollywood y sus Spielberg. “Por ultimo capea clases leyendo a Benedetti”, sumó gratuitamente, antes de irse. En su mochila tenía pegado un parche con la cara del Che Guevara. ¿No era acaso lo mismo que la revista que yo estaba leyendo? ¿Cuál era la real diferencia entre un bolso con el rostro del Che y otro con Darth Vader? Y no, la lectura no era ni ideológica ni política, sino legítimamente pop y desde esa vereda el fenómeno era idéntico. Por mucho que a muchos -valga la redundancia- pudiera molestarles.
2001, estoy con un amigo en el persa Bio bio, mirando discos y buscando películas viejas. Él se encuentra con un conocido y hablan un rato, mientras yo lo espero revisando unos vinilos. Después me cuenta que es un viejo compañero de la Chile, que estuvieron juntos en el centro de alumnos, que se tomaron varias veces casa central. Me confiesa que antes de escribir de cine y rock había estado bien metido en el lado más izquierdista de la concertación, que incluso fue delegado de su curso en la FECH y que se creía harto el cuento. Pero terminó aburriéndose. No fue por desencanto ni por fin de ideales, sino simplemente porque de un día para otro, literalmente, la lucha se puso fome. Según él, la izquierda era demasiado grave, todo muy en serio, extremadamente intelectual. Le respondí que todo lo contrario, demasiado pop, que ese era su drama, peleaba contra las formas del capitalismo comercial pero en el fondo usaba sus mismas armas, levantando sus propios paladines de la justicia. Y le mostré un puesto de poleras de rock. Si había cien en exhibición, 50 se repartían entre Metallica, Iron Maiden, The Doors y Pink Floyd, las otras eran rostros y poses del Che.
–¿Cuál es la diferencia entre una de esas y la de Batman que llevo puesta?
–Ideología.
–Se acaban de caer las torres gemelas, no me salgas con la ideología.
Hace dos semanas se estrenó Che de Steven Soderbergh, una suerte de continuación en clave épica de Diarios de motocicleta, con más plata y mejores efectos especiales. La lectura gringa de un símbolo revolucionario, han dicho algunos; un argentino sentenció incluso que el símbolo y la idea habían sido derrotados por un paquete de cabritas. Para nada, sólo es la vuelta de tuerca, la demostración tangible que la vida tiene más vueltas que una oreja. Che no es una gran película, pero vaya que es entretenida, con secuencias que perfectamente podrían haber estado en 24. Y esa es la madre del cordero, no fue Hollywood quien se tomó al Che y lo convirtió en un paladín, sino las mismas ferias artesanales que desde hace más de treinta años empezaron a poner su cara en camisetas, ruta que finalmente acabó con su transformación en una especie de action figure con ideas de libertad, un tipo que inició una cruzada en pos de sus ideales para vencer a un enemigo tan grande como el mundo, nada muy distinto de Batman o Luke Skywalker.
Hace varias columnas, algunos lectores se molestaron cuando insinué que desde la arena de la cultura de masas la derecha siempre era la mala de la película. Pido disculpas por lo errado de ese juicio, el desafío al final no era acerca de ser el bueno o el malo, sino de crear mitologías. Y lo que le falta a la derecha para ingresar al terreno del cine, el cómic, el best seller o los videojuegos es construirse en una derecha pop, hacer de sus rostros estampas de mochilas y poleras, los propios Che Guevara pero del otro lado, paladines de camisas de cuadros bien metidas y estiradas dentro de pantalones dockers verde caqui.

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viernes, febrero 06, 2009

MR. GAIMAN

Version completa de la columna publicada hoy en Fuera de Foco de Wiken, como siempre comentarios se agradecen en los blogs mercuriales

EL TOQUE GAIMAN

Puede uno ganarse la vida escribiendo cómic, predicando acerca de la mitología de Batman; o pasearse por conferencias de fanáticos de ciencia ficción, contando cuentos de hadas para adultos y al mismo tiempo ser un símbolo sexual para lindas colegialas y universitarias, sin contar comunidades gay que lo tienen en su top 5 de heterosexuales favoritos, por encima de diseñadores y editores de revistas de moda. Se puede ser nerd y al mismo tiempo más cool que la palabra cool, aparecer tanto en Vogue como en Comic Journal. La respuesta es si, si tu nombre es Neil Gaiman.
Ayer se preestrenó Coraline, cuento de hadas para adultos (en la línea de El extraño mundo de Jack) basado en la novela corta del mismo nombre del inglés Neil Gaiman, el Tim Burton de las letras. La historia es tan simple como compleja. Buscando una salida a la aburrida vida con sus padres, una niña de 12 años descubre una dimensión donde todo es maravilloso, pero las cosas, claro, no son tan simples ya que bajo la belleza de un mundo ideal, siempre se oculta una realidad más aterradora. El giro no tiene nada de nuevo, allí están Hansel y Gretel, Blancanieves o Pinocho como ejemplos de que bajo las risas duerme horror. Y Gaiman, lo tiene claro, no está inventando la pólvora, sólo mejorando los explosivos. Ese es el tema y el toque de este ex periodista, hoy el autor fantástico más premiado y celebrado, un inglés con pinta de vocalista de banda post gótica que se ha hecho famoso y millonario a partir de la deconstrucción de los cuentos de hadas desde una mirada perversa, adulta y decididamente aterradora. Allí donde Stephen King escogió asustar a partir del realismo y costumbrismo norteamericano, Gaiman optó hacerlo sacando a flote los fantasmas culturales, infantiles y familiares. Como en Coraline, cuyo giró más perturbador es cuando la niña descubre al otro lado del espejo (si, es una Alicia posmoderna) una versión alternativa y mejorada de sus padres, que en el fondo le dan lo que todo niño quiere de los suyos: cumplir con todos sus deseos y jamás decirle que no.
Pero debe aclararse. Gaiman, que estuvo detrás de los guiones e historias originales de Beowulf, Stardust: El Misterio de la Estrella, Mirrormask (maravila stop motion que puede encontrarse en Cinemax) y la versión en inglés de La Princesa Mononoke no es un nombre nuevo. Puede que hoy esté siendo finalmente reconocido por la amplia masa, pero su identidad lleva al menos veinte años seduciendo a fanáticos alrededor del mundo. Es cosa de buscarlo en facebook y contar su número de seguidores, cerca de 50 mil. ¡El doble que Woody Allen, casi tantos como Coldplay! Curioso su fenómeno, lo más parecido a una estrella de pop que ha dado la nueva literatura de género anglosajona.
Y el autor lo sabe. Su diario online esta lleno de datos sabrosos. Diariamente publica la lista de canciones que dan vueltas por su iPod, recomienda bandas como MGMT o The Thing Things antes que la revista Q, y habla de sus conversaciones con Frank Miller o Alan Moore con la misma naturalidad con la que recomienda un nuevo restaurante de moda en Nueva York. Un nerd que se comporta y vive como versión masculina de las chicas de Sex and the City, un freak en las antípodas de The big bang theory, que nunca usó anteojos ni camisa de rayas, sino chaquetas de cuero, motocicletas y aros en la oreja. Un rockstar de la fantasía, el único escritor que tiene una base de admiradoras tan impetuosas y enamoradas como las de Brad Pitt o Zach Efron. Mismas que llevan dos décadas imitando el look de perpetua quinceañera de Muerte, uno de sus personajes más carismáticos, la “emo” original, que inspirara desde letras de Tori Amos y My Chemical Romance, hasta la onda de vestir y comportarse de Claire en Gossip Girl. Chicas todas que se enamoraron de sus horrores góticos con aroma a David Bowie y The Cure surgidos en las páginas de los 75 números de The Sandman, su gran obra, el cómic de terror adulto más renombrado, celebrado, premiado y famoso de la historia, mismo que HBO acaba de comprar para convertir en serie animada con el propio Gaiman en su equipo de directores, claro con la ayuda de su amigo J.J.Abrams. Si me preguntan yo quiero un poco del toque Gaiman.

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viernes, enero 23, 2009

BUENAS PELICULAS, PELICULAS BUENAS


Version extendida de la columna publicada hoy en Wiken. Como siempre agradezco coments en los blogs mercuriales.

LA BUENA MANIPULACION

Había escuchado decir que El curioso caso de Benjamín Button equivalía a la carrera de David Fincher lo que El gran pez a la de Tim Burton. Un oasis necesario, un viaje interior, una explosión de emoción y colores, agreguen el adjetivo que quieran. Como aun no la he visto me quedé con la idea. Y en la idea parece ser una buena película, o mejor dicho una película buena, que es parecido pero no lo mismo.
–¡Pamplinas!– se exaltó un amigo, crítico cinematográfico, cuando le hice la comparación. –Vi la película el otro día y es raquítica, debilucha, nada nuevo, solo bonita y con demasiada crema dulce. Tramposa como pocas, charquicán para las masas, gringa como letra de country. Pero a ti te va a gustar porque a ti te gustó El gran pez.
¬–¿Es malo que me haya gustado?
¬–No, pero es inflar algo que no es ni la mitad de bueno de lo que la gente cree.
–No es inflar, es reconocer un valor en una obra más allá de los criterios estéticos. Además el country no es malo, deberías ver Nashville de Robert Altman, entenderías muchas cosas.
Y es verdad, me gustó El gran pez. De hecho me gustó mucho, y por lo mismo estoy conciente de que no es una gran película, está lejos de serlo, pero vaya que tiene momentos perfectos y puñaladas emotivas, pequeños instantes que te arrugan la guata y que en el fondo marcan la diferencia entre una buena película y una película buena, buena de bondadosa. Billy Wilder decía que no existían las películas excelentes, que el cine tenía demasiadas fallas para ser perfecto en 90 minutos, sino los grandes instantes cinematográficos: cada vez estoy más de acuerdo con el viejo. También que el cine (y las artes narrativas en general) debía partir emocionando, no queriendo cambiar al mundo: amén.
–Tal vez El gran pez no sea esa gran obra– continué –pero tiene sentimientos, logra identificarse con su público y eso, en las restas, es una virtud artística más relevante que la calidad narrativa, argumental, vanguardista o lo que quieras.
Tampoco soy ciego, es obvio que cintas como Garden State, On the wild o Juno, están hechas con caramelo, con un oportunismo que en el análisis profundo (grave e insoportable) puede parecer vergonzoso pero que a la larga resulta tan mágico como un beso quinceañero. Pensemos en Pequeña miss sunshine, noventa minutos de lugares comunes del cine indie americano: personajes creados para simpatizar, humor hecho a la medida de Sundance, instantes de calculadora, una banda sonora que te hace latir el corazón en el momento justo y epifanías armadas con moral de autoayuda onda El secreto, por algo a todo el mundo le gustó, porque en su supuesta visión de autor no había más que galletas con leche, o sea papel picado de buenas intenciones, algo que todos necesitamos y que todos queremos oír de vez en cuando.
Hay dos películas que me gustan mucho, Blade Runner y Say Anything, sé que la primera es mejor película, pero si tuviera que elegir una de ellas para llevarme a una isla desierta prefiero lejos la de Cameron Crowe, porque es como irse acompañado de una buena persona. Y un buen tipo es siempre mejor companía que alguien odiosamente inteligente, es cosa de aritmética básica, como la certeza de que una hamburguesa con papas fritas siempre será más rica que el plato más premiado del mejor restaurante de Santiago. Quizás por eso a medida que crecimos cambian tanto nuestros gustos y nos damos cuenta que Darren Aranovski no era tan bueno como pensabamos y que hay más placer en repetirse Breakfast club que Los buenos muchachos o El señor de los anillos. ¿Estoy tan errado? No lo creo, por algo todo Chile lloró con la escena de la sopa en Los 80 y en esos treinta segundos se olvidaron de ese otro fenómeno televisivo del año pasado llamado El señor de la Querencia. Por algo la mejor película de David Lynch no es Terciopelo Azul ni Mullholand Drive sino Una historia sencilla.
El gran pez, El curioso caso… –bramó mi amigo –y todas las de Cameron Crowe son pura mentira, engaños supuestamente autorales, cuando no son más que acuarelas de naturaleza muerta.
–¿En tu casa no habían de esas acuarelas?
–Si.
–Bueno, ahí tienes tu respuesta.
–Pura manipulación emocional.
–Buena manipulación, que es otro cuento.

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viernes, enero 09, 2009

DEUDAS PENDIENTES DEL 2008


Use la columna Fuera de Foco del Wiken para hablar de algunas cosas a las que ya había hecho referencia en este blog. Esta es la versión completa, como siempre agradeceré comentarios en los blogs mercuriales.

LA RE-LISTA

Se acabó el 2008, comienza el 2009 y todo el mundo hizo listas. Desde el blog más anónimo hasta la más masiva de las revistas empeñados en decidir cual fue la mejor película, el mejor concierto, la mejor serie, la mejor lo que sea. Y aunque claro, es válido, entretenido y sobre todo subjetivo, los nombres que aparecen se repiten bastante. Pura aritmética, la semana pasada revisé (de puro ocioso) como 50 sitios de recuentos. Coldplay, Batman: El Caballero de la Noche, Madonna y REM son los nombres que más se repiten. Y claro, también Los 80, que tienen el nada despreciable record de haberle robado el primer puesto a la serie gringa de moda en cuanto ranking elaboraron los adictos al control remoto. Pero así como hay nombres que se reiteran de Top 10 en Top 10, también hay algunos que no aparecen ni en pintura y que merecen (con justicia) estar en lo más alto de la lista.
El mejor disco del año es Happiness is the road, el precioso, melancólico, triste y sencillamente complejo nuevo álbum doble de Marillíon, placa que sólo se consigue descargándolo desde el sitio oficial de la banda (www.marillion.com), donde también puede encargarse en formato material, en una lujosa caja con libro de fotos y todo eso que en la época del download ya nadie valora pero que a la larga es tan importante como la música. Marillion hizo del negocio online de su música lo mismo y antes que Radiohead, pero sin la buena prensa de la banda de Oxford, pero eso es sólo un dato y no voy a echar a pelear a dos de mis bandas favoritas. Me explico, el Marillion que me interesa no es el clón ochenteno de Genesis con el insufrible de Fish a la cabeza, sino la banda de art-pop que “renació” cuando Steve Hoggarth tomo la voz en 1987, iniciando una carrera irregular con puntos muy bajos y otros muy altos, como el disco doble del 2008, una colección de pianos tristes, guitarras etéreas y letras acerca de los fantasmas de la infancia que ya se lo quisiera Coldplay, Keane o Travis, bandas que deberían hacer lo correcto y reconocer a Marillion como una de sus influencias. “El verdadero secreto mejor guardado del pop inglés” decía un columnista de Q, revista británica que tradicionalmente ha ignorado a estos ex progresivos pero que con esta placa no pudo más que hacer lo obvio, reconocer con 5 de 5 estrellas una obra maestra. Con perdón, pero ya no más “Kayleigh” o “Lavender”, el mejor tema de estos veteranos es del 2008 y se llama “The man from planet Marzipan”, corte 2 del segundo volumen de Happiness, una pieza que responde a la pregunta de cómo hubiese sido un inusual dueto entre The Beatles y el Pink Floyd de Syd Barrett.
Es verdad, no se estrenó en cines, pero ahí está la carretera de la información y el bendito torrent como una perfecta democracia cinéfila. El mejor filme del 2008 (y lo subrayé en la columna anterior) es Let the right one in una sencilla película sueca, ambientada en un suburbio en medio de la nada, donde la eterna nieve congela los corazones de casi todos sus habitantes. Es un ambiente frío, evidentemente congelado, como las personas que viven allí. La historia es la de un muchacho de 12 años. loser, maltratado por sus compañeros, perdedor hasta lo imposible, que encuentra refugio en una niña, también de 12 años (aunque ella lo aclara, hace mucho tiempo que tiene 12 años), que acaba de mudarse al departamento continuo. Y surge entre ellos una relación perfecta, divertida, cómplice, como un Cuenta Conmigo helado y en formato niño-niña. Se entienden, hablan, inventan hasta un propio sistema de comunicación. Amor idealista, simple amistad, lo que sea. Pero no todo puede ser perfecto y la niñita tiene su pequeño secreto: duerme de día, juega con sangre y se la bebe. La mejor vuelta de tuerca al mito vampírico, hoy tan en boga.
Y aunque el espacio nos corta la inspiración, Let the right one in no sólo es la mejor película del 2008, también el mejor trailer, búsquenlo en You Tube, tras ese par de minutos querrán ver la película. Antes de cortar, dos datos más, serie del 2008: Damages, la dio AXN y la repite Mega a medianoche, 24 y Lost pero con abogados. Concierto del año, ¿Madonna? ¿REM? ¿NiN? Pasó, mi seleccionado tiene nombre propio: Muse. Los que no fueron, en cinco años se estarán lamentando, más que un show un encuentro cercano del quinto tipo.

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viernes, diciembre 26, 2008

VAMPIROFILIA


Versión completa de la columna publicada hoy en Fuera de Foco del Wiken. Como siempre, se agradecen comentarios en los blogs del decano.

¿QUÉ ONDITA CON CREPUSCULO?

Mi sobrina de 12 años está enamorada de Edward. Si hace un año su vida preadolescente giraba en torno a los galanes de High School Musical, en esta temporada vive y muere por Edward, un vampiro en el cuerpo de un chico de 17 años, “qué es más lindo que Brad Pitt y brilla con el sol”. Y yo que pensaba que los vampiros morían con el sol, pero en fin, algunas cosas cambian e incluso (depende del punto de vista) pueden ser para mejor. Hasta hace unos ocho meses, el libro más largo que había leído mi sobrina era una revista juvenil, este año se devoró casi 3 mil páginas de una “trilogía de 4 libros” firmada por Stephenie Mayer, la versión gringa de J.K.Rowling, un ama de casa muy gringa, muy ciudadana media y muy temerosa de Dios que se hizo millonaria con Crepúsculo, una singular versión vampira de Romeo y Julieta.
Meyer es responsable de uno de los éxitos literarios y cinematográficos más rentables de la década. Sus libros llevan dos años en los primeros puestos de Amazon y la película, una modesta adaptación de 15 millones de dólares, superó los 70 en dos días. Y aunque está lejos de ser una maravilla, vaya que funciona. Tiene a mi sobrina (y a todas las sobrinas del planeta) pegada a You Tube, llorando ante cada secuencia de la sinopsis, porque claro, el producto es sandía calada, una obra de arte de fantasía para las masas. Eso de que “sólo un vampiro puede amarte para toda la vida” es lo más efectivo para el corazón femenino desde Corin Tellado.
Datos: Si nuestros canales y productoras locales fueran más listas, estarían ya buscando series adolescentes con chupasangres sensibles e inquietantes, amores peligrosos y toda esa metáfora de popcorn, porque en los próximos años lo que viene es un revival vampírico gigante. Tanto que hasta Disney está tanteando terreno para un “High School Gothic”. Con mejor asesoría, Vasco Moulian y compañía, en lugar de mutar a Augusto “Amango” Schuster, nuestro Zac Efron, en un nerd basquetbolista (¿en Chile a quien le importa el básquetbol?) debieron haberle puesto colmillos, condenado a la inmortalidad y al amor imposible de una linda colegiala. La tajada “crepuscular” que hubiesen agarrado no sólo les garantizaba audiencia, sino incluso internacionalización. Tan difícil no es. Si Stephenie Meyer metió vampiros mapuches en su saga, era cosa de escarbar un poco nuestra historia, hasta una versión local de Drácula tenemos en la actual Recoleta de fines del siglo XIX.
No escribo sin base, estuve ahí, en la Feria del Libro, cuando Alfaguara vendió 300 copias en media hora del último libro de Crepúsculo. Por mi pega me llega harta información de la industria editorial y para el 2009-2010 van a publicarse casi ¡100 libros! sobre el tema, incluido el debut literario del director Guillermo del Toro, un remake en clave gótica de El libro de la Selva a cargo de Neal Gaiman e incursiones en el género de gente tan improbable como Paul Auster, además de la primera continuación oficial de Drácula de Bram Stoker, proyectos todos que ya están en carpeta para llevarse a la pantalla. El propio J.J.Abrams, adquirió los derecho de la notable película sueca Let the right one in (la mejor película del 2008 no estrenada en cines), una especie de E.T/Cuenta conmigo perversa, entre un chico desadaptado y una inquietante vampira de 12 años.
Y hacia el final de la lista True Blood, la serie más hot y sexy del 2008, literalmente una versión de Crepúsculo para mayores de 18. El estreno más exitoso de HBO desde Los Soprano, una serie extraña, perversa y con la mejor secuencia de créditos en años. Alan “Six Feet Under” Ball cogió una serie de inocentonas novelas de Charlaine Harris, la rival de Meyer y le metió maldad, el resultado, un deleite absoluto. Para las sobrinas e hijas, la inocencia oscura de Crepúsculo, para nosotros las camisetas ajustadas de Anna Paquin y Lynn Collins, la historia es circular y el vampiro siempre vuelve, es su maldición, la inmortalidad del pop.

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viernes, diciembre 12, 2008

EL AÑO DEL SUPERHEROE


Versión completa de la columna de hoy en el Wiken. Como siempre se agradecen comentarios en los blogs mercuriales.

EL NUEVO WESTERN

El reciente lanzamiento en DVD (y Blue Ray) de Batman: El Caballero de la Noche, consolida el año en que el cine-cómic dejó de ser el hermano freak del fantástico y se convirtió en un género con sustantivo propio. Y nadie estuvo ajeno al fenómeno: las películas más taquilleras vinieron de los archivos de Marvel, DC, Image y Dark Horse, los filmes más anticipados del 2009 se acercan con la misma rúbrica y en Chile, Mirageman y Santos cogieron su propia mascada de las capas y los antifaces.
El cine-cómic es básicamente el nuevo western: culturalmente norteamericano, pegado con un simplista ideal de justicia, de moral fascista (asumida por sus propios cultores y personajes), extremadamente macho y catalizador del lado más infantil del hombre adulto. Y tal como sucedió cuando el “oeste” se independizó del cine de aventuras, de la mano de autores como John Ford, es probable que directores como Zack Snyder o el multifacético Frank Miller sean estudiados a futuro como las cabezas pensantes del género, los Howard Hawks de los superhéroes. Y que piezas como las dos Batman de Christopher Nolan (por mucho que algunos se horroricen) sean equivalentes a El Tesoro de la sierra madre o a Río bravo. No nos miremos la suerte entre gitanos, en la época de oro del far west estos filmes también eran juzgados (y prejuzgados) como escapismo barato. Mal que mal, así como hoy la taquilla se dicta adaptando un formato tan desechable como una historieta, en los 40 y 50, los “vaqueros” eran tomados del pulp, en esos tiempos lo más rasca de la “literatura barata y popular”, en una escala incluso inferior a las tiras cómicas.
No es menor el dato que hoy, quienes compran historietas y novelas gráficas tienen sobre 35 años y que para la nueva generación, íconos como Iron-Man, Spider-Man o los X-Men fueron conocidos directamente por sus adaptaciones al cine y videojuegos. Joe Quesada, cabeza de Marvel decía, no con desgano, que para los muchachos de 15 años, su editorial ya no era la legendaria “casa de ideas de Stan Lee” sino una “imprenta de revistas” que llevaba al papel las aventuras de los héroes cinematográficos.
Ahora, si el cómic es el nuevo western y el western tuvo una carrera más bien corta en la cresta de la taquilla, ¿cuanta vida le queda? Tal vez la respuesta esté en marzo del próximo año, cuando se estrene la que para Enterteinment Weekly es la película más anticipada del 2009: Watchmen, cuyo segundo trailer saturó la red la semana pasada. En 1985 la dupla formada por el escritor Alan Moore y el dibujante Dave Gibbons publicó esta piedra angular del género, incluida en el canon de las 100 mejores obras literarias del siglo XX. El detalle es que esta novela gráfica no nació como una forma de llevar a los superhéroes a una categoría más alta, sino para matarlos. La idea de Moore era darle la estocada final a esta mitología pop, algo tan rotundo que fuera inimaginable seguir haciendo historias de este tipo. Pasó todo lo contrario: la industria se pobló de vigilantes con taras psicológicas, ultraviolentos, con más dilemas existenciales que superpoderes. Forma en la que justamente garantizaron su paso (y éxito) al cine.
Moore es el más crítico con el legado de su obra, incluso ha renegado un par de veces de ella, declarando que no quiere saber nada de Watchmen, menos de la película, proyecto al cual ha declarado su odio más visceral, pidiendo incluso que se saque su nombre de los títulos. Pero en este rechazo, el barbudo escritor inglés, tuvo su momento de luz. Entrevistado por la revista inglesa SFX volvió a subrayar su repudio al filme de Zack Snyder, pero concluyó: “tal vez salga algo bueno y no hagan más cintas de este tipo. Lo que yo pretendía en las historietas, quizás se cumpla en el cine”. Y Moore es profético, quien sabe, tal vez Watchmen se convierta en el equivalente a La pandilla salvaje la última “de vaqueros canónica” de este nuevo western. Lástima que Snyder no sea precisamente Peckinpah.

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sábado, diciembre 06, 2008

LINEA EDITORIAL: FUERA DE FOCO INEDITO


Por razones editoriales, se entiende, esta columna Fuera de Foco nunca fue publicada, a pesar de que lo intenté en dos ocasiones. Algunas veces pasa. En fin, la ilustración es de mi buen camarada (y puro talento) Marcelo "Maestro" Pérez Delannays

Y NOS VOLVIMOS TAN PEDANTES

Fue durante la función de prensa de Quantum of Solace. Estaba con un amigo, crítico de cine de la competencia, esperando que empezara la película, cuando delante nuestro se sentaron dos muchachos de unos 15 años, uno de ellos levaba puesta una polera de Hellboy 2. “Según Marín, Quantum es increíble”, dijo el de la camiseta, su compañero le respondió, “El Dr. Malo dice que ni tanto, pero que las secuencias de acción son notables. Y yo le creo más al Dr. Malo”, “Prefiero a Marín”, agregó el primero.
—¿Quién es Marín y el Dr. Malo? –le pregunté a mi amigo.
—Los webmaster y cerebros de Nerdorama y Salón del Mal, dos sitios de cine chilenos
—¿De crítica o noticias y rumores?
—De ambos, nueva moral, un charquicán post todo (de posmoderno y posteo). Marín y el Dr. Malo se han convertido en gurús para una nueva generación de cinéfilos. Están entre los blogs más visitados y linkeados de Chile, tienen diez mil veces más lectores que cualquiera de nosotros. Los respetan, los citan, los invitan a la radio, a la televisión, han hecho de la web y facebook un nicho para la nueva cinepatía. Y tienen como 20 años. Todos los fanáticos sub 30 de las series, videojuegos, películas y cómic saben quienes son ese par.
—¿Dr. Malo? Dónde quedaron los nuevos Hans Ehhman... Que pasó que ninguno de los que actualmente firmamos en los medios escritos nos hemos convertido en referentes. ¿Te acuerdas cuando estábamos en la universidad, lo chamánico que eran los ejemplares de la revista Enfoque. La leíamos con pasión, les hacíamos caso, queríamos ser como los que escribían allí...
—Pues las nuevas Enfoque se llaman Nerdorama, Salón del Mal, Calabozo del Androide, CineconChile, Desenfocados, Hermes el sabio etc. Pero tu lo acabas de decir, la clave de todo está en una palabra: pasión. Y hoy como que lo denso le ganó la carrera a lo emocional, a lo pasional. No todo tiene que ser tan inteligente, ni tener segundas, ni terceras lecturas. No todo lo que viene de Corea es tan bueno… Por buscarle la quinta pata al gato terminamos parados al lado del enemigo. En lugar de celebrar al cine, maravillarnos con las películas, recuperar el asombro, nos dedicamos a meterle matemática. A veces te leo, leo al resto de los “colegas” a mi mismo y me pregunto, ¿qué onda?, en verdad nos gusta el cine, la pasamos realmente bien viendo películas. Por qué tanta sociología, política y profundidades antojadizas en los análisis cuando en las restas lo que debería importarnos es que la historia que nos cuentan sea una buena historia, que nos pateen el rostro y nos sacudan emocionalmente. Por eso estos blogger entraron con tanta fuerza y están formando con tanta eficacia a los nuevos cinéfilos, porque escriben con guata y corazón, vomitan fanatismos, ven al cine como algo mágico, sorprendente que literalmente les puede cambiar o acabar el mundo, no como un excusa para abanicar la inteligencia de quien firma.
—Después de todo, esto es sólo crítica cinematográfica, no cirugía cardiaca.
—Exacto, nos pagan por hacer algo que (en teoría) nos gusta, no todos pueden decir lo mismo. Como dice Spider-Man, con un gran poder viene una gran responsabilidad y la responsabilidad de la crítica y el comentario cinematográfico no es con los intelectuales sino con los fanáticos. Ésto es guata, pasión y finalmente utilidad pública.

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viernes, noviembre 28, 2008

NOSTALGIA ROCKERA


Versión completa -extendida- de la columna publicada hoy en El Wiken, como siempre se agradecen los comentarios en los blogs mercuriales.

LA ULTIMA OPORTUNIDAD

No quería ir a Queen. May y Taylor estaban bien, pero Paul Rodgers nunca me convenció en el rol de Mercury. Además no estaba John Deacon, el gran reactor secreto de “la reina”. En verdad iba a pasar de largo, cuando leí una entrevista a Peter Gabriel en Billboard.com donde el músico manifestaba sus intensiones de reunirse con Genesis en una especie de tour de despedida. Y aunque en otras ocasiones había lanzado el rumor, ahora parecía ser cierto. “Estamos viejos”, decía el cantante de Solisbury Hill, y su compañero en teclados, Tony Banks agregaba: “hay que hacerlo antes que uno de nosotros se muera. La idea es que no nos pasé lo que a Roger (Waters) y David (Gilmour)”, aludiendo a la muerte de Rick Wright, que rompió cualquier idea de juntar a sus colegas de Pink Floyd. Y ahí me cayó la teja. Más allá del gusto o no gusto por Queen, la gran razón para ir al show es porque es probable de que sea la última oportunidad, no de verlos vivos (no hay que ser tan dramáticos) pero si activos arriba de un escenario.
La gente se hace vieja, los ídolos se marchitan, Paul McCartney anunció su tour mundial de despedida para el 2010, somos tal vez los últimos privilegiados con posibilidades de verlo bajo reflectores. Un amigo me decía que la muerte de Rick Wright había sepultado los sueños de tres generaciones junto a un gran mito pop nacional, eso del concierto de Pink Floyd en el Valle de la Luna. Es verdad, aunque los que inventaron el rumor jamás se preguntaron dónde, una de las bandas más eléctricas de la historia, iban a enchufar los equipos en medio del desierto. Pero claro, eso no era lo importante, sino la sensación de que un grupo que nos ha acompañado toda la vida ya no iba a volver a tocar.
Y no es ser alarmistas, todo lo contrario, es pura lógica. Los grandes mitos del rock tiene ya más de 65 años, han bajado las revoluciones de su música para poder interpretarlas. Bowie ha dicho que está pensando en vivir calmado sus próximos años, Dylan no quiere regresar a la carretera, los Stones se han guardado callados (y cansados) sin hacer declaraciones. De The Who sólo quedan dos y uno está completamente sordo, Ozzy y Black Sabbath son casi una anécdota (muy buena anécdota) de geriátrico con cuero y pañales y así la lista es eterna… El próximo año, por pura matemática, debieran morir unas cuantas leyendas de la música popular. Hasta Iron Maiden ha justificado su obsesión con las giras –en marzo vienen de nuevo- en el hecho de que pronto ya no van a poder seguir dándole a la flaca de seis cuerdas. Cualquier oportunidad de verlos en directo ya no es cuestión de fanatismo, sino de respeto. Y eso fue Queen, no un gran concierto como insisten sus incondicionales, sino una misa de cultura pop, una especie de documental en vivo y en directo al legado musical de cuatro sujetos a la humanidad, porque no hay nada nuevo en sostener que el rock es la nueva música docta, la diferencia es que ahora el apelativo de clásicos es más fuerte que nunca. “The show must go on”, cantó el momento más emotivo de la noche, cuatro minutos y medio donde ante mis ojos pasó buena parte de la historia del siglo veinte.
En este escenario el rol que va a cambiar radicalmente es el de las bandas tributo. Estos grupos de fanáticos, por fanáticos y para fanáticos van a transformarse en el equivalente musical a un remake. O en códigos de música docta en quienes interpretarán a los grandes muertos del rock. De aquí al 2020, nuestros hijos van a escuchar a Sex Pistols, Joy Division, Led Zeppelin y pongan el nombre que quieran a través de conjuntos que hoy son amateur pero que pronto serán tan profesionales como una orquesta de cámara. Y que terminarán cobrando tanto o más que a sus inspiradores. Quien sabe, tal vez en un par de décadas quienes llenen el Nacional sean Lemon (U2) y H-Sur (Rush), el futuro en la cultura pop tiene en verdad más vueltas que una oreja.

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viernes, noviembre 14, 2008

Y MIKE MILLS TUVO LA CULPA


Versión uncut de la columna aparecida hoy en Wiken. Como siempre se agradecen sus comentarios en los blogs de El Mercurio.

PRIMEROS SECUNDARIOS

La culpa de esta columna es de Mike Mills, bajista, segunda voz, pianista y tecladista de REM. Estaba allí, con su cara de intelectual (parece más guionista de cómic que rockero), arriba del escenario, bajo el domo del Arena Santiago (o Movistar Arena, como se llame ahora), a un costado de Stipe, haciendo lo suyo y ganándose al público con aún más fuerza que su calvo -e infinitamente más famoso- colega. El concierto fue de REM, pero el show fue de Mike Mills, con un secundario como él, es obvio el impacto de la banda de Athens, Georgia. Como en el buen cine y la mejor televisión, el peso de la música también recae en el carisma de los que acompañan al actor principal.
Dicen que uno va al cine básicamente a enamorarse y a sentirse identificado, que de todas las emociones que gatilla la gran (y pequeña) pantalla esas dos son las más importantes. Vale, puede que los críticos nos demos la lata de concentrarnos en cuestiones que a la larga no le van a importar a nadie, pero el resto, la gran masa va por esas dos razones. Todos alguna vez nos hemos enganchado de una estrella a la cual hemos seguido con la más amorosa de las devociones, todos alguna vez hemos querido ser como… como Peter Sarsgaard, un tipo que me cae tan bien como mi mejor amigo y que se ha especializado en hacer de su carrera una perfecta sucesión de personajes secundarios, esos que están al borde, esperando, pero que a la largo soportan las penas y alegrías de los protagonistas de las historias, despachando de rebote las mejores frases, protagonizando momentos epifánicos que nos arrugan las tripas. ¿Qué sería de Garden State sin Sarsgaard, sacudiendo a Zach Braff y a Natalie Portman? ¿O de Casi Famosos sin la envidia bien intencionada de Jason Lee (es mucho mejor como apoyo que como protagonista en su comedia My Name is Earl)? ¿Qué sería del cine en general sin Ed Harris, el gran primer secundario?
Chloe y Almeida en 24, Chuck Bass en Gossip Girl (mi cada vez menos culpable placer), John Deacon en Queen, Alan Wilder en Depeche Mode, Jimmy Olsen en los cómic de Superman el comisionado Gordon en Batman, el “amigo inteligente que se quedó en el pueblo” de las novelas de Stephen King, la lista es tan larga como corto es el espacio de Fuera de Foco. Me gustan los secundarios, porque son más parecidos a la gente que conozco y que quiero, porque en el fondo todos somos actores de reparto en una película masiva en que el rol protagónico le tocó a otros: deportistas, políticos, curas incluso, por eso nos caen tan bien, nos identificamos con ellos, porque son el nexo entre nosotros y el héroe de la historia. Quizás nunca nos enamoremos de un secundario, pero felices nos tomamos una cerveza con ellos.
Y la culpa fue de Mike Mills y la teja que cayó también, con suficiente fuerza para decidir no ir a Madonna, ni aunque me regalen la entrada, ni siquiera por respeto a su ícono pop. Porque en Madonna no habrá secundarios, será una adoración al ego con efectos especiales, sin gente buena tela rodeándola, porque en definitiva Madonna no tiene a su Mike Mills y con esa razón vasta para saber desde ya que su show tiene cero posibilidades de ser el concierto del año: una cosa es llenar dos veces el nacional, otra muy distinta es llegar de verdad al público. Por algo en las fantasías adolescentes, uno nunca quiere ser el frontman, sino el guitarrista piola o el bajista místico.

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sábado, noviembre 01, 2008

LOS 80... SER ODIADO, ¿ME VAN A ECHAR?


Nunca imaginé que Emociones Clandestinas, mi última columna en el Wiken, provocaría semejantes reacciones, sobre todo porque no era una columna política, sino de cultura pop, de reflexion sociológica si se prefiere. Menos que a más de uno le molesten los supuestos comentarios "izquierdistas" de mis columnas (¿cuales?). Cuando se habla de pasarla mal, era para ambos lados de la moneda, no solo en la arena de las ideologías, tambien en la económica y enn la de los desastres naturales. Soy nieto de carabinero, vengo de una familia tradicionalmente de derecha y además de provincia, creo estar al tanto de como fueron las cosas para muchos en los 80. En fin, nunca falta la gente a la cual nombrar la CNI como sinónimo de horror es como sacarle la madre. Tampoco los que no entienden nada. En otra época, en El Mercurio me habrían pegado un chute en el cula, confiemos en que los tiempos han cambiado. Dos perlitas.


Soy una lectora asidua, de este diario y por tanto, siempre leo a este columnista (Francisco Ortega) y generalmente me han molestado sus comentarios de tinte politico, pero esta vez realmente me harto; yo sr. Ortega, también fuí parte de la juventud de los 80 y dejeme decirle que fueron los mejores años de mi vida, la pase chancho y fuí muy feliz, igualmente la gente que me rodeaba y nada de esa época fue "lugubre" ni deprimente para nosotros, claro, que nos dedicabamos a hacer cosas de jovenes, sin rollos politicos, ni otras basuras por el estilo. Obviamente, la serie en cuestión tiene una sola desvirtuada visión, así que no merece la pena comentarla. Ya esta bueno de tanta porquería politica,le recomiendo que se dedique a otra cosa más constructiva, digo yo, por el bien de su alma.

Vi un rikitingo el comienzo de la serie y no dudé nuevamente TVN, con la misma cueca de siempre que la CNI y que los pasamos mal, al ver a Daniel Muñoz, no dudé un segundo que sería concientización de los upelientos, para usar la TV , como hacen el teatro para concientizar, es más de lo mismo chico, igual que la TV Venezola y Cubana, si es que tienen luz, me gustaría que estos "creativos" recordarán los mil nefastos días del Chicho, sus errores, sus amantes, su adición al Wisky CHIVAS REGAL, la internación de armas de los bultos cubanos, pero eso no es historia chico, lo que es ya no la ví nunca más.

Más en este link.

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viernes, octubre 31, 2008

LLORAR LOS 80

Version completa del artículo publicado hoy en Wiken, como siempre sus comentarios en los blogs del decano serán más que agradecidos. Comentar aquí.

EMOCIONES CLANDESTINAS

El mejor instante del cine y la televisión chilena del 2008. Segundo capítulo de “Los 80”. Temporal en Santiago y Daniel Muñoz acaba de regresar a su casa tras perder el trabajo y ser “raptado” por la CNI. Tamara Acosta, su esposa, lo atiende en la cocina y le sirve un plato de sopa, él pide ají y un pedazo de pan. Comenta que es la sopa más rica del mundo, luego se larga a llorar y le cuenta a su mujer que lo han despedido. Hacía años que no lloraba viendo una película (o una serie o lo que fuera), pero esa imagen me mandó a la cresta, gatilló alguna clase de emoción guardada, desenrolló la cebolla que todos llevamos dentro. Y ahí me vino la teja. Los 80, no la serie, sino los años, tienen esa mística, esa fuerza cultural, no por sus pantalones amasados, peinados raros, fiestas clandestinas, rock latino o europop azucarado, sino porque vaya que fueron tristes, vaya que la pasamos mal en esa época. El nublado del temporal en ese capítulo, resultó una metáfora perfecta del ánimo en aquellos días. El neón sólo era un disfraz, el amarillo una inmensa mentira, el color, el gran color era el grís.
Alan Moore, el autor de “Watchmen”, escribió (precisamente en “Watchmen”) que el recurso que mejor funciona a la hora de conseguir la empatía con un lector (o un espectador) era comenzar con una anécdota triste, un recuerdo bajo, penoso, oscuro. Que ahí está la verdadera complicidad, porque todos la hemos pasado mal, todos hemos llorado más veces de las que hemos reímos. Todos tenemos esa herida, que en el fondo es una gran historia. Y los años 80 son precisamente eso, el gran tajo en nuestro rostro. Si hoy la pasamos bien en fiestas temáticas de esos años, o las radios ochenteras la rompen, es simplemente porque es una forma de exorcisar un montón de fantasmas.
En esta lectura es donde “Los 80” no sólo hace dupla, sino que supera a Machuca, historia con la cual el link es obvio. La serie del 13 aprovecha precisamente el lado donde la película de Wood cojea. Ambas son notables frescos históricos, complementarias, pero Machuca flaquea en lo de emocionar sólo a través de lo grande, de los sucesos que reconstruye. Es verdad, uno se encariñaba con los niños, pero el resto de los personajes no sólo eran detestables, sino caricaturescos y lo que es peor olvidables. En “Los 80” por lo contrario, está el ambiente, el fondo sociopolítico, pero por encima de todos brillan los personajes, es una historia de familia: de un papá, una mamá y tres hijos. De cariño, de relaciones entre personas, de cosas de verdad, asuntos que importan en serio. Todos tenemos a alguien a quien querer y esa es la gracia de “Los 80”, el resto importa, pero no más que el tomar una sopa con ají y decir que esa sopa es la mejor del mundo.
“Los 80” es con ventaja el mejor programa del año y también el más triste. Pura y genuina emoción, nada de teleserie, sino de verdad, de esa que tanto escasea en la ficción local. Un Santiago de época, de almacenes de esquina y también de la más sombría de las inocencias. La CNI por un lado, el flipper Ali de Stern por otro. El cuadro perfecto de una época que en nuestra memoria es un chicle amargo, pero que bajo ese sabor agrio está el sentimiento que fue en esos años donde en verdad nos hicimos grande. Por eso los 90 jamás van a ser “los 90”, por eso, en el charquicán de nuestros recuerdos, Los Prisioneros siempre van a ser mejor banda que Los Bunkers o Los Tres, porque cantaron canciones tristes cuando en verdad estábamos tristes.

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viernes, octubre 03, 2008

HAL JORDAN (1925-2008)


Versión ligeramente extendida de la columna publicada hoy en el Wiken, como siempre sus comentarios se agradecen en los blogs Mercuriales.

DOS PALABRAS: PAUL NEWMAN

–Murió Paul Newman –me enteré por el telefonazo de un amigo, el sábado pasado. Y el recuerdo que me asaltó fue automático, a veces la memoria es igual a un DeLorean con convertidor de flujo y puertas de gaviota. Viaja por el tiempo a 80 millas por hora.
“Se nos fue Butch Cassidy” leo más tarde en un blog, cuyo autor enumera con pasión enciclopedista a sus personajes favoritos del panteón Newman. Continúa con Eddie “Fast” Felson, que como todos sabemos es (y será) el mejor jugador de pool de la historia. Lo que es yo, me quedó con Doug Roberts. No sólo es el primer Paul Newman de mi disco duro, también al que más cariño le tengo. Roberts, el arquitecto de la Glass Tower de San Francisco, suerte de Howard Hughes de la construcción civil, cuyo ego ante la maravilla urbana que acababa de construir se veía minado por algo tan simple como un cortocircuitos.
Newman en Infierno en la Torre, película que vi en 1980 (bastantes años después de su estreno) con mi abuelo, en una función especial para un Cuerpo de Bomberos de provincia, porque mi abuelo era bombero y uno a los 6 años lo único que quiere es ser bombero. Y fue raro el impacto infantil de esa película, uno de mis primeros “filmes adultos”, porque aunque el héroe, quien salvaba el día, era Steve McQueen yo preferí al arquitecto, al otro héroe, al que debía de pelear contra su propia creación: Frankenstein pero con planos, regla de cálculo y mejor pinta. McQueen salvaba vivas, es verdad, pero el verdadero incendio/infierno era el de Paul: hacer lo correcto y tragarse el orgullo. Y llegaba la escena final, Paul y Steve –que par de titanes, herederos de Dean y Frank, padres morales de Brad y George– estrechándose las manos, dos caras de una misma moneda. En 1980 yo quería ser bombero, después de Infierno en la Torre y por culpa de Paul Newman cambié mi opción por la arquitectura.
–No te equivocaste –prosiguió mi amigo –escribiste que faltaba el tercero. Que en la cultura pop las muertes se daban de a tres, primero David Foster Wallace, luego Rick Wright y ahora Paul Newman, el ciclo se cerró.
–Lo más freak es que entre los candidatos del último párrafo había puesto a Paul Newman. 84 años, cáncer terminal, pura aritmética macabra, por lo mismo preferí reemplazarlo por Amy Winehouse…
–Doc Hudson, el auto veterano de Cars. Que grande que su último gran papel haya sido con Pixar. Buen personaje para recordarlo.
–Para mi siempre va a ser Doug Roberts –y le conté lo de Infierno en la Torre –también Hal Jordan
–Y ese quien es.
–Linterna Verde, un personaje de DC Comics, creado en 1959 por Gil Kane, lo raro es que Newman fue y no fue Hal Jordan. Kane buscaba para su héroe alguien que representara al nuevo campeón americano de posguerra: guapo, inteligente, valiente, divertido y que no temiera usar los puños cuando los necesitara; amante además de los aviones, las mujeres hermosas y los autos deportivos. Y concluyó que Paul Newman era la mejor imagen de esos “valores”, así que lo dibujó a su imagen y semejanza
–Paul habrá sabido que inspiró a un superhéroe.
–No creo, tampoco era necesario que lo supiera. Quienes nacen como titanes, no necesitan disfraces ni máscaras, caminan entre los dioses desde que su nombre y apellido aparece grabado en technicolor y pantalla ancha. Dos palabras: Paul Newman.

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viernes, septiembre 19, 2008

NOSFERATUS: RICK WRIGHT Y DAVID FOSTER WALLACE Y


Versión ligeramente XL de la publicada hoy en Wiken. Como siempre sus comentarios en los blog del decano serán agradecidos por su servidor. Postear aquí.

VAMPIROS

Como en los mitos, los héroes de la cultura pop también son inmortales. Pero mientras Hércules y Odiseo se convirtieron en constelaciones, los actores, músicos, escritores o directores hacen lo propio como vampiros. Eternos en sus creaciones, respirando a través de sonidos, palabras e imágenes, chupando la sangre de los fanáticos que nos quedamos en esta orilla. Pienso en David Foster Wallace a través de las páginas de La Broma Infinita o en Rick Wright, en cualquier acorde de Pink Floyd, pienso en tantos otros, también en capas negras y colmillos afilados.
En 1996 la Fox produjo una efímera serie llamada La Hermandad: Los Abrazados, basada een el juego de rol Vampiro: La Mascarada, que acá transmitió Uniseries (el actual AXN) y Mega en horario de trasnoche. El drama era sobre una sociedad de vampiros que vivían insertos en nuestra sociedad, plot plagiado a posterior por la escritora Stephenie Meyer (Crepúsculo), Alan Ball (Six Feet Under) en su nueva joyita para HBO, True Blood e incluso en la versión fílmica del pesonaje Blade, de Marvel Comics.
La serie, producida por ese otro nosferatu, Aaron Spelling, no era una maravilla, pero tenía una gran idea: entre los vampiros había un grupo con el poder de manipular las emociones, generando lo que los mortales entendemos como arte. Miembros de este clan (en secreto, obvio) habían sido Leonardo da Vinci, Mozart, Elvis Pressley, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain, lo que explicaba las muertes prematuras de alguno de ellos, porque el éxito los hacía públicos y eso provocaba el temor en los otros no muertos. Una buena explicación pop al fallecimiento de un ídolo. Más freak. La serie no se canceló por bajos rating, sino por la inesperada muerte de su protagonista, un desconocido Mark Frankel. Internet está plagado de raras teorías acerca de que el trágico suceso fue gatilllado porque la serie se acercaba demasiado a una verdad que era mejor que continuara en sombras.
Sincronía trágica. Me entero de la muerte de uno de mis ídolos, el escritor David Foster Wallace y le dedico “Shine on you crazy diamond, parte IX” de Pink Floyd, la marcha fúnebre que el tecladista Rick Wright compuso para su amigo Syd Barrett en 1975, entonces en estado de casi muerte. El tema no alcanza a terminar cuando me llega un mail: “murió Rick Wright”, dice. No me la creo. Si el fallecimiento de Wallace me resultó un golpe en el pecho, lo de Wright fue un tiro directo. Quedé desolado, en blanco, no sólo porque Pink Floyd es parte de la banda sonora de mi vida, sino porque de todos sus integrantes, Wright siempre fue mi favorito, autor y cantante de la canción más bella jamás compuesta por la banda, “Summer of 68”, una balada acústica escondida entre los temas largos de Atom Heart Mother. Más sincronía, el músico se fue el día en que se cumplen 33 años (la edad de Cristo) de la salida del disco Wish you were here, su trabajo favorito dentro de la discografía del grupo, precisamente la placa donde viene “Shine on you crazy diamond”. Da pena, harta, sobre todo por el sentido que toma el título del LP, todos los fans desearíamos que siguiera aquí, aún con nosotros. Da pena porque con la muerte de Wright no sólo desaparece Pink Floyd como grupo, sino que se esfuma uno de nuestros más curiosos mitos pop, la hipotética tocata de la banda en el Valle de la Luna. Un rumor generacional que creció de boca en boca sin que nadie se preguntara lo evidente, dónde diablos la banda más eléctrica del rock clásica iba a enchufar sus instrumentos y efectos especiales.
Foster Wallace y Rick Wright, nos veremos en el lado oscuro de la luna. Dice la trivia que la muerte en la arena del pop siempre viene de a tres, al cierre de esta edición aun no se anunciaba el vértice final del triángulo. Y mientras escribo paso lista entre quienes van por el borde: Amy Winehouse, Robert Plant, Bob Dylan. Sus riesgos son disímiles, la primera por una vida apuntada en extremos, los otros alcanzados por la edad. No cito a los Stones, porque los Stones son de mentira, no existen, hace tiempo que están muertos, son zombies y los zombies están en otra categoría, más mundana que los vampiros.

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viernes, septiembre 05, 2008

EL RETORNO DEL KING


De todas las columnas que he escrito en Fuera de Foco, ésta es lejos la que más sentí cortar, pero bueno, traté de dejar lo básico (no era necesaria la distinción entre "Noche" y "Hora del Vampiro"), las ideas centrales, pero igual hubo frases que me gustaban y que debí volar. Como siempre agradezco sus comentarios freak en los blog mercuriales. Acá, la versión uncut, dedicada a los Kingfans.

DIOS SALVE AL KING

1982, tengo 6 años y estoy frente al televisor. Anuncian el estreno del domingo, la película se llama La Noche del Vampiro: noche, neblina y de pronto, entre los vapores, un niño flotando, tiene los ojos blancos y una sonrisa endemoniada. Se acabó todo, esa noche no pude dormir, ni la siguiente, ni la subsiguiente. Y para empeorar las cosas no era un filme, sino una miniserie de tres partes, así que durante casi un mes tendría que esconderme de cada “próximo domingo”. Al final me las di de valiente y me atreví a ver el avance del último capítulo, gran error: una sábana negra tirada en medio de un comedor, de pronto esta se levantaba y aparecía un ser calvo, de colmillos afilados y piel verde. ¡Casi me da un infarto! Volvieron a repetir la miniserie al año siguiente y de nuevo fui un cobarde. Curioso, en las mismas fechas se estrenó en cines una película con nombre parecido: La Hora del Vampiro. Unos amigos la vieron, tenían hermanos mayores, y quienes habían visto la serie no entendían nada, “era lo mismo de la tele, pero le habían sacado partes”. Corte.
Ocho años después me regalaron un libro para navidad, se llamaba La Niebla y era de un tal Stephen King. Tres relatos, el primero una novela corta acerca de un grupo de gentes encerradas en un supermercado, rodeados de una espesa niebla habitada por aterradoras criaturas. Me lo devoré entero, incluida la solapa, donde entre las “otras obras del autor” aparecía La Hora del Vampiro. Me tardé en conseguir el libro, Salem´s Lot era su nombre original, también el de la miniserie dirigida por Tobe Hooper (Poltergeist) cuya versión televisiva fue nombrada acá como La Noche del Vampiro mientras que su recorte para el cine (con 60 minutos menos) usó La Hora del Vampiro, ¿dos nombres para la misma historia? En rigor tres, porque en España (y ahora en DVD zona 4) se llamó Phantasma II para colgarla del éxito de un filme de horror italiano llamado Phantasma. Charquicán imposible, da lo mismo, lo que importa es el miedo. Y eso sigue intacto.
Aterradora sincronía: el próximo jueves, días previos al cumpleaños 61 del autor de Maine, se estrena en Chile (con un año de atraso) La Niebla, de Frank Darabont, quien ya supo llevar al escritor a pantalla con Sueños de Fuga y La Milla Verde. Más que una película, un ritual, porque los devotos de King lo tenemos claro, cada año tenemos algo suyo, el 2008 empezó con 1408, siguió con La Niebla y se estirará hacia fines de año con la traducción de su última novela, Duma Key y la llegada del tomo recopilatorio del cómic La Torre Oscura, misma saga que J.J.Abrams anunció convertir en serie para el 2010. Es el toque del rey, una cancha donde nadie lo supera. Literatura hamburguesa, es verdad, pero también los es que las hamburguesas a veces son harto más ricas que un buen filete. Con perdón, pero entre leerme el último mamotreto de Richard Ford y disfrutar un buen King me quedó lejos con lo último. La historia le hará justicia, apuesto mi nombre y mis pocos bienes a que para el 2030, It (su mejor obra) estará a la misma altura que Moby Dick y el viejo King a la par que Mark Twain o William Faulkner.
Miedos, temores, pop, rock, cine, fantasmas sobrenaturales y morales, el cóctel King es amplio. Carrie y Christine por un lado, Misery y Cuenta Conmigo por el otro. Entre medio El Cazador de Sueños, La Zona Muerta y El Replandor, esta última brillando de la mano de otro SK, Stanley/Stephen Kubrick/King, la simetría da tanto miedo como su contenido.
Como Woody Allen, el buen Stephen es bueno hasta en sus malas historias. Larga vida al King, si me preguntan podría llenar páginas y páginas de uno de mis autores favoritos, porque no nos veamos la suerte entre gitanos, King no es un placer culpable, todo lo contrario, es un gusto mayúsculo. Más de uno de ustedes, de seguro también tienen un King favorito, el mío es Salem´s Lot (o La Noche/La Hora del Vampiro), ¿el de ustedes será Cujo, The Runing Man, Apt Pupil, Dolores Claiborne…?)

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viernes, agosto 08, 2008

EL CHACAL DE NAHUELTORO RELOADED


Columna publicada hoy en el Wiken, algo fue cortada por el espacio, pero esta lo básico, lo importante. Aunque es una lástima que no haya aparecido mi homenaje al gran Nelson Brodt. Acá la versión extended. Como siempre los invito a opinar en los blogs mercuriales.

LA MEJOR PELICULA CHILENA…


…la vi hace dos semanas y no fue ninguno de los dos estrenos nacionales de esta semana. La mejor película chilena que he visto en los últimos diez años fue un capítulo de El día menos pensado, una perlita de 50 minutos en la que Carlos Pinto “sampleó" El Exorcista con El Chacal de Nahueltoro, todo con el gran Nelson Brodt en una versión provinciana y sureña del padre Karras. Y claro, puede que las intervenciones de Pinto arruinen la fiesta o que la fotografia no haya pasado de los límites del telefilme, pero vaya que había carne en esa historia.
Pinto entendió la fuerza y la imagen del diablo en la imaginería chilena, una idea religiosa y mitológica que nos ha acompañado desde antes de Almagro, y con ello pintó su cuadro: una improbable mezcla entre Raúl Ruiz y M. Night Shyamalan, entre Oscar Castro y Stephen King, con momentos realmente aterradores, sangre explícita y una sensación de inquietud que se percibía desde los créditos iniciales. Ni idea si Pinto habrá leído a Clive Barker pero en la humildad de su relato, había atisbos de ese horror sobrenatural y arquetípico tan típico del inglés. Con lo limitado de sus recursos El día menos pensado dio cátedra en lo que nuestro cine necesita para despegar: básicamente una historia chilena de llegada universal.
El Exorcista según Carlos Pinto fue el programa más visto del domingo 26 de julio, también el más comentado en el Metro, el Transantiago y las oficinas al día siguiente: lo más parecido a un blockbuster made in Chile. Sólo imaginar la misma historia, mejor filmada, con un mayor tratamiento de personajes y con una eficiente maquinaria de marketing detrás me hace sonreír frente a la pantalla del computador.
Hace dos semanas también, Antonio Martínez comentaba en el Wiken que el 2008 era el año en que se habían recortado más boletos en las salas de cine locales. Y se preguntaba el crítico, qué tenía que hacer nuestra producción cinematográfica para tomar una mascada de esa torta. Sincronía, la respuesta apareció en TVN, a las 22 horas del domingo siguiente.
Puedo parecer exagerado, es el propósito de esta columna, pero todo tiene que ver con una columna que publiqué en este mismo espacio hace unos meses. Es verdad, el cine chileno está mejor que hace años, pero hasta la mejor película no pasa de ser “interesante”. Sólo pensemos en lo mal que ha envejecido Machuca, quizás la más emblemática superproducción local reciente. Lo mismo para la escuela “intimista” de Bize y sus contemporáneos. Si el propósito es festivalear o mostrar en Europa del Este, todo bien, pero el cine también es creación de mitos, de leyendas pop y eso se consigue desde una vereda más comercial que independiente. Si queremos industria (no entendida ésta por los clones de El chacotero y Sexo con amor, que andarán bien en cifras pero cuya frontera conceptual no supera Américo Vespucio) el salto debe ser cuántico. El cine chileno para las masas del 2010 necesita comenzar a pensar en grande. Y esta grandeza no tiene que ver con efectos especiales, técnicos o presupuestos millonarios, sino con buscar historias que funcionen aquí y en la quebrada del ají. Como el diablo, un personaje que asusta tanto en Pitrufquén como en Seattle, porque Lovecraft tenía razón, es el miedo y no el amor, la más universal de las emociones.
¿Estoy equivocado? No creo que tanto, después de todo la película chilena más emblemática y recordada de la historia, El chacal de Nahueltoro, no sólo es por lo básico una historia de horror (con un proto serial killer incluido) sino que derechamente se parece más a El día menos pensado que a En la cama.

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