FORTEGAVERSO

jueves, septiembre 17, 2009

EL SIMBOLO PERDIDO A LA CHILENA... TERMINEN LA HISTORIA


Esto es un juego, una idea surgida ayer tras el último podcast de DEFDM. La trama de la última novela de Dan Brown no es tan complicada y juega con los mismos elementos que las anteriores. En Chile tenemos nuestro propio complot masónico. Aquí hay un plot, un primer acto y el resto queda abierto. El final, la acción es de ustedes. Repito: esto es un juego y también un experimento de novela abierta, ¿quien es el primero en terminar la historia? ¿Quien se atreve a tirar la primera piedra?

EL SIMBOLO DE LAUTARO

Roberto Lagos es un profesor de historia del instituto de Historia de la Católica. Cuarentón guapo, atlético, ex seleccionado de algún deporte. Lleva años trabajando en una tesis definitiva sobre la masonería en la historia de Chile, trabajo por el cual ha ganado como veinte becas estatales. Cerca de medianoche recibe un llamado de Antón Soublette, su mentor y profesor amigo, quien lo necesita ver ahora ya afueras del Campus Oriente, que tiene algo que entregarle. Lagos va. Pero descubre el cadáver del viejo profesor, al cual se le han cortado las manos. Como en una trampa bien orquestada es rodeado por agentes del PDI que lo acusan de ser el principal sospechoso del crimen. Se viene un escándalo académico de proporciones. Lagos es trasladado a la brigada de homicidios de calle Condell, donde es interrogado por una joven, hermosa e inteligente fiscal llamada Lucía. Tras la charla, Lucía insiste en que Lagos debe ser trasladado de inmediato a una sala de reclusión más segura en el Centro de Justicia, que ella en persona se va a hacer cargo del transporte. Minutos después abordan un vehículo institucional: ella, Lagos y dos policías. A la salida de la brigada de homicidios la prensa esta expectante y quieren una exclusiva. Tras eludir a los periodistas el auto toma por Matta hacia el gigantesco edificio de las cortes públicas. Entonces Lucía agarra un arma, apunta a los conductores/detectives y les pide amablemente que bajen del auto. Les quita los celulares, radio y armas. Luego libera a Lagos, toma las llaves del auto y se pierde hacia el centro de Santiago. Pocas cuadras después abandona el vehículo y toman un taxi. Le indica al conductor que la lleve a Bellavista, a la Escuela de Derecho de la Chile. Lagos no entiende nada. Lucía le dice que confíe en ella, que todo fue una trampa para inculparlo y sacarlo de escena, que hay gente poderosa que le tiene miedo a lo que está a punto de descubrir.
–¿Descubrir qué?
–Profesor Lagos usted se involucró en asuntos que no es bueno sacar a la luz.
–¿Y usted quien es, fiscal?
–Alguien que entiende que hay intereses más importantes que los de la Policía de Investigaciones. Y si, profesor Lagos, estamos en un lío gigantesco y nos quedan 24 horas para demostrar que usted es inocente y que yo tengo pruebas de su inocencia.
–Y si no lo logramos.
–Pues usted y yo, señor Lagos, tenemos una cita con la carcel.
–Aún no me responde que papel juega en esto.
–Soublette era mi padrastro, se casó con mi madre cuando yo era niña, fue lo más cercano que tenía a un padre. Se lo debía.
El profesor y la fiscal llegan a la Escuela de Derecho de la Chile. La chica conoce a Galilea, un profesor de derecho que está trabajando hasta tarde y quien lleva horas esperándolos. Tras los saludos iniciales, donde se revela que conoce de tiempo a la joven fiscal (ella lo trata de profesor), éste los conduce a una cámara secreta ubicada en los subterráneos de la Escuela de Derecho, donde hay una biblioteca y una enorme mesa redonda. La cámara entera es circular.
–¿Qué es este lugar?
–Aquí, señor Lagos –responde Galilea– funcionó por años la verdadera gran Logia de Chile, el edificio que tenemos en el centro es sólo la fachada pública.
–Masones.
–Algo más, profesor Lagos. Caballeros Racionales, tal vez usted nos conozca por nuestro otro nombre.
–Logia Lautarina.
Galilea le revela a Lagos que están en guerra, que hay fuerzas en conflicto por apoderarse del legado final de O´Higgins, un documento que tiene las claves de algo vital para el destino de Chile. La Logia lo ha custodiado por años, pero ya han sido debilitados, Soublette, el último maestro.
–Tu padrastro era…
–Lo supe hace dos días –contesta Lucía
Soublette fue asesinado cuando intentó hacer público este asunto a través de Lagos, sin que este lo supiera. El maestro pensaba que si el documento (o tesoro o lo que sea) era revelado a la opinión pública, el éxito de la misión de la Logia Lautarina estaría asegurados.
–¿Y dónde está ese secreto?
–Debajo de la patrona de Santiago.
–Bajo la virgen del cerro.
–No –sonrió Galilea– todos creen lo mismo. Hablamos de la verdadera patrona, una imagen de la Virgen del Carmen de 120 metros de alto, construida en bloques sólidos y levantada sobre el sitio de la última batalla.
–El templo votivo de Maipú.
–Exacto.
–Aun no entiendo el problema.
–Nuestros enemigos lo encontraron señor Lagos e intentaron robarlo, cuando Soublette lo supo lo cambió de lugar. Antes de morir le iba a entregar a usted, confiaba en usted, el sitio del nuevo escondite.
–¿Y quienes son estos supuestos enemigos?
–Usted no lo creería señor Lagos.
A la mima hora, en el oriente de Santiago, un millonario de origen escocés, propietario de una de las empresas de comunicación más importantes de Chile recibió una llamada que no esperaba oír.
Roberto Lagos y la hijastra de Soublette escaparon.
Tras colgar el teléfono, marcó otro.
En la Escuela Militar, alguien contestó...

Esto queda abierto, terminen ustedes la historia.


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viernes, julio 24, 2009

KILOMETRO 26


Extracto del capítulo más raro y más recordado de mi cada vez más añejo primer libro, que tal vez pronto regrese corregido.

KILOMETRO 26

1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,18,19,20,21,22,23,24,
25,26,27,28,29,30,31,32,33,34,35,36,37,38,39,40,41,42,43,
44,45,46,47,48,49,50,51,52,53,54,55,56,57,58,59,60,61,
62,63,64,65,66,67,68,69,70,71,72,73,74,75,76,77,78,79,
80,81,82,83,84,85,86,87,88,89,90,91,92,93,94,95,96,
97,98,99,100 metros.

101,102,103,104,105,106,107,108,109,110,111,112,113,114,115,116,117,118, 119,120,121,122,123,124,125,126,127,128,129,130,131,132,133,
134,135,136,137138,139,140,141,142,143,144,145,146,147,148,149,
150,151,152,153,154,155,156157,158,159,160,161,162,
163,164,165,166,167,168,169,170,171,172,173,174,175,
176,177,178,179,180,181,182,183,184,185,186,187,188,189,
190,191,192,193,194,195,196,197,198,199,200 metros.

201,202,203,204,205,206,207,208,209,210,211,212,213,214,215,216,217,218, 219,220,221,222,223,224,225,226,227,228,229,
230,231,232,233,234,235,236,237238,239,240,241,242,243,
244,245,246,247,248,249,250,251,252,253,254,255,256257,
258,259,260,261,262,263,264,265,266,267,268,269,270,271,
272,273,274,275276,277,278,279,280,281,282,283,284,285,
286,287,288,289,290,291,292,293,294,295,296,297,298,299,300 metros.

301,302,303,304,305,306,307,308,309,310,311,312,313,314,315,316,317,318, 319,320,321,322,323,324,325,326,327,328,329,330,331,332,333,334,335,336,
337338,339,340,341,342,343,344,345,346,347,348,349,350,351,352,353,354,
355,356357,358,359,360,361,362,363,364,365,366,367,368,369,370,371,372,
373,374,375376,377,378,379,380,381,382,383,384,385,386,387,388,389,390,
391,392,393,394,395,396,397,398,399,400 metros.

401,402,403,404,405,406,407,408,409,410,411,412,413,414,415,416,417,418, 419,420,421,422,423,424,425,426,427,428,429,430,431,432,433,434,435,436,
437438,439,440,441,442,443,444,445,446,447,448,449,450,451,452,453,454,
455,456457,458,459,460,461,462,463,464,465,466,467,468,469,470,471,472
,473,474,475476,477,478,479,480,481,482,483,484,485,486,487,488,489,490,
491,492,493,494,495,496,497,498,499,500 metros.

501,502,503,504,505,506,507,508,509,510,511,512,513,514,515,516,517,518, 519,520,521,522,523,524,525,526,527,528,529,530,531,532,533,534,535,536,
537538,539,540,541,542,543,544,545,546,547,548,549,550,551,552,553,554,
555,556557,558,559,560,561,562,563,564,565,566,567,568,569,570,571,572,
573,574,575576,577,578,579,580,581,582,583,584,585,586,587,588,589,590,
591,592,593,594,595,596,597,598,599,600 metros.

601,602,603,604,605,606,607,608,609,610,611,612,613,614,615,616,617,618,
619,620,621,622,623,624,625,626,627,628,629,630,631,632,633,634,635,636
,637638,639,640,641,642,643,644,645,646,647,648,649,650,651,652,653,654,
655,656657,658,659,660,661,662,663,664,665,666,667,668,669,670,671,672,
673,674,675676,677,678,679,680,681,682,683,684,685,686,687,688,689,690,
691,692,693,694,695,696,697,698,699,700 metros.

701,702,703,704,705,706,707,708,709,710,711,712,713,714,715,716,717,718, 719,720,721,722,723,724,725,726,727,728,729,730,731,732,733,734,735,736
,737738,739,740,741,742,743,744,745,746,747,748,749,750,751,752,753,754,
755,756757,758,759,760,761,762,763,764,765,766,767,768,769,770,771,772,
773,774,775776,777,778,779,780,781,782,783,784,785,786,787,788,789,790,
791,792,793,794,795,796,797,798,799,800 metros.

801,802,803,804,805,806,807,808,809,810,811,812,813,814,815,816,817,818, 819,820,821,822,823,824,825,826,827,828,829,830,831,832,833,834,835,836,
837838,839,840,841,842,843,844,845,846,847,848,849,850,851,852,853,854,
855,856857,858,859,860,861,862,863,864,865,866,867,868,869,870,871,872,
873,874,875876,877,878,879,880,881,882,883,884,885,886,887,888,889,890,
891,892,893,894,895,896,897,898,899,900 metros.

901,902,903,904,905,906,907,908,909,910,911,912,913,914,915,916,917,918 919,920,921,922,923,924,925,926,927,928,929,930,931,932,933,934,935,936,937,
938,939,940,941,942,943,944,945,946,947,948,949,950,951,952,953,954,955,956,
957,958,959,960,961,962,963,964,965,966,967,968,969,970,971,972,973,974,975,
976,977,978,979,980,981,982,983,984,985,986,987,988,989,990,991,992,993,994,
995,996,997,998,999.

1000 metros, otro kilómetro ha pasado.

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jueves, mayo 21, 2009

¿BEST SELLER PATRIO?


Hace dos años JC Sáez Editor publicó Preludio de Sombras (Opus Wagner), una entretenida historia de complots, códigos esotéricos ocultos en la música de Wagner, guapas heroínas y tesoros del III Reich. La firmaba Eitan Melnick, doctor y marino chileno, radicado en Israel y según la editorial se trataba de un "best seller chileno". De La Tercera me enviaron el manuscrito para que escribiera de él en la desaparecida revista Cultura, texto que pueden leer aquí. La novela era entretenida, un poco enredada, pero sabía agarrar al lector desde el inicio y lo que me pareció más relevante, no tenía nada que envidiar a un thriller gringo clásico. Sucedió: Preludio de Sombras tuvo una injusta y relegada carrera en librerías chilenas y salvo mi columna nada más apareció del libro en la prensa criolla... Pero Melnick tenía un as bajo la manga y este año reeditó la novela en España, a través de Algaida, un sello especializado en textos de estudio y novela histórica. El detalle es que el libro fue retitulado como La Clave Wagner y presentado con un arte comercial, tapas duras y atractivo texto de contraportada. Y como las cosas ahora se hicieron bien, Melnick ha tenido una tremenda recepción en Europa y se le compara con "bestselleristas" como Carlos Ruiz Safón y Javier Sierra, destacándose la originalidad de la propuesta. El mismo libro, dos versiones, dos mercados. En Chile nadie acusó recibó, al otro lado del Atlántico está en las listas de FNAC, Casa del Libro y destacado en la revista Que Leer. Nadie es profeta en su tierra, dice el lugar común, a veces es muy cierto. Preludio de Sombras o La Clave Wagner, hay que decirlo, el editor español tuvo mejor ojo comercial con el título, tambien en el arte de la portada. Bien por Melnick y bien por el desarrollo de la literatura comercial chilena. Un verdadero gol que necesita ser reconocido.


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lunes, marzo 16, 2009

ALGUNAS TREMENDAS NOVELAS INEDITAS QUE HE TENIDO EL PLACER DE LEER... Y DE ESCRIBIR


Y que quiero se publiquen ya:

EL TREN MARINO: Una escritora infantil maldita, un libro que rapta a sus lectores y un viaje iniciático a Chiloé. La maldición de un alquimista árabe, un submarino a vapor, ¿y si el Nautilus y el Caleuche fueran lo mismo? Una maravilla, ojalá algún día el gran Daniel Villalobos regrese a la prosa y le ponga punto final a este delirio que llueve estar impreso en tapa dura, un Carlos Ruiz Safón en potencia, con hartos más cojones.

ZOMBIE: De forma literal Mike Wilson respondió a un tema que hablamos cada vez que nos juntamos, el fin del mundo en el fin del mundo. Una bomba, un misil, una guerra, un accidente, da lo mismo, sólo quedan niños o casi niños en una ciudad que podría ser Santiago o Buenos Aires. El futuro se convirtió en recuerdos y el aquí y el ahora no son más que fragmentos de vidas todavía más fragmentadas en una esplendida novela río afterpunk, alter todo.

KALFUKURA: Tuve el privilegio de leer la novela infanto-juvenil de Jorge Baradit que no tiene nada de infantil. Algo clama en el corazón de Chile, la tierra se ha despertado y un joven héroe inicia una aventura iniciática que hace que la Tierra Media sea un chiste al lado de este Chile mítico, con Almagro y Valdivia convertidos en monstruos subterráneos, jinetes de Huemules y de Ballenas Blancas. Un juego de rol, trading cards, cómics, animé a lo Miyasaki en ácido lo que sea.

ESTRELLAS MUERTA: la prometida historia romántica de Bisama, algo así como canciones de Joy Division pasadas por un colador donde Richard Linklater y Ballard sirven para pintar de negro una historia que bajo su superficie es tan rosa como un beso. Pero a veces los besos, vaya que dejan un mal sabor en la boca, sobre todo cuando lo que tenemos enfrente tiene el peor aliento del mundo. Al final una tremenda verdad: el amor no es más un terreno pantanoso donde todos alguna vez nos hemos convertidos en vampiros y muertos vivos.

ZONA CERO: una vieja obsesión personal, un manuscrito que le leí hace años a Bisama y que creo debería convertirse en algo grande. Una novela río, suerte de versión adulta y triple X de Kalfukura de Baradit. Cuando el sur de Chile empieza a desaparecer, devorado por una gran esfera negra, un tipo perdido en medio de la nada se ve obligado a regresar a su Villa Alemana natal, claro, una Villa Alemana dominada por adoradores del nazismo esotérico.

UNTITLED 1: Alberto Rojas la tiene prometida hace años. Si le creo, porqué no hacerlo, la está escribiendo paralela a su trilogía épica Leyendas de Kalomar, cuya segunda parte, La Hermandad del Viento ya esta lista para debutar en librerías. Pero Rojas es ambicioso y hace rato que está trabajando en una relectura steampunk del mito del Teniento Bello, quien en su Sánchez Besa no se pierde ni reaparece en la Ciudad de los Césares, sino en un mundo ucrónico donde Chile esta perdiendo la Guerra del Pacífico y su rudimentario avión se convierte en punta de lanza para el arma que puede cambiar la suerte de nuestro país. Un cruce fascinante entre Pacha Pulai y El experimento Filadelfia.

UNTITLED 2: Juan Carlos Fau de Que Leo me pasó el manuscrito. No sólo me gustó, sino también a todos los de Alfaguara que lo compraron y a fines de año se lanza. Es el debut de una nueva y joven autora nacional, con una saga de vampiros santiaguinos que deja a Stephanie Meyer como un mal chiste (¿alguna vez fue bueno?, en fin). Aun no puede decir ni el nombre de la novela ni de la autora, sólo imaginen la estatua frente al Museo de Bellas Artes cobrando vida y besando a una joven punk que lo único que quiere es arrojarse desde lo alto de la cruz de la Iglesia de San Francisco.


BONUS TRACK

Y como la caridad empieza por casa, estas son mis dos inéditas en las que trabajo en forma psicopática, una semana cada una. Desafio personal, escribir dos novelas al mismo tiempo, es la única manera en que evito la invasión de una posible tercer idea que mande esta pega a mi baul de historias inconclusas.

EL HORROR DE BERKOFF:
Martín Martinic tiene 35 años ya y ya no queda nada del galán de teleseries que fue hace una década, Las cosas no le han salido bien, en parte porque desde niño puede hablar con los muertos, en parte porque tiene demasiado claro que no es una buena persona. El fatal accidente de su ex mejor amigo lo obliga a regresar a su pueblo natal en el sur, donde saldará cuentas con gente que hace tiempo dejo de ver, incluida su madre, el amor de su vida y una casa embrujada, La Esquina Berkoff, que podría ser el origen de su mal y el de todos los habitantes del pueblo llamado Estación Salisbury. La novela nació como un guión, se llamaba Victoria, ahora es otra cosa muy distinta. Y si, el título es una cita tanto a El Horror de Dunwich como a El Horror de Drácula, aunque la novela la escribí imaginando a un personaje de José Donoso metido en un mundo a medio camino entre el Maine de Stephen King y la campiña inglesa reconstruida de Hellblazer.

LA 4ª CARABELA: 1492: Colón no llega en tres sino en cuatro carabelas a América, ¿qué pasó entonces con los registros y el destino de la Divina Trinidad y el capitán Bartolomeo de Umbría? 1797: En España, Francisco de Miranda organiza, bajo las ordenes de los fallecidos George Washington y Benjamin Franklin y con la tutela de Thomas Jefferson, la Logia Iluminada de Cádiz o Lautarina con el propósito de concretar los Estados Unidos de Sudamérica y para tal fin manipula a dos impetuosos jóvenes llamados Bernardo O´Higgins y José de San Martín, pero un viejo adversario político se opone a sus planes: Simon Bolivar. 1810: José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez usan el nombre de este último para inventar una leyenda que se saldría de control: Manuel Rodríguez, el guerrillero que nunca existió. 1987, en Buenos Aires profanan la tumba de Perón y le arrancan las manos… Ahora, por alguna extraña razón, cuatro exitosos autores de novela comercial escriben exactamente el mismo libro, pero alguien los empieza a asesinar uno por uno. El último de la lista, un chileno radicado en L.A., no sólo escapa a esta suerte, sino que tiene la oportunidad de resolver un misterio de cinco siglos, aunque claro, a él le interesa más escribir el libro más exitoso de su carrera.

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domingo, marzo 15, 2009

¿EL FUTURO DE LA NOVELA?


Las novelas para teléfonos celulares arrasan entre los adolescentes asiáticos gracias a su uso del sexo, la violelencia, la fantasía, el horror y el drama. El fenómeno ha sido bautizado como mobile phone novel o Folletin 3.0.

Lo reveló un estudio realizado en febrero pasado por el periódico japonés Mainichi Shinbum, el 86% de los estudiantes secundarios nipones, chinos (incluidos Hong Kong y Taiwan) y coreanos y el 75% de los primarios consumen novelas para celulares, las que siguien el modelo del folletin, es decir entregas semanales o quincenales. La menos exitosa de todas arrastra un promedio de 2 millones de lectores, lo que ha aumentado en más de un 300% las ganancias de las editoriales desprejuiciadas que se han aventurado en este negocio: actualmente y en su tipo, el más lucrativo a nivel mundial. Aunque claro, la crítica les ha caído encima, destruyendo estas obras seriadas por sus gráficas descripciones de sexo y violencia. En el mismo artículo, sin ir más lejos, un profesor coreano denunciaba que sus alumnas de 12 años sueñan con ser raptadas y violadas por un delincuente juvenil, que luego se enamore de ellas, tal cual sucede en el popularísimo folletín Koizora (25 millones de lectores suscritos)

Funte: Que Leer

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domingo, diciembre 28, 2008

NOVELA (SIN NOMBRE. VERSION 2.0) IV PARTE...




Entrega previa

–La señora Rosa pensaba que don Bernardo se nos iba a ir anoche, así que pidió que preparáramos todo para su partida. Como a las doce me mandaron a buscar a un señor cura para que lo despidiera. Fue segunda vez que le dieron la extremaunción.
–Idea de doña Rosa, puedo imaginarlo –lo interrumpió –pero sigue por favor, mis oídos están atentos a tu historia. Infiero por tus palabras que entonces don Bernardo no murió anoche.
–Todas las mujeres de la casa lloraron, uno de los esclavos dice incluso que escuchó aullar a los perros, pero yo, misia, puedo jurarle que no escuché nada.
–Hace tiempo que los perros ya no despiden a los muertos –murmuró la dama.
–¿Dijo algo mi señora?
–No he dicho nada, joven Magallanes. Si eres tan gentil.
–Como le estaba relatando, anoche don Bernardo no murió. Los dolores lo hicieron desfallecer y sus quejidos fueron más intensos que noches anteriores, pero la parca no vino a buscarlo. Por la mañana despertó temprano e incluso se levantó a recibir un mensaje que le trajeron desde Chile. Ignoro el contenido de la carta, pero le mejoró bastante el ánimo, incluso lo escuché reir y doña Rosa contó que había estado hablando de un pronto regreso a sus tierras. Sucedió, poco antes del mediodía, pidió que lo llevaran nuevamente a su cama. Se acostó, cerró los ojos y se quedó largo rato en silencio, rodeado de su hermana y otras mujeres de la casa. Misia Rosa mandó incluso a traer unas monedas que el cura había santificado, para cubrirle los ojos. Pero de pronto el patrón despertó y pronunció mi nombre. Fueron a buscarme, avisando que don Bernardo me llamaba. Me acerqué a su lecho y esperé su ordenanza. Tomó mi mano derecha con fuerza y me pidió que le trajera su sable y un hábito de monje franciscano que tenía guardado en un ropero.
–De monje franciscano, guardado en un ropero –repitió la mujer–. El huacho nunca paró de sorprenderme.
Magallanes se quedó en silencio, mirándola. Ella parecía perdida, con la mirada fija en algún punto alto de la bóveda. Con los ojos más acostumbrados a la oscuridad y a la tenue luz de las antorchas, el muchacho descubrió que el curvado techo de la estancia estaba decorado con estrellas y constelaciones del zodiaco. En mitad del todo, destacaba enorme, la forma de Orion, el arquero. La misma que de niño le habían enseñado a identificar como las tres Marías y sus hermanas. Pero don Bernardo le reveló, tiempo después, que las tres estrellas hermanas eran en realidad el cinturón del cazador. Volvió a mirar a su anfitriona y se encontró con sus ojos celestes y grandes, clavados en los suyos. Eran intensos y profundos, atemorizantes como la mirada de yeso de la estatua de un santo. La dama alargó su mano derecha y trazando unos círculos en el aire le indicó que prosiguiera.
–Le traje al patrón lo que me había pedido, luego él le indicó a su hermana que lo vistiera con el traje del monje. Dijo que era el uniforme de Dios…
–Y después.
–Después doña Rosa me expulsó de la habitación, dijo que era lugar sólo para la familia. Ignoro lo que habrá sucedido entonces, sólo que a la hora más o menos, supimos que el señor había muerto.
–El huacho está muerto –reiteró la mujer.
–Perdón, mi señora.
–Que el huacho está muerto. A estas alturas ya casi toda Lima y parte de Santiago deben haberse enterado. Las noticias, en especial cuando son malas, vuelan como almas en el viento.
Magallanes no respondió y se quedó mirando la imagen pintada en medio de la mesa redonda, nuevamente la estrella y sus geométricos acompañantes. La mujer notó donde estaba puesta su atención y le dijo:
–¿Sabes lo que es, verdad?
–Mi señor me lo enseñó.
–¿Y que fue lo que te enseñó tu señor?
–Que la estrella era el hombre, el círculo la razón y el triángulo invertido la idea.
–Debo decir que aprendiste bien, hermoso pupilo. Otra pregunta, ¿sabes porque tu señor te llamaba Magallanes?
–Decía que le recordaba un amigo del sur, que le resultaba más fácil que Lorencito.
–Astuto tu patrón, pero no fue así mi pequeño, él te nombró Magallanes, porque yo le indiqué que lo hiciera. Magallanes, la patagonia, sabes niño que allá en el sur duerme el futuro de todo lo que podemos ver y sentir. Claro, aún es pronto, pero hay tiempo para prepararte. Debes saber que viajarás a Magallanes llevando un tesoro.
El joven mozo no pudo evitar sentirse y verse perturbado.
–Pero claro, para eso falta un tiempo. ¿Sabes lo que hay en este sobre? –le mostró la carta que él mismo había traído desde Lima–. Dos mensajes, uno de ellos son los derechos sobre tu persona. Sí, como escuchas, Don Bernardo te traspasó a mi propiedad cuando supo que sus días estaban contados.

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domingo, noviembre 23, 2008

NOVELA (SIN NOMBRE. VERSION 2.0) III PARTE


Entrega previa

4
LA HABITACIÓN ERA GRANDE y cómoda, mucho más que la suya propia en la casona de Lima. Un desproporcionado catre de bronce, con colchón de lana de oveja, ocupaba la mitad del lugar. Dejó el encargo junto a la mesa de noche y se recostó sobre las sábanas. La luz de una vela dibujaba sombras fantasmagóricas sobre las altas paredes, golpeadas de vez en cuando por las andanadas luminosas de los relámpagos del exterior. El muchacho trató de no cerrar los ojos, sabía bien que con las emociones del día el cansancio no tardaría en dominarlo. Pensó en la señora a la que se había referido el esclavo, una querida del viejo, seguro.
Un trueno hizo retumbar las paredes de madera.
Dieron tres golpes a la puerta y preguntaron si podían entrar. El muchacho respondió que por supuesto, que estaban en su casa.
–La señora ya esta lista para recibirlo. Coja lo que le pidieron traer y sígame.
Se ató los cordones de los zapatos y obedeció a su servidor. El negro lo condujo a través de los pasadizos de la casa, hacia el fondo de ésta, más atrás de la cocina y la pieza de despenza. Se detuvieron ante una puerta gruesa y vieja, con bordes metálicos y pesados pestigos en forma de aro.
Vino otro trueno.
–Yo no puedo continuar –le dijo el esclavo –usted sólo camine, está iluminado, al fondo lo aguardan.
Y abrió la puerta, que rechinó anciana contra los muros que la rodeaban.
El mozo apretó el encargo de su patrón e ingresó al pasillo. Las manos le temblaban, mientras sentía como la punta de sus dedos se iba humedeciendo. Afuera hacía frío, pero eso no impidió que el sudor comenzara a ganar terreno bajo su frente y encima de sus hombros. El túnel parecía haber sido escavado en la roca misma, abierto a tajo abierto contra las piedras desnudas. Una fila de antorchas, ordenadas en la pared derecha, iluminaba un camino que anunciaba extenderse hasta el mismo centro de la tierra. Un descanzo, pocos metros adelante, abrió una escalera en espiral que conducía aún más abajo. Sujetó una de las teas y trató de revelar el fondo, pero sólo vio oscuridad. Tragó saliva y nuevamente escuchó en su cabeza las palabras del patrón. No hacer preguntas y seguir las instrucciones, si le pedían entrar al infierno debía de hacerlo, se lo debía al viejo.
El descenso en espiral enfrentó una puerta de madera, embutida a la fuerza dentro de un arco de piedra. En el vértice superior habían esculpido un triángulo invertido bajo círculo y una estrella de cinco puntas. No era primera vez que el muchacho lo veía Y conocía su significado, tan bien como las ancianas de Lima memorizaban los milagros de la virgen María.
El salón era grande, formado por arcadas y columnas similares a la nave de una catedral. Tapices con imágenes de gatos colgaban de las paredes, iluminadas tenuamente por más antorchas. Destacaba una mesa redonda, al centro de todo, con once lugares vacíos. En el doce, dispuesto casi al medio, lo miraba una dama vestida de blanco, con cabellos negros y la piel muy pálida. Lucía los labios coloreados de un rojo exagerado e intenso y sus ojos, azules y profundos le recordaron mucho a los del patrón. Era difícil calcular su edad. Cuando su rostro era tocado por la luz parecía joven, casi adolescente; en cambio, al cubrirse de sombras, sus años se acercaban a los de su difunto amo. Era hermosa, de eso no cabía duda, pero no como las niñas que solía ver de reojo en la ciudad, su belleza era distinta, pesada, perteneciente tal vez a un sitio muy lejano.
–Puedes sentarte –invitó ella, mirándolo a los ojos y extendiendo su mano hacia el puesto inmediatamente frente al suyo.
–Aquí, mi señora –respondió el mozo, corriendo una de las sillas.
–Ahí esta bien.
El muchacho vio que cada silla llevaba el talle del triángulo, el círculo y la estrella.
–Así que tú eres Lorencito Carpio –pronunció la mujer, sumando cada sílaba del nombre del muchacho.
–Puede llamarme Magallanes, así me decía el patrón.
–Lo sé, tu señor me habló muchas cosas de ti. De cómo te encontró, lo que te fue enseñando, lo que te hizo y como te lo hizo –su sonrisa se hizo torcida, casi malévola.
Lorencito, también conocido como Magallanes, no podía apartar la visión del rostro de su anfitriona.
–Así que el huacho está muerto. Fue antes de lo previsto, pero así suceden las cosas. Veo que me trajiste el encargo.
–Si, mi señora –tartamudeó Magallanes.
Ella le indicó que deslizara el paquete sobre la mesa.
–¿Tuvo un buen viaje desde Lima?
–Muy bueno, mi señora.
–Lástima que largara a llover, pero así es la costa. Ordené que prepararan una habitación. Dime, mi niño, ¿estás a gusto?
–Estoy a gusto mi señora.
Ella tomó el paquete y lo desató. Puso el sobre enfrente suyo y dejó lo más grande a un costado.
–Cuéntame Magallanes, cómo sucedió la muerte del huacho. ¿No te molesta que llame asi a tu patrón, verdad?
–No señora, usted puede llamarlo como quiera.
–Eres servicial, Magallanes. El irlandés ya me lo había advertido. Pero por favor, habla, dime como fue su muerte.
El niño tragó un poco de saliva, luego comenzó su relato:

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domingo, noviembre 09, 2008

NOVELA (SIN NOMBRE. VERSION 2.0) II PARTE


Primera entrega

3
LAS PALABRAS DEL PATRÓN se cumplieron sílaba tras sílaba. Justo cuando el sol comenzó su descenso, un carro negro surgió tras la esquina del mercado y se detuvo junto a la plaza. El muchacho miró al cochero y pensó que tenía cara de muerto: pálido y con los cabellos grises. Sus ojos azules y pobladas cejas delataban un origen que no estaba en estas tierras.
–¿Quién viaja? –preguntó el conductor.
–Cumplo con la voluntad de la logia Lautarina –repitió el mozo, recordando cada una de las palabras que le había indicado el patrón.
El extraño lo invitó a subir, le dijo que cerrara la puerta por dentro y que se acomodara. Que el viaje era largo.
La noche estaba cubierta y las luces del puerto no tardaron en reflejarse sobre la bahía. Al mozo nunca le había gustado El Callao. El olor fétido del mar, los hombres extraños que caminaban por sus calles, la maldad que reptaba en cada esquina. Hace años le habían dado una paliza cerca de los muelles, lo dejaron tirado y casi muerto. Su hermano tuvo peor suerte. Tenía doce años y ahí fue cuando el viejo lo encontró. Desde entonces trataba de evitar volver al puerto, le tenía miedo. Prefería mil veces Lima, la tranquilidad y grandeza de sus casas, la belleza de sus habitantes, los colores y olores de su cielo. Se fijó en tres grandes veleros que estaban anclados, uno de ellos llevaba bandera chilena. Un perro ladró a la distancia, luego otro, cada vez más cerca. Se asomó a la ventana de la calesa. Una pequeña jauría de vagos perseguían al carro, intentando morder las patas del caballo.
El carruaje enfiló hacia la parte alta del puerto y luego se dirigió a la salida sur del Callao, una ruta empedrada que llevaba a las antiguas haciendas y caserones que sólo algunos años antes ocupaban los dignatarios de la corona española. Un trueno retumbó en el cielo, acompañando a un relámpago que iluminó el horizonte perdido tras las colinas. La negra se equivocó, pensó el muchacho, se avecinaba una tormenta.
La lluvia empezó a caer despacio, sonando como una melodía sin ritmo sobre el techo metálico de la calesa. Magallanes se preguntó cuanto faltaba para llegar y donde podría pasar la noche. El Callao no estaba tan lejos de Lima, pero la noche era peligrosa y los caminos guardaban secretos que era mejor dejar tranquilos. Era cierto, los tiempos eran calmos, pero como rezaba su difunto señor, eso no era igual que decir que fueran buenos tiempos.
Desviaron hacia la entrada de una propiedad rodeada de viejos molles. El mozo trató de enfocar su vista en la oscuridad y descubrió como estos, junto a un pesado empedrado, formaban un muro alredor de los terrenos. El camino se iba haciendo más angosto, serpenteando entre los árboles que se mecían bajo un viento que sabía aullar bajo las nubes. La lluvia ya era un bombardeo de gordos goterones.
El caserón recordaba un castillo del viejo mundo. El muchacho los conocía de libros de grabados que el patrón le mostraba cuando le hablaba de Inglaterra e Irlanda, sus otras patrias. La puerta estaba cerrada y no se veía luz en el interior. El mozo calculó que debía de ser cerca de la medianoche, aunque con lo cerrado de las nubes y lo oscuro de la tormenta resultaba complicado precisarlo. El cochero lo hizo bajar y le indicó que esperara junto a la puerta, que pronto vendrían a recibirlo. Subrayó que no olvidara el encargo. El muchacho respondió moviendo la cabeza y saltó del carruaje. La tierra mojada por la lluvia había formado ese barro espeso y pegajoso, tan típico de la costa peruana.
Después de un rayo, que iluminó la copa de los árboles cercanos, descubrió que había luz en el interior de la casa. Sintió luego que unos pasos fuertes se acercaban a la puerta. Desde dentro rechinaron postigos y cadenas, luego una de las hojas del portalón se abrió y bajo el dintel apareció un mestizo joven, casi de su misma edad, pero vestido con ropas de paje elegante; similares, pero más finas, a las que él mismo había tenido que lucir en un par de reuniones privadas en la que debió servir al señor y sus invitados.
–Entre rápido, que se ve a mojar –le dijo el niño de la casa–. Venga conmigo, tenemos una habitación preparada para que pase la noche. Quizás quiera descanzar un momento, la señora pronto requerirá de su presencia.

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lunes, noviembre 03, 2008

NOVELA (SIN NOMBRE. VERSION 2.0)




LIMA, PERÚ.

24 OCTUBRE 1842


1
“TOMA EL CUCHILLO y arráncale los ojos”, pronució la dama, acompañando la frase con una larga sonrisa, casi sobrenatural, bajo el resplandor mortecino de las antorchas de la cripta. “No es difícil”, prosiguió, “el huacho está muerto y la hoja bien afilada. Pero debes hacerlo antes de que lo entierren…”
El mozo miró la figura tallada en la empuñadura del puñal y respiró hondo para no revelar el temor que el lugar, la situación y su anfitriona le producían. El viejo le había enseñado varios trucos para espantar al miedo: mover los dedos de los pies, empuñar la mano izquierda, concentrarse en alguna parte del cuerpo lo más alejada posible de la cabeza, pero ahora ninguno de ellos funcionaba. “Pon los ojos de un cerdo en lugar de los suyos”, continuó la señora de mirada celeste, “ya ordené a la patrona que sacrificara uno de mis animales y te entregara sus ojos en una bolsa de cuero de vaca, así se conservan frescos”. Hizo un alto y volvió a sonreír: “y no me mires de esa manera, hermoso, recuerda que sólo estamos cumpliendo con la voluntad de tu señor. Ojo por ojo, los de un bastardo por los de un puerco”.
Magallanes continuó revisando los detalles artísticos del cuchillo y mientras las palabras de la señora se repetían en su cabeza, fue recordando cada uno de los eventos sucedidos a lo largo del día. Mismos que lo habían obligado a viajar de Lima al Callao, bajo una lluvia que se hizo torrencial, para cumplir con la última voluntad de un anciano pelirrojo que hacía rato ya estaba al otro lado del camino.



2
EL HUACHO murió a las doce con un minuto, la frase se escuchó durante toda la tarde a lo largo y ancho de los pasillos de la vieja casona limeña, rebotando en cada toque como si se tratara del sello final a una maldición que llevaba demasiado tiempo pendiente. El epílogo estaba cerrado y el despreciado señor había dejado de respirar exactamente a mitad del día. Por muy largas que parezcan, las agonías siempre terminan.
El mozo permaneció casi toda la tarde escondido en un rincón de la cocina, escuchando los comentarios y anotando en su memoria los que le parecían más despectivos. Los mismos negros que hasta la noche anterior se referían al viejo con el respetuoso apelativo de patrón, ahora no dudaban en rebajarlo el insultó que lo había acompañando desde su nacimiento. El señor le contó esas historias, de cómo sus iguales crecieron riéndose de él, burlándose a sus espaldas con aquellas dos sílabas: huacho. Hace tres noches le anunció que cuando muriera, hasta sus más cercanos lo iban a llamar así. “La palabra que marcó mi vida, vendrá como fantasma a despedirme”, fueron sus palabras. Tenía razón, el viejo siempre la tenía. Y fue en esa conversación donde aprovechó de encomendarle la misión. Tenía dos partes. La primera la cumplió poco antes de que el señor muriera. Para la segunda debía esperar un poco más, que cayera la tarde y que un carruaje pasara a buscarlo para trasladarlo al Callao.
Iba a llover, una de las criadas de doña Rosa lo comentó mientras desplumaba una gallina gorda y de plumas naranjo amanecer. El cielo estaba cubierto y las nubes bajas. No para desatar una tormenta, pero si lo suficiente como para mojar un poco las almas. Al muchacho no le importaba, con los años había aprendido a apreciar la lluvia, incluso le gustaba. El viejo solía hablarle de la forma en que llovía allá en el sur, en ese país llamado Chile. El resto de los que respiraban en la casa evitaba hablar de esas tierras, decían que no era un buen lugar para vivir. Agregaban incluso que el mismo diablo habitaba en las montañas de allá abajo. Abajo, el patrón también usaba esa palabra para referirse a los valles infinitos que corrían al sur del Perú. Le dolía hablar de Chile, por eso le funcionaba tan bien aquello de abajo, además en los mapas, esas tierras siempre aparecían por allá, precisamente donde acababa el mundo.
“Te van a recoger en la la plaza del mercado”, el patrón le anunció además que debía esperar en la esquina sur y que la cita sería a la hora precisa en que bajaba el sol. Le hizo repetir hasta el cansancio lo que debía decir al cochero, “para que te entre en esa cabeza dura tuya”. Insistió en que llevara el paquete lo más visible que pudiera, “pero cuidate de los rateros”. La plaza estaba llena de bandidos, algunos de los cuales recién se empinaban sobre la niñez. Esos eran los peores, porque sus manos eran tan rápidas como sus piernas flacas de perro galgo. Según los verbos del amo, el carruaje que lo iba a recoger era una calesa negra, de un sólo eje, arrastrado por un caballo flaco de igual color. Le advirtió que el conductor hablaba en un acento extraño y que usaba el pelo, largo y cano, agarrado en una cola de pirata inglés. Aunque le pareciera intimidante, no debía asustarse.
Las instrucciones eran matemáticas, tan simples como sumar uno más uno.
Era pesado e incómodo, un paquete alargado, de casi dos metros de punta a punta, por una veintena de centímetros de ancho. Encima llevaba atado un mensaje sellado y marcado con el timbre de la casa, sobre el cual su autor había intentado dibujar una bandera chilena. La debilidad, producto del mal que lo aquejaba, determinó apenas un garabato de colores desordenados.
El mozo aguardó a que la tarde comenzara a bajar, buscó una manta que ponerse sobre los hombros y le dijo a la patrona que tenía que salir. Que antes de morir, el huacho le había pedido que llevara un paquete a unos amigos del puerto, que lo íban a recoger cerca del mercado. La mitad de la historia era cierta, además la negra no hizo muchas preguntas. Jamás las hacía. A lo más movió su culo gigantesco, le pidió que le trajera harina de pescado y antes de despedirse le arrojó un un par de bendiciones. Con un muerto en la casa ya era suficiente, no era bueno tentar a la suerte.
Decir la verdad era mejor que inventar una historia llena de puntos blancos. El viejo le había enseñado el arte de mentir, pero por más que se esforzó jamás consiguió pulirlo. El señor le decía que era demasiado inocente y demasiado niño para mentir. Él mozo no estaba muy de acuerdo con ello, de inocencia cada día le quedaba menos, de niño para que decir.

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sábado, agosto 16, 2008

LA ESQUINA BERKOFF



1

FUE LA esquina Berkoff, lo supe apenas sentí vibrar el teléfono, aunque claro, mentiría si dijera que en ese instante adiviné la tormenta que se avecinaba. Menos que de alguna forma, bastante directa por lo demás, la noticia se relacionaba con los telefonazos e insultos anónimos de la noche anterior. Supongo que fue una advertencia, un presentimiento, un latido como dicen los viejos. De otra manera no me explico como le contesté a un número que no tenía registrado. Supongo también que es así como tenía que comenzar todo, con una muerte que es el más definitivo de los finales y el más significativo de los inicios. Martes para miércoles, dos de la madrugada, buena hora para enfrentarse al fallecimiento de quien alguna vez había sido tu mejor amigo. Buen momento además para tomar decisiones apresuradas y volver a pesar en casas embrujadas.
–Aló, ¿Martín?… –tartamudeó la voz al otro lado de la señal.
–Si… ¿quién es? –respondí mientras veía el reflejo de mi cara desfigurarse sobre la cubierta traslúcida del Motorola.
–Raúl…
–Raúl, ¿qué Raúl? –pregunté, aunque ya lo había reconocido.
–Landeros… Raúl Landeros
–Landeros… hola… –alargué mientras prendía la lámpara del velador. Cerré los ojos por un instante y cuando volví a abrirlos me reencontré con mi reflejo, devolviéndome la mirada desde la tapa del celular. Deforme y submarino, como alguna clase de engendro abisal.
–Disculpa, estabas durmiendo.
–Estaba… son las dos… –revisé la hora en el teléfono– las dos y media –precisé.
–Lo siento, no quise.
–Está bien –traté de sonar amable.
–…
–…
–…
–¿Qué pasa?
Y ahí fue cuando tuve certeza de que todo tenía que ver con la esquina, justo antes de que Landeros soltara la bomba
–Martín –se detuvo, luego presionó el detonador–. Juan José… Juanjo murió anoche, un accidente automovilístico.
–…
–…
–Aló, sigues ahí
Claro que seguía ahí, desparramado sobre las sábanas, con las piernas cruzadas, temblando de nervios impulsados por el pasado y sumando pieza tras pieza en un Lego mental de diseño propio. Y entonces recordé las llamadas perdidas de la noche previa, vi los rostros de Juanjo, de Raúl, de ella, de mi… y enmarcándonos, la esquina, la maldita esquina. Todo tenía que ver, todo era parte del mismo mecano, igual que hacía casi veinte años, igual que siempre.
–Martín, Martín, aún estas ahí –insistió Landeros.
–Si, me dejaste blanco, ¿cómo fue?
–Aún no hay nada claro.
–…
–…
–¿Cómo está Mila?
–Mal.
–…
–¿Cómo me ubicaste?
–Por facebook, hice una lista de ex compañeros de colegio, tu te inscribiste, te acuerdas.
–Me acuerdo.
–Todos querían ser amigos tuyos, por lo de la fama supongo, pero no aceptaste casi a nadie, hartos te odiaron.
–Me acuerdo.
–Los funerales son pasado mañana. Te quería avisar, no es necesario que vengas, supongo que es complicado para alguien como…
–No, no es complicado, claro que voy a ir. Trataré de salir esta tarde o viajar durante la noche. Puedo… –no alcancé a terminar.
–Por supuesto, mi casa es tu casa. Llámame cuando llegues a Salisbury, mi teléfono debe de estar ahora en la memoria del tuyo, guárdalo
–Mmhhh…
–…
–¿Dijiste que me ubicaste por facebook?
–Si
–Pero como –arrugué el ceño, aunque no tenía a nadie enfrente– no tengo mi teléfono publicado allí.
–Pero algunos amigos tuyos si. Por eso te llamé tan tarde, fue largo el proceso de escribir o llamar a tus contactos...
–¿Llamaste a mis contactos de facebook?
–Si, como a treinta personas, no eran tantos tampoco.
–…
–…
–…
– ¿Y al final quien te dio mi teléfono?
–Una mujer, Visnia algo.
–Me imaginé.
–Por qué.
–Por nada.
–…
–…
–…
–…
–¿Martín?
–Dime
–Fue la esquina cierto, otra vez fue la esquina Berkoff.
Y aunque ya lo sabía, preferí no decirle nada.

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miércoles, mayo 21, 2008

¿Y SI PRAT HUBIESE SOBREVIVIDO?


Extracto de 1899, novela steampunk breve que acabo de terminar. Y que es parte de una trilogía de novelas cortas fantásticas.

1899
Extracto del capítulo 3

Arturo Prat Chacón, héroe de la guerra, el hombre que convirtió a la bella Lima en un cráter de cenizas de más de un kilómetro de diámetro. El verdugo de más de un millón de almas. Tras la guerra, el fin de su matrimonio lo convirtió en un obsesivo del trabajo. En 1883, aprovechando el rango de almirante que le dio la marina, en un ascenso más político que oficial, se hizo cargo del departamento de investigaciones oceánicas de la escuela naval. Y personalmente gestionó los trabajos de modernización y transformación del Leviatán en un laboratorio móvil.
Construido en 1858 para la marina mercante británica, el Leviatán fue la última gran obra de Kingdom Brunel, quizás el más visionario de los ingenieros de la era del vapor. Con el nombre de Great Eastern, el buque fue el mayor de su tiempo y sólo al arribo de la metahulla sus dimensiones lograron ser superadas. En 1880, la nave fue comprada por la armada nacional para ser usada en pruebas de nuevas tecnologías. Renombrada Leviatán, tal como originalmente propuso el propio Brunel, el vapor fue reacondicionado para su nueva vida. Desmantelaron sus calderas, sus ruedas de paletas y sus mástiles. En su lugar se levantó un puente de observación, múltiples laboratorios, una cubierta para rotocópteros y una turbina doble que movía un sistema integrado de cuatro hélices en la popa. Prat fue comisionado a la nave en octubre de 1884 y a bordo de ella realizó una serie de cruceros que resultaron decisivos para el dominio y el entendimiento de los océanos por parte de nuestros hombres de mar. Suya es la responsabilidad y el mérito de la clasificación e identificación de los cachalotes albinos de la isla Mocha, la captura de una serpiente marina viva en el mar de Japón, el hallazgo de las ruinas de la Atlántida cerca de las Bermudas, el primer avistamiento de los gigantescos tiburones megalodones en el océano Indico y del mayor de los invertebrados, el kraken o calamar colosal antártico. Pero sin lugar a dudas que la expedición que puso a Prat y al Leviatán en los libros, y no precisamente los de historia, fue el viaje polar de 1891.
Hace ya casi nueve años, el "bombardero del Perú" y sus hombres organizaron la conquista del polo sur por bandera chilena. Equipados con trineos y deslizadores especialmente diseñados, el almirante condujo al Leviatán a través del mar de Weddel. El casco de hierro reforzado y terminado en espolón del ex vapor británico, resultó especialmente útil para cortar el hielo flotante. Tras establecer la base de avanzada Lautaro 1, llamada así en honor a la sociedad secreta de la cual Prat siempre ha sido un reconocido integrante, la expedición se adentró hacia el corazón del continente helado. El 22 de abril de 1891, los noventa hombres de la avanzada se perdieron en medio de una tormenta blanca. Durante un mes, los treinta restantes, que permanecieron en Lautaro 1 y en el Leviatán buscaron a sus compañeros, sin éxito. El 1 de junio, la división aérea de la marina comisionó al portacópteros Valdivia, para realizar una búsqueda desde el aire. Arturo Prat y tres de sus hombres, fueron encontrados en un campamento cerca del monte Ulmer. Los sobrevivientes fueron trasladados a Punta Arenas, donde dos de los marineros se suicidaron y el otro escapó en un estado de total enajenación, siendo luego apresado y conducido al hospital mental de las fuerzas armadas, donde aún se encuentra recluído.
Tras dos meses en completo silencio, Prat decidió abrir la boca. Y lo hizo de la peor manera posible. En lugar de entrevistarse con sus superiores, llamó a una conferencia en la cual dio forma a un relato escalofriante, que más parecía un viaje a través de la mente de un lunático que a las memorias de un héroe de guerra. El almirante describió un valle antártico flanqueado por montañas imposibles, más altas que los Andes y el Himalaya, que desafiaban el cielo casi en línea recta. Pero no sólo eso, también anunció el descubrimiento de una serie de cavernas en cuyo interior descansaban las ruinas ciclópeas de algo que definio como una civilización anterior a la humanidad e intrínsecamente maligna. Sostuvo además que en un arranque de curiosidad, sus hombres despertaron a unas espeluznantes criaturas en forma de estrella que los atacaron no sólo para matarlos, sin para devorarlos. Estos seres poseían la capacidad de apropiarse de la mente de sus víctimas para inducirlos a una locura absoluta.
Los que no fueron asesinados por las estrellas, se mataron entre ellos. Prat y sus lugartenientes alcanzaron a escapar, el resto se quedó encerrado al interior de aquellas montañas alucinantes, donde al parecer corrieron la más funesta de las suertes.
Fue la última aparición pública de Prat. La armada lo llamó a pronto retiro y le ordenó no volver a referirse a su aventura. Desde entonces, la extraña epopeya antártica del verdugo de Lima permanece en los anales de la anécdota. Para muchos un detalle curioso, nada más. Extraño es entonces, que un mero detalle, valga la redundancia, haya sido suficiente para hundir la carrera de un hombre que alguna vez fue admirado e idolatrado y que ahora no es más que un chiste de lo que fue.
–Sírvame otro –le pedí al camarero, mientras sentía como el expreso se iba deteniendo antes de llegar a Chillán.

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domingo, abril 27, 2008

BONUS: ADELANTO


Aquí no hallarás gente corriente.
No después de anochecer, y no en estas calles…
Pero eso, claro está, ya lo sabes. De eso se trata
Don Delillo.

LIMA–EL CALLAO, PERÚ.
24 OCTUBRE 1842

1
“TOMA EL CUCHILLO y arráncale los ojos”, pronució la dama torciendo una alargada sonrisa. Casi sobrenatural, bajo el resplandor mortecino de las antorchas de la cripta. “No es difícil”, prosiguió, “el huacho está muerto y la daga bien afilada. Pero debes hacerlo antes de que lo entierren…”
El mozo miró la figura tallada en la empuñadura del puñal y respiró hondo para no revelar el temor que el lugar, la situación y su anfitriona le producían. El viejo le había enseñado varios trucos para espantar al miedo: mover los dedos de los pies, empuñar la mano izquierda, concentrarse en alguna parte del cuerpo lo más alejada posible de la cabeza, pero ahora ninguno de ellos funcionaba. “Pon los ojos de un cerdo en lugar de los suyos”, continuó la señora de mirada celeste, “ya ordené a la patrona que sacrificara uno de mis animales y te entregara sus ojos en una bolsa de cuero de vaca, así se conservan frescos”. Hizo un alto y volvió a sonreír: “y no me mires de esa manera, hermoso, recuerda que sólo estamos cumpliendo con la voluntad de tu señor. Ojo por ojo, los de un bastardo por los de un puerco”.
Magallanes continuó revisando los detalles artísticos del cuchillo y mientras las palabras de la señora se repetían en su cabeza, fue recordando cada uno de los eventos sucedidos a lo largo del día. Mismos que lo habían obligado a viajar de Lima al Callao, bajo una lluvia que se hizo torrencial, para cumplir con la última voluntad de un anciano pelirrojo que hacía rato ya estaba al otro lado del camino.


2
EL HUACHO murió a las doce con un minuto, la frase se escuchó durante toda la tarde a lo largo y ancho de los pasillos de la vieja casona limeña, rebotando en cada toque como si se tratara del sello final a una maldición que llevaba demasiado tiempo pendiente. El epílogo estaba cerrado y el despreciado señor había dejado de respirar exactamente a mitad del día. Por muy largas que parezcan, las agonías siempre terminan.
El mozo permaneció casi toda la tarde escondido en un rincón de la cocina, escuchando los comentarios y anotando en su memoria los que le parecían más despectivos. Los mismos negros que hasta la noche anterior se referían al viejo con el respetuoso apelativo de patrón, ahora no dudaban en rebajarlo el insultó que lo había acompañando desde su nacimiento. El señor le contó esas historias, de cómo sus iguales crecieron riéndose de él, burlándose a sus espaldas con aquellas dos sílabas: huacho. Hace tres noches le anunció que cuando muriera, hasta sus más cercanos lo iban a llamar así. “La palabra que marcó mi vida, vendrá como fantasma a despedirme”, fueron sus palabras. Tenía razón, el viejo siempre la tenía. Y fue en esa conversación donde aprovechó de encomendarle la misión. Consistía de dos partes. La primera la cumplió poco antes de que el señor muriera. Para la segunda debía esperar un poco más, que cayera la tarde y que un carruaje pasara a buscarlo para trasladarlo al Callao.
Iba a llover, una de las criadas de doña Rosa lo comentó mientras desplumaba una gallina gorda. El cielo estaba cubierto y las nubes bajas. No para desatar una tormenta, pero lo suficiente como para mojar un poco las almas. Al muchacho no le importaba, con los años había aprendido a apreciar la lluvia, incluso le gustaba. El viejo solía hablarle de la forma en que llovía allá en el sur, en ese país llamado Chile. El resto de los que respiraban en la casa evitaba hablar de esas tierras, decían que no era un buen lugar para vivir. Agregaban incluso que el mismo diablo habitaba en las montañas de allá abajo. Abajo, el patrón también usaba esa palabra para referirse a los valles infinitos que corrían al sur del Perú. Le dolía hablar de Chile, por eso le funcionaba tan bien aquello de abajo, además en los mapas, esas tierras siempre aparecían por allá, precisamente donde acababa el mundo.
“Te van a recoger en la la plaza del mercado”, el patrón le anunció además que debía esperar en la esquina sur y que la cita sería a la hora precisa en que bajaba el sol. Le hizo repetir hasta el cansancio lo que debía decir al cochero, “para que te entre en esa cabeza dura tuya”. Insistió en que llevara el paquete lo más visible que pudiera, “pero cuidate de los rateros”. La plaza estaba llena de bandidos, algunos de los cuales recién se empinaban sobre la niñez. Esos eran los peores, porque sus manos eran tan rápidas como sus piernas flacas de perro galgo. Según los verbos del amo, el carruaje que lo iba a recoger era una calesa negra, de un sólo eje, arrastrado por un caballo flaco de igual color. Le advirtió que el conductor hablaba en un acento extraño y que usaba el pelo, largo y cano, agarrado en una cola de pirata inglés. Aunque le pareciera intimidante, no debía asustarse.
Las instrucciones eran matemáticas, tan simples como sumar uno más uno.
Era pesado e incómodo, un paquete alargado, de casi dos metros de punta a punta, por una veintena de centímetros de ancho. Encima llevaba atado un mensaje sellado y marcado con el timbre de la casa, sobre el cual el señor había intentado dibujar una bandera chilena. La debilidad, producto del mal que lo aquejaba, determinó apenas un garabato de colores desordenados.
El mozo aguardó a que el sol comenzara a bajar, buscó una manta que ponerse sobre los hombros y le dijo a la patrona que tenía que salir. Que antes de morir, el huacho le había pedido que llevara un paquete a unos amigos del puerto, que lo íban a recoger cerca del mercado. La mitad de la historia era cierta, además la negra no hizo muchas preguntas. Jamás las hacía. A lo más movió su culo gigantesco, le pidió que le trajera harina de pescado y antes de despedirse le arrojó un un par de bendiciones. Con un muerto en la casa ya era suficiente, no era bueno tentar a la suerte. Decir la verdad era mejor que inventar una historia llena de puntos blancos. El viejo le había enseñado el arte de mentir, pero por más que se esforzó jamás consiguió pulirlo. El señor le decía que era demasiado inocente y demasiado niño para mentir. Él mozo no estaba muy de acuerdo con ello, de inocencia cada día le quedaba menos, de niño para que decir.

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viernes, noviembre 09, 2007

CODEX LAUTARO


No es el nombre definitivo, que ya lo tengo, pero no es bueno adelantar. No aún. Hace dos meses que logré dar con el tono y el tema de mi próxima novela. Un thriller en la línea de El Número Kaifman pero centrado en la historia de Chile, con elementos fantásticos, pero más cercanos al horror sobrenatural que a la ciencia ficción. Una diferencia con ENK es que en lugar de ser un pastiche de todo, aquí hay un solo gran tema, con harto más trabajo de investigación detras. Otro, que es narrado en primera persona, por Francisco Buchman, un personaje que aparece en El Número Kaifman. Aunque el prólogo está ambientado en 1941, el resto sucede en un próximo futuro en medio de una violenta revolución indígena en el sur de Chile/Argentina. Acá un egocéntrico adelanto de los primeros párrafos de los primeros capítulos.


LIMA–EL CALLAO, PERÚ.
24 OCTUBRE 1842
“TOMA EL CUCHILLO y arráncale los ojos”. Al decirlo, la mujer torció una extraña sonrisa, casi sobrenatural, bajo la resplandor mortecino de las antorchas de la cripta. “No es difícil”, prosiguió, “el huacho está muerto y la daga bien afilada. Hazlo antes de que lo entierren…” El mozo miró la figura tallada en la empuñadura del puñal y respiró hondo para no revelar el temor que el lugar, la situación y su anfitriona le producían. El viejo le había enseñado varios trucos para espantar al miedo: mover los dedos de los pies, apretar los dientes, concentrarse en alguna parte del cuerpo, ninguno de ellos funcionaba. “Pon los ojos de un cerdo en su lugar”, continuó la dama de mirada celeste, “ya ordené a la patrona que sacrificara uno de mis animales y te entregara sus ojos en una bolsa de cuero de vaca, así se conservan frescos”, hizo un alto y nuevamente sonrió. “Y no me mires de esa manera, hermoso, recuerda que sólo estamos cumpliendo con la voluntad de tu señor. Ojo por ojo, los de un bastardo por los de un puerco”.
Magallanes continuó revisando los detalles artísticos del cuchillo y mientras las palabras de la señora se repetían en su cabeza, fue recordando cada uno de los eventos sucedidos a lo largo del día. Mismos que lo habían


TEMUCO, CHILE.
AHORA

“ENTONCES REITERA su tesis de que Pinochet aceptó liderar el golpe de estado por orden de una sociedad secreta”
–Lo hago.
–¿La logia Lautarina?
–Te lo acabo de responder. Los procesos políticos más importantes en la historia de América Latina han sido guiados por los hilos de esta logia. Desde la independencia de nuestros países y el sueño Bolivariano, pasando por los golpes de estado del siglo pasado, la revolución cubana, la misma unidad popular y terminando en la reciente crisis venezolana, el Chernobyl brasileño y el alzamiento de las minorías indígenas del sur de Chile y Argentina. Todo obecede a un plan cuidadosamente orquestado por un grupo cerrado del cual yo no he inventado nada, salvo investigar sus acciones.
Me queda mirando y sonríe. Es la respuesta que había estado esperando desde que apareció junto a su fotógrafo, en la puerta de mi casa. Por eso viajó desde Santiago, para tener una exclusiva de mi próximo libro, El Verbo O´Higgins, y saber como me fue en Shanghai, durante el rodaje de La Cuarta Carabela. Es el precio de haberme convertido –con un solo libro– en el escritor latinoame...

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viernes, septiembre 28, 2007

HACE 1 AÑO...

Nadé en estas aguas, más bien solo... como pasa el tiempo...

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domingo, agosto 12, 2007

WiP: HISTORIA CHILENA DEL SIGLO XX (novela breve)


PERO LA HISTORIA de Alsino, pasó a la historia –valga la redundancia– por ser la primera gran tragedia en nuestra continuidad enmascarada. Dos meses después de ser enviada esa carta, el cuerpo del joven vigilante alado fue encontrado sin vida y flotando, en el Río Mapocho, frente al Museo de Bellas Artes. El muchacho había recibido tres balazos, dos en el estómago y uno a la altura del pecho, además de una serie de puñaladas en la espalda. De acuerdo a lo publicado en la prensa amarilla de la época, antes de ser asesinado, el muchacho había sido sometido a toda clase de torturas, incluso una nunca corroborada castración. Pero el hecho, en contra de lo imaginado, no causó un cese en la actividad superheroica nacional, por lo contrario, a partir de ese caso, el número de vigilantes enmascarados en las calles de Santiago y otras ciudades chilenas comenzó a multiplicarse. Máximo Metrópolis, en sus memorias , lo señala: “A pesar de lo dramático del suceso, es indudable que el asesinato de Alsino marca el verdadero comienzo de la Edad de Oro chilena. Incluso más que la primera aparición de El Sereno. Porque, aunque nos duela, lo de Alsino fue un hito concreto, escrito con sangre. Y es cosa de revisar nuestra historia para descubrir que Chile es un país que se ha fundado en la sangre de sus héroes”.
Alsino fue identificado como Pedro Prado hijo, de 21 años, estudiante de leyes de la Universidad de Chile. Sus profesores lo definían como un joven esforzado pero en extremo distraído, lo que le ocasionaba un rendimiento académico mediocre que lo había llevado a estar en repetidas ocasiones en causal de eliminación de su casa de estudios. Eso, sin embargo, parecía no importarle, ya que en su diario de vida, revelado tras su muerte –y hoy posesión de su familia– confesaba que con o sin el título de abogado él se iba a encargar de que en Chile se hiciera justicia. Alsino era el hijo menor de Pedro Prado, un poeta desconocido de la historia literaria nacional, quien en 1920 había publicado un ya olvidado poema en prosa titulado Alsino , suerte de fantasía rural y fantástica acerca de las penurias de un adolescente campesino que tras sufrir un accidente le brotaban alas en su espalda. El don del niño se transformó en su maldición, historia que finalmente se convertiría en el sino de su propio hijo. Pintor y arquitecto, además de poeta, Pedro Prado padre murió en 1952, culpándose toda la vida del destino de su muchacho.
“Decía que de no haber escrito ese libro, Pedrito nunca se habría transformado en ese ángel urbano”, señaló a uno de los autores de este texto, Alberto Prado, sobrino de Alsino y nieto del poeta.
“El abuelo murió creyendo que la responsabilidad de la muerte de mi tío había sido culpa suya”.
Los diario de Pedro Prado hijo, recalcan bastante de su idea de justicia.
“Es la clave de sus memorias. Alsino, y permita que lo llame así, partió creyendo en la ley y la justicia como sinónimos. Pero a medida que estudiaba se dio cuenta que eran dos cuestiones muy distintas. A él le interesaba la justicia, no las leyes, por ello su bajo rendimiento académico. Y por ello también la actividad que escogió realizar por las noches”
Ser superhéroe
“Vigilante urbano. Justiciero enmascarado. Escoja una de ambas, Superhéroe es demasiado peyorativo”
Alsino vino del libro de su padre.
“Es obvio. Mi abuelo nunca fue un poeta exitoso, pero Alsino fue un libro que tuvo muy buena acogida entre los críticos e intelectuales de la época. Quizás no vendió bien y no se hizo famoso, pero en su época se habló muy favorablemente del texto. Además la imagen que Pedro Prado padre creó, la del niño alado, es tremendamente poderosa. Un ángel del lado que se le mire”
Y Alsino se convirtió en Alsino…
“El que el libro no fuera tan popular le facilitó las cosas. Nadie hizo la asociación"
Excepto Pedro Prado padre
“Excepto él. Pero el viejo estaba orgulloso de su hijo”
Tras la muerte de Alsino, el libro tuvo una segunda oportunidad…
“Y terminó convertido en lectura obligatoria en algunos colegios. La vida es muy irónica, cierto”
No era eso lo que quería preguntarle, sino la opinión de su abuelo frente al hecho de que el asesinato de su hijo lo convirtió en un exitoso escritor…
“No pregunte estupideces. Alsino era su hijo”
Alsino también.
“No voy a contestarle”
El asesinato de Alsino fue un hecho terrible…
“Si, pero tampoco voy a hablarle de eso”
Alberto Prado, terminó molesto ante este cuestionario y se negó a mostrarnos los diarios de Alsino, única prueba testimonial de las reales motivaciones de este personaje.

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domingo, julio 29, 2007

EL DIA QUE PARALIZARON MI TIERRA

EL COMIENZO ES EL MOMENTO más delicado. Por lo mismo, cuando no se cuenta con un inicio realmente detonante, como un nacimiento o una boda, lo mejor es igualarlo a un final. Y el más definitivo de los finales es la muerte. Entonces si lo anterior es un comienzo lo que sigue es una muerte. No es que crea mucho en esta clase de teorías, pero me funcionan. Al menos en la actual continuidad de mi vida. Mi ex suegra (por llamarla de alguna forma, porque en lo formal jamás lo fue) murió hace casi dos días, pero yo acabo de saberlo. Claudia, mi Claudia, mi ex mejor amiga, la madre de mi hija, la hija de la muerta, llamó para contármelo.
El teléfono sonó poco después de la medianoche y me sorprendió tirado en la cama, saltando de HBO a MTV y de MTV a Cartoon Network, buscando algo en que gastar la noche. Algo que no hubiera visto. Algo que resultara necesario (y hasta sano) repetir. Videos, películas, series, monos animados, dos de una, tres de dos, todas las anteriores. Ver tele es como contestar una prueba de alternativas, todas se parecen y la correcta nunca lo es del todo.
-Un accidente-, me informó Claudia con su voz arrastrada, más lenta que en otros tiempos.
Le pregunté si necesitaba algo, me respondió que nada y me dio las gracias. Agregó que había sucedido ayer en la madrugada, cerca de Los Vilos. Que el acoplado de un camión se había trepado a la carrocería del auto donde venía mi ex suegra y un tal Cristóbal. Supuse que era el novio de turno, obvié el comentario y me quedé con la suposición.
Mentalmente dibujé un atlas caminero de la zona. A pura memoria tracé las líneas de la panamericana, de los cruces secundarios, de los pueblos grandes y chicos, de ríos parecidos a esteros, del supuesto lugar del accidente. Pensé en camiones grandes, con acoplados frigoríficos, corriendo a más de ciento treinta kilómetros por hora sobre el pavimento.
-Mañana a las tres son los funerales-, me dio el nombre de la iglesia. Construyó un silencio en la forma de un hondo punto seguido y partió la siguiente frase preguntándome como estaba. Le contesté que bien, evitando sumar un “y tú”.
-Supe que quebró tu sitio-, liberó.
. -No era mío.
-Da lo mismo, trabajabas allí, eso es lo importante. Así que quebró.
-Hace una semana.
-¿Y qué vas a hacer ahora?
-Tengo otras cosas. Ciberia era sólo una asesoría.
Se quedó en silencio, girando en su ruido blanco. Luego comenzó a despedirse. El primer chao, que como siempre era un gusto hablar conmigo, que me llamaba por lo de su mamá y para avisarme del funeral. Un segundo chao, la pregunta respondida de si iba a ir a la misa (“¿supongo?”) y el informe de que aun le quedaban como mil personas por llamar.
-¿Cómo está la Elisa?-, la interrumpí.
-Bien, aunque imaginarás que no entiende mucho... En fin, lo siento, pero tengo que colgarte. La Elisa está bien, no te preocupes-, reiteró y por tercera vez en menos de tres minutos me dijo chao, esta vez en serio.
Esperé el regreso del tono y colgué.
Me senté en la cama y abrí el cajón del velador. Sin mirar agarré uno de los cuatro porros que todavía me quedaban, me lo metí a la boca y lo prendí con el encendedor amarillo que también guardo en la mesa de noche. La primera aspirada me hizo toser, la segunda no tanto. Miré al televisor y cambié de canal. En CNN un tipo de espesos bigotes y cara de castor informaba que el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, llevaba cuarenta días recibiendo señales constantes desde la estrella Epsilon Eridani, distante a 10 años luz de nuestro planeta. Algunos creen que se trata de un fenómeno natural, otros no desestiman que puedan ser las primeras pruebas concretas de la existencia de vida extraterrestre en otro lugar de la galaxia. Siempre he estado seguro de que no estamos solos.


MI NOMBRE ES DAVID GOYE, tengo treinta años y hace una semana perdí mi única fuente estable de ingresos. Mi ex suegra murió en una accidente y en los próximos dos meses mi hija de 5 años se vendrá a vivir conmigo, mi padre tomará una decisión clave que afectará el futuro de toda mi familia y me veré obligado a terminar una novela que no quiero escribir.
Soy el más famoso autor de ciencia ficción de Chile. Hace diez años publiqué Livingcomedor, mi primera, celebrada y hasta ahora única novela firmada con mi nombre. La historia de un virus computacional creado por una supuesta inteligencia artificial y su programador chileno que acababa matando a todos los sistemas digitales del planeta. Lo redacté cuando en Chile nadie tenía idea lo que era un virus de computador ni menos inteligencia artificial. Una copia descarada de escritores no traducidos a nuestro idioma que me hizo ganar insospechados adjetivos críticos hacia mi originalidad. Los únicos que me descubrieron (y atacaron) fueron los invisibles integrantes de una asociación de fanáticos de la ciencia ficción, nadie de mucha importancia.
Pero todos los pecados se pagan, no lo voy a saber yo, evangélico de crianza, hijo de pastores, descendiente de misioneros suizos, tocayo del primer rey de Israel. Además es mentira eso de que es más fácil pillar a un mentiroso que a un ladrón. A lo largo de mi vida sólo mis robos han sido castigados, de mis mentiras nunca nadie se ha preocupado. Al menos no demasiado.
Y no volví a publicar. La ciencia ficción desapareció de Chile y con ella se esfumó mi nombre. Era obvio, cosa de mirar por la ventana, este país es demasiado viejo para soportar futuros inventados. Desde entonces he vivido de los coletazos que da el complicado estatus de autor de culto, de asesorías a gente que cree que soy un genio (como el gerente de la recién desaparecida Ciberia.conm) y sobre todo de los trabajos fantasmas que realizo –o realicé- para una editorial popular de México bajo el seudónimo de Max Murray. Me gustan los nombres y apellidos que comienzan con la misma letra, son de cómic, a lo Peter Parker o Lex Luthor. Como Max Murray he publicado tres novelas cortas, además de los guiones y conceptos para una historieta que según he sabido se vende bastante bien. Debería haber cobrado más caro.

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miércoles, julio 18, 2007

EL MEJOR LIBRO QUE LEI EN JULIO


... aunque El Enigma de Paris de Pablo de Santis, le pisa los talones. Confieso, tenía prejuicios con Brown, mucha escuela Chris Ware, su ondera vinculación con Death Cab for Cutie, el mismo hecho de que un montón de listillos que nunca en su vida han tomado un cómic le hagan reverencia, que se yo, prejuicios pendejos que uno aún tiene. Pero Brown me conquistó. Torpe es pura honestidad y simpleza, dibujos hechos en servilletas para contar una historia de chico conoce a chico, chico ama a chica, chica ama a chico y chica y termina con chico. Nada más, sólo eso... ¿necesitamos más?

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martes, julio 03, 2007

DUNE SEGUN JODOROWSKY


La imagen es el de un diseño de Chris Foss para un carguero de la Cofradía en la versión que iba a rodar Jodorowsky. El artículo que acá reproduzco pueden encontrarlo completo aquí

LA PELICULA QUE NO FUE

Un Hombre castrado y una sacerdotisa engendran al Mesías en la casa de Atreides. Un emperador demente conduce el universo desde un inodoro en un planeta de oro macizo y cobra 100.000 dólares por hora. Gusanos fálicos gigantes se arrastran hacia la conclusión de una guerra cataclísmica sobre las arenas tormentosas de Arrakis conducidos por los Fremen. Una cinta de 70 milímetros y de catorce horas de duración repleta de alucinatorios cuadros como estos, estuvo a punto de haber existido alguna vez. Pero sólo existe su leyenda

La industria cinematográfica poso sus ojos en la épica de Frank Herbert inmediatamente después del éxito editorial de su primera edición de su novela; anteriormente Duna que fue una historia que apareció por etapas a partir del volumen 72 de Astounding Science Fiction, luego llamada Analog. Eso era 1965. Entre las figuras más reconocidas interesadas en el proyecto, destacamos el nombre de Patrick McGoohan, protagonista de la psicodélica serie televisiva británica El Prisionero. Quien adquirió los derechos, sin embargo, fue Arthur P. Jacobs, productor de El Planeta de los Simios (Planet of the Apes, 1968) y destinó, a través de su compañía Apjac Internacional, un presupuesto de 15 millones de dólares para concretar el film. Las demandas por secuelas de la exitosa intriga de monos parlantes obligo a demorar la pre- producción de Duna; demora que se prolongo en el tiempo al morir Jacobs en junio de 1973. Y de es entonces cuando hablamos de Jodorowsky. En una reunión acogida en el seno de la ciudad luz, Michael Seydoux, presidente de la distribuidora francesa Camera One Productions, le puso la realización de un a obra en conjunto. Jodorowsky accedió y sugirió la adaptación de le irrealizable Duna, pieza que no había leído aun y de la que tenía sólo referencias, a través de una mega producción internacional que superaría los 10 millones de dólares de presupuesto. Seydoux accedió sin objeciones y, de manera sorprendente, prometió ayuda financiera ilimitada al proyecto. Jodorowsky acababa de conocer al primero de sus siete samuráis y Duna comenzó a gestarse.

Es preciso señalar antes de continuar, que Jodorowsky no deseaba incluir en su equipo al mismísimo Herbert y suponía que las razones de su decisión eran genuinas: “Uno siente que Cervantes entregó SU versión del Quijote, por supuesto que incompleta, y que nosotros llevamos en el corazón al personaje total… Cristo no pertenece a Marcos, ni a Lucas, ni a Mateo, ni a Juan… Hay muchos otros Evangelios conocidos como libros apócrifos y hay tantas vidas de Cristo como creyentes. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia versión de Duna con su Jessica y su Paul…Siento una gran admiración por Herbert y al mismo tiempo entro en conflicto (pienso que a él le pasa lo mismo). Él me obstruye…no lo quiero como un consejero técnico… hice todo lo que pude para alejarse del proyecto… Yo recibí una versión de Duna y ahora quiera transmitirla: EL MITO debe abandonar la forma literaria y convertirse en imagen”.

La historia jamás filmada comenzaba con la gestación imposible de un hijo por el Duque Leto, castrado por un toro en un ritual místico, y su concubina Jessica de la orden Bene Gesserit “La cámara seguía (en el guión) la gota roja por los ovarios de la mujer y asistía a su encuentro con el óvulo donde, por una explosión milagrosa, ella era inseminada. Paul nacía de su virgen; y no del esperma de su padre sino de su sangre”. Hacia el final de la trama, Paul y todos los Fremen se unían en una persona colectiva con el mismo planeta. “Duna es en el presente un mundo iluminado que atraviesa la galaxia, que la abandona, que le deja sin luz – que es conciencia- a todo el universo”. El segundo y tercer samurái fueron opciones sencillas: por un lado, el dibujante Jean Giraud alias Moebius, colaborador incondicional de Jodorowsky en su carrera como historietista; durante los siguientes dos años dibujaría más de 3000 ilustraciones destinadas a convertirse en el Arte del film. El grupo Pink Floyd, por otra parte, se sumaba al equipo al ocuparse del score film.

La elaboración de los efectos especiales sería de importancia primordial y la primera consideración al respecto versó hacia Douglas Trumbull, responsable de las magníficas naves de 2001: Odisea en el Espacio. Un encuentro en Los Angeles donde Trumbull, pareció engreído y despreciativo (además de extremadamente caro) llevo a los productores a buscar otros talentos magníficos pero desconocidos. (Y por lo tanto más baratos). Los elegidos fueron, Christopher Foss, un ilustrador inglés de libros de ciencia ficción, y Dan O´ Bannon, responsable de la magia de Dark Star, dirigida por John Carpenter, y futuro guionista de Alien: El Octavo Pasajero (Alien, 1979), al igual que el siguiente samurai, H. R. Giger. El oscuro artista suizo fue contratado para recrear la Casa Harkonnen, la casta enemiga del clan protagonista, los Atreides, en la carrera por el dominio de La Especie. “Mi planeta era regido por la maldad, donde la magia negra se practicaba, se daba rienda suelta a la violencia y la intemperancia y la perversión estaba a la orden del día. El lugar ideal para mí de hecho. Solo no podríamos mostrar sexo y tenía que trabajar como si fuera una película para chicos. Jodorowsky estaba preocupado por la censura. Un equipo de treinta especialistas hace realidad mis ideas sobre el celuloide. Yo estaba emocionado”, confiesa Giger. En cuanto a sus ideas para la historia podemos citar esta: “(El Castillo) Harkonnen se levanta sobre un montículo, como una loma, que consiste en huesos esqueléticos y excremento que de a poco se van convirtiendo en polvo, Más huesos y mierda son volcados continuamente por los Harkonnen bajo la fiereza de tormentas. El mismo castillo es un símbolo de intolerancia, de explotación, de agresión y de brutalidad con un aura mágico que tiene un efecto negativo sobre los habitantes. Tiene forma ovoide (e imita la figura del Barón, un ser de 300 kilos de peso que no puede desplazarse por medios propios) y la mayor parte del mismo esta enterrado. Como un iceberg que sólo muestra un diez por ciento de su volumen, los Harkonnen esconden su maldad en lo profundo”.

Y finalmente la figura más insólita del equipo era, sin lugar a dudas, el artista surrealista Salvador Dalí. El director lo pretendía en el rol del Emperador de la Galaxia y estaba dispuesto a pagarle 100.000 dólares por hora de trabajo, un valor demencial por aquel entonces, casi como todo el proyecto. “Dalí aceptó con mucho entusiasmo la idea de interpretar al Emperador de la Galaxia. Quería filmar en Cadaqués y utilizar como trono un inodoro compuesto por dos delfines entrecruzados. Las colas formarían la base y las dos bocas abiertas servirían, una para recibir el “pipí” y la otra la “mierda”. Dalí piensa que es un horrible mal gusto mezclar el “pipí y la “mierda”. El quiere elegir el corte entre sus amigos y decir todo lo que se le ocurra.

Le pregunte si mostraría su sexo y su ano y me respondió que no que quería ser doblado (…). Él NO quería ser dirigido. Él quería hacer lo que quisiese. Le pregunté: “si fuera un rico propietario y le pidiera que me pintara la que quisiese ( a cambio de dinero) pero sobre un lienzo de forma octogonal, usted lo haría?. Dalí asintió y continué: “Entonces, es muy posible que trabajemos juntos, yo lo dirigiré haciéndole preguntas (la forma) y usted me responderá como desee a través de acciones””.

El encadenamiento interminable de delirios hizo que el presupuesto superara los 30 millones de dólares, una cifra imposible de sostener por el consorcio francés. El sueño chiflado se terminó entonces. Existen artículos que mencionan que la quimérica empresa sufrió un boicot por parte de la industria hollywoodense pero no hay ninguna prueba al respecto.

Jodo sobre Dune, en 1ª persona

"Cuando preparaba el reparto de mi película Dune, basada en la novela de Frank Herbert (proyecto que no se pudo realizar), Salvador Dalí me sometió a una angustiosa prueba. Yo quería que el pintor interpretara al demente Emperador de la Galaxia. Le gustó la idea y, para "conocer el talento de ese jovenzuelo que cree poder dirigir a Dalí", me invitó a una cena en un lujoso restaurante de París. Me vi sentado frente a él entre un séquito de doce personas. A quemarropa, me preguntó: "Cuando Picasso y yo éramos jóvenes e íbamos a la playa, siempre al pisar la arena encontrábamos un reloj, ¿usted ha encontrado alguna vez en la playa un reloj?"

"Los aduladores del artista me miraron con sonrisas crueles. Yo tenía apenas unos segundos para responder. Si decía que había encontrado un reloj, pasaría por ser un pretencioso. Si decía que no había encontrado ninguno, pasaría por un mediocre. No pensé la respuesta, me llegó sola: "¡No he encontrado ningún reloj pero he perdido muchos!" Dalí tosió, dejó de prestarme atención y se puso a hablar con la corte que lo acompañaba. Pero al final de la cena me dijo: "Muy bien, firmaré el contrato". Luego agregó: "Quiero ser el actor mejor pagado del mundo: 100.000 dólares la hora".

"Modifiqué el guión: inventé que el Emperador tenía un robot idéntico a él, con piel de cera y que lo representaba, y contraté a Dalí por una hora: sólo aparecería sentado en un laboratorio manipulando botones para dirigir su robot. Para el papel de Barón Harkonnen en Dune, un gigantesco gordo malvado, pensé en Orson Welles. Sabía que estaba en Francia, pero, amargado por no encontrar productores, el hombre no quería oír hablar de cine. ¿Dónde encontrarlo? Nadie supo decírmelo. Yo había oído decir que al maestro le encantaba comer y beber. Le pedí a un ayudante que telefoneara a todos los restaurantes gastronómicos de París preguntándoles si Orson Welles era su cliente. Después de innumerables llamadas, un pequeño restaurante, Chez le Loup, nos confirmó que una vez por semana, no un día concreto, el actor cenaba ahí. Decidí comer en ese lugar todos los días. Comencé el lunes.

"El local era de una elegancia discreta, con un menú refinado y una carta de vinos excelente. Lo atendía el propio dueño. Todas las paredes, menos una, estaban decoradas con reproducciones de cuadros de Auguste Renoir. En el muro de excepción, dentro de una vitrina, había una silla rota. Le pregunté al dueño el porqué de esa extraña decoración. Me dijo: "Son restos que nos llenan de orgullo: una noche, Orson Welles comió tanto que la silla que lo sostenía se rompió". Volví el martes, el miércoles, el jueves… Enorme, envuelto en una gran capa negra, llegó el actor. Lo observé con la misma fascinación con que un niño contempla en el zoológico a los grandes animales. Su hambre y su sed eran fabulosas. Lo he visto devorar nueve diferentes platos y beber seis botellas de vino. A los postres, le envié una botella de coñac que el propietario me aseguró era el preferido de su voluminoso cliente. Orson Welles, al recibirla, con gran amabilidad me invitó a su mesa. Lo escuché monologar una media hora sobre sí mismo antes de que me atreviera a proponerle el papel. No me interesa actuar. Odio el cine actual. No es un arte, es una industria asquerosa, un inmenso espejismo hijo de la prostitución". Tragué saliva, su decepción era gigantesca. ¿Cómo entusiasmarlo para que trabajara conmigo?

"Me puse tenso, creí que había olvidado todas las palabras pero, de pronto, me oí decirle: "Señor Welles, durante el mes que durará la filmación de su papel, prometo contratar al cocinero jefe de este restaurante, quien cada noche le preparará todos los platos que usted pida, acompañados de los vinos y otros alcoholes de la calidad y cantidad que a usted se le antoje". Con una gran sonrisa aceptó firmar el contrato.

"Después de dos años de trabajo intenso en París, cuando parecía que Dune se iba a realizar, bruscamente el productor interrumpió el proyecto. Nuestra decepción fue enorme. Futuro director de efectos especiales, tuvo que regresar a Los Ángeles y fue internado durante dos años en una clínica psiquiátrica. El pintor Giger, contratado para imaginar los decorados, se quejó con furia de este "fracaso".

"Sin dejarme demoler por los embates de la realidad, dije a Moebius, que había trabajado en el diseño de los trajes y dibujado las tres mil imágenes del guión: "El fracaso es un invento mental, no existe. Lo llamaremos 'cambio de camino'". Y le propuse que si no podíamos expresar nuestras visiones en el cine las realizáramos en forma de cómic. Así fue como nació El Incal".


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